Tiempo de Victoria

Principios Básicos de su Naturaleza

A veces los cristianos cometemos un error: irnos a los extremos. Usamos mucho la palabra TODO y la palabra NADA, o la palabra MUCHO o la palabra POCO. Yo creo que si hay algo que la Biblia tiene en sí misma, es un sentido de equilibrio. Yo no creo que lo que aquí vamos a compartir sea lo más importante, porque no creo que dentro del evangelio haya alguna cosa más importante que la otra. En todo caso, aprobaría que aceptar a Jesucristo es lo más importante.

Quiero que vea que en 1 Corintios 12, nos encontramos con un don que se llama “dones de sanidades”. Me gusta la palabra “dones de sanidades”, porque cuando la Biblia habla de sanidades, es porque está hablando en plural. No está hablando de una sanidad. No se trata de sanar su cuerpo solamente. También abarcan la sanidad para diferentes conflictos esos dones y esas sanidades. Esto, generalmente recibe el nombre de “Sanidad del Alma” o “Sanidad Interior”. No tendría problemas en seguir denominándolos así, pero recuerdo que, alguna vez, un hombre de Dios hablando de estos temas, dijo: Si usted está conjuntamente con Cristo crucificado, lo que quedó en la cruz, es su alma. Muy mal podríamos referirnos, entonces, a la sanidad de un alma que debería estar muerta. En todo caso, podemos llamarlo: “sepelio”.

Este es un tema muy difícil. No difícil porque Dios no sepa qué hacer, difícil por nuestro desconocimiento del tema. De la misma manera que como personas ni sabemos cómo somos por dentro de nuestro cuerpo, así tampoco sabemos cómo somos por dentro de nuestro ser espiritual. Lo máximo que conocemos de nuestro interior, es cuando nos sacamos una radiografía o nos hacemos alguna ecografía.

¿Cuántos de ustedes han visto, alguna vez, un cuerpo como el de ustedes, abierto por la mitad dejando ver todo lo que hay adentro? Salvo que usted sea un estudiante de medicina, no creo que llegues a verlo completo. Lo más probable es que se desmaye antes. Relataba un amigo que un día, cuando iba al secundario, a la profesora de Biología que daba un anexo de Anatomía, se le ocurrió llevarlos a un hospital. Dice que no comió por tres días y no porque estuviera en santo ayuno, precisamente. ¿Y qué era lo terrible que le habían mostrado? A sí mismo por dentro.

Y hasta decimos: ¡Ah, no! ¡Yo no nací para ser médico! ¡Veo una gota de sangre y me desmayo! Bueno, si usted no ha nacido para médico de su cuerpo, está bien, es posible que usted no se vaya al infierno porque no sea médico, pero hay algo que sí puede ser muy peligroso para usted y para mí, porque tiene que ver con nuestra eternidad. Que usted no conozca su ser interior. Eso es grave. Si usted se muere sin saber como es su páncreas, como es su riñón o cómo es su ojo por dentro, no hay demasiado problema. Pero si usted vive esta vida sin conocer su ser interior, sin conocer adónde Dios quiere llegar con su palabra, puede costarle su calidad de vida, su futuro o, lo peor de todo: su eternidad.

¿Por qué usted, cuando le duele algo, va al médico? Porque el médico sabe la razón de su problema, y su origen, su desarrollo, las molestias que le ocasionan, los daños que le produce y, finalmente, cómo puede solucionarse. Lo primero que ese médico le va a ver, es el síntoma, pero luego va a empezar a investigar, porque ha estudiado y la ciencia ha logrado encontrar métodos para sanar su cuerpo, gracias a Dios.

¿Por qué hay cristianos que tienen serios problemas interiores que luego van a manifestar exteriormente? ¿Por qué no los pueden solucionar? ¿Por qué repiten como papagayos versículos bíblicos, se saben todos los himnos y todas las canciones y se saben hasta las marchas militares de todos los gobiernos militares de la Argentina y todas las de los Estados Unidos en Viet-nam y, sin embargo, no pueden encontrar la paz interior que necesitan?

