Tiempo de Victoria

¡Ten Ánimo!

En este mismo momento quizás, allí, donde usted está leyendo esto porque no sabía qué otra cosa hacer, usted está viviendo un tremendo drama. De enfermedad, de angustia por algún problema grave de familia, de escasez o de pobreza o de cualquier otra necesidad apremiante. Y usted, en el mejor de los casos, recurrió a la evasión de la web no por deseos de saber más sobre la Biblia, o por recibir una enseñanza o tomar contacto con un mensaje teóricamente bien estructurado, sino porque piensa –con esa enorme sencillez de creyente fiel y simple-, que Dios quizás tenga una palabra que pueda caber en su alma hoy y ahora, que le proporcione una pequeña brisa de paz o de consuelo y que le aliente, en suma, para poder seguir adelante, algo que en este instante casi se le antoja como algo lógicamente imposible. ¡Ánimo! Las cosas de Dios, si algo precisamente no tienen, es lógica humana.

¿Por qué me tiene que suceder esto a mí? Esa es una pregunta que nadie va a responderle jamás satisfactoriamente. Le pueden aconsejar y le pueden alentar con todo el amor y con toda la sabiduría del mundo, pero es como que no le basta, como que no le es suficiente. Su corazón sigue temblando de dolor, de angustia y, nada de lo que siempre le ha sido útil para utilizar con los demás, parece venirle bien a usted mismo, para su vida. Una cosa es el problema que vive el otro y otra cosa, muy diferente, el que le toca vivir a usted en su propia epidermis.

Desearía en este artículo que Dios me permitiera fluir con la unción del pastor que no soy. Que brote de estas líneas una gracia pastoral de amor, de confianza y de poder que realmente ministren su vida. Para eso vamos a incursionar en la carta del apóstol Santiago, dejando de lado, claro está, porque no viene al caso, la especulación de si este hombre habrá sido o no un hermano carnal de Jesús.

Lo cierto, en el inicio mismo, es que él no se vanaglorió de su relación personal con Jesús ni tampoco se identificó a sí mismo como un líder religioso. Dice que su mayor honor fue ser un siervo de Dios. Y si bien en lo literal las doce tribus a las cuales él se dirige designan a la nación de Israel y que al hablar de la dispersión (DIÁSPORA), alude a los judíos disgregados en tierra de gentiles, usando discernimiento para con sus palabras al tiempo presente, su mensaje se introduce profundamente en la médula de cada uno de los cristianos del mundo, dispersos precisamente en ese mundo gentil, incrédulo y ateo, para arrimar una dosis de fe, de esperanza y de sosiego que en tantos momentos del día debemos absorber para superar todas las cosas que nos tocan vivir.

(Santiago 1: 2)= Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas.

Fíjese usted que el mandato estructural, aquí, es regocijarse; poco menos que ponerse a cantar, saltar y bailar cuando su fe sea sometida a prueba. Pero saliendo un tanto de lo estructural, podemos ver en este verso una palabra que indudablemente es clave: CUANDO. Porque no le dice que es SI se encuentra en diversas pruebas, que determinaría alguna posibilidad de que eso no sucediera; dice CUANDO, lo que le está avisando que, le agrade o no, lo entienda o no, lo acepte o no, al largo, mediano o corto plazo, alguna prueba (No puedo saber si fuerte, muy fuerte, liviana o muy liviana) le va a aparecer. Hay tres escrituras que confirman esto y la última, abre paso a una segunda fase que le lleva a usted a una mejor comprensión y, por consiguiente, le alienta y le capacita para el paso siguiente.

(Mateo 5: 12)= Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. (Esto le está diciendo que una de las posibilidades de sufrir pruebas, radica en cuando el Señor deposita en usted la gracia de alguno de los ministerios del reino. Se es salvo por gracia y misericordia, sin mérito ni precio alguno de su parte. Pero se sirve al reino con rigor y con inclemencias)

(Hebreos 10: 34)= Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos. (Aquí se evidencia que las pruebas sobrevienen sobre el grueso de los creyentes, sobre todos y cada uno de los que un día asumieron el compromiso trascendente de seguir y servir a Cristo.)

(1 Pedro 1: 6)= En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas. (Es muy leve la mención, pero suf9iciente como para entender definitivamente que, si Dios considera NECESARIO para su crecimiento, purificación o entrenamiento, permitir determinadas pruebas sobre su vida, sin dudas que lo hará. No porque lo odie, sino porque le ama.)

