

Diariamente recibo en uno de mis correos un trabajo escrito, breve, al estilo de reflexiones, que proviene del ministerio de David Wilkerson, hombre al que respeto independientemente de si forma parte activa o no de las estructuras clásicas tradicionales. Por tal motivo, reproduzco algunos con sus títulos para que también te bendigan a ti.
NO ESTAMOS SIN ESPERANZA
Nosotros que conocemos la justificación de Cristo, no podemos vivir como aquellos que no tienen esperanza. Hemos sido bendecidos tanto con el amor de Dios, como también el temor de Dios. Y su deseo para con nosotros en los tiempos oscuros y más terribles es obtener su gozo y alegría. Aun cuando vemos juicio cayendo alrededor nuestro, debemos cantar y regocijarnos con júbilo – no porque el juicio ha llegado, sino que lo hacemos aún cuando hay juicio.
Isaías 51:11 comienza con la palabra Ciertamente, que significa “a la luz de lo que acabo de decir.” ¿Qué es lo que Dios ha dicho aquí? Él le ha recordado a su pueblo, “[Yo] el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos” (Isaías 51:10), que significa, “Yo todavía soy el Señor, el de tiempos antiguos, el que hace milagros. Y mi brazo sigue siendo fuerte para librarte.”
Así que, ¿qué es lo que Dios quiere que su pueblo conozca a la luz de esta verdad? Él lo dice todo en un verso, Isaías 51:11:
Ciertamente volverán los redimidos de Jehová; volverán a Sión cantando.” En otras palabras: “Voy a tener un pueblo que vuelve a mí con confianza, fe y certeza. Ellos quitan sus ojos de las condiciones que los rodean. Y ellos reciben de vuelta su canción alegre.”
“Y gozo perpetuo habrá sobre sus cabezas.” El gozo que el pueblo de Dios experimenta no será sólo por un Domingo en la mañana, o una semana o un mes. Durará a través de los años, a través de los tiempos difíciles, aún hasta el final.
“Tendrán gozo y alegría.” Dios miró a través de los tiempos y dijo: “Voy a tener un pueblo que obtendrá alegría, que la tomará y la poseerá. La agarrarán, y será de ellos.”
“Y huirán el dolor y el gemido.” Esto no significa que todo nuestro sufrimiento terminará. Significa que nuestra confianza en el Señor nos pone por encima de cada dolor y prueba. Tales cosas no podrán robarnos de nuestra alegría y felicidad en Cristo.
UNA PALABRA MÁS
Recientemente me sentí dirigido a enviar un mensaje URGENTE advirtiendo de una gran calamidad inminente – la cual causará que aún los elegidos de Dios tiemblen.
Un Obispo preguntó, “¿No hay una palabra más?: ¿Cómo deberían de responder los justos a tal palabra?”
Yo sólo puedo responder compartiendo lo que el Espíritu Santo está hablando a mi propio corazón, y lo que yo voy a hacer. Yo compartí que iba a guardar suministros de alimentos que me duren un mes – porque he sido testigo del pánico que viene con el terrorismo. Esa es una palabra personal para cada individuo.
Esto es lo que escucho decir al Espíritu Santo a mi corazón concerniente a mi reacción a la calamidad inminente. Es simplemente ésta – QUÉDATE FIRME Y VERÁS LA SALVACIÓN DEL SEÑOR.
“Y Moisés dijo al pueblo: No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros… Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” (Éxodo 14: 13-14).
Esta es la actitud de fe cuando enfrentamos la calamidad. ¿Qué podría haber hecho Israel al borde del Mar Rojo? El ejército de Faraón está avanzando contra ellos, las montañas están a ambos lados, y frente a ellos está un mar imposible. La carne grita, “¡Haz algo!”
La carne grita sin esperanza. ¿Puede el pueblo de Dios secar el mar? ¿Aplanar una montaña? ¿Pelear contra un gran ejército sin tener armas? Ellos están en lo que parece ser una situación espantosa y aterradora. El pueblo de Dios tiembla – y en esa hora de temblar, viene una palabra del Señor. En esencia:
Quédate firme. No temas. Esta es la hora de salvación. Vas a ser testigo del derrumbamiento de los cimientos de un poder mundial. Pero en esa misma hora, Yo pelearé por ti. Mantén tu paz – quédate firme y mira lo que hago.”
