

Se conoce con este nombre a la compra y venta de favores espirituales o de cosas ligadas a lo espiritual, tales como: comprar del perdón de pecados o comprar poder espiritual.
El origen del término está emparentado al suceso bíblico donde Simón el mago quiere comprar a cambio de dinero el poder de repartir el Espíritu Santo tal como lo hacían los apóstoles por la imposición de las manos.(Hch.8:18-19).
Dentro de esta repudiable categoría entraría también un documento atribuido al papa León X (1513 / 1521) conocido como la Taxa Camarae, documento que consta de una lista de precios, tasas (Taxa), costos; en síntesis: un listado de precios por el perdón de los pecados, conocido también como indulgencias... "pagas por tu pecado unos pesos y te bendecimos con el perdón de Dios".
Esto trajo aparejada la protesta airada de un sacerdote llamado Martín Lutero, quien inicia la reforma protestante (1517) cuestionando esta situación (entre otras) con sus abusos incluidos por medio de 95 tesis, las que clava en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos en Wittenberg.
Supuestamente esta lista de precios surge con la necesidad de aumentar recaudaciones para financiar el costo enorme que demandaba la reconstrucción, ampliación y mejoras edilicias en la Iglesia de San Pedro.
La historia revisada siempre tiene una enseñanza hacia el futuro.
Según lo visto arriba a cambio de dinero se recibían algunas bendiciones, se perdonaban pecados, se compraban terrenos en el cielo, se mudaban al purgatorio los que estaban casi en las garras del mismo demonio, y los que no se podían mudar les aseguraban un buen pasar sin sobresaltos, con la llama atormentadora del averno un poco mas baja, con menos fuego, pagando algunos pesos.
¿Podrá ser que hoy en día se compren bendiciones espirituales, o se canjeen bendiciones; por ejemplo económicas, a cambio de una dadiva del mismo tenor o sea dadiva económica?
Si yo prometo una bendición económica a alguien que ofrenda X pesos; ¿no es lo mismo que una simonía?
Porque tal como lo vimos la simonía es un intercambio de algo de orden temporal/material/perecedero por (a cambio de) una bendición de orden eterno/espiritual/divino. ¿Será necesario esto, dentro de la iglesia evangélica, para mantener alguna obra o cualquier clase de mejora o para la adquisición de algún bien material?
¿La bendición de Dios ("de" Dios), en el orden que sea, (sea económico, sea en la salud, o en el trabajo), será hoy también, al igual que ayer, un bien canjeable a voluntad humana, despojando con este acto volitivo-humano a Dios de Su Soberanía de administrar y dar "sus" bendiciones a quien quiera y en el tiempo que El quiera, en esa sola Soberanía Suya, hoy asaltada?
¿Será que dando cierta dadiva económica a la iglesia, Dios se ve en la obligación de retribuir mi entrega con mas dinero?
El intento de manejar el accionar de Dios en como El reparte o da SUS bendiciones es, como mínimo, pecado de presunción.
Mover la voluntad del que debe ofrendar de corazón y movilizarlo a ofrendar por la necesidad o la perspectiva de recibir más de lo entregado (dinero) ¿Cómo se llama?
REVISIONISMO EXTREMO
En algunos lugares donde se reúnen cristianos se insiste hasta el cansancio en el: dar para recibir: "ofrende X $ que Dios le dará XXXX $$$$"
Y me parece genuino y bíblico el hecho de dar en fe y por la misma fe creer que recibiré de parte de Dios su bendición, pero digo recibir su bendición si El quiere, y como El quiere y en el tiempo que El quiere.
Y si yo habiendo dado dinero, El me quiere bendecir con salud o con protección para mi familia, o con el simple hecho de no perder mi trabajo en tiempos de desempleo ¿Qué? ¿Podré objetar a Dios que si yo puse pesos quiero pesos? ¿Y si necesito salud, como ofrendo salud, y en que cantidad?
¿Y si habiendo dado yo una dadiva generosa en lo económico, jamás recibiera la multiplicación prometida por el hombre que desde el pulpito me dijo que si ponía tal cantidad Dios mismo me lo multiplicaba por 10 veces?
¿Y si no recibí por que Dios dijo: bástate mi gracia (2°Co.12:7-9) y no por el siempre vigente argumento de la falta de Fe o por el del pecado oculto? Pecado que increíblemente, estos hombres que prometen en nombre de Dios, lo descubren después de que pasó la bolsa y mi billete se fue: ¿Dios no les habrá revelado con anterioridad que mi ofrenda sin fe no es bendición para absolutamente nadie, ni para ellos ni para mí, ni para la iglesia? Ya que algunos grandes siervos poseen tanto poder como para asegurar reembolsos por dadivas jugosas ¿no será posible usar ese poder para no recibir ofrendas entregadas con falta de fe o con algún pecado de esos no confesados por el dador? Por que deseo recordarle que se llevan, no una OFRENDA, sino una limosna, una dadiva económica, que no es espiritual cuando damos bajo tales condiciones de pauperización espiritual; ya que, "lo que no procede de fe es pecado" (Ro.14:23).
