Tiempo de Victoria

Transformaciones

Traducido por Christine Fox

Por: Heidi Baker

Enviado por: David Fenton

(Río Gallegos - Argentina)

Introducción a cargo de presentador no mencionado

Esta pareja, los Bakers, hacen y dicen cosas que a uno pueden parecerle exageradas. Pero yo estuve con ellos en Mozambique un par de días y el Señor me repetía la siguiente frase: “La mitad aún no se ha contado.” Fue increíble, sería bueno que pudieran viajar, que pudieran ir precisamente ahí, si fuera posible. Presencie milagros que hasta ese momento no había visto jamás. Se abrieron los oídos de los sordos, los ojos de los ciegos vieron la luz, el año pasado en Manaos.

Un testimonio rápido, es la sanación de un chico que fue abandonado en uno de los hogares para huérfanos de los Bakers en Dondo. Una de las mujeres allí cuidaba a ese huérfano que no tenía nombre porque su madre lo había abandonado. Se le encargó que orara por él durante tres días. La mañana que llegamos para la conferencia de pastores, ella lo puso de pie sobre el escenario y le dijo que pronuncie “Jesús” y el chico pudo hablar y oír. Tres días de oración, yo me quedé maravillado y me dije a mí mismo “¡Esto es tremendo!” Luego Heidi oró por una nena sorda, Marámbala, y lo último que vimos fue a la gente de su localidad llevándola en alto sobre los hombros mientras bailaban por el camino de vuelta a la aldea. Fue un viaje increíble para nosotros.

Si quieren participar en uno de los viajes, en el equipo de Randy, al Ucrano, a Manaos, a Brasil, a la república Dominicana, o a Mozambique, contáctenos para información mas detallada. ¡Qué Dios los bendiga!


Predicación de HEIDI BAKER

(Orando)

¡Gracias, Dios! Señor, te pido Jesús que sigas partiendo nuestros corazones hoy Señor, tal como venís haciéndolo, Dios. Rompe nuestros corazones y hazlos más grandes, Señor. Te pido que nos des corazones enormes, Señor, que sientan como siente tu corazón. Te pido Señor, que tomes a esa gente, aquellos que siempre dicen “¡Señor somos insignificantes, somos personas pequeñas, Dios!”. Toma personas pequeñas, ¡Oh Dios! ¡Tómanos pequeños vencidos y entregados, Señor, y derrama tu Espíritu, para que fluya por nosotros, te lo rogamos!

(Dirigiéndose al pueblo)

El Señor quiere decirles que El puede usar cualquier vida que se ofrece entregada a Su Gloria y Su Reino, y derramar Su Poder, Su Fuerza y Su Misericordia para que pasen a las vidas ofrecidas y entregadas.

¿Quién anhela esto y está dispuesto? ¿Quién desea ardientemente y tiene la voluntad de regalar su vida, entregarla para que se glorifique en el mundo entero? Créanme que el Señor está diciendo “Es tiempo que des el próximo paso hacia tu destino”. Es tiempo que des el próximo paso hacia tu destino.

Dios nos habló sobre esta conferencia y tal como les contó Rolando no quisimos venir, no se ofendan. No porque no amamos a América y a todo su pueblo, es que cuando estamos en la reanimación de la fe nos preguntamos ¿Por qué ir a América? ¡Cuando ya estamos en un reavivamiento! Pero Dios nos dijo que tendrá lugar algo muy especial aquí, y dijo que si las personas ofrecían sus vidas delante de Él, entregadas a Él, las pondrá en los carros de fuego. Él está diciendo “¡Ya! ¡Ahora mismo! ¡Ya!” Dijo que la gente pasará por toda la nación llevando la gloria de Dios, y que llegará hasta los últimos confines de la tierra.

Entonces, vinimos, con nuestros corazones cargados del mensaje acerca del corazón de Dios. Del santo corazón de Dios. Del corazón partido de Dios. Del enorme corazón de Dios. Del corazón misericordioso de Dios. Del corazón de Dios que Él desea colocar dentro de ti, entonces hemos aquí. Para pronunciar la Palabra del Señor sin temor. Y es mi petición hoy que el corazón de Jesús se impartirá. Sin importar que tu corazón sea grande o no, que hoy ¡se impartirá el corazón mismo de Jesús! ¡Que está dentro de y que se parte dentro de. ¡Que sus vidas se transformaran por su corazón enorme!

Entonces, le doy la bienvenida, ¡Santo Espíritu! ¡Bienvenido! ¡Estás bienvenido aquí!

(Orando)

Señor, te pido que esta palabra, la meditación de mi corazón, toque cada vida aquí, ¡Señor Dios! Estamos aquí por tu causa, vinimos para ti. Te pido, Señor Dios, que esta palabra arda como una espada que penetre nuestros corazones, Oh Dios, que esta Palabra arda como un fuego en los corazones de los hombres y las mujeres, y que ellos nunca se queden satisfechos de sí mismos, sin que se levanten y se paren con la Espada que tu nos has dado en nuestras manos, aferrada con las dos manos. ¡Que nos lleves en el carro de tu gloria! ¡Señor! ¡Y que veamos en tu gloria, el conocimiento del Señor, cubrir la tierra como las aguas cubren el mar! Gracias Jesús.

(Predicando)

Quiero compartir con ustedes parte de las Bienaventuranzas. Quiero hablar sobre esta maravillosa parte de las Escrituras, donde Dios revela qué significa que el Reino estalle. Creo que estallará el Reino para nosotros, mientras aguardemos y comprendamos que significa esto. Hay algo profético en este pasaje. Es el grito de Dios por los pobres, por la nación, por los perdidos, por los quebrantados. Es solo a través de la intimidad que podemos alcanzar un lugar de plenitud, donde nuestra actividad sea fértil.

Cita de Mateo 5: “Al ver la multitud, Jesús subió a enseñarles, diciendo: Dichosos los que reconocen su necesidad espiritual, pues el Reino de Dios les pertenece!”

¿Qué quiere decir esto? ¿Ustedes quieren que estalle el Reino? ¿Anhelan esto? ¡Ojalá que estalle el reino! ¿Lo deseamos con ansia? ¿Ardientemente? ¿Es el Reino que anhelamos? ¿Es el Reino el premio? Jesús quiere el Reino en la tierra como en el cielo, y es el Reino, el Rey de Reyes y su Reino, lo que estamos buscando. Entonces, qué quiere decir ese “Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos?” (Nota de la traductora: Esta la traducción clásica de Reina Valera, donde se identifican “los que reconocen su necesidad” (de la versión popular Dios Habla Hoy) como “pobres” y esto siempre se relaciona con lo material, la pobreza física, que trae consigo una “necesidad” espiritual que tal vez nos enseñe con mayor claridad la verdad del reino del cielo)

Bueno, Rolando les contó un poco sobre nuestro pequeño viaje de veintidós años de trabajo misionero. Estábamos haciendo grandes cruzadas y presentaciones dramáticas con danza, y todo ese espectáculo y farándula poderosa, viendo a miles de personas levantar la mano por Cristo, y sin embargo, se partieron nuestros corazones, ¡porque vimos a personas escupiendo sangre! Vimos a los pobres, a los drogadictos, los desesperados, y Dios nos dijo: “¡Alto! ¡Paren!”

¿Por qué hacemos esto? ¿Por qué tenemos que parar? Él nos dijo: “Párense y siéntense con los pobres.” Pararse y aprender de los pobres.” ¿Por qué?

El Reino estalla para los pobres. ¿Qué es lo que debemos aprender de lo pobres para que el Reino estalle para nosotros? Nos sentamos con los pobres desde hace más de dieciocho años. Vivimos con ellos, nos sentamos con ellos, aprendimos de ellos, crecimos de ellos. ¿Ustedes se dan cuenta que el Reino realmente está estallando? Y son los pobres que nos están enseñando sobre el Reino.

¿Qué pasa con los pobres?

[Repitiendo respuestas de la audiencia]

¡No tienen recursos “Desesperados” “Tienen que depender de Dios!”

¿Qué más?

[Más respuestas de la audiencia]

“No tienen más nada que perder” “Sufren” “Dolor” “Tienen hambre” “Tienen sed” “Quebrantados” “Sin esperanzas” “Humildes”

Esa es una clave.