¿Por qué cantamos que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece y, ante la primera asechanza, ya estamos debilitados? Simple y sencillamente, porque no nos hemos introducido, porque no queremos introducirnos, en lo desconocido, pero para Dios no hay nada desconocido. Y eso es lo que me da paz.

“Señor, yo no sé cómo soy por dentro, pero tú sí sabes. Me has creado. Te doy gracias Señor porque no eres un Dios que trata con síntomas solamente. Te doy gracias Señor porque para nuestros conflictos espirituales, no hay aspirina que nos calme el dolor o nos baje la fiebre, sino que eres tú, oh Dios, un Dios que nos conoce y que nos va a ministrar para que podamos llegar a la raíz de nuestros conflictos y podamos, a través de la palabra de Dios, ser sanados".

Quiero ser bien claro; el tema del cual estoy hablando, no es lo más importante de la vida cristiana, no quiero hacer un ídolo de esto, simplemente diré que es algo importante y es una realidad. Y hablando de realidad, hay una realidad que sí es que queremos hablar, necesitamos hacerlo. Es más; pagamos para hablar y ser escuchados. Cuando usted va al médico porque le duele algo, él no le va a preguntar qué pensaba hacer mañana; ¿Qué es lo que generalmente le pregunta? Por ejemplo: ¿Qué comió? Cuando usted va a un médico , lo primero que le hace, es una historia clínica. ¿Operaciones? ¿Padres enfermos? ¿Alguien en su familia? Eso es una buena fuente de datos que hacen al diagnóstico que luego ayudará a la solución.

¿Qué problema tuvo usted cuando fue chico? ¿Tuvo alguna enfermedad? Y le empiezan a preguntar y a preguntar. Y yo creo, son embargo, que hay una realidad que nosotros, si queremos vivir una vida sana espiritualmente hablando, no podemos ignorar: La realidad de nuestro pasado. Nuestro pasado es una realidad y la tristeza más grande que nos ha dado es ver que los creyentes han empezado a creer que venir a Cristo es agarrar un montón de palas con tierra y echárselas encima a sus pasados. ¡No me importa más nada! ¡Yo me voy al cielo!

Y hemos hecho como el avestruz. ¿Conoce al avestruz? Es un ave corredora de gran tamaño que habita el sur de mi país, la Argentina. Tiene largas patas y extenso cuello. Cuando el avestruz se enfrenta a un peligro, su defensa es muy singular: mete la cabeza en un agujero y deja el cuerpo a la vista. ¡Basta que la cabeza esté bien! Metemos la cabeza dentro de un hoyo, la llenamos de versículos bíblicos y de oración bien intencionada, pero es el fruto de una vida cristiana que no cierra. Empezamos a razonar: Y por qué, y por qué, y por qué, y porqué.

Hemos aceptado un sin fin de cosas en nosotros, en nuestras vidas, que nos hemos creído que son bíblicas porque suenan bíblicas, pero que cuando empezamos a ver la palabra de Dios nos damos cuenta que no son tan bíblicas. Yo siempre hago esta salvedad cuando estudio la palabra de Dios. Hay una gran diferencia entre ser un creyente escritural y un creyente bíblico. ¿Sabe que son dos cosas distintas?

Usted puede ser escritural sin ser bíblico. ¿Qué significa esto? Que hay personas que toman un versículo de la Biblia y dicen: ¿Ve que está escrito? ¡Mire! ¡Ahí está! ¿Ve? Pero cuando usted tira esa escritura en toda la Biblia, resulta que no encaja. Y a nosotros el Señor nos ha llamado a que seamos bíblicos. Que nuestras verdades estén en la Biblia y no solamente en una escritura suelta por allí.

Y nos vamos dando cuenta que, a medida que Dios nos va revelando su palabra, nos va demostrando lo contrario a muchas cosas que a veces creíamos pero que en realidad no son así. Muchas de las cosas que más hemos defendido en la vida son, exactamente, las que Dios quería que nosotros cambiáramos. No nos manda al infierno por eso, nos tiene paciencia, pero es bueno que Dios nos de la habilidad de ordenar cosas en nuestras cabezas y para centrarnos.