Amados, mi advertencia es sólo una voz entre tantas que están diciendo lo mismo. Puede que temblemos por un tiempo, pero aquellos que realmente conocen la Palabra de Dios serán rápidamente consolados por el Espíritu Santo. Seremos bautizados con una gran paz – una tranquilidad sobrenatural – la cual será un tremendo testimonio para multitudes con miedo.
EL SEÑOR MI PASTOR
Todos estamos familiarizados con el Salmo 23. Su mensaje de consuelo es muy conocido aun entre los incrédulos. Este Salmo célebre fue escrito por el Rey David, y su pasaje más famoso está en el verso de entrada: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.”
La palabra Hebrea que David usa para faltará en este verso indica un significado de no tener. David está diciendo, en otras palabras, “No me faltará nada.” Cuando combinamos este significado con la primera parte del verso, David está diciendo, “El Señor me dirige, me guía y me nutre. Y por eso, nada me falta.”
En este verso breve, David nos da todavía otro reflejo del carácter y la naturaleza del Señor. La traducción literal en Hebreo de la primera parte de este verso es Jehová Rohi (Ra’ah). Significa “El Señor mi pastor.”
Jehová Rohi no es un pastor benigno y pasivo. El no es como un asalariado – alguien que sólo provee comida y guía. El no solamente apunta hacia los pastos y las lagunas de agua y nos dice, “Ahí está lo que necesitas. Ve y come.” Ni tampoco se hace el ciego a nuestras necesidades.
El no corre hacia el lado opuesto cuando escucha nuestros gritos de ayuda ni cuando ve que estamos en problemas. No, él conoce cada dolor que soportamos, cada lágrima que derramamos, cada herida que sentimos. El conoce cuando estamos demasiado cansados para dar otro paso hacia adelante.
El sabe cuánto podemos soportar. Más que nada, él sabe cómo rescatarnos y llevarnos a un lugar para sanarnos. Una y otra vez, nuestro pastor viene a nosotros, nos trae y nos lleva a un lugar de descanso. Él continuamente nos hace descansar para tener un tiempo de sanidad y restauración.
Jehová Rohi - el Señor nuestro pastor – nos insta a que lo sigamos para ir a su descanso, para que él pueda “shekinah” en medio de nosotros. El Señor dice en Éxodo 29:45, algo “Y habitaré entre los hijos de Israel, y seré su Dios.”
La palabra Hebrea para “habitaré” aquí es Sekinah, que significa “permanecer por”, o “asentarse junto a.” Esta palabra no significa una presencia pasajera, sino una presencia permanente – una presencia que nunca nos deja.
En corto, la gloria sekinah de Dios no es una marca que desaparece de nuestros corazones como una tinta invisible. No, es algo que Dios implanta permanentemente en nuestra alma. Es su eterna y muy cercana presencia.
Este cuadro aquí es glorioso: Nuestro pastor ofrece venir a nosotros en medio de nuestro dolor y de nuestra condición de depresión, y sentarse junto a nosotros. Él promete curar nuestras heridas y enderezar las partes nuestras que han quedado enfermas y malogradas.
Esa es la gloria sekinah de Dios. La presencia del Señor que permanece y que dura para siempre. Y muy a menudo la experimentamos cuando estamos en apuros. Nuestro gran pastor nos dice, “Yo quiero restaurarte. Y lo voy a hacer estando presente contigo, aún en el valle y en las sombras de muerte.
Mi presencia estará contigo a través de todo lo que el enemigo lance contra ti. Aún si tratas de alejarte de mí, yo voy a correr tras de ti. Y cuando te alcance, te tomaré en mis brazos y te llevaré a mi descanso. Entonces vendaré tus heridas y sanaré todas tus enfermedades”
NO TEMA. FIJE SUS PENSAMIENTOS EN JESÚS
Debemos escuchar cuidadosamente a las advertencias de los atalayas, pero no debemos obsesionarnos con las advertencias.
Debemos ser alertados y advertidos por los mensajes proféticos, y debemos de hacer caso a cada mensaje que es revelado y confirmado por las Escrituras. Debemos juntar todo el conocimiento que podamos acerca de la tormenta que se avecina, para preparar nuestros corazones para la destrucción que viene. ¡Pero no debemos de dejar que el temor ni la ansiedad consuman nuestros pensamientos, dominen nuestra mente, o se arraiguen en nuestro corazón!
La oscuridad verdaderamente viene, y el juicio está a nuestra puerta. Pero como pueblo de Dios, no podemos permitir que ninguna nube de oscuridad esconda la luz de las grandes promesas de Dios y del amor que y misericordia que él tiene para con su pueblo.
Debemos estar bien informados por las palabras de Dios y de los profetas, pero no debemos permanecer en conocimiento profético de tal manera que llegue a controlar nuestras vidas.
Al diablo le encantaría que eso suceda. El sabe que si no puede lograr que usted dude en la Palabra de Dios acerca de su juicio, él lo llevará a otro extremo, empujándolo a que tenga una obsesión temerosa sobre los tiempos difíciles. El tratará de robarle a usted toda esperanza, al consumirlo con pensamientos de lo que se avecina.
El Apóstol Pablo nos vuelve a asegurar sobre estas cosas con ésta instructiva:
“Por
lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo,
todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud
alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Pablo
nos está diciendo, “Ustedes han escuchado las advertencias. Ahora, simplemente
hagan caso a lo que la palabra de Dios revela y a lo que los atalayas están
diciendo. Luego, finalmente, fijen todos sus pensamientos en Jesús y sus bondades,”
Yo les había advertido fielmente de un holocausto económico mundial, y ya lo estamos viendo acontecer alrededor de todo el mundo. He advertido que los Cristianos van a sufrir – que habrán grandes pérdidas y dificultades. Ahora mismo, multitudes de santos preciosos están soportando increíbles tribulaciones. Pero estas cosas no son el enfoque de todas mis energías y ministerio. ¡No, la expresión profunda de mi alma es proclamar el amor de Dios el Padre y las tiernas misericordias de nuestro salvador Jesús!
Así que cuando voy a mi cama por la noche, yo sé que sólo él está en control de todas estas cosas. Yo simplemente hago lo que el profeta Isaías hizo: puso su mente a descansar confiando completamente en su Señor. Él dijo, “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3).
LO SECRETO DE LA PRESENCIA DE DIOS
En el Salmo 31, David nos introduce a la frase “lo secreto de tu presencia.” Él escribe, “¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres! En lo secreto de tu presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (Salmo 31:19-20).
David está diciendo algo muy profundo aquí: “Toda fuerza verdadera, viene de acercarnos al Señor. ¡La medida de nuestra fortaleza es proporcional a nuestra cercanía hacia él!” Para ponerlo simplemente, mientras más cerca estemos de Jesús, más fuertes vamos a ser.
Y toda la fuerza que vamos a necesitar, vendrá solamente a través de nuestra vida secreta de oración. Si nos acercamos a Cristo, él se acercará a nosotros, dándonos un suministro diario y fresco de fortaleza. ¡Esto es lo secreto de su presencia!
En el Antiguo Testamento, la presencia del Señor estaba asociada con el Arca. Israel creía que donde estuviese el Arca, la presencia de Dios estaba allí. Así que, dondequiera que el pueblo iba, llevaban al Arca con ellos. Vemos un ejemplo de esta fe tocante a la presencia del Señor con el Arca en 1 Samuel 4.
El diablo teme grandemente la presencia del Señor en nuestras vidas. Él tiembla con tan sólo pensar en la cercanía de un creyente hacia Cristo. Así que, cuando sus hordas demoníacas lo ven a usted de rodillas cada día, en la presencia de su Padre celestial, todo el infierno grita, “Dios está con éste creyente. Éste tiene la presencia divina. ¿Qué podemos hacer contra aquello?”
Esta es la razón por la cual Satanás hará cualquier cosa en su poder para robarle la presencia de Dios en su vida. Es por ese motivo que él quiere enredar su alma con dudas y miedos. ¡Él quiere que usted esté drenado de todas sus fuerzas!
Él usará cualquier cosa que pueda, aún las “cosas buenas”, para mantenerlo alejado de poder pasar tiempo a solas con Jesús. ¡Él sabe que el tiempo que usted pasa con Cristo, lo hace a usted victorioso sobre los miedos y ansiedades de este mundo!