Entonces ¿por qué es que Dios nos toma y nos sienta con los pobres para aprender de ellos? Porque fue nuestro grito en nuestro deseo de ver al Reino estallar en la tierra como en el cielo. Y de repente, de pronto, después de dieciocho años de esperar, Dios dijo "Ya!" y lo estamos viendo, durante los últimos cuatro años pasados. ¡Ahora mismo! Es increíble, algo explosivo, poderoso, donde cada persona con quien hablemos ¡Se está salvando!

Pero ¿cuánto costará para que nosotros, en América, en Canadá, que seamos pobres de espíritu? ¿Podemos ser tan humildes y entregados que el Reino estalle para nosotros? ¿Puede Dios llevarnos hasta un lugar de tanta desolación y desesperación, hambre, sed, anhelo y deseo ardiente por Él, que estemos simplemente corriendo tras Él con todo nuestro ser y luego vemos estallar el Reino? ¿Por qué no puede ocurrir eso acá?

Puede. Y es el deseo de Dios que estalle el Reino en los Estados Unidos, tanto como en el resto del mundo. Pero Él eligió las cosas que el mundo desprecia. Él eligió a los pobres. Eligió a los desesperados para revelar su Reino. Para revelar su corazón.

Nunca he visto la clase de milagros que vimos en Mozambique, jamás los he visto suceder en América. Aún mientras está acá, todos sabemos que Jesús sana y que podemos hacerlo nosotros también. Pero allá es tan fácil y acá parece que cuesta más esfuerzo, ¿no? Acá tenemos los hospitales de alta complejidad, los médicos altamente capacitados, y tantos enfermeros y enfermeras especializados, y la verdad es que no estamos tan desesperados.

Tuve una visión que quiero compartir con ustedes, que me cambió la vida, y por alguna razón Dios eligió usar a Toronto. No lo entiendo. No tiene sentido para mi, teológicamente. ¿Por qué tuvimos que tomar un avión a un lugar tan lejos y echarnos en el piso? No lo se, pero tampoco me preocupa.

Seamos honestos. Parece bastante tonto. ¿Por qué harías eso? Gastar todo tu dinero, comprar el pasaje, volar al otro punto del mundo y echarte en el piso durante siete días. ¿Por qué haríamos algo así? Algo que parece tan ridículo especialmente cuando nos ocupamos de dar de comer a los pobres. ¿No podríamos haberles dado más comida a más pobres en vez de comprar ese pasaje? ¡Qué tonta! Estoy siendo honesta con ustedes. Parece tonto, pero heme allí, echada en el piso, gritando a Dios, porque quiero estar desesperada por Él. Desesperarme por Él. Soy una mujer desesperada, se los dije antes. Me desespero por Él. Lo quiero a Él más que a la vida misma.

Entonces estuve echada allí como siempre, postrada delante del Señor, el peso enorme de su gloria sobre mí y Él me mostró su Cuerpo. Y su Cuerpo estaba quebrado. Vi su Cuerpo quebrado y sangrando, y no fue muy lindo. Pero ¡vi su rostro! Vi su gloriosa cara! Vi sus ojos de amor y Él me miró, y ¡sus ojos brillaron de amor resplandeciendo sobre mí! ¿Y ustedes saben qué hice? Me da vergüenza admitirlo. ¡Grité, en la iglesia! Se me escapó un chillido largo y fuerte, casi histérico “Wa-a-a-a-a-i!” y ¡estaba en la iglesia! Estaba gritando con todo mi ser, “¡No! ¡No! ¡No! ¡No! ¡No!”. ¿Saben por qué decía que no? Porque había miles de chicos por todos lados alrededor mío y en ese momento ya teníamos trescientos veinte chicos y yo estaba cansadísima ¡Basta con que trescientos veinte chicos me llamen Mamá. Es suficiente, ¡Gracias! Ahora son miles.

Así que dije “¡Oh!¡ Dios mío!. ¡Tu también estás empapado!” [Nota de la traductora: el original es muy descriptivo - el verbo “soak” admite muchos significados que amplían la idea. Por llorar tanto, se moja pero también con el verbo “soak” se trata de “remojar”, que indica por largo tiempo y para ablandar, también se trata de “calar” o penetrar hasta las entrañas, de humillar y de cubrir completamente o tapar, y todo por algo líquido, suave e insistente, en este caso las lágrimas, pero simboliza el Espíritu Santo. Todo esto viene al caso, ya que es un concepto clave de la técnica que Heidi está enseñando.]

Yo estaba empapada allí y llorando, Él simplemente me dijo “¡Toma esto!” y de su costado mismo tomó pedazo de su Cuerpo. Lo tomó y me lo dio en mi mano. En mis manos ese Cuerpo quebrado de Cristo se convirtió en pan. Se hizo pan. Por eso puedo reír en medio del hambre y la escasez, porque Jesús me dijo: “Siempre habrá suficiente. Yo morí para que siempre haya suficiente”. Lo se porque vi su cara y me dio su Cuerpo en mis manos y sé que Dios puede. Me dijo “Mírame en los ojos” y al mirarle en los ojos, ardían de puro amor. El amor fluyendo por sus ojos fue algo como nunca había visto jamás, amor puro y líquido. Me derritió. Me incapacitó. No me pude mover. El peso de su Gloria estaba sobre mí, era incapaz de moverme. Incapaz. No pude. Estaba destruida. Destruida por su amor.

Luego me pasó la copa. No era una copa hermosa. Ustedes han visto en los cuadros, las copas antiguas, incrustadas de diamantes y joyas, de oro y muy fabulosas. No fue esa clase de copa. Era el vaso de un pobre, un vaso de madera. Muy sencillo y crudo, un vaso humilde de madera. Pero en esa copa estaba la sangre y el agua que fluyeron del costado de Cristo ¡mi Salvador! Y Él me dijo: “Toma, bebe” y yo sabía, en la iglesia tenemos que saber estas cosas, que era una copa de sufrimiento y de regocijo y gran alegría.

Al irnos caminando por este camino, al pasar por esa puerta, y aprender qué es ser íntimo con Dios, no tendremos miedo de sufrir. No tendrá miedo al dolor. No temeremos nada, porque dice en la Palabra que el amor perfecto echa fuera todo temor. El amor perfecto echa fuera todo miedo.

Jesús me dijo otra vez: “¡Yo morí para que siempre haya suficiente!” y yo simplemente... y bueno, soy simplemente lo suficientemente simple para creerle. Soy una de esas personas que simplemente creemos. Creo que si lo dijo Dios, entonces ¡es verdad! He llegado a tal punto que soy como una nena, que leo su Palabra y digo “¡Sí! ¡Es verdad! ¡La creo! ¡En el Reino!” En el Reino no hay nadie enfermo. En el Reino hay pureza, alegría, regocijo, hay de comer, hay todo lo que se precisa. Y ¡estalla el Reino! y ¡suceden los milagros!

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”

He visto la bienaventuranza de los que lloran. Vamos por ahí, es tan fácil, tan simple. Andamos por todos lados, buscando a los chicos y llevándolos a casa. Chicos llorando. Chicos tristes. Chicos muriendo. Vamos por ahí están tristes, llorando, y desesperados y los llevamos a casa. Decimos “Vengan, vivan con nosotros”. Están por todos lados ¿No es cierto? Llevé nueve la semana pasada. Están llorando, están tristes, apenados. ¿Qué hacer? No es complicado. Simplemente llevarlos, abrazarlos, y de repente viene Dios y son cambiados.

Quiero contarles una historia. Es una de mis favoritas. Hoy en día tenemos alrededor de dos mil chicos y una de las nenas - ya se que no se debe tener preferidos, pero soy madre y no lo puedo evitar. No puedo abrazar a dos mil chicos por día, ¿verdad? Sólo quinientos ochenta viven con nosotros, pero igual, no los puedo ver todos cada día, y pasa tiempo sin ver algunos. Así que hay una nena que encontramos muriéndose en la calle. Su nombre es Beatriz, y esta nena es muy especial para mí. Hay varias así, otra se llama Virginia, que se moría en el basural.

“Dichosos los que están tristes, pues Dios les dará consuelo” y encuentro esta nena con su panza hinchada de inanición, cubierta de llagas y el pelo blanco por la mal nutrición. Todo lo que escucharon esta mañana. Ahí estaba, en la calle, y lo único que pude hacer era amarla. Tenía sarna, piojos, parásitos, estaba muriendo y los médicos no querían ni tocarla. Me decían “No, esa ni siquiera la tocamos!” pero yo simplemente la abrazaba. Me infecté con sarna, con piojos, con parásitos - ¡tantas veces!