Dios le está confrontando a usted en este tiempo. No enfrentando, porque Dios no tiene ningún interés ni necesidad de tener guerra con usted, confrontando. Confrontándonos con su palabra y ver como por un espejo a esa palabra de Dios en nuestras vidas. No es fácil soltar en nuestras vidas lo que por años hemos mantenido fuertemente asido. La primera palabra que aprende un bebé no es ni mamá ni papá; es MIO. Y a todo lo que recibimos lo asimos con tanta fuerza que después nos va a costar mucho soltarlo.

Hay una realidad que nosotros debemos entender: su alma, que vamos a partir de la base que está bien viva y no crucificada con Cristo, no quiere ser cambiada y moldeada a la imagen de Cristo. Lo que le quiero decir, hermana, hermano, a miga o amigo que vaya a saber Dios por qué causa está leyendo esto precisamente hoy, es que usted se resiste a ser cambiado, moldeado a la imagen de Cristo. Y si usted me dice: ¡No! ¡Yo quiero ser cambiado! ¡Yo quiero ser como Cristo! Bueno; allí está la batalla.

Hay una naturaleza dentro suyo que no le gusta para nada esto que le estoy diciendo. Pero hay otra naturaleza, también en su interior, que le está diciendo que eso es cierto. Hay un conflicto dentro suyo. El conflicto tiene un protagonista principal: su alma. A veces los creyentes usamos una expresión que ni siquiera sabemos qué quiere decir “salvar el alma” ¿Por qué usamos eso? Porque está muy bien dicho. ¡Es el alma lo que Dios quiere salvar! Pero esa alma no quiere ser moldeada a imagen de Cristo. ¿Por qué? Bueno; es aquí en donde nos vamos a empezar a meter en problemas.

Voy a usar una palabrita que, a lo mejor usted al oírla por primera vez, no le agrade mucho. No se apure; oiga y examine, después si quiere, reacciona. Pero no haga ninguna evaluación apresurada. Dios nos diseñó, cuando nos creó, espíritu, alma y cuerpo. Esto somos nosotros. Un espíritu, que tiene un alma y habita un cuerpo. No soy un cuerpo ni soy un alma, soy un espíritu. Igual que Dios. Dios es espíritu. Yo estoy hecho a imagen y semejanza de Dios. Yo soy un espíritu, Dios me dio un alma y habito en una caja descartable llamada cuerpo.

¿Qué significa esto? Que aunque este cuerpo se vaya, no importa; yo no soy este cuerpo. Soy un espíritu. Soy de la misma naturaleza de Dios. ¡Ojo! No dije como Dios, eso es Nueva Era; dije de la misma naturaleza. Él lo dice. Cuando Dios creó a Adán, lo creó un espíritu. Le dio un alma y le dio un cuerpo. Por eso es que aparecen tres naturalezas en la creación del hombre.

(Génesis 2: 7)= Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, (¿Qué formó aquí? El cuerpo) y sopló en su nariz aliento de vida, (Esta palabra, ALIENTO, equivale a espíritu en este texto. Sabemos que la palabra espíritu es la palabra PNEUMA, que quiere decir viento. Por eso cuando la palabra de Dios habla del Espíritu de Dios, en realidad habla del aire de Dios. Por eso cuando el Espíritu Santo vino en Pentecostés, hubo un sonido bárbaro como el de un viento fuerte. Le dio un cuerpo, dice. La palabra CUERPO, en la Biblia, es la palabra SOMA. Y la palabra ALMA, en la Biblia, es una palabrita que a muchos creyentes no les gusta decir, pero que está allí: No se escribe así, pero se pronuncia: PSIQUIS. Si usted hablara en griego en la iglesia, no diría ¿Cuántas almas aceptaron hoy a Cristo? Diría: ¿Cuántas Psiquis se convirtieron al Señor?) Y fue el hombre un ser viviente.

Hablemos de Adán. Dios lo creó a Adán. Como Adán no tuvo a nadie antes que él, estaba solo. Dios mismo se encargó de formar el alma de Adán. ¿Cómo formó el alma de Adán? Voy a usar una palabra que a lo mejor a usted no le gusta, pero no encuentro otra: lo programó.

Somos creados para ser programados. Somos programables. Dios lo agarró a Adán y le dijo: ahora te voy a explicar para qué estás aquí. Primero vas a hacer esto, después lo otro, ponle nombres a estos bichos. O sea: tenía inteligencia en un grado de ciento por ciento. Adán era igual a Cristo. Había sido programado para vivir en santidad. Vas a habitar en el huerto, y lo vas a guardar, y vas, y vas, y vas. Lo programó.

A lo mejor este término, a usted, le suena muy mecánico, pero olvídese de lo mecánico, porque una computadora, cuando usted la programa, es un reflejo de lo que Dios ha hecho con el hombre. A menor escala, a menor todo, pero es así. Dios creó al hombre, pero el hombre no fue e hizo todo lo que tenía que hacer. No estaba auto programado. No era cuestión de tocar un botoncito, Dios lo ministró, y si no le gusta la palabra “programó”, lo enseñó, pero le dio un programa muy claro de todo lo que tenía que hacer. Bueno; eso, es lo que nosotros llamamos VOLUNTAD.

Dios no creó a un millón de personas. Creó a dos. Adán y Eva. ¿Por qué? Porque Dios lo moldeó a Adán y le dio sentido de existencia. Le dijo para qué estaba en la tierra, le dijo cuál era el propósito para el cual tenía que estar, le dijo que tenía que señorear, que tenía que dominar. Entonces, ¿Qué iba a pasar cuando Adán y Eva tuvieran hijos? Adán y Eva se iban a convertir en los programadores de sus hijos. Y si Adán y Eva programaban a sus hijos, Adán y Eva y sus hijos y los hijos de los hijos de los hijos de los hijos, hubieran sido igual al modelo de Adán y Eva. Y Adán y Eva y toda su descendencia hubiesen sido hijos de Dios, no hay otra cosa. La Biblia no es el arte de fabricar predicadores, ni evangelistas, ni la iglesia más grande del mundo. La Biblia está escrita para que, a través de ella, hagamos hijos para Dios.

Entonces, así como Dios se convirtió en el programador de Adán y Eva, así también ellos iban a ser los programadores de sus hijos. Estoy hablando de poner las pautas, para que no me malentienda. De la misma manera que Dios le dijo a Adán: señoread la tierra, sojuzgadla, lo influenció y a todo eso, lo hacía Adán. Vaya a saber por cuanto tiempo lo hizo. Cuando Adán iba creciendo, lo iba a decir a sus hijos y los hijos le iban a decir a sus hijos y cuando pasaran mil generaciones iban a estar haciendo lo que Dios le dijo a Adán. Porque fuimos programados para seguir un programa modelo.

Ahora; ¿Qué pasó? Adán siguió el modelo divino, pero ni siquiera se reprodujo en su primera generación. Porque Satanás, ¿Qué hizo? Lo tentó, y en Adán se rompió el modelo programado divinamente. ¿Y qué pasó? La segunda generación ya no recibió programación divina, sino que recibió programación de una naturaleza de pecado. Por eso es que ya en la segunda generación, entre los hermanos, se mataron entre ellos. ¿Por qué? Porque Caín y Abel ya no recibieron la programación que Dios quería darles.

Eso, se ha ido multiplicando hasta hoy. Y ahora quiero llegar más cerca suyo. Usted se resiste a ser moldeado a la imagen de Cristo, y yo también, ¿Por qué? Porque hemos sido programados por patrones que no han sido los patrones divinos. ¿Cuál han sido los patrones que han programado su vida? Patrones sociales, morales, culturales, medio ambiente, hábitos, comportamientos del mundo natural, y esa es la programación que usted ha tenido. Religiones han programado su vida; le han aferrado en un estado demasiado tierno.

Y usted, fíjese como Dios afirma este principio en su palabra que antes que naciera yo, ya Cristo había muerto porque sabía que yo iba a pecar. Por eso dice la Biblia: Por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios. El día que usted tenga un hijo, va a ser pecador. Ya está la ley, la naturaleza de pecado, ya está dentro de nosotros. Por cuanto todos pecaron, dice la Biblia. En Adán pecamos todos. ¿Por qué? Porque Dios sabía esto. Si pecó el modelo, más vale que iban a pecar todos los que venían detrás.