La única duda que a cualquier persona puede caberle en estas circunstancias, es: ¿Por qué puede ser necesario? O mejor dicho: ¿para qué?

(Santiago 1: 3)= Sabiendo que la prueba de vuestra fe, produce paciencia. (La paciencia no se compra, no se recibe mágicamente ni se hereda. La paciencia se produce, se arma como una poderosa estructura de hierro. La paciencia, en suma, es el fruto que nace como resultado de una prueba. O de varias.)

(Romanos 5: 3)= Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia.

Convertirse en cristiano no le libera a usted, automáticamente, de todas las dificultades. La Biblia da muchas pruebas que dejan en evidencia que esto es así y que, para producir paciencia, indefectiblemente usted va a tener que pagar un precio.

La actitud madura del cristiano ante la adversidad, es enfrentarla con sumo gozo, que obviamente, no es una simple reacción emocional, sino una deliberada e inteligente evaluación de las circunstancias desde la perspectiva de Dios, para ver a la prueba como un medio para el crecimiento moral y espiritual.

No nos podemos gozar de las pruebas por sí mismas, ya que ello sería una especie de masoquismo o estoicismo humanista disfrazado con esa mentira monumental e histórica llamada “resignación cristiana”, sino en sus posibles frutos. Someter a prueba equivale a comprobar lo genuino de algo, en este caso su propia fe. Sirve como una disciplina para purgar esa fe de toda impureza nociva, extirpando lo que es falso, formal o meramente religioso. La paciencia, en suma, no es un resignarse pasivamente “a lo que venga”, sino tener firmeza, valor y hasta tozudez para poder aprender a resistir con valentía. Y no olvide que “resistir” en términos bíblicos, no es aguantar o soportar, es combatir hasta las últimas consecuencias.

(Santiago 1: 4)= Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.

Puede usted darse cuenta que la idea de Dios, es que usted resista de tal manera como para que Él tenga tiempo suficiente para hacerle semejante a Cristo por medio de la prueba. ¡Nada menos!

(Colosenses 4: 12)= Os saluda Epafras, el cual es uno de vosotros, siervo de Cristo, siempre rogando encarecidamente por vosotros en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere.

(1 Tesalonicenses 5: 23)= Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

LO único que debo aclarar aquí, para evitar confusiones, es que cuando dice PERFECTOS, no se está refiriendo a la ausencia absoluta de pecado, o de algo que no tiene errores, sino a una idea que implica algo completamente desarrollado y maduro, ¿Entiende? Y CABALES, muestra una idea de plenitud y redondez que, sin Cristo, (Y sin pruebas, o sin dolor) es poco probable poseer. Simple sabiduría. Claro, usted estará pensando: “Todo esto está muy bonito, pero; ¿Qué sucede cuando mi sabiduría no alcanza, no me sirve ni me ayuda para afrontar lo que me toca padecer? LA respuesta:

(Santiago 1: 5)= Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.

¡Es tan simple! ¡Es tan sencillo! “- Está bien, hermano... Pero eso es mas bien...teórico, ¿No cree? –“ Espere. Vamos a ver:

(1 Reyes 3: 9-10)= Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque: ¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande? Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.

(1 Juan 5: 14)= Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.

Veamos: la sabiduría, dice que puede recibirse pidiéndosela a Dios con fe. De ninguna manera es instrucción intelectual, información académica o especulación filosófica, sino comprensión espiritual del propósito de las pruebas.

Cuando Dios concede un don, lo hace –dice- abundantemente y SIN REPROCHE. Esto es: generosamente, no con disgusto, con desgano o con reservas. La palabra REPROCHE, aquí, es la palabra ONEIDIZO, y tiene un significado relacionado con un comportarse de modo juvenil e inmaduro. La palabra describe a los chicos que se hacen burla, se molestan y hasta se insultan entre ellos mismos.

Después, la misma palabra llegó a significar mofa, ridículo, queja, ofensa y el uso enojoso y sarcástico de palabras. Lo que Santiago nos dice aquí, en suma, es que Dios da sin recordarnos que no somos dignos de recibir algo de su parte. Todo está muy bien, pero para muchos que oyen, seguramente esto sigue siendo teoría, vana palabrería quizás, porque a la hora de los resultados y a pesar de pedirlo revolcándonos de necesidad, no recibimos nada...