Un médico me dijo una vez, “¿Es realmente necesario que los toque?” Le dije “¿Usted acaso tiene que tocar a sus pacientes? Perdóname. ¿Es necesario tocarlos? ¡Es imprescindible que los toquemos!” Somos las manos de Cristo tendidas. Esto no es ningún pequeño mensaje misionero. ¡Despertemos que debemos ser Sus manos tendidas!

Ahí está esa nenita muriéndose, nadie quiere tocarla. Mi hija creció entre los pobres, entonces está acostumbrada, y se va a su cuarto diciendo “Mamá quiero darle mi más lindo vestido. La gente me pregunta: “¿Cómo puedes criar a tus hijos así? Sabes qué es, ¡un desastre!” Yo les digo: “¡Y bueno! Para mí está bien”. Claro que no tienen Game Boy, pero tienen el corazón de Jesús. Así que esta nena tuvo el vestido más bonito. Había sido violada, golpeada, abatida, no sabía su propia edad, estaba destruida - y nosotros simplemente la amábamos, y la amábamos, y la amábamos, y seguíamos amándola.

Hay otra nenita, Constancia. Estaba muriéndose allí abandonada en la escalera de la panadería. No habla, no camina, no hace nada, y es simplemente una nena terriblemente triste. ¡Dios mío! Leemos que “Dichosos los que están tristes, pues Dios les dará consuelo.” Y bueno. Si te enfrentas día tras día, si ves las caras de los tristes todos los días, tienes que aferrarte a este texto. Tienes que creer que esta Palabra es verdad, porque si no, pierdes la razón y te vuelves loco al ver todo el sufrimiento que encontramos cada día. Pero verás que hay regocijo y alegría, porque sabemos quién es nuestro Dios. Hay tremenda alegría porque conocemos como termina la historia. Sabemos que “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”. Entonces nosotros los consolamos.

Recuerdo haber corrido por todos lados detrás de esta nena, tratando de alcanzarla, lágrimas calladas desbordando y corriendo por su rostro en silencio. Lágrimas sin palabras. Ella no podía hablar. Era incapaz de hablar n por tanto dolor. Beatriz, la otra nena (que por supuesto fue sanada y quiere ser misionera) va detrás de esta pequeña, por todos lados, simplemente amándola.

Y bueno. Un buen día estaba llevando a cabo un culto de bautismo. Habían más de doscientas personas haciendo cola, esperando su turno - lleva tiempo - ¡es reavivamiento, ¿o no?! Así que teníamos ese tanque sucio. No es “agua bendita”. No se ve “bendita”, ni siquiera era limpia. La verdad es que el gobierno nos escribió una carta denunciándonos por bautizar a la gente en agua sucia. De cualquier modo es verdad. Es lo que hacemos - bautizar a la gente en agua sucia. Si hay más de doscientos y viven en la tierra entonces el agua se ensucia, ¿o no? Así estábamos y el agua cada vez más sucia y se acerca Constancia.

Ahora bien, yo estudié durante diez años, tal como Rolando, y creo que una buena teología es importante, entonces es mi opinión que uno debe saber que es ser salvo antes de ser bautizado. Pero en este caso yo no sabía - la nena no podía hablar. No hablaba, no caminaba, sólo lloraba. Lloraba en silencio, sin palabras. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.” Ella se quedaba mirándome y yo a ella allí abajo. La verdad es que el tanque era un tanque de lavandería, no era un lugar muy fino. Un tanque de lavandería en la tierra. El agua tenía un color entre verde y marrón y esta nena me estaba mirando y yo a ella. Le digo “Mi querida” en su idioma (que no es portugués sino una lengua indígena), “¿Sabes qué significa bautizar?” y ella asienta con la cabeza. “¿Quieres ser bautizada, en serio?” Asienta que sí. “¿Sabes qué significa pedir perdón por tus pecados?” Asiente. Alzo esta nenita...

Miren. Espero que esto no termine como un montón de cuentos borrosos. Esto es, estas historias son las Bienaventuranzas ¡Ahora mismo! Y esta nenita es la Bienaventuranza hecha carne - ¡en realidad! He aquí esta nenita pobre, fue violada, abatida, golpeada, testigo de la muerte de su familia en la guerra (nos enteramos después), no tiene ni tía, ni tío, ni abuelo - nadie. La alzo y la meto en esta agua sucia, “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, te bautizo” y ahí quiero sube, ¡sonriendo! Ella está sonriendo con una sonrisa increíble y ahora yo estoy llorando allí en el agua sucia. La alzo - no pesa nada - y la pongo sentadita en la tierra y ella dice “Mamá, ¡Quiero dirigir el coro infantil!”

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.”

Jesús está pidiendo manos. Jesús está buscando manos que serán sus manos tendidas, porque “Dichosos los que estén tristes pues Dios les dará consuelo”, y son sus manos. Y son sus pies, y su boca. Ustedes son aquellos. Él está diciendo “¿No vendrás? ¿No sentirás? ¿No darás consuelo?” ¿Me entienden?

Me doy cuenta que los pobres están disimulados en América. Reconozco que tal vez están bien vestidos y bien alimentados. Pero están desesperados, muriéndose, sufriendo. “Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación.” ¿Serás las manos de Jesús? ¿Serás el corazón de Jesús? ¿Sentirás lo que Él siente?

La verdad es que Dios nos trajo acá para echarnos en el suelo otra vez. Me doy cuenta que esto parece muy tonto. Nos trajo para que nos echemos en el suelo nuevamente. Nos trajo acá para sacudirnos. Nos trajo acá para encender su fuego en nosotros. Nos trajo acá para tomar nuestros corazones pequeños y débiles y sacarlos de nuestros pechos y darnos corazones grandes. ¿A ustedes no les parece un poco extraño eso? Perdónenme. ¿No piensan que parece un poco extraño, eso? ¿Qué el Dios Todopoderoso se inclina y toma nuestro pequeño y débil corazón y lo arranca y toma su enorme corazón y lo coloca dentro de nosotros? ¿No creen que tal vez deberíamos responder? ¿Piensan que nos podría pasar algo? “Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación.” ¿Quién los consolará? ¿Quién será las manos de Jesús? ¿Quién será Su corazón?

“Dichosos los de corazón humilde. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por herencia.”

La humildad. Cuando observo la humildad de personas como Supresa y Rego...
Rego resucitó a tres muertos. Vive en una choza de barro, no tiene coche. Camina por donde vaya en humildad. Está supervisando mil iglesias nuestras. Es unos de los supervisores de cabecera. El hombre anda en una humildad increíble. Ni siquiera le gusta hablar de los milagros. Cuando vienen personas de occidente siempre quieren escuchar como fueron resucitados los muertos, y Rego dice “Oh, aquí tal vez si vayamos a predicar a más personas, y ¡verán lo que hace Jesús acá!”

Anda con esa humildad increíble. Esa clase de mansedumbre que permitirá que herede la tierra. Pisar la tierra y creerle a Dios. Donde sea que camine, el Señor le dice “Esta es tu tierra. Este es tu lugar. Esta es tu gente.” Donde sea que vaya, se planta otra iglesia. Donde sea que pise, se planta otra iglesia. No importa que él ande descalzo. No importa que no tenga agua corriente en su casa. Lo que importa es que Rego tiene el corazón humilde y manso de Jesús, y ese hombre me ha enseñado más sobre la humildad y la unción, de una manera que nadie jamás me ha enseñado. Es que Jesús dijo “Siéntate con los pobre y te enseñaré sobre mi Reino”.

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.”

¿Tienes mucha hambre? ¿Tiene mucha hambre la Iglesia? ¿Hasta qué punto de desesperación, Iglesia? La gente se maravilla al ver tantos cientos y miles de personas ser salvos. ¿Por qué? Porque se mueren de hambre, desesperados, hambrientos, totalmente desesperados. Completamente sin esperanzas. Y cuando se enteran de Jesús van corriendo a Él.

¿Hasta qué punto nos desesperamos? Les quiero contar algo. Rolando lo mencionó de paso esta mañana, pero es tan emocionante. Tenemos ochocientas personas que viven con nosotros, pero invitamos a los pobres, los rengos, los ciegos, los tullidos, todo el tiempo los invitamos a venir y comer. Porque así dice la Palabra, entonces lo hacemos, es así de simple. Salimos a la calle a buscar los bandoleros y los pistoleros “¡Vengan!”. Salimos y traemos a los delincuentes y a los proscritos, los que viven fuera de la ley. Buscamos y traemos a las prostitutas - no lucen tan lindas. Vienen vestidas con sus vestiditos sin vergüenzas, entran en nuestra iglesia. Les ofrecemos sentarse adelante, suponemos que es lo que Jesús quiere, “¡Ven, siéntate adelante, mi amor!” y se sientan ahí.

El otro día no nos alcanzó la comida. Este hombre importante, George, quiso donarnos dinero para comprar pollo, porque comemos pollo sólo dos veces en el año - Navidad y Año Nuevo - es algo muy especial para nosotros. Es algo muy importante comer pollo. Para nosotros es como el banquete grande del año, así que estábamos de fiesta porque aunque no era ni Navidad ni Año Nuevo ¡Íbamos a comer pollo! Todo el mundo gritaba “¡Pollo!. ¡Pollo!. ¡Pollo!” y estaban muy entusiasmados. Pasaron la noche cocinando, dieciocho personas. “¡Pollo! ¡Vamos a comer pollo! ¡Oh!¡ Oh!¡ Oh” El canto era ensordecedor. Entramos con George, él con su equipo de video y ellos cantando sobre el pollo. Estaban contentísimos por el pollo. Comer pollo es una gran cosa. El pollo es realmente buenísimo!

Y bueno. Los pobres pollos - gastamos todo el dinero, cien por cien en pollo. Habíamos comprado todo el pollo posible, y los desmenuzamos. Nos llevó toda la noche, y los cocineros estaban cansados pero contentos, porque ¡había pollo! Entonces, estaban contándolos “Cien... doscientos... trescientos...” Llegaron hasta mil ciento treinta presas de pollo. El único problema era que habían más de ¡dos mil doscientos personas en la iglesia! Entonces ellos dicen “Perdona, no alcanza el pollo. No hay suficiente para todos” Yo les dije “Oh. Entonces ¡oremos!” Ellos dicen “¡No! Bueno, sí. Que Heidi ore pero nosotros vamos a freír pescado.” Están acostumbrados a Mama Heidi. “¡Qué Mama Heidi ore pero nosotros vamos a freír pescado, porque tenemos pescado pero no hay más pollo. No nos alcanza y todos somos locos por el pollo, pero no tenemos suficiente y ¿qué hacemos?” Dicen “¿Qué hacemos? Vamos a freír pescado.” Y yo les digo: "¡Oh no! ¡Vamos a orar, nada más! Yo oraré se lo pediré a Dios. Dios es grande. ¡Bienaventurados los que tienen hambre y sed, pues ellos se saciarán!”

Es que yo soy... Alguien me aconsejó: “No digas que eres tonta”, así que no voy a decir que soy tonta, pero, déjenme que les diga que soy ¡bastante simple! Si lo leo lo creo. Creo que va a suceder, tal cual. Dios me mandó a buscar y dar alojamiento a toda esa gente. Dios nos dijo: “Vayan y traigan a los pobres”. Dios dijo “Salgan a la calle y obliguen que vengan las prostitutas, los drogadictos y todos los que viven fuera de la ley. Inviten a todos a venir y entrar. Busquen a todos los que no pueden caminar. Súbanlos a un camión. Tráiganlos a la iglesia.” Yo lo creí y lo hice.

Así que Dios me lo mandó a hacer. Él puede hacer pollo. ¡Por supuesto que Él puede hacer pollo - Él lo creó! Puede crear pollo, lo puede freír también. ¿Ustedes necesitan comprobarlo? Están todos invitados. Allí está Tom, están todos invitados. Saben que yo escuche decir: “Sólo Pastores con Randy” pero así no es nuestra regla. Ustedes pueden venir en cualquier momento, cuándo quieran. ¡Vengan a comprobar el pollo!

Y ¿qué pasó? ¿Cómo terminó ese “¡Oh Dios por favor haz pollo!”? ¿Saben cómo? Todos, las dos mil doscientas personas tuvieron pollo. ¡No se sirvió ninguna pieza de pescado! ¡Ni un pedacito! Había un joven evangélico, de diecinueve años, su padre lo mandó a ayudar, y se quedó diciendo “¡Oh! Pero si yo conté el pollo! ¡No entiendo!” Y yo le dije “Mi amor, ¿no te lo dije?” Y él me respondió “Si, pero no te creí.” Y yo le dije “Pero, mi amor, te lo dije”. Y él me respondió: “¡Y no te creí!” Entonces, le dije: “Bueno. Ahora lo viste, ¿no?”. Y él dijo: “¡Sí, es verdad!”. Su pequeño corazón cambió para siempre. Un chico de diecinueve años. No sé qué es ni que edad tiene ahora. Pero es un creyente radical de Dios, porque él contó los pollos.

¿Me entienden? Es según su hambre. OK. Mírenme, gente, estoy de pie. Me asombro yo misma. Sí es verdad, me pongo de pie en Mozambique también [es una nota irónica porque su fama es la de postrarse delante del Señor siempre]. La gente me pregunta: “¿Es verdad?”. Sí, por supuesto que sí. Pero estoy con la gente y... de repente ¡abajo! Me derribo... De cualquier modo, estoy de pie hoy, que es totalmente otra cosa. Pero la gente me pregunta: “Por qué? ¿Por qué te quedas recostada tanto tiempo? ¿Por qué te empapas tanto? ¿Qué te pasa? ¿Por qué a veces no puedes hablar? y a veces ni puedes caminar?”.

Bueno. Es porque ¡estoy desesperada! ¡Me desespero por Él! Me desespero por Su pan. Me desespero por su vino. Estoy desesperada por lo que Él colocó en mis manos y lo multiplicó. Me desespero por Su presencia. Estuve ante Su presencia manifiesta. Estuve en reuniones donde Su nube de gloria manifiesta entró. Estuve en Corea hace dos semanas, predicando a unos cuatrocientos pastores y la gloria manifiesta de Dios simplemente entró, rodando, rodando... arrollando a todos... todos estaban caídos de bruces... Ustedes saben, cuando pasa esto uno está desesperado. Desesperado por esa gloria manifiesta.

Así que, a mi gente le encanta comer pollo. Ellos están desesperados por ese pedazo de pollo, es verdad, se desesperan por ese pollo. Dos veces por año y de repente tenemos otro día agregado. Estaban tan entusiasmados, pero para mí es “Dios, ¡Oh Dios! ¡Oh Dios ¡Oh Dios! ¡Estoy desesperada por tu presencia! ¡Tengo tanta hambre, tanta sed! ¡Estoy tan desesperada, y creo, Señor, que vendrás con tu presencia!”. Y al echarme delante de Él, Él pone su presencia sobre mí y me da lo necesario para salir caminando a las naciones y creer. Creerle a Él que haya suficiente de su amor para cada persona que se salva.

Dios se multiplica, en tu vida y a través de tu vida. Pero tienes que estar desesperado y ansioso, ¡como una persona loca! ¡Miren! “¡Dichosos los que tienen hambre! ¡Bienaventurados los que tienen sed, porque ellos serán saciados”. ¿Vinimos para ser saciados? Y ¿por qué queremos ser saciados? Suelo decir: “El Evangelio es nada más y nada menos que pasión y compasión. Pasión por Él y compasión por otros”. Entonces vinimos para saciarnos del pan fresco del Cielo. ¡Que se multiplique, Jesús! ¡Que se multiplique aquí para que vayamos a dar de comer a la ciudad entera!