Esto es una realidad mi hermano. Entonces, en el alma, es a donde está la voluntad, adonde está la mente, la imaginación, y vamos a llegar a algo que yo considero, es lo más importante si es que lo podemos entender; la mente, la imaginación y otras cosas más, pero por ahí estamos.

Así como el cuerpo tiene órganos, también el alma tiene órganos, y el espíritu tiene órganos. Son parte de nuestro ser. Entonces fíjese una cosa: Su alma, ¿Por qué se resiste a ser moldeada a la imagen de Cristo? Porque ha recibido patrones opuestos. Ahora yo quiero preguntarle: ¿Cuáles son esos patrones? ¿Cómo ha sido formada su alma? Por entrenamiento.

Usted ha sido entrenado. ¿Qué significa esto? En su vida, ha pasado gente que le ha entrenado para la vida. No estoy diciendo que le hayan entrenado para bien o para mal. No voy a calificar. Simplemente usemos el verbo: entrenar, que ha afectado su vida. Han pasado sus padres, han pasado maestros en la escuela, han pasado vecinos, amigos, venerables hermanos del culto, pastores y vaya uno a saber cuántos y quiénes.

Han pasado por su lado, y un sinnúmero (escuche bien esto) de personas han aportado su granito de arena para que su vida sea lo que hoy es. Usted no es lo que es por lo que es. Por el lado suyo, sus reacciones, sus actitudes, su forma de mirar, su forma de ser, su forma de mirar la familia, su forma de mirar el matrimonio, su forma de mirar la iglesia, su forma de mirar a Dios, su forma de mirar a los vecinos, su forma de mirar el deporte, su forma de mirar televisión, su forma de caminar, de hablar, de sentarse, su forma, ha tenido el aporte de cientos de personas.

Su filosofía de vida, la manera en que se lava los dientes, la manera en que se peina, todo, todo. Porque para eso fuimos creados: para que otros formen nuestra vida. El principio de entrenamiento. ¿Qué pasó? Esas personas fueron acumulando conceptos e ideas que se asentaron de una manera inherente en nuestras vidas.

¿Qué significa esto? Que las personas han afectado tanto nuestras vidas, que ya actuamos por inercia. Yo ya no tengo que levantarme y ponerme a penar cómo voy a reaccionar si viene alguien, ¡No y no! Es parte de mi ser, no lo tengo que pensar, no lo tengo que calcular. Yo, ya pienso así. ¿Y quién me hizo pensar así? Un principio de entrenamiento. Que lo puso Dios para bien, pero como estamos en una naturaleza de pecado, no hemos tenido lo más selecto a nuestro alrededor. Y esas personas, han afectado nuestra manera de ser.

Las personas que han pasado por nuestro lado, ya son parte nuestra. Porque ellos se formaron en nosotros. Usted toma el hábito de otra persona y se le pega, se le adhiere y esa persona ya está en usted. ¿Qué hubiese pasado si Adán hubiese oído todo lo que Dios decía? ¿Hubiese estado adónde? Adán hubiese sido como Dios. En su carácter. Por eso dice: a imagen y semejanza. ¿Qué hubiese pasado si Adán hubiese guardado las leyes de Dios? Adán hubiese estado reflejado en Abel y Caín. Por eso es que dice la Biblia: por cuanto Adán pecó, por uno, entró todo el pecado en nosotros. Por cuanto uno murió, fuimos todos salvos. El principio de entrenamiento. El principio de programación.

¿No le da cierta “cosa” el saber que dentro suyo andan acompañándolo por la vida un montón de personas? Es posible que ya ni siquiera estén más y que ni siquiera se acuerde quiénes son, pero pasaron por su vida y dejaron su marca. Personas que lo afectaron con sus miradas, personas que quizás lo afectaron en algo y que ni siquiera lo saben, pero lo afectaron. Eso es una realidad. Ojo: no estoy diciendo esto para justificar su forma de ser.