La Palabra de Dios nos dice que podemos orar sin cesar. Esto es oración sin palabras, en cualquier lugar, en cualquier momento. Yo he llegado a creer que mis oraciones más importantes son aquellos susurros de agradecimiento que le ofrezco a él durante todo el día. Esto me mantiene consciente de su presencia
TENGA FE EN LA FIDELIDAD DE DIOS
La fe comienza con una entrega total de uno mismo al cuidado de Dios – pero nuestra fe debe de ser activa, no pasiva
Debemos tener total confianza en que Dios puede y hará lo imposible. Jesús dijo, “Para Dios todo es posible” (Mateo 19:26). “Nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37). Para decirlo en una manera corta, “¡Dios es suficiente!”
El Señor estaba haciendo de Abram un hombre de fe, al ponerlo en una situación imposible. Él quería escuchar a su siervo decir, “Padre, tu me trajiste aquí, y tú conoces lo que es mejor. Así que voy a estar firme, y voy a creer que tú harás lo imposible. Pondré mi vida en tus manos, confiando totalmente que no permitirás que yo o mi familia pasemos hambre. Yo sé que nos cuidarás – ¡porque tú prometiste que yo tendría descendencia!”
Nuestra fe no es para sacarnos de una dificultad ni para cambiar una situación dolorosa. En lugar de eso, es para revelarnos la fidelidad de Dios en medio de nuestra situación grave. Dios a veces cambia nuestra situación difícil. Pero más a menudo no lo hace – ¡porque él quiere cambiarnos!
Nosotros simplemente no podemos confiar completamente en el poder de Dios hasta que lo experimentamos en medio de nuestra crisis. Ese fue el caso con los tres jóvenes Hebreos. Ellos vieron a Cristo sólo cuando estaban adentro del horno ardiente.
Y Daniel experimentó el poder y la gracia de Dios cuando él fue arrojado en el foso de los leones. Si ellos hubiesen sido sacados de sus circunstancias, nunca hubiesen conocido la gracia completa del poder milagroso de Dios. Y Dios no hubiese sido exaltado ante los impíos.
Nosotros creemos que estamos siendo testigos de grandes milagros cuando Dios quita nuestras tormentas y crisis. Pero podemos fácilmente perdernos la lección de fe en esos tiempos – la lección que enseña que Dios permanece fiel a nosotros a través de nuestros tiempos difíciles. A través de la fe, él nos quiere elevar por encima de nuestras pruebas, para que podamos decir, “Mi Dios puede hacer lo imposible. Él es un liberador, y él verá que yo atraviese esto.”
Cuando Abram descendió a Egipto, él le estaba diciendo a Dios, en esencia, “Señor – yo me encargo ahora de las cosas desde aquí.” Él supuso que se había equivocado, que había escuchado la voz errada – y ahora él tenía que encargarse de arreglar las cosas. Aquí es donde Abram dejó la senda de la fe. Él reunió a su grupo y les dijo, “Yo no sé dónde me equivoqué, pero no podemos sobrevivir aquí. ¡Nos vamos a Egipto!”
La Buena noticia es, que nuestras fallas muy a menudo nos llevan a desarrollar una fe fuerte. Pero sin embargo, tendremos que afrontar las consecuencias que vienen cuando dejamos la senda de la fe y actuamos en la carne.
EL SACERDOCIO DEL NUEVO TEMPLO
Por favor lea cuidadosamente Ezequiel 44:15-16. El nombre Hebreo Sadok significa “recto o justo.” Ezequiel aquí se está refiriendo a un hombre llamado Sadok que servía como un sacerdote durante el reinado de David.
Este hombre justo nunca tambaleó en su fidelidad a David ni al Señor. Él se mantuvo fiel a David y a la Palabra de Dios a través de los buenos tiempos y de los malos. Sadok siempre le fue fiel a David porque sabía que el rey era el ungido de Dios.
Debido a que Sadok permaneció fiel a través de todas las situaciones, él llegó a representar un ministerio distinguido por su fidelidad hacia el Señor. Verdaderamente, Sadok fue el ejemplo de lo que debería ser un verdadero ministro del Señor – separado de este mundo, encerrado a solas con el Señor, consistentemente escuchando del cielo. Tal ministro reconoce que su trabajo principal es la oración: buscando a Dios diariamente, en comunión constante con el Espíritu Santo y ministrando a Jesús.