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”

Hay un chico maravilloso. Ya ha crecido. Algunos viven hasta los siete años con nosotros, entonces uno los observa desde muy chiquitos. Y ¡crecen hasta ser grandes! A Luish lo encontramos en la calle, quemado por un incendio. Sus manos y brazos estaban todos quemados y no podía leer ni escribir, nunca había ido a la escuela. Luish se había quedado atrapado dentro de su casita de cartón y unos malvados, fingiendo ser sus amigos, habían prendido fuego a la precaria casita, tratando de quemarlo vivo, o sea matarlo por fuego. Pero él se salvó. De alguna manera logró escapar arrastrándose afuera, y estuvo internado en el hospital por un año. El hospital público es un lugar terrible también. No tenía a dónde ir, así que volvió a la calle, cubierto de cicatrices, y sin tener donde vivir - estaba viviendo debajo de un árbol cuando nosotros lo encontramos. Nos acercamos y simplemente compartimos el amor de Jesús, el corazón de Jesús, y la primera cosa que él me dijo fue: “Tengo que ir a contarle a los muchachos que trataron de quemarme vivo, contarles todo lo que ustedes acaban de decirme. Tengo que ir a perdonarlos.” Entonces se fue, y por supuesto que les llevó a Jesús.

Logramos que ingrese en un programa. Es otro caso, nadie sabe la edad de estos jóvenes porque no tienen certificado de nacimiento ni documento ni nada. No tienen madre ni padre, y ellos mismos no saben cuantos años tienen, pero él parece tener aproximadamente veinte años ahora. Le conseguimos un tutor y aprendió a leer. Bien, habíamos comenzado una iglesia en un prostíbulo y Luish estaba en ese prostíbulo, simplemente amando a Jesús. Es tan lleno de Dios, tan lleno de misericordia y de gracia, no tiene ni un hueso de condenación en su cuerpo, sólo está lleno del amor de Dios. Miraba a las chicas y yo estaba orando: “Dios, necesito un pastor que pueda ministrar a estas mujeres, a la par con Lucía...” Ella es una pastora que vive con estas mujeres por que no quieren vivir más de la calle vendiendo sus cuerpos.

Así que estaba buscando, “¿Quién puede ser, Dios? ¿Quién?” Y Jesús me dijo “Ese Luish, él es el hombre.” No pudo leer antes, apenas puede ahora, entonces ¡él es el hombre! Nunca estuvo en Escuela Bíblica ni Seminario - ¡ese es el hombre! Recuerdo haberme acercarme a él, y por supuesto él estaba arrodillado en la tierra, con su cara en la tierra, y me agaché a su lado y le dije: “Luish, ¿Quisieras ser pastor para estas chicas cuando dejen de vivir de la calle y cambien sus vidas?” ¿Ustedes saben que hizo él? Se puso a llorar, temblando en la tierra. Dijo: “¡Oh Dios! ¡Que yo sea usado para algo tan glorioso! ¡Que Dios me usará a mí!” Este hombre tuvo misericordia y su vida fluye en la misericordia de Dios. “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.”

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.”

¿Ustedes realmente quieren ver a Dios? Nos asombramos que no lo veamos. He aquí a este muchacho, Arthiniel, otro caso, recostado en la tierra. Este chico tenía aproximadamente siete años. Nuevamente, nadie sabía su edad, nosotros no la sabíamos - ¿cómo podríamos? De cualquier modo, estaba echado en la tierra, y estaba gritando, gritando, como un loco. Ahora bien, Rolando les dijo: “No predicamos sobre Toronto, sólo predicamos sobre Jesús, y toda las mismas cosas se repiten.” ¿Está bien? Es verdad. Discúlpenme si les molesta eso, pero es verdad. Todo vuelve a suceder, tal como en Toronto. No lo hacemos nosotros, no es nuestra culpa. Sólo decimos: “¡Venga, Espíritu Santo!” y así lo hace!

Entonces, ahí estaba este muchachito, en la tierra, llorando y lamentándose, pero sólo tenia unos siete añitos y parecía estar poseído del Espíritu de Intercesión o Socorro o algo por el estilo. ¡Estaba sollozando y algunos de los cínicos se pusieron nerviosos y dijeron: “Dios mío! ¿Está bien? ¿Qué le pasa? ¿Está enfermo?.” Entonces les dije: “No, está bien. Él ve algo, seguro. Déjenlo tranquilo”, y mandé que alguien colocara las manos sobre él, mientras yo seguía predicando... nosotros no hacemos cultos cortos, son de cinco o seis horas, entonces si yo o Rolando nos pasamos de hora, se entiende que somos de África, y que yo entiendo lo que es tener el peso de la gloria de Dios sobre mí - me pasa una y otra vez, lo entiendo.

Bueno, levantamos a este chiquito y lo llevamos al dormitorio porque no podía ni caminar. No podía hablar, no podía hacer nada. Algunos estaban pensando: “¡Epa! Parece cosa de locos. ¿Qué pasa?” y yo les dije: “Es Dios. Déjenlo tranquilo.” Entonces lo pusimos en la cama y el día siguiente estaba levantado, corriendo y jugando con los otros chicos pero estaba radiante. Irradiaba gloria. ¡Este chiquito resplandecía! ¡Su carita estaba brillando! ¡Era algo glorioso! Entonces le dije: “¡Eh! Arthiniel, ¿qué viste?” Y ¿qué imaginan que me contestó? “¡Vi a Jesús! ¡Yo lo vi a Jesús! ¡Es tan hermoso!” Entonces le pregunté: “¿Y qué te dijo?” y él respondió: “Oh, que va a venir. “Perdonaré” así me dijo”. Y yo le pregunté: “¿Por qué estabas llorando? ¿Por qué los sollozos? ¿Por qué estabas así?” Y él me dijo: “Oh, estaba orando por los pecados de Mozambique.” "Dichosos los de corazón limpio, pues ellos verán a Dios.”

“Dichosos los que procuran la paz, pues Dios los llamará hijos suyos.”

Los hijos de Dios. Reflejan el carácter del Padre. “Bienaventurados los pacificadores”. La guerra nos enseña que uno tiene que procurar la paz. Nada más. Cuando te amenacen, procura la paz. Cuando te maltraten, procura la paz. Cuando sean malvados, procura la paz. Cuando te hieran, procura la paz. Cuando traten de matarte, procura la paz.

Unos años atrás le pusieron veinte dólares de precio a mi cabeza. Siempre digo “¡Mis zapatos valen más que eso! Mi vida vale más que veinte mangos. Por lo menos podrían haberme puesto cien! ¡¿O no?!” La verdad es que me ofendió - ¡veinte mangos! Pero el Señor dijo: “Bienaventurados los pacificadores”. Así que no me quedó otro remedio que decir: “Dios, sólo haz que tu paz llueva sobre ellos. Señor, bendice a esa gente mala. Bendice a los que les pegan a los chicos, golpeándolos y abatiéndolos”.

Les pegaron a nuestros chicos por adorar a Jesús. A los chicos no les importaba, seguían bailando y saltando, hasta unos veintisiete kilómetros afuera, adorando a Jesús. Decían: “Donde vayan ustedes nosotros iremos porque queremos ser libres y adorar a Jesús.” No les importaba cuántos Marxistas los golpearan. No les importaba cuanto les costara, porque querían conocer a Jesús. Y empezábamos a bendecir y bendecir y bendecir a todos aquellos que nos maldecían. Y se ha cambiado el gobierno y aunque todavía tenemos muchas luchas, el Presidente de esa nación se reunió conmigo dos veces. El Presidente de Mozambique. ¡Qué Dios sorprendente!

Si ustedes son pacificadores. Si procuran la paz, serán dichosos, el bendito. Dios los está llamando a caminar por esta clase de misericordia sorprendente, en que amarán a aquellos que los traten mal, cruelmente. “Dichosos los que procuren la paz, pues Dios los llamará hijos suyos Los hijos de Dios. Las Hijas de Dios. Los que reflejan la gloria de Dios. Los que reflejan el carácter mismo del Padre. ¿Saben qué significa eso? Quiere decir que comienzan a actuar como Él.

Queremos reavivamiento en América, ¿o no? ¿Queremos reavivamiento, poder, milagros? ¡Lean “El Libro”! Él quiere tomar nuestro pequeño corazón y hacerlo enorme. Quiere tomar nuestras manos y tenderlas, para que sean Sus manos. ¿Quién quiere regalar sus manos? ¿Quién quiere regalar su corazón? ¿Quién quiere regalar todo su ser? Para que venga el Reino a los Estados Unidos. ¡Para que venga el Reino acá como en el cielo! El Señor simplemente busca alguien con la voluntad de donar su ser entero. “Dichosos” “Bienaventurados” “Benditos” ¿Sabían que todas estas palabras significan “alegres”? Regocijados. Rebosantes de alegría. Benditos.