Esta ultima consideración la hacemos desde la perspectiva humana y espiritual ¿Pero que pensará Dios de tales ofrendas desde su perspectiva? ¿Se agrada Dios en recibir ofrendas bañadas en quejas, manchadas de temor o con espíritu de trueque? ¿Se agradará Dios de que en Su Nombre pongamos en aprietos (cargas) a hombres y mujeres sinceros que no han escuchado la voz de Dios que les cuestione su ofrendar? (Mi.6:6-8; Mal.1:1-14). ¿Por qué Jesús no cuestionó la cantidad ofrendada por la ya famosa viuda con sus dos blancas? (Mr.12:41-44).
Hay muchos hermanos que dan sinceramente de lo poco que tienen esperando el cumplimiento de la promesa lanzada desde el pulpito, y que, al encontrarse sin el cumplimiento de la misma (aunque si se encuentran con el dedo que les recuerda el pecado oculto, aquella vieja atadura o la sabida falta de fe) comienzan a indagarse duramente en sus espíritus acerca del impedimento que le ha privado del beneficio Divino.
Y al no encontrar nada, porque sus vidas están en la presencia de Dios, y al no haber pecados ocultos, y al ser motivados sus actos por verdadera fe en Cristo; se cansan, se frustran; buscan lo que no encontraran jamás; sencillamente por que no esta en ellos tal pecado, ni tal atadura ni tal maldición; llegando así, a ese revisionismo extremo que les hace caer precisamente en todo lo contrario a lo que buscaban de parte de Su Señor: GRACIA.
Y ya la bendición de Dios deja de ser por fe, ni por la gracia de Jesús; ya es cuestión de cumplir con ciertos requisitos, con ciertas normas, con ciertas formas en el dar; si pongo $ se me considera un buen dador, si pongo $$ se me considera dador alegre, en cambio si pongo $$$ soy un bienaventurado, ya si pongo $$$$ soy un santo dador: ejemplo de la comunidad y mejor vecino, mientras todos dicen a coro: "mirad, la liberalidad se ha hecho carne en este hermano"; siendo que, por ejemplo, en 2° Corintios 9:1-15, encontramos que el dar se hace con sencillez.
Se que un buen argumento es utilizar esta misma palabra para decir que efectivamente conforme a lo que demos eso recibiremos: "el que siembra escasamente, también segara escasamente, pero el que siembra generosamente, generosamente segara", y no estaría mal de no ser utilizado fuera de un contexto que dentro de la revelación del Espíritu Santo es ineludible; ya que para que funcione la verdad de la siembra y de la cosecha, debe ir acompañada de la verdad también revelada en ese mismo contexto y que reza : "cada uno de cómo propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad , por que Dios ama al dador alegre", una verdad esta condicionada, santamente condicionada, a la otra verdad; no podemos ni debemos dividirlas, es una unicidad, las dos caras de una misma moneda; la una no funciona sin la otra.
No es tan solo el mero hecho del dar o por la instrumentalidad del dar que este axioma funcionara, Dios mira con que espíritu se da.
Aplicar tan solo la primera parte de los versos en cuestión es aplicarlos también como los usa y los abusa la nueva era.
El dador alegre no da porque se lo pida hombre alguno, el dador alegre da tan solo con la expectativa de entregar y entregarse asimismo, no hay en el especulación de ninguna clase, da porque sabe que debe hacerlo en amor y en gratitud hacia Cristo; que precisamente se entrego primero por el, para dejarle ejemplo de cómo hacerlo. En el no hay tristeza porque no hay temor en dar, no hay temor ni aun ante el diabólico anuncio de maldiciones si fin, y su confianza es tal que aunque nada recibiera a cambio sabe que su servicio a través de esa ofrenda es olor fragante: y eso basta para el. No da por la obligación de satisfacer demanda humana alguna, si tiene una obligación es la de cumplir el pacto hecho con Su Señor de como y cuanto entregarle a El, sin que nadie lo sepa ni se le reclame desde una tesorería la falta de sus ofrendas o sus diezmos.
Qué pensamiento extraviado, que pensamiento baldío el mío; ¡pensar en controles en el dar libre del pueblo libre de Dios! ¿De ciencia ficción no? Perdón Señor, me he dejado llevar por mi insensatez.
LA MUESTRA DE LA ESPIRITUALIDAD
Si Dios me prospera es que he cumplido con darle, entonces en recompensa por mi obra de dar, soy retribuido, su prosperidad hace verme fiel, santo, espiritual. ¿Será esta una medida real de la espiritualidad?
¿Y si no prospero conforme a lo establecido por algún método espiritual, significa que Dios se olvido de mi, significa porque no prospero de tal forma o conforme a cierta norma no soy espiritual, que he perdido en santidad? ¿Tan solo la prosperidad de Dios se manifiesta en lo económico?
¿Cuántos cristianos prósperos en este país quedaron atrapados en el "corralito"; los que evidentemente se dedicaron a hacer tesoros donde la polilla roe, el orín corrompe y los ladrones efectivamente minan y hurtan?(Mt. 6:19)¿No hubieran sido mas felices y mas efectivas sus inversiones de haber mirado la pobreza de miles de hermanos en extrema necesidad, de niños con hambre, con carencias múltiples en sus propias congregaciones, de hermanos con falta de algún medicamento para algún tratamiento impostergable?, claro si es que hay pobres en alguna congregación de damnificados por la economía Argentina.
Ayudando, nosotros que somos prósperos, ¿no era contestar la oración de clamor a Dios del que se sienta al otro lado del banco en el templo, del que por pudor social y espiritual no se atrevía a pedir ayuda a un hermano prospero, por pudor de pobre, tan solo por pudor de pobre?
A algunos hermanos que nada tienen, según ciertas corrientes doctrinales, nunca recibirán absolutamente nada de Dios, ya que no dan como para que Dios los considere dignos de recibir alguna bendición, sus sobres siempre llegan vacíos a la mesa del tesorero.
Al no ser prosperados (conforme a la regla humana), no pueden demostrar que sus vidas son realmente espirituales; hemos vuelto así a la ley, a la religiosidad; a demostrar que estamos bendecidos, tenidos en cuenta por Dios por lo que hacemos, en este caso por la cantidad que somos capaces de dar.
Los que tienen y dan son bendecidos, y los que no tienen, y no dan...bueno, no se.
LA BENDICION DE LA SENCILLEZ
Pero dejemos ya de exponer pensamientos; y vayamos a lo que la Palabra de Dios Inspirada por su Espíritu Santo nos dice con respecto a la prosperidad.
Jer. 22:13-17.L a descripción de estos versos es notable en cuanto al afán por el dinero o la riqueza obtenida sin justicia. La pregunta: ¿REINARAS POR QUE TE RODEAS DE CEDRO? ¿NO COMIO Y BEBIO TU PADRE E HIZO JUICIO Y JUSTICIA Y LE FUE BIEN? EL JUZGO LA CAUSA DEL AFLIGIDO Y DEL MENESTEROSO, Y ENTONCES ESTUVO BIEN. ¿NO ES ESTO CONOCERME A MI? DICE JEHOVA.
¿Cual será la respuesta correcta a esta pregunta?
Claro que el reinado de Joacím no permanecería por tener ciertas riquezas; ni por sus ventanales, ni por sus salones, ni por sus pinturas esplendorosas, no por sus frentes de vidrio, o por sus aires acondicionados centrales, no por coloridas banderas que simbolizan no se que cosa; contra todo eso aparece la memoria de Josías, su padre, quien solo comió y bebió (hablando de la sencillez de su vida), y poniendo de relieve la justicia social y el interés por cumplir con la ley (Dt.14:29) tocante al pobre, al necesitado, al que le falta de todo.
¿NO ES ESTO CONOCERME A MI DICE JEHOVA?
Ninguna prosperidad será Divina, realmente Divina, ni espiritual, si no va acompañada de interés real por los que nos rodean y de la sencillez que comparte lo que Dios nos ha dado. Si Dios nos da o nos prospera no lo hace para que amontonemos en cuentas bancarias, sino para repartir y volver a dar; así y solo así me aseguro que la bendición de Dios vuelve a mi vida (y no solo la bendición económica).
Dios me prospera pero no por mi justicia en el dar, o por que lo ha impactado la cantidad, sino por que El ha querido prosperarme conforme a su gracia y misericordia (Ro. 9:14-18). No hay merito personal posible, no hay justicia, ni dadiva, ni esfuerzo humano que pueda comprar nada de El. (Is.64:6-7).
"Y SI ENSEÑAMOS..."
A vivir con sencillez, y digo con sencillez, no con pobreza o aun peor: con miseria; con sencillez, esa que me hace caminar sin ostentación, pero si con humildad y gratitud en la presencia de Dios, ya que reconozco en Su Mano la bondad de darme lo que tengo. (1° Tim.6:6-10).
O a vivir con contentamiento con lo que se posee (2°Co.9:8-9), con lo que es suficiente y digo contentamiento, no resignación; la resignación de no esperar nada de la misericordia de Dios es tan pecado como cualquier otro de los ya mencionados, aunque disfrazado con ropaje de piedad.
Que abunde la gracia, dice el apóstol, para que abunde toda buena obra...del dar, del ayudar, del asistir.
A que la única necesidad que exista en el dador sea la necesidad de sentirse alegre, bendito; motivado solo por el amor y la gratitud hacia Su Señor.
Que los mejores tesoros son los que se hacen en el cielo y que ese tesoro puede bajar a la tierra y transformarse en alegría para algún hermano (o no) necesitado de la provisión de Dios.
34Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. 35Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. (Lc.6:34).
¿Merece algún comentario extra este versículo?
Y por último, aunque no único: que no puedo comprar su favor, ni su prosperidad, ni su salud, ni su santidad, ni su paz, ni su gozo.
Tan solo con pensar en hacerlo es SIMONIA, es pecado.