Los sacerdotes del nuevo templo son fieles en estar delante de Dios antes de estar delante de la congregación. Ellos pasan horas preciosas en la presencia del Señor, hasta que son saturados con un mensaje que ha sido quemado en sus almas. Y cuando emergen de la presencia del Señor, pueden hablar directamente al corazón de las personas. Su mensaje llega a donde viven las ovejas, porque vino directamente del trono de Dios.
De el sacerdocio de Sadok el Señor dice, “Estos ministros entrarán en mi santuario y estarán en mi delante. Ellos se acercarán a mi mesa y me ministrarán. Y ellos guardarán mis ordenanzas. Yo seré fiel en dirigirlos y guiarlos y les daré mi palabra para mi pueblo.”
En el Nuevo santuario de los últimos días, el Sacerdocio de Sadok conoce que su trabajo central es ministrar al Señor. Este ministerio incluye a cada amante de Jesús que desea caminar en integridad. Verdaderamente, vemos el “sacerdocio de creyentes” presente en todos los libros del Nuevo Testamento.
Juan nos dice, “y [El] nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre” (Apocalipsis 1:6). Pedro escribe, “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como…sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 Pedro 2:5).
Tal vez usted no tiene credenciales ministeriales de una iglesia. Tal vez usted nunca ha estudiado en un seminario. Tal vez usted nunca ha predicado un sermón. Pero usted es tan llamado y tan ordenado a servir en el sacerdocio Sadok como cualquier predicador o evangelista conocido. Ambos testamentos lo hacen abundantemente claro: Cada uno de nosotros debe de ejercer la posición de sacerdote y llevar a cabo las tareas de sacerdote.
Así que tal vez usted se esté preguntando, ¿cómo voy a hacer esto? Usted lo hace ministrando primeramente al Señor. Usted le ofrece sacrificios a él – sacrificios de alabanza, de servicio, de entregarle a él todo su corazón, alma, mente y fuerzas. Él lo ha llamado a usted a ser parte de su sacerdocio real.
Por eso, usted deberá de ministrar a otros solamente después de haberlo ministrado a él. Esto significa que usted no debe de llegar a la casa de Dios cada semana vacío y seco, esperanzado que el mensaje de algún predicador lo llene de fuego. No, usted debe de llegar preparado para ministrar al Señor con un corazón de alabanza.
NUESTRO INTERCESOR
“Por eso puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (Hebreos 7:25).
¿Qué quiere decirnos las Escrituras cuando dice que Jesús hace intercesión por nosotros? Yo creo que ese tema es tan profundo, majestuoso y más allá del entendimiento humano. Yo tiemblo al sólo tocar este tema. Los estudiosos de la Biblia tienen varios puntos de vista sobre su significado.
A través de la oración y confianza en el Espíritu Santo, estoy comenzando a entender sólo un poco de este tema increíble. Recientemente, yo oré muy simplemente, “Señor, tu intercesión en los cielos ¿cómo afecta mi vida? Tu Palabra dice que tú hablas con el Padre a mi favor. ¿Qué significa eso en mi caminar diario contigo?”
La palabra intercesión en español significa, “suplicar a favor de alguien”. Esto habla de alguien que toma el lugar de usted ante otros para suplicar su causa. Cuando usted escucha esta definición, ¿se imagina usted a Cristo continuamente suplicando a Dios por usted, pidiendo misericordia, perdón, gracia y bendiciones?
En mi opinión, esta imagen hace aparecer a nuestro Padre como tacaño. Yo simplemente rehúso creer que la gracia tiene que ser arrancada de nuestro Dios amante. Si nos limitamos a tener esta obtusa definición de intercesión, nunca entenderemos el significado espiritual profundo de lo que Cristo hace por nosotros.
La Biblia declara que mí Padre celestial conoce mis necesidades antes que yo le pida. Y muy a menudo, él suple esas necesidades aun antes de que yo ore. Por lo tanto, yo encuentro difícil de aceptar que el propio hijo de Dios tenga que suplicarle por alguna cosa. Además, las Escrituras dicen que el Padre ya le ha confiado a su Hijo todas las cosas: “En él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad” (Colosenses 2:9).