Es decir que globalmente yo soy lo que soy, porque hay personas que lo entrenaron para esto. Es como quien agarra un equipo deportivo y durante una semana les habla a los jugadores, les hace dibujitos en una pizarra, los agarra uno por uno y les dice diez veces qué cosa tienen que hacer y qué cosas no tendrán que hacer. El domingo, cuando salen a la cancha a jugar el partido oficial usted lo ve y le hacen todo lo que les fue enseñado y del modo en que les fue enseñado. Principio de entrenamiento.

La segunda manera por lo que nosotros somos lo que somos, es un principio que vamos a llamar: un principio de herencia. Dios es un Dios de herencia. Por eso es que vamos a leer en la Biblia, por ejemplo, “El Dios de Abraham”, “El Dios de Isaac”, y “El Dios de Jacob”. Por cuanto le prometí a tu padre Abraham; Dios es un Dios de herencia. Funciona el principio de herencia. Si el principio de herencia hubiese funcionado en un hombre santo y sin pecado, al día de hoy nosotros estaríamos viviendo la herencia de Adán. Por eso cuando Dios encontró a un justo que creyó la promesa, como Abraham, lo constituyó heredero de la promesa y, con él, como lo dice Pablo en Gálatas 3, a nosotros.

Es decir que si yo tomo una postura de fe y nutro mi vida con la palabra de Dios, la herencia de Abraham llega a mí. ¿Por qué? Porque el principio de herencia funciona. Siempre, ¿Eh? Porque el principio de herencia fue dado para funcionar para bien, pero por cuanto el hombre pecó, funciona para mal. Se tergiversa el principio.

Hay un principio de herencia. ¿Cómo funciona? Es un principio congénito, que se puede transferir por la vía genética. Esto se da también, a veces, en las enfermedades físicas. Por eso se lo preguntan. Yo le puedo asegurar que así como pasa en el ámbito físico, así también pasa en el ámbito espiritual.

¿Usted cree en la transferencia de espíritus? Más le vale que crea. Moisés, cuando oró por Josué, le transfirió su espíritu. Por eso se usa la imposición de manos. Hay tantas cosas que hacemos y no sabemos ni para qué. Cuando Pablo le dijo a Timoteo: Aviva el don que hay en ti, que te fue dado (¿Por qué?) Por la imposición de manos. Bárbaro, pero hay un problema: así también se transfieren espíritus de hechicería y de brujería.

No digo siempre, pero muchas veces, así como se transfieren las enfermedades, hay espíritus. Yo hice una lista, acá, que nace un poco de la realidad más que de los libros: vicios, adulterios, lujuria; y muchas veces, aconsejando a la gente, y llevándolos a ver a sus antepasados, vamos a llegar a un momento en que vamos a encontrar que es posible esta realidad.

¿Pero sabe cuál es el problema? Que muchas personas, que muchos creyentes, han aceptado eso. “Yo soy así” ¿Por qué dicen eso? Han aceptado eso. Han aceptado esa programación en su vida. Ah, pero siempre nos piden que oremos. Pero ya han aceptado el programa. Y que nadie se atreva a sacarme el disquete. Ya están programados. “Amén”; “Gloria a Dios”; “Bendito sea su nombre”; “Juan 3:16”; “Filipenses 4:13”; Pero no han afectado sus vidas, porque todavía no han tratado con sus pasados.

Cristo ya los lavó, ya los limpió, pero no han tratado con sus vidas. Muchas personas dicen: Ah, hermano, ¿Usted sabe? Cuando yo no era cristiano, iba a los hechiceros. ¿Y sabe una cosa? Muchas veces me dijeron con exactitud lo que me pasaba. ¿A ver? ¿Qué es eso? ¡Diga! ¡Diga! Es muy fácil. Cuando hay espíritus transferidos de generación en generación, lo que está haciendo ese espíritu, es comunicarse con el espíritu del hechicero y transmitirle toda su vida.

¿Nunca se preguntó, o le preguntó a otros, u oyó a otros preguntárselo, “Por qué seré así?” Saúl lo hacía. ¿Por qué soy así? Pero cada día que pasaba, le gustaba más matar. Usted lee la Biblia. Saúl se arrepentía, iba y mataba a uno, lo quería matar a David, fracasaba y al rato estaba llorando: “¡No lo quiero matar a David!” Un día se puso a danzar. Se pasó todo un día alabando a Dios. David habrá pensado: “Bueno; este ya se convirtió, ahora no me va a querer matar más”. Al rato, dice la Biblia, ¡Más ganas de matarlo tenía, todavía! A veces vemos creyentes así: vienen a la iglesia, buscan a Dios, leen la Biblia, oran, ayunan, y hacer todo el mecanismo cristiano, pero nunca cambian, porque no se deciden a enfrentarse con sus conflictos interiores.

¿Por qué no se puede solucionar mi problema?, Se preguntan muchos. ¿Por qué? ¿Por qué no puedo despojarme de tal o cual flaqueza? Eso lo hace la palabra de Dios, y hasta allí todo va bien. El problema es qué palabra es la que necesito. El alma contraataca, con sus mecanismos de defensa cuando Dios trata con ella. Lo que se va contento de una reunión es su espíritu, que ha sido alimentado por la palabra de Dios. Su alma no. Su alma le agarra al otro día, cuando ya no hay música ni hermanitos cerca, y le dice: bueno, ahora vamos a negociar el mensaje de anoche de acuerdo a como soy yo. Y ahí empieza la discusión.

La conclusión para dejar, es que Dios no quiere que usted ande por allí echándole la culpa a nadie. Ahora no me venga con. “Ah, yo soy así, entonces, como producto del principio de entrenamiento”. O “Yo soy así producto del principio de herencia o de transferencia de espíritu”. Todo lo que he dicho ha sido, simplemente, para hacerle ver una realidad, pero usted y yo somos responsables de que nuestras vidas experimenten un cambio.

(Hebreos 4: 12)= Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

No sé si ha prestado atención a que no dice que la palabra de Dios ESTÁ viva, dice que ES viva. Simple. Porque todo lo que está vivo, se muere, en tanto que lo que es vivo, sigue viviendo. Principio de eternidad, un jeroglífico egipcio si lo queremos analizar. La palabra PARTIR, aquí, es la palabra MERISMOS, y significa SEPARAR. Es como quien agarra el motor de un auto y lo desarma parte por parte. No quiere decir que lo va a tirar todo, quiere decir que lo va a separar pieza por pieza para ver adonde está el problema. Y la Biblia dice que la palabra de Dios es un MERISMO, un bisturí, es una herramienta de incisión, que separa lo que es del cuerpo, lo que es del alma y lo que es del espíritu. A esto lo produce la palabra haciéndole entender quién es y cómo es. Es el único modo de ilustrarle sobre cómo quiere Dios que sea.

Cuando acepta a Cristo, su espíritu pasa a ser santo. El problema es que desde allí en adelante, Dios va a tener que tratar muy seriamente con su alma. Al alma le gusta la independencia, por eso busca religiones que no le digan que hay que vivir en santidad. La religión de “créasela que usted es mucho”, le encanta. Por eso proliferan tanto las doctrinas orientales que tienen una filosofía llamada YOÍSMO. “Tú puedes; tu mente puede dominarlo todo”. A pedir de boca del alma. ¿Puede ahora entender algunas cosas que hasta aquí le parecían incomprensibles?

(Proverbios 20: 27)= Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón.

Quiero recordarle que corazón, en el hebreo, es sinónimo de alma. Y también creo necesario recordarle que, Escudriñar, llevado al idioma cotidiano, es lo más aproximado a investigar. Todos nosotros aprobamos que un doctor en teología se pase las horas buscando cinco patas a un gato que tiene cuatro, pero al mismo tiempo, rechazamos la idea de que a eso tengamos que hacerlo todos los creyentes. ¡¡Es que hay que estudiar para hacer eso con seriedad, hermano!! Ah, no sé. La Biblia manda que escudriñemos las escrituras, y no dice nada de cultos o analfabetos.

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