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” Los hijos y las hijas de Dios. ¿Ustedes se dan cuenta que el término lleva consigo su carga de responsabilidad. Autoridad. Escucharon a Rolando. Él predicó. ¡Hombre! Lo felicito - ¡predicó muy bien! ¡Fuerte! ¡Carga pesada! Yo lo puedo decir porque es la verdad. Es que aún en medio de todo eso, no nos desesperamos. Eso no nos desespera, porque sabemos quién es nuestro Dios. No nos desesperamos por eso porque sabemos que nuestro Dios es grande y que multiplicará su pan, su Cuerpo. Su pan. Porque es reavivamiento, son Sus iglesias, es Su gente, y Él los ama. Los ama aún más que nosotros lo amamos, y si Él dice: “¡Oh! ¿Alguien se ofrece para esto?” nosotros decimos: “¡Sí! ¡Nosotros!”. Estábamos cansados y no queríamos ofrecernos pero Él nos convenció y nos enamoramos tanto de Él, nuevamente, tan completamente destruidos por su increíble presencia manifiesta, que Él nos hizo echarnos en el suelo nuevamente, y día tras día nos cautiva con su amor y no podemos evitarlo. Decimos: “¡No damos más! ¡Nos rendimos! ¡Oh Dios henos aquí, aquí estamos. Aquí estoy, Heme aquí.” ¡Es ese el grito de nuestro corazón? “Heme aquí. Míreme a mí”. Él busca a alguien a quién poder usar.

Tengo que contarles otra historia. Estábamos desesperados por darles de comer a los pobres, tal como lo estamos ahora, desesperados. Pero si nos conocen, no se preocuparán porque saben que no escribimos cartas pidiendo ayuda material. Nunca. ¡Jamás! Se los aseguro. No lo hacemos, no es nuestro estilo. Así somos. Salimos hace veintidós años con un pasaje de ida y treinta dólares y nunca pedimos nada a nadie, y ahora ¡miren lo que Jesús hace! Y la gente pregunta: “¿Y cómo se hace para ser misionero?” Es fácil, simplemente debes creerle a Dios. No hace falta juntar un montón de dinero, viajar constantemente y bla- bla- bla -bla. Nunca llegarás así. Simplemente hay que irse. Sentir el corazón de Dios e irse. La gente dice: “¿Y cómo se hace? ¡Usted esta loca!” Y bueno, llámame loca. Pero tengo un Dios grande y Él sabe lo qué hace y cómo.

Entonces, mi gran Dios manda a esta pequeña, a dar de comer a las multitudes. Y yo digo: “¿Dar de comer a las multitudes? ¿Cómo? No entiendo.” En una oportunidad estaba con la Sra. Betty, mujer de Frank, ella ora mucho por mí, echada en el pasto y cosas así, y ahora yo estaba llorando nuevamente. Pero esta vez estábamos en la arena así que no le importaba a nadie, y lloraba y Dios me decía: “Dar de comer a la nación.” ¿Dar de comer a la nación? ¡Dios mío! ¿Qué quiere decir esto? Y pienso: “Es la radio. Ya sé, tengo que ir a la radio y dar de comer a la nación por la radio.” Y Dios dice: “¡No! ¡No! ¡No! Vamos, despiértate! Quiero que le des de comer a la nación.”

“¡Oh Dios! ¿Qué es esto? Bien. Dar de comer a la nación. ¡Dios, oh Dios, oh Dios, oh Dios, oh Dios!” Y luego Él dijo: “Habrá otra inundación.” Eso fue el año pasado. Dijo: “Habrá otra inundación. Quiero que alquiles un galpón grande. Quiero que lo llenes con alimentos, porque va a haber otra inundación y van a necesitar toda esa comida.” Entonces me pongo a pensar: “¡Y bueno! ¿Cómo se hace esto? Yo no se nada. Soy sólo una pequeña, como una nena.” Como una nena. No se nada. Soy pequeña. Soy una pequeña persona. No se hacer nada. Y dije: “Bueno, Dios, dar de comer a la nación. Bien. Alquilar un galpón grande. Bien. Buscamos un galpón grande. Encontramos un galpón grande. Bien. Lo alquilamos.” Y ahí estábamos, esperando, sin saber qué más hacer. ¿Saben qué pasó? Un hombre me llamó.

Fue así: un amigo nuestro estaba viajando a Mozambique para vernos, y en el avión el hombre sentado a su lado le dice: “Hola”. Y empiezan a conversar:

“¿Adónde va?”

“Voy a Mozambique.”

“¿Mozambique? Yo también.”

“¡No me diga! ¿Y qué va a hacer allá?”

“Voy a visitar a un hogar de huérfanos donde hay un reavivamiento...”

“¡No me diga! Yo también!”

“¡Oh! ¿Cuál?”

“Creo que es de los Bakers.”

Este hombre me llama, y dice "Usted no nos conoce Otra vez. Siempre dicen esto. “Ustedes no nos conocen, pero nosotros sabemos de ustedes y queremos reunirnos con ustedes Y bueno. No estaba muy entusiasmada - tenemos tantas reuniones - Bien. Otra reunión. Está bien. Nos reunimos y estos tipos vienen y dicen: “Hola. Tenemos un barco.” Ahora es un barco, no un avión. Un barco. “Tenemos un buque. Un carguero lleno de alimentos.” ¡La cantidad de comida que donaron estos hombres! ¡Un buque de carga lleno de alimentos! Dijeron: “Queremos que ustedes reciban esta comida.”

Dios es tan grande, ¿no? ¿Comprenden? ¡Más vale que lloren! ¡Más vale que lloren después de lo que vieron y escucharon esta mañana! ¡Espero que todos lloren! ¡Espero que sus corazones hayan sido arrancados de sus pechos! Pero espero que rían también, porque tienen que darse cuenta que Dios es un Dios grande. Lloramos con los que lloran y nos regocijamos con los que se regocijan, y ustedes pueden regocijarse conmigo, porque un buque lleno de comida, un carguero, vino y le tomó diez días a ciento diez pastores descargarlo de ¡tanta comida que traía! Y cuando vinieron las inundaciones estábamos preparados y pudimos dar de comer a la nación con todo lo que teníamos. Dimos de comer a miles y miles de personas. Así que no me preocupa. La necesidad desesperante de Malawi ahora no me desespera. Digo: “¡Dios!”

Estaba con mi cara en el suelo otra vez, y ustedes pueden preguntar “¿Cuántas veces te echas en el suelo?” Todos los días. Porque veo tanta necesidad a mi alrededor, y hay miles de iglesias y tanto personal... Estoy con la cara en el suelo cada día. Estaba echada en el suelo otra vez en Toronto. ¡Hombre! ¡Ese lugar es peligroso para mí! Es un lugar peligroso, me da miedo, porque cada vez que Dios me muestra otra visión más grande, ¡se cumple! Se lo comenté a John la última vez, le dije: “El problema es así ¿Cómo hago con todo esto?” Nuestra administración nunca alcanza a ponerse al día con tanto trabajo. Ni de lejos. Si usted no recibe una respuesta es porque nuestras dos computadoras se cayeron del sistema la semana pasada. No tenemos comunicaciones. Nuestra avioneta tuvo un accidente y uno de los motores explotó y el gobierno trató de clausurarnos la semana pasada. Fue una semana difícil. Así que si usted no recibió una respuesta, bueno, es posible que no la vaya a recibir muy pronto.

Una persona nos escribió diciendo: “Queremos mandarles cien dólares cada mes.” ¡Qué bien! “Pero, ustedes tienen que comprometerse a estar disponibles los primeros cinco días hábiles del mes para hablar con nosotros por teléfono y contarnos exactamente cómo se están usando estos fondos.” Lo lamento. Guarden su dinero, queridos. Perdónenme pero creo que no vamos a poder contestarles así tan pronto.

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”

“Dichosos cuando la gente los insulte y los maltrate, y cuando por causa mía los ataquen con toda clase de mentiras. Alégrense, estén contentos, porque van a recibir un gran premio en el cielo; pues así también persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.”

La semana pasada, entre todos los otros líos, aterrizamos en el campo de un hombre. Él nos había llamado, pero tuve que hacer un aterrizaje de emergencia y ahora el motor de la avioneta está roto. ¡Oh qué día! Yo dije simplemente: “¡Gran Dios!” En el medio de todo eso, el gobierno nos escribió una carta de dos carillas persiguiéndonos. Burlándose de nosotros. Mentira tras mentira tras mentira. Una carta de chantaje. Y ¿ustedes saben lo que hicimos? ¿Quién lo puede adivinar? ¡Nos echamos de cara en el suelo, porque éramos inocentes! Nos echamos de cara en el suelo adorando a Dios. Los empleados me comentaban: “Usted está tranquila. Nunca la hemos visto con tanta paz en una situación de tan crítica”, y me di cuenta de todo lo que el calado había logrado. Me di cuenta por qué empaparme echada en el suelo por tantos años, con la gente mirándome. Ya sé que la gente me considera como una idiota - lo escucho.

Esto lo voy a compartir. Estaba muy llena de mi propia importancia. “¡Yo soy la Dra. Baker!” En serio. Había estudiado diez años para obtener mi doctorado y lo sentía. “No me gusta que me ven ridícula.” Ya sé, parezco la más tonta de lejos. Cuando estuve en Australia, no me acuerdo si estaba en el baño o dónde, pero escuché: “¡No lo puedo creer!, ¡esa Heidi Baker! Va a echarse en el piso otra vez y hacer ese grito ‘¡Huuuuuh’!”. Esto no me gustó. Mi carne decía: “¡Ojito! ¡Yo soy la Dra. Baker! De King’s. ¡Jah! ¡No me gusta que me ven como estúpida. ¡No! Voy a entrar en la sala, voy a ser muy inteligente, voy a tener muchos apuntes, voy a tener muchos textos y citas, y voy a sentarme en mi cuarto, echar llave a la puerta y no voy a parecer ridícula, no voy a echarme en el piso en público haciendo gritos de ‘Huuuuh’ ¡No! ¡No! ¡No! ¡Señor, ten misericordia!”

Me perdía en las esferas, no comía - estaba haciendo ayunas, estudiando. “Esta vez va a ser ¡excelente! ¡Nueve carillas de apuntes!” Tuve cada apunte y cada resumen. Pedí libros restados de todo el mundo. Pedí prestado cada libro que encontraba. Leía. Tuve toda la historia. Iba a ser ¡un gran sermón, les digo! Tomé mi sermón, mi Biblia, y me fui a predicar a mil doscientos pastores. ¡Iba a hacerlo bien! Así que ahí estaba, me levanté temprano para orar. Me gusta orar. Oro por horas antes de cada servicio. Estaba con la cara en el suelo, orando, pero no había nadie, así que estaba bien.

(Les cuento todo esto porque me parece que a algunos de ustedes les hace falta saberlo.)

Estaba echada con la cara en el piso, en el cuarto de oración, y Dios me dice: “¿Quieres regresar? ¿Quieres volver?” y le digo: “¡No! Señor, quiero ser como una nena. Quiero ser pobre de espíritu Señor, como una nena. Quiero el Reino. ¡Ya estoy harta de tratar de ser alguien! ¡No me gusta estar tratando de ser alguien! ¡Quiero ser una nada! ¡Quiero ser como una nena! ¡Quiero ser poseída por ti, Espíritu Santo! ¡Haz lo que quieras conmigo!”

Adivinen qué sucedió. Pueden imaginar. Fue exactamente lo que temía. Los apuntes de la Dra. Baker se cayeron desparramados por todos lados. Me caí de bruces en el suelo. Me arrastré hasta adelante. Mil doscientos pastores... “¡Ohhhhh!” Estuve allí adelante... “¡Ohhhhhh!” y no sólo eso sino también tuve que arrepentirme de mi orgullo. Estaba baboseando, mi maquillaje estaba corrido, arruinado, mis ojos todos manchados y yo baboseando, sollozando, hasta que todos los pastores se echaron al suelo también.

Así. Entienden sobre el calado, el remojo, empaparse. Comprenden que Dios nos quiere llevar hasta el punto de ser como niños. Un lugar de nada. Un lugar de pobreza de espíritu. Para que su Reino pueda estallar.

Ahora ¿hay preguntas antes de orar? ¿Alguien tiene alguna pregunta?

[Contestando preguntas inaudibles]

Nos encanta orar por otros. “¡Socorro! ¡Socorro!” ¡¿Qué tal como grito por ayuda?! “¡Ayúdenos! ¡Necesitamos ayuda!” Necesitamos cada clase de voluntario, y nos escriben y vienen a visitar y luego regalan su vida. Cada clase de ayuda. ¿Se enteraron que nuestra escuela sacó la mejor nota de toda la nación? ¿Saben qué significa esto? Estos chicos son huérfanos, sin nada en la vida, viviendo debajo de un árbol o un puente, y ellos lograron las mejores notas de la nación. Esto es ¡Transformación!

[Responde a las preguntas]

Cuanto más ocupada estoy, más tiempo paso con Dios. Cuanto más ocupada, cuanto más exigencias tengo, más tiempo paso con Dios. Mi hija se va al colegio, entonces la llevo a la ciudad y me voy y busco a Dios y no vuelvo hasta las diez, a veces las once de la mañana, porque que tengo que estar con Él. Luego hago cortes durante el día, si tengo una fila larga de personas esperándome. Cada día surgen problemas cuando uno vive en esa clase de situación y siempre hay colas largas de gente esperando para hablar con uno. Lo que yo hago es lo siguiente, me voy a mi cuarto en medio de todo y simplemente adoro a Dios y Él me llena nuevamente. Me encantan todas las disciplinas espirituales, la soledad, la meditación, ayunar, orar, y hago caminatas de oración. Me gusta pasar horas y horas a solas con Jesús. Cuanto más enamorada de Él estoy, más quiero estar a solas con Él. Puede ser que suene raro eso, con la cantidad de trabajo y la carga que me da. Pero mi tiempo es mucho más eficaz, rinde mucho más porque paso horas con Él.

[Tomando las preguntas de la gente]

“¿Qué hacemos con nuestros propios hijos?” Nuestros hijos siempre estuvieron con nosotros, crecieron en el campo misionero, con los pobres, con los otros chicos, y los dos son llamados a ser misioneros de tiempo completo. Mi hijo estudia para ser pastor y misionero, y nuestra hija también lo va a hacer. Cuanto más ocupada estoy, más tiempo paso con Dios. Cuanto más ocupada, de misionera, así que... ¡Alabado sea el Señor! Tienen diecinueve y catorce años. ¡Son hermosos y mucho más!

[Más preguntas inaudibles]

“¿Qué hago cuando paso tanto tiempo con Jesús?”. Solía hacer muchas oraciones a los gritos. Soy pentecostal y solía gritar y golpear el piso y casas así. Pero ahora estoy orando de otra manera. Normalmente me echo en el piso boca abajo o boca arriba y simplemente adoro. Paso mucho tiempo adorándolo, y agradeciéndole y glorificándolo. Aguardo esperando que ponga algo en mi corazón y luego simplemente le hablo esto, expresándoselo a Él.

Enseñamos esto a todos nuestros pastores. Cuando ustedes vienen a nuestras reuniones de intercesión, puede haber algunas con mucho bullicio, pero otras veces totalmente silenciosas, sube y baja según lo que Dios está haciendo. Verán a cien pastores echados en el piso y al lado de ellos verán niños, de tres, seis, diez años, echados ahí ¡orando! Nadie les dijo que tienen que asistir a la reunión de intercesión, vienen solos y sólo se echan. Es poderoso y fuerte.

Así que es mucho más que una relación. Yo nunca exijo a Dios, sólo le pido que me dé su corazón. Cada día, lo primero que oro al levantarme a la mañana es: “¡Bienvenido Espíritu Santo! Te ruego ¡que me llenes, que me poseas, que te apoderes de mí! ¡Toma este día, toma mi vida, todo lo que deseas, apodérate de mí! ¡Toma este día, toma mi vida, todo lo que quieres!”. Así es mi primera oración del día, cada mañana, y sólo espero y observo, y ¡Él hace cosas maravillosas, sorprendentes!