(Santiago 1: 6)= Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a la otra.

Usted no se imagina la cantidad de cristianos que están orando, en estas horas, por diferentes necesidades con fuerza, con dedicación, con firmeza y disciplina. Cristianos fieles y cumplidores, pero que en el fondo de sus corazones, no pueden terminar de creer con clara convicción que esa oración pueda tener, verdaderamente, el efecto que están buscando. Jamás lo confesarán, de hecho, y ni por asomo se atreverían a dialogarlo con sus pastores, más que todo, por vergüenza. Pero muchos de los que en este momento están leyendo esto, saben muy bien en lo íntimo de sus almas, que realmente es así.

Atención: esta franja a la que me refiero, indudablemente está expuesta (De manera inconsciente) a someterse a “recetas fáciles” que le “garantizan” óptimos resultados y así, a veces, se meten en unos problemas tremendos de los que después les resulta sumamente complicado salirse. Cuando Santiago dice que de ese tipo de duda surgen los que son como Ondas del mar arrastradas por vientos, lo que preanuncia es la transgresión muy probable a ser víctimas de cualquier viento de doctrina. Y sepa, mi amigo, que no está hablando con el inefable “mundo incrédulo”, ya que todos sabemos por poco o por mucho, que la palabra Doctrina, es patrimonio casi exclusivo de la iglesia. ¿Qué ocurrirá, entonces? Observe:

(Santiago 1: 7)= No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (No se puede negar que Santiago en este asunto, es lo bastante concreto en esta actitud como para, incluso darle un nombre.)

(Santiago 1: 8)= El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.

Yo quiero aclararle que el hombre de doble ánimo del que se habla aquí, es una persona arrastrada en dos direcciones opuestas. Sus lealtades están divididas, y a causa de su falta de sinceridad, vacila entre la fe y la incredulidad, pensando algunas veces que Dios le ayudará y renunciando en otras ocasiones a toda esperanza. Esa persona es inconstante en todos sus caminos, no sólo en su vida de oración. La falta de consistencia en el ejercicio de su fe pone al descubierto la esencia de su manera de ser. En el capítulo 4, en el verso 8, Santiago exhorta a esta clase de personas: dice: Vosotros, los de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Como sabemos, en la Biblia, corazón es igual a alma, lo que demuestra que les está diciendo que deben alinear su intelecto, su voluntad, sus sentimientos y emociones y someterlos a la voluntad de Dios y, por fe, a sus promesas teniendo en cuenta un elemento sumamente importante: sin razonarlo humanamente.

La evidencia más concreta del hombre de doble ánimo cuando ostenta posiciones encumbradas, se manifiesta pronunciando, por ejemplos, vibrantes mensajes y sermones sobre temas urticantes desde el ángulo de la integridad, pero dejando en evidencia en cada paso de su vida personal que en absoluto está viviendo conforme a lo que predica. “-¿Sabe lo que sucede, hermano? Yo soy muy pobre... No tengo escuela... A veces no entiendo muy bien estas cosas... ¡Basta! Aquí no se trata de pobreza, ni de riqueza, ni de profesionalismo ni de analfabetismo; estas cosas no cuentan para nada a la hora de la fe.

(Santiago 1: 9)= El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación; pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.

Todavía caemos, dentro de la iglesia, en costumbres provenientes del sistema del mundo incrédulo. La apariencia, es uno de los errores más clásicos. ¿Cuántas veces, a la hora de invitar al frente para orar, por ejemplo, algunos pastores se inclinan, casi inconscientemente, por alguien bien vestido, que sepa hablar bien, que trasunte formación y seriedad, postergando a los que llegan con sus ropas gastadas, (Que hasta pueden haber sido regaladas por otros, tal vez) o que se expresan dificultosamente, por timidez o vergüenza? ¿Qué otra cosa sino la apariencia exterior es esto? ¿Quién puede conocer el corazón del hombre, salvo el Señor?

El final del versículo 31 del capítulo 7 de la primera carta de Pablo a los Corintios, asegura que: La apariencia de este mundo se pasa. Eso nos está diciendo que algunos de los “valores” con los cuales nos movemos y que nos resultan muy valiosos en el marco de los conceptos externos de una congregación, en el sistema del reino de Dios, carecen totalmente de bases. Algo es muy claro: Puede humillarse aquel que posee algo visible de qué gloriarse. El que no tiene ni aparenta nada, ¿De qué podría humillarse?