Yo no pretendo que conozco todo sobre Cristo intercediendo por nosotros. Pero yo sí creo que lo que sea que nuestro sumo sacerdote está haciendo en su intercesión por nosotros, es un asunto muy simple. Y yo creo que su intercesión tiene que ver con el crecimiento de su cuerpo aquí en la tierra. Él está trabajando supliendo a cada articulación y miembro con poder y fuerza.
PAZ CON DIOS
Jesús murió en la cruz para comprar mi paz con Dios – y él está en el cielo ahora manteniendo esa paz, para mí y en mí. La paz que tenemos con Dios a través de Jesucristo distingue nuestra fe de las otras religiones.
En cada otra religión aparte del Cristianismo, el problema del pecado nunca está terminado. El dominio del pecado simplemente no ha sido quebrado. Por lo tanto no puede haber paz. “¡No hay paz para los malos!, ha dicho Jehová” (Isaías 48:22).
Pero tenemos un Dios que provee paz perdonando nuestros pecados. Esta es la razón misma por la cual Jesús vino a la tierra: para traer paz a una humanidad llena de problemas y con miedo.
¿Cómo mantiene Jesús la paz de Dios para mí? Él lo hace de tres maneras:
Primero, la sangre de Cristo removió la culpa de mi pecado. En ese sentido, Pablo dice, “Él es nuestra paz” (Efesios 2:14). Jesús hizo paz para mí a través de su sangre.
Segundo, Cristo mantiene mi paz y gozo por la fe: “Y el Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13).
Tercero, Jesús me regocija con la esperanza de entrar en la gloria. “Y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2).
Para ponerlo de una manera simple, paz es la ausencia del miedo. Y una vida sin miedo es una vida llena de paz.
Cuando Jesús ascendió al cielo, él no solo disfrutó de la gloria que se le había otorgado. No, él fue al Padre para mantener la paz que ganó con tanto dolor para nosotros en el Calvario.
Nuestro Salvador está vivo en la gloria ahora mismo. Y él es completamente humano, con manos, pies, ojos, cabellos. Él también tiene las cicatrices en sus manos y en sus pies, y la herida en su costado. Él nunca desechó su humanidad; él todavía es un hombre en la gloria. Y ahora mismo, nuestro hombre en la eternidad está trabajando para asegurarse que nuestra paz que él nos dio cuando se fue, no nos la roben.
Él está ministrando como nuestro sumo sacerdote, activamente ocupado en mantener su cuerpo en la tierra lleno de su paz. Y cuando él viene otra vez, él quiere que nosotros seamos “hallados por él…en paz” (2 Pedro 3:14).
Cuando yo peco, mi paz se interrumpe en dos áreas. Primero, mi conciencia me molesta y me acusa, y con buen motivo. Pero, segundo, las acusaciones de Satanás ponen miedo en mí. Yo creo que estas son las dos primeras áreas donde las intercesiones de Cristo se aplican a nosotros.
Primero, mi sumo sacerdote no permitirá que mi conciencia me tenga cautivo. Ni permitirá que las acusaciones de Satanás en contra mía no sean desafiadas. Cristo es mi abogado para con el Padre contra cualquier acusación del infierno.
¿Qué es un abogado? Es simplemente “mi amigo en la corte” Para los Cristianos, éste amigo en la corte es también el hijo del juez. Además, nuestro abogado es nuestro hermano. De hecho, vamos a heredar la fortuna del juez junto con él.
¿QUIÉN SOÑÓ ESTE PLAN DE SOBREVIVENCIA?
“Y vino a él [Elías] palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán” (1 Reyes 17:2-3).
Mientras Elías miró hacia delante a la crisis que se avecinaba, su situación le debió de haber parecido absolutamente desesperante. Pero Dios tenía un plan específico de sobrevivencia en mente para su siervo fiel.
Él instruyó al profeta, “Ve hacia el Este al Río Jordán, y encontrarás a Querit, un pequeño arroyo. Ahí puedes conseguir toda el agua que necesites beber. ¡Además, yo he arreglado todo para que alimento te sea entregado todos los días, por mis cuervos mensajeros!”
¿Cómo podría una persona soñar en esta clase de plan de sobrevivencia, aun si tuviese un millón de años de tiempo para hacerlo? ¿Cómo podría Elías haberse imaginado que se lo enviaría a un arroyo escondido para encontrar agua para beber, si en toda la tierra había sequía? ¿Cómo pudiera haber pensado que una provisión de pan le sería entregada por cuervos los cuales siempre se comen todo lo que pueden agarrar con sus picos?
Más tarde, las cosas se pusieron más difíciles para Elías, porque el arroyo se secó finalmente. Pero Dios se encargó nuevamente, dándole al profeta una palabra fresca de dirección. El dijo, “Levántate, vete a Sarepta de Sidón y vive allí; ahí le he dado orden a una mujer viuda que te sustente”
(v. 9). Nuevamente, yo tengo que preguntarle a usted - ¿cómo podría alguien imaginarse que una pobre mujer viuda, en medio de una depresión económica, podría alimentar a un hombre por días, semanas, y meses sin parar? Pero el hecho es que, Dios usa las cosas más despreciadas, e insignificante de este mundo para su gloria. Y él le dijo a Elías, “Si tú vas donde ella, y haces lo que te digo, sobrevivirás. ¡Escúchame – has caso a mi dirección – y saldrás hacia adelante!”
La evidencia es abrumadora: Dios – nuestro consejero, abogado experto en sobrevivir – ¡tiene un plan detallado para cada uno de sus hijos, para ayudarnos a enfrentar los peores tiempos!
¡NO PUEDO HABLAR CONTIGO…A NO SER QUE…!
Lamentablemente, un gran número de Cristianos no conocen la voz de Dios. Algunos pasan meses, aun años sin recibir una palabra íntima del Señor en su hombre interior. A algunos Dios les habló un tiempo. Pero con el pasar de los años, ellos han aprendido a silenciar la voz de Dios en sus corazones.
Otros se han apartado de ver tantas tonterías entre aquellos que creen que cada palabra que les viene a sus mentes es divina. Esas personas se jactan que “Dios me dijo”- ¡cuando “la palabra” que escuchan es sólo la voz de su carne codiciosa!
Si usted quiere conocer y escuchar la voz de Dios en los días que vienen, debe de estar listo para escuchar sobre limpieza antes que él le hable de dirección. Muchos Cristianos quieren que Dios les diga cómo seguir teniendo lo que han ganado, cómo proveer para sus familias, cómo mantener sus negocios o sus carreras a flote. Pero la verdad es que, antes que Dios nos dé una voz de dirección en cualquiera de estos temas, él nos hablará de sus mandamientos.
“Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Juan 15:17). Dios primero le hablará a usted sobre su comportamiento en su hogar con su esposa e hijos – sobre su temperamento fuerte, sus rencores, su espíritu que no perdona. Él le mostrará cada secreto oculto que usted tiene – y él le dirá de una manera amorosa, “Yo quiero ser tu consejero, tu abogado, tu guía, tu protector, tu proveedor.
Yo quiero caminar contigo a través de cada prueba y problema. Y yo quiero darte mi favor, bendecirte, y cuidarte con mi Espíritu. Pero primero, tienes que ser honesto conmigo acerca de los ídolos escondidos que tienes en tu corazón. Ahora mismo, tú los tienes – ¡pero debes entregarlos! ¡Tú y yo simplemente no podemos caminar juntos a no ser que estemos de acuerdo en estos asuntos del corazón!
LA LECCIÓN DEL HIJO PRÓDIGO
La Biblia dice, “Y cuando aún estaba lejos [el hijo pródigo], lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20).
Yo creo que el hijo pródigo volvió a casa por lo que había vivido con su padre, por la historia que tenían. Este joven conocía el carácter de su padre - y aparentemente había recibido un gran amor de él. Él debió de haber sabido que si retornaba, él no sería condenado por sus pecados ni les serían echados en cara.
Note cómo el padre del hijo pródigo lo recibió en tal lamentable estado. El joven tenía intención en ofrecer una confesión de todo corazón a su padre. Pero cuando él vio a su padre, él no tuvo la oportunidad de confesar completamente. Su padre lo interrumpió corriendo hacia él y abrazándolo.
El joven sólo pudo pronunciar el comienzo de su disculpa, diciendo, “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (v. 21). Pero su padre no esperó a que terminara. Para él, el pecado del joven ya había sido saldado.
La única respuesta del padre fue dar una orden a sus siervos: “Pónganle el mejor vestido a mi hijo y anillos en sus dedos. Preparen un festín, porque vamos a celebrar. Regocíjense todos – mi hijo está en casa.” Él conocía el corazón de su hijo. Él sabía que se había arrepentido completamente.
El pecado no era el tema para este padre. El único tema en su mente era el amor. Él quería que su muchacho sepa que fue aceptado aún antes de que él pudiese pronunciar una confesión. Y ese es el punto que Dios quiere mostrarnos a todos: Su amor es más grande que todos nuestros pecados. “Su benignidad te guía al arrepentimiento” (Romanos 2:4).
¿EL MORIR ES GANANCIA?
Pablo lo dijo: “El morir es ganancia” (Filipenses 1:21). Esa forma de hablar es absolutamente extranjera a nuestro vocabulario espiritual moderno. Nos hemos convertido en tales adoradores de la vida, que tenemos muy pocos deseos de estar con el Señor.
Pablo dijo, “Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23). Pero, por el bien de edificar a los convertidos, él pensó que era mejor “quedarse en la cáscara.” O como él lo dijo, “quedar en la carne”.
¿Era mórbido Pablo? ¿Tenía él una fijación no saludable con la muerte? ¿Mostró Pablo una falta de respeto por la vida con la que Dios lo había bendecido? ¡Absolutamente no! Pablo vivió su vida plenamente. Para él la vida era un regalo, y él la había usado bien para pelear la buena batalla. Él había vencido el miedo al “aguijón de la muerte” y podía decir ahora, “Es mejor morir y estar con el Señor que quedarme en la carne.”
Aquellos que mueren estando en el Señor son los ganadores; nosotros los que nos quedamos somos los perdedores. ¡La muerte no es la sanidad final: la resurrección lo es! La muerte es la travesía, y algunas veces esa travesía puede ser dolorosa. No importa cuánto dolor y sufrimiento hacen estragos en los cuerpos, es nada comparado con la gloria inexplicable que les espera a aquellos que soportan la travesía.
Cualquier mensaje sobre la muerte nos molesta. Tratamos de ignorar aún pensar en ello. Las personas que hablan sobre eso las consideramos mórbidas. Ocasionalmente hablamos sobre cómo ha de ser el cielo, pero la mayoría del tiempo el tema de la muerte es tabú.
¡Cuán diferentes eran los primeros Cristianos! Pablo habló mucho sobre la muerte. De hecho, en el Nuevo Testamento nuestra resurrección de los muertos se la llama nuestra “esperanza bienaventurada”. Pero hoy día, a la muerte se la considera una intrusa que nos separa de la buena vida a la que nos hemos acostumbrado.
Hemos llenado nuestras vidas con cosas materiales hasta el punto de hundirnos. El mundo nos ha atrapado con el materialismo. No podemos imaginarnos que podamos dejar nuestras hermosas casas, nuestras cosas amadas, nuestros tiernos cónyuges. Parecería que pensamos, “Morir resultaría en una gran pérdida. Yo amo al Señor, pero necesito tener tiempo para disfrutar mi hacienda. Acabo de casarme. Tengo que probar mis bueyes. Necesito más tiempo.”
¿Ha notado que se habla muy poco sobre el cielo hoy en día, o acerca de dejar este mundo? En lugar de eso, nos bombardean con mensajes de cómo usar nuestra fe para adquirir más cosas. ¡Qué concepto tan aturdido de los propósitos eternos de Dios! Con razón hay muchos Cristianos que están temerosos de pensar en la muerte.
La verdad es que, estamos lejos de entender el llamado de Cristo a dejar al mundo y a todas sus ataduras. Él nos llama a venir a él y morir, morir sin construir recordatorios nuestros, a morir sin preocuparnos cómo seremos recordados. Jesús no dejó ninguna autobiografía, ni oficinas corporativas, ni universidades o escuelas Bíblicas. Él no dejó nada que perpetuase su recuerdo, sólo el pan y el vino.