[Contestando preguntas de la gente]

Y bueno, está mejorando, está mejor que antes. Perdimos todo, dos veces. La primera vez cuando fuimos a Toronto. Está bien eso. La segunda vez fue por los Marxistas, se apoderaron de todos nuestros edificios, tomaron nuestras carpas. Fuimos desde una carpa para ciento veinte chicos y comenzamos otro centro, y otro y otro. Fuimos desde carpas a paja, a adobe, a bloques, y todavía nos queda algo de paja. Estamos construyendo todos los días. Hay un grupo grande de contratados, ochenta y algo, son todos los pobres, los trabajadores de la construcción. Pero nosotros construimos todo el tiempo.

Si alguien quiere venir a visitarnos, ¡hacer cualquier cosa! Tenemos médicos clínicos y centros de salud, tenemos escuelas, tenemos misiones de alcance en las calles, en los basurales, cuatro Colegios Bíblicos. Nosotros nunca pretendimos hacer nada, pero lo hizo Jesús. Nosotros nunca planificamos nada de esto, simplemente amábamos a Jesús y Él lo hizo que todo sucediera. ¡Qué reconfortante! ¿No?

Ahora bien. Simplemente quiero decir la verdad. Creo que el equipo sólo tiene que pasar tiempo en el piso, alcanzando al corazón de Dios. Estoy cien por cien en el río de Dios. Empapada. Calada. Creo que no sabemos prepararnos si no estamos de bruces, en el suelo. Entonces la Palabra llega a tu corazón. Cada equipo tiene algo diferente en su corazón. Un equipo tiene el corazón para hacer artesanías y manualidades con los chicos, y vienen preparados para hacer todo eso. Es hermoso, y ese equipo tiene esa unción, para hacer eso con los chicos. Otro equipo son predicadores ungidos que salen predicando, en la selva, el monte, en Malawi, en lugares que asombran. Sólo van y viven en hoteles de un dólar sin agua, y van a ver el reavivamiento ¡Allá en la selva!

Y hay otra gente que viene y hace trabajo de medicina, y ellos vienen y simplemente regalan su vida para ser doctores y enfermeros. Lo que precisamos, obviamente, son los que vienen por largo plazo. Pero los de corto plazo, la cosa más importante que ellos pueden hacer es abrazar a nuestros bebés. Abrazar a nuestros niños. Tenemos un hogar para Bebés de SIDA donde estos bebés de SIDA simplemente necesitan ser alzados abrazados y amados cada día. No hace falta ningún idioma, puedes tener setenta y cinco años y hacer eso. No hacen falta títulos ni estudios. Lo que tienes que tener es el corazón de Jesús. Entonces les damos la bienvenida, y nos encanta que vengan grupos, equipos...

Hay chicos con SIDA. Aceptamos a todos los chicos. Encontré a Yisu debajo de un puente, y Yisu era un muchacho malvado, lleno de fuego. Tenía SIDA y era terriblemente flaco y dijo que tenía quince años pero parecía como diez años mayor y el análisis de SIDA era positivo. Remojamos a ese chico durante dos años. Creemos en oración caladora, empapar por intercesión. No hacemos un oración breve, listo y ¡ya está! Bueno, a veces pasa así. Todavía tenemos chicos ciegos. Tenemos más de veinte ciegos sanados, pero nos quedan tres chicos totalmente ciegos. Entonces los que hacemos es remojar - empapar, calar en intercesión. Lo hicimos con ese muchacho y ahora es negativo. ¡Es negativo!

[Contestando]

SIDA, malaria, cólera, disentería, mal nutrición, dientes cariados, no hay dentistas...

[Conversando con la gente]

Una vez vino el Presidente de Mozambique a verme, y estuvo muy gentil. Supongo que se enteró de lo que nos sucedía y ¡quiso ganar votos en las próximas elecciones! Entonces trajo a sus equipos de video y toda la farándula, sacaron fotos de todos los chicos y dijo: “¡Viva Arco Iris! ¡Viva Arco Iris!.” Fue lindo, pero ya está. Nada más. La segunda vez nos prometió terrenos gratis, cuando sea que lo precisemos. Esperamos todavía. Pero fue muy gentil, muy amable. Pero el milagro fue que el tercer hombre más poderoso en todo Mozambique se hizo padrino de nuestros chicos. Fue llenado por el Espíritu Santo. Era el líder del partido marxista. Ahora se llama a sí mismo “el Padrino”. Dice: “No digan que soy un General marxista, digan que soy hijo de Dios”. Así que ese fue el milagro de los chicos con el gobierno.

Y ¿ustedes quieren saber otra cosa? Nunca tratamos de reunirnos con los pájaros gordos, los jefes del estado y los importantes. La gente decía "Deberían conseguir audiencia con los grandes, los importantes”. Nunca lo intentamos. Sólo nos quedamos con los pobres, y los pájaros gordos nos vinieron a ver. Es todo otra manera de hacer las cosas, ¿no?

[Más preguntas]

Tenemos una clínica que tuvimos que clausurar el viernes pasado porque nos amenazaron. Fue el viernes. Vuelvo este domingo y creo que va a haber un milagro. Pero tenemos una hermosa clínica médica, está muy bien equipada, con todo el personal - tenemos un médico de Mozambique y tres enfermeras. Tenemos otra clínica en Dondo, que Dios simplemente nos otorgó, fue Realmente sorprendente - nos dio un container lleno de artículos médicos, todo gratis. Un hospital de campo. Nunca se lo pedimos a nadie. Dios simplemente juntó todo esto y lo recibimos. Seguimos diciendo: “¡Vengan! ¡Miren qué hace Jesús!”.

Espero que ustedes se entusiasmen con estas historias. Dios hará lo mismo para ustedes. Sólo tienen que salir del barquito, fijar sus ojos en Jesús y luego, podrán caminar sobre el agua. Nada será imposible para Él. Sólo vamos a orar juntos. A mí me gusta entrar en la presencia, pero ustedes pueden quedarse sentados en sus sillas, o pueden acercarse y arrodillarse adelante. Pero vamos a pedirle a Dios que nos permita salir del barco.

[Orando]

¡Enséñanos, Jesús! ¡Tócales Señor! ¡Vierte tu Espíritu, Señor! ¡Señor henos aquí! ¡Jesús! ¡Queremos hacer lo que tú haces! ¡Oh Jesús! ¡Santo Jesús! ¡Venga Espíritu Santo por todo este salón, Señor!

Sólo comiencen a soltar sus vidas, todos ustedes, donde sea que estén. Simplemente ¡Entrégale tus manos! ¡Jesús quiere tus manos! ¡Jesús quiere verter su poder sanador a través de tus manos! ¡Jesús quiere verter su misericordia a través de tus manos! ¡Jesús quiere verter su compasión a través de tus manos! ¡Jesús quiere verter su amor a través de tus manos! ¡Entrégale tus manos! ¡Dí “He aquí, Señor!” Es algo tan sencillo tan fácil. Esto es un taller, entonces muestra una mano! Nunca sé cómo se dirige un taller, no sé qué es un taller. Pero sí sé que si hay alguna cosa que podemos hacer, es decir “Heme aquí, Señor, poséeme!” ¿Podrían orar eso ahora mismo?

“Heme aquí Señor. Poséeme. ¡Toma mis manos, Señor! ¡Aquí están mis manos, Señor¡ ¡Toma mi pequeño corazón, Dios! ¡Toma mi pequeño corazón Jesús, y dame un corazón grande como el tuyo!”

¡Dios te pido hoy, en los Estados Unidos de América, echada en esta alfombra hermosa, Señor, que tomes los corazones de estas personas y simplemente los arranques de sus pechos, Señor, y les des un corazón enorme como el tuyo!

Pueden gritar, pueden llorar, pueden hablar con Dios, porque creo que hoy es un día especial, un día de santa entrega, cuando te rindes totalmente y entregas tu vida entera, diciéndole a Dios: “¡Saldré del barco!” Si Dios puede usar a pequeñas personas tontas como nosotros, ¡Dios puede usar a cualquier persona! Cualquier persona disponible, que tenga la voluntad dispuesta. Él no busca a gente especial, grande, importante, brillante. Él busca a corazones dispuestos, con la voluntad de regalar su vida. “Te pido impartir Tu corazón, O Dios!” Te pido Su corazón!

<>< <>< <><



Principal | Palabra del Día | Quienes Somos | Libro de Visitas | Contacto | Aviso Legal
Crecimiento | Estrategia | Ayuda | Colaboraciones | Producciones | Palabra Confirmada | Libros
www.tiempodevictoria.com.ar | 2002-2008