Salvo la soberbia, es verdad. Muchas veces encontramos más orgullo entre los muy marginados que entre los que poseen muchos bienes materiales. Porque la soberbia, si bien se puede cimentar en aspectos materiales y se origina en el alma humana, tiene notorias raíces de orden espiritual. Tenemos que reconocer con claridad que toda posesión material carece de valor eterno y que como tal, perecerá. Nadie disfruta dinero, fama, poder o bienestar opulento terrenal en el reino de los cielos. Por el contrario, (Y con mucho cuidado de no contribuir erróneamente a la denominada “Teología de la Miseria”) la Biblia muestra concretas pistas de que las cosas son exactamente a la inversa.

(1 Pedro 1: 24-25)= Porque; toda carne (Cuidado: habla de carne, no de creyentes) es como hierba, (Es decir: o verde, que crece, alimenta y embellece, o seca, que es inútil, hojarasca y candidata a la hoguera) y toda la gloria del hombre (Tiene usted permiso aquí para pensar en todos aquellos hombres que hoy, en cualquier estamento de la sociedad, e incluso dentro de las iglesias, disfrutan de gloria personal) como flor de la hierba. (La hierba tiene un período determinado de vida, pero la flor tiene muchísimo menos tiempo.) La hierba se seca, y la flor se cae, (Todo lo que no es de Dios, en este tiempo, se va a caer, se va a secar.) Mas la Palabra del Señor permanece para siempre. (¿Se da cuenta adónde está nuestra verdadera riqueza, nuestra única esperanza y nuestro certificado de victoria? En la Palabra. ¿Y qué es la Palabra, la Biblia acaso? ¡No! ¡La Biblia es el recipiente dentro del cual está la Palabra! La Palabra es el Verbo y el Verbo es Cristo, ¿Me entiende?

(Santiago 1: 11)= Porque cuando sale el sol con calor abrasador, la hierba se seca, su flor se cae, y perece su hermosa apariencia; así también se marchitará el rico en todas sus empresas.

Usted, ahora, piense en el empresario, el artista, el deportista, el político, el funcionario público o el personaje más exitoso que conozca. Reconózcame con sinceridad: ¿Lo puede usted imaginar marchitándose? Es bastante complicado, ¿Verdad?

¿Cómo se va a caer si, incluso, a la hora de la muerte, el humilde servicio fúnebre, sin vehículos de cortejo, sin flores a la vista y con un ataúd provisto por el Estado, tiene que detenerse y darle paso a la lujosa pompa que precede a la no menos pomposa procesión automotor que acompaña el sepelio de alguien muy famoso, que ahora es transportado hacia su última morada en un cofre de varios miles de dólares? Usted se pregunta cómo eso puede significar que el personaje en cuestión se haya marchitado.

Recuerde esto por favor: un hombre es un espíritu, al cual Dios le dio un alma y que vive, o ha vivido, habitando una especie de caja descartable llamada cuerpo. De lo que estamos hablando, entonces, es de una sola parte, (Dicho sea de paso: la menor de las tres) que componen esa maravillosa y perfecta trinidad que es la creación de Dios. ¿Y de las otras dos, qué? ¡Saque sus ojos de lo natural!

(Isaías 40: 6-8)= Voz que decía: da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová
(Le recuerdo que VIENTO es PNEUMA y PNEUMA es ESPÍRITU) sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.
Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la Palabra del Dios nuestro permanece para siempre.

Tanto la pobreza como la prosperidad son ejemplos concretos de situaciones que ponen a prueba nuestra fe. Cualquiera de ellas puede terminar en desastre.

El cristiano que es materialmente pobre, (Y que puede haberlos, porque el Señor, por ejemplo, mezcló ambas condiciones sociales al momento de elegir sus discípulos. Pero cuidado que estamos hablando de pobreza, no de miseria que no es lo mismo, puede regocijarse en nuevos valores, comprendiendo la naturaleza temporal de los bienes terrenales en oposición a los eternos beneficios de las posesiones espirituales. Ese SE MARCHITARÁ, mientras tanto, se refiere a la destrucción de aquellos que sólo son ricos en las cosas perecederas.

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