Tiempo de Victoria

¿Quién es su Ídolo?

Quién es su ídolo? Esta es una pregunta que, seguramente, habrá oído usted formular cientos de veces en otros tantos reportajes de diferentes medios de comunicación a personajes conocidos. ¿Las respuestas? Con toda la variedad que a usted se le pueda ocurrir. Deportistas, cantantes modernos, actores o actrices, políticos fallecidos o vivos y, en menor cantidad, por supuesto: científicos, escritores, poetas y, obviamente: el padre o la madre. Son estas las respuestas clásicas que a nadie preocupan mayormente ni tampoco le asombran demasiado. Aunque, claro está, si nosotros somos lo que permanentemente decimos que somos, no vamos a compartirlo, pero...

Los creyentes, es decir: Aquellos que han tomado una decisión de índole personal de entregar sus vidas a Cristo y salir de una vez por todas de un cristianismo nominal, saben muy bien que dentro de nuestras propias congregaciones, se practican también algunas formas de idolatría. Formas que van más allá del culto o la adoración a imágenes o estatuas de santos o vírgenes. El poder, el prestigio, la denominación, la doctrina denominacional, las personas con jerarquías eclesiásticas, la Biblia como objeto material, entre otros, son colocados en muchas ocasiones por delante de lo que Dios dice y por delante de lo que Dios es. Eso les confiere la indudable calidad de ídolos.

La lectura de una porción de la primera carta de Pablo a los Corintios, nos arroja algo de luz sobre este tema, a partir del uso sobrio de la tipología y la actitud reveladora del Espíritu Santo. Porque la libertad cristiana tiene sus propios límites. Sin embargo, no incluye relación alguna con la idolatría. Aunque los ídolos, en sí mismos, no son nada, los poderes demoníacos que están detrás de cualquiera de ellos, son bien reales y efectivos. Esta historia que vamos a ver, ilustra el peligro de la autoindulgencia. Israel tuvo experiencias redentoras que se comparan con el bautismo en agua y participar de la Cena del Señor o como quiera que se llame donde usted se congrega, pero muchos de sus hijos pecaron y fueron destruidos. Las mismas lecciones se aplican actualmente. Estos y otros textos relacionados ofrecen plena justificación a los creyentes del Nuevo Testamento que estudian el Antiguo Testamento para que extraigan lecciones de las afirmaciones y analogías que allí aparecen.

(1 Corintios 10:1)= Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; (Más allá de lo literal de una historia literal que puede leerse en los capítulos 13 y 14 del libro del Éxodo, lo que en el ámbito del espíritu está diciendo Pablo, aquí, es que los padres, pese a todo, se mantuvieron bajo la dirección de Dios, que es la nube, y no tanto de hombres, y que pasaron la enorme prueba que fue el mar, que de allí en más se constituyó en el símbolo previo del paso de muerte a vida.) Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube (Dios, Espíritu Santo) y en el mar (Símbolo del bautismo contemporáneo: sumergirse para muerte a la vieja vida y emerger con vida nueva) (3) Y todos comieron el mismo alimento espiritual, (Se refiere materialmente al maná, pero tiene que ver conque la única comida que mantiene, es la que proviene indudablemente de Dios, sin pasar por el análisis, la interpretación o las posiciones teológicas de los hombres) (4) Y todos bebían de la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo.

Hay muchos a los que no les gusta ni siquiera la palabra Revelación. Aseguran que el estudio de la Palabra no pasa por allí sino por los exámenes sociales, políticos y geográficos de cada relato. Puede ser, no lo discuto, pero: ¿Qué haremos con todas las veces que en este texto dice que la cosa es espiritual y no natural? Porque si en el verso 3 el maná es, en realidad, la Palabra, en el siguiente, la bebida no es el agua, sino la revelación, ya que brota de una roca que no es roca sino Cristo, y de esa roca espiritual emana la vida. Una roca natural no se mueve, por lo tanto no puede seguir a nadie. Además, Cristo es la figura central en toda la historia de la redención. Cristo se encarnó, al nacer, pero ese no fue su origen. Él estaba detrás de la maravillosa lluvia de maná que cayó sobre el desierto, y de la fuente de agua que allí brotó. La roca los siguió en el sentido de que las bendiciones de Cristo, simbolizadas por ella, nunca fallaron.

(5) Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto.

¿Qué está diciendo? Está diciendo que aquella gente siguió al Señor que era la nube; que pasaron de muerte a vida a partir del agua; que fueron alimentados por la Palabra y no por los discursos humanos; que recibieron vida abundante, bendiciones y revelación. Sin embargo, dice después que así y todo, no fueron aprobados. ¿Entonces, perdieron la salvación? No está hablando de eso, pero sí dice algo que mucho conviene tener en cuenta. ¿Recuerda usted el significado de Desierto? Exacto. Es el lugar de la prueba. Y dice que por su rebeldía e incredulidad, pese a cumplir con todos los requisitos, ellos quedaron postrados, entregados, sometidos al desierto, a las pruebas. Si usted, en este día, se está sintiendo así, es decir: esclavo, preso, asfixiado y atrapado dentro de una tremenda prueba sin poder salir, revise su relación con Cristo, porque por allí se identifica con aquellos pioneros. - ¡Pero es que esto parece muy traído de los cabellos, hermano! ¿Cómo sé que habla de lo que usted dice, en símbolos, metáforas, y no de una historia verdadera y antigua como a mí me enseñaron? ¡Ah, no sé! Mire lo que dice luego:

(6) Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. (¡Atención con esto, por favor! Todo lo que les sucedió a aquellos en el desierto, no forma parte de la historia del cristianismo o del judaísmo como se enseña por allí; sucedió para que sirviera de ejemplo para nosotros, hoy, para que no codiciemos cosas que no nos han sido dadas. Y algo más, mire:)

(7) Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.

Esto, aunque parezca incomprensible, también es vigente y actual. ¿Para qué se realizan, con enorme esfuerzo, los tremendos congresos que tanto nos gustan y nos bendicen? Para que Dios utilice a reconocidos siervos para traerle palabra de dirección al pueblo. Esto se cumple casi siempre, por lo menos en estas tierras “gauchas”. La Palabra predicada en los congresos, mayoritariamente, es Palabra de guía y de dirección. ¿Y qué se supone que tiene que ocurrir a continuación? Lo que debería suceder al día siguiente de terminado un congreso, es que esa Palabra que allí fuera predicada, se acepte primero, se crea como verdadera después y, finalmente, que se ponga por obra inmediatamente. Si no se llegara a producir esto, el enorme esfuerzo en trabajo, organización y dinero, sería sólo para satisfacción humana de los participantes, pero sin entidad en el mundo del Espíritu para producir efecto y cambio.

En la primera mitad de la década del 90, estas expresiones (La mayoría de ellas muy espontáneas) despertaron y avivaron tremendamente a la iglesia aquí en Argentina, pero de allí en adelante y salvo muy honrosas excepciones, estos eventos se transformaron en el mejor de los casos, en un comer buen alimento, beber de la copa de la revelación para luego, en lugar de volcar todo eso en dirección al propósito de Dios, completarlo con una hermosa fiesta donde la mayoría nos dedicábamos a jugar. Pero atención: estoy diciendo jugar y hay que entender que se juega con las cosas de Dios. Entonces es muy claro el tema: si esta va a ser la conclusión, si nos vamos a poner a cantar, danzar y celebrar a la hora de pelear, todo lo previo, todo lo bueno y lo nutritivo, habrá sido inútil e inservible. Y cuidado: le estoy diciendo que resulta inútil el alimento de la Palabra y la validez de la revelación, que no es poca cosa precisamente.

(8) Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.

(Fornicar es tener intimidad con alguien en contra de lo que Dios ha dispuesto. En el plano espiritual, autotitularse como cristianos, por ejemplo, y acudir a curanderos, espiritistas, adivinos o tiradores de cartas, que es un modo de tener intimidad con Satanás a través de sus personeros.)

(9) Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes.

Esto, linealmente, se refiere a un hecho ocurrido con el pueblo luego de la derrota de los cananeos. Israel comenzó a rodear la tierra de Edom y muy pronto se desanimaron. Fue allí cuando empezaron a cuestionar a Moisés el hecho de haberlos sacado de Egipto. Y de esa forma, también cuestionaron a Dios mismo, llegando a decir que sus almas estaban fastidiadas por esos contratiempos. ¿Qué sucedió como consecuencia de este tentar a Dios? Dice que serpientes ardientes mordían al pueblo y muchos morían. ¿Y esto qué tiene que ver? Tiene que ver. No olvidemos que ya nos ha sido dicho que estas cosas han sido puestas como ejemplo para nosotros, hoy. ¿Entonces? Entonces tenga mucho cuidado cuando se opone, critica o murmura, por ejemplo, contra lo que dice o hace alguien que no forma parte de su estructura cotidiana. Esa estructura que usted conoce desde antes sin averiguar si por casualidad no está haciendo las cosas conforme a la voluntad de Dios. Puede usted ser mordido por serpientes, que son demonios, innecesariamente, pudiendo haberlo evitado simplemente con precaución.

(10) No murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. (Murmurar, que es hablar de alguien con cualquier otra persona que no sea el destinatario de la crítica, abre las puertas para que el infierno entre en su vida con cierto derecho legal)

(11) Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, (Se lo dice de nuevo) y están escritas (¿Quizás para que nosotros hagamos con ellas una clase de historia del pueblo hebreo? ¡No!) Para amonestaros a nosotros. (¿Amonestar? ¡Pero si Dios es amor, hermano!) A quienes han alcanzado los fines de los siglos.

La primera venida de Cristo, no su segunda Venida, marca el fin de la era. La Segunda concluye la etapa que se abre con la Primera, y propicia su consumación. Vivimos en el período de transición entre la antigua y la nueva creación. Hay algo que la iglesia debe reconocer primero, aceptar luego y encarnar, finalmente, que el Antiguo testamento es, lejos de ese tratado de historia hebrea que a lo sumo podría usarse para alguna que otra moraleja conveniente, una verdadera sombra del Nuevo y, por lo tanto, lo que aquí ha sido dicho: un ejemplo de sabiduría para nosotros, todos, hoy y ahora.

(12) Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.

Romanos 11:20, creo que resume el pensamiento de Pablo con respecto a este punto. Tú, dice por allí, por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. ¡Ah! ¡Qué otra sería la iglesia si encarnara debidamente esta palabra!

(13) No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

Pablo advierte casi con solemnidad, contra la autosuficiencia en torno a la propia moralidad. Y continua con un mensaje de aliento. El término TENTACIÓN, traduce una palabra griega que puede significar incitación al mal o ser probados en términos generales, lo cual incluye varios tipos de pruebas. Es posible que la palabra se entendiera en su sentido amplio, sabiendo que mientras Dios permite la tentación con el propósito de fortalecer la fe y el carácter, Satanás la utiliza para incitar al mal con la intención de destruir al creyente. Los Corintios no debían desesperar por dos razones: sus tentaciones no eran únicas, como se evidencia por las experiencias de Israel en el desierto; y se podía confiar en que Dios no dejaría que fueran tentados más de lo que pudieran resistir. No sólo limitaría las pruebas; proveería también una salida.

(14) Por tanto, amados míos, (Es decir: a partir de todo lo que hemos venido viendo, hasta aquí), huid de la idolatría. (Cuidado que no le está diciendo a usted que le haga frente. No le dice “¡Vamos que tú puedes!” Dice que usted huya de cualquier tipo de idolatrías)

(15) Como a sensatos os hablo; juzgad vosotros lo que digo.

(16) La copa de bendición que bendecimos, ¿No es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿No es la comunión del cuerpo de Cristo?

La celebración de la Pascua iba a ser la última cena que Cristo compartiría con los discípulos antes de su muerte. Fue también el marco que el Señor escogió para transformar el significado de la copa y del pan dentro del concepto del nuevo Pacto. Ahora, el recibir la copa es participar en la sangre de Cristo, y el partimiento del pan es participar en su cuerpo. El misterio relacionado con la comida del pacto va más allá del vínculo de Cristo con el individuo. Los participantes de la cena del pacto se unen también en el cuerpo y en la sangre de Cristo. Las bendiciones y las responsabilidades del pacto se extienden, por lo tanto, horizontalmente, a aquellos que participan juntos de Cristo, en la misma medida que unen verticalmente a Dios y al creyente en Cristo. La copa de bendición a la que aquí se alude, se refiere a la tercera de las cuatro copas de vino de la cena de la Pascua, y equivalía a “la copa después de haber cenado” a la que se refiere en Lucas 22:20.

(17) Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan.

(18) Mirad a Israel según la carne; los que comen de los sacrificios, ¿No son partícipes del altar?

(19) ¿Qué digo, pues? ¿Qué el ídolo es algo, o que sea algo lo que se sacrifica a los ídolos?

(20) Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; Y no quiero que vosotros os hagáis partícipes con los demonios.

En el libro de Deuteronomio, en el llamado “Cántico de Moisés”, se habla de esto mismo. En 32:17, dice: sacrificaron a los demonios, y no a Dios; a dioses que no habían conocido, a nuevos dioses venidos de cerca, que no habían tenido vuestros padres. El salmo 106:37 también lo menciona: sacrificaron sus hijos y sus hijas a los demonios. Y, finalmente, también se rescata lo mismo en Apocalipsis 9:20: y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas. Ni aún así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar.

(21) No podéis beber la copa del Señor (El domingo, en el templo, la Santa Cena) y la copa de los demonios, (El sábado por la noche en la cantina) no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios.

(22) ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él?

Yo creo que no habría necesidad de preguntar esto si no fuera porque no son pocos los que, en total y plena inconsciencia, realmente creen ser más fuertes que el Señor.

(23) Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. (Si bien esto está escrito con relación con la idolatría, bien puede usarse en otros terrenos, porque el principio es el mismo. Pero atención: ese “Todo me es lícito”, tiene que ver con un reaseguro en contra de los legalismos que pretenden automatizar la vida de los creyentes, pero de ninguna manera significa una licencia para pecar como algunos han entendido. Todo me es lícito, pero el pecado sigue siendo pecado y no tiene nada que ver con esto.)

En 1 Corintios 6:12 se reitera esta idea, pero con una modificación. En lugar de referirse a la edificación, en la segunda parte, dice que todas las cosas nos son lícitas, mas no me dejaré dominar por ninguna.

(24) Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. (¡Ay si se pusiera por obra esta palabra! ¡Qué país tendríamos1 ¡Qué Iglesia tendríamos!)

(25) De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por motivo de conciencia, (26) porque del Señor es la tierra y su plenitud.

(27) Si algún incrédulo os invita, y queréis ir, de todo lo que se os ponga delante comed, sin preguntar nada por motivos de conciencia.

(28) Mas si alguien os dijere: esto fue sacrificado a los ídolos; no lo comáis; por causa de aquel que lo declaró, y por motivos de conciencia; porque del Señor es la tierra y su plenitud.

(29) La conciencia, digo, no la tuya, sino la del otro. Pues, ¿Por qué se ha de juzgar mi libertad por la conciencia del otro?

Esta palabra, LIBERTAD, aquí, es la palabra ELEUTHERIA, y significa: “Libertad de la esclavitud, independencia, ausencia de restricción externa, libertad de acceso.” Pablo se regocijaba de la libertad que es en Cristo Jesús. Los cristianos legalistas criticaban su nuevo estilo de vida, pero él les respondió algo que a mí me gusta responder hoy: Estoy libre de la servidumbre religiosa. ¿Por qué quisiera alguien, entonces, hacerme volver a esa servidumbre? Somos libres para servir al Señor en todas las maneras consistentes con su Palabra, su voluntad, su naturaleza y su santidad.

(30) Y si yo con agradecimiento participo, ¿Por qué he de ser censurado por aquello de que doy gracias?

(31) Sí, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

(32) No seáis tropiezo ni a judíos, ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios; (33) como también yo en todas las cosas agrado a todos, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos. Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.

¿Cuántos podrán, en este día, establecer y decretar con el mismo estilo de Pablo esto que él decreta y establece delante de quienes lo quisieran escuchar? Es fácil predicar un evangelio discursivo, lineal, pleno en fraseologías religiosas, muletillas evangélicas archiconocidas, lexicografía religiosa super abundante en todos los templos habidos y por haber. Pero ya no es tan sencillo predicar con una clase de ejemplo al que Pablo alude en esta expresión tan clara, concisa y concreta. No es decirle meramente a la gente: ¡Eh! ¡Ustedes tienen que creer en Cristo! ¡Les va a ir mucho mejor!, Mientras les ponemos delante de sus ojos modelos derruidos, miserables, oportunistas y mañosos de gente que sólo se sabe desenvolver en los ambientes de la religión organizada.

Lo dicho por Pablo tiene que ver con lo que una generación que se está levantando en este tiempo está dispuesta a brindar: un modelo de vida diferente, victorioso, lleno de gozo y de sabiduría, amparada en una clase de integridad y honestidad como la que no se ve en absoluto en el mundo, que es como una manera de decir: ¡Miren! ¡Así es Cristo! ¡Mirándonos a nosotros, ustedes hagan de cuenta que lo están mirando a Él! Eso es lo que el mundo quiere y necesita. El discurso del mundo es cien por ciento más efectivo que nuestro discurso. Lo que no puede serlo ni lo será jamás, es el resultado de nuestras firmes convicciones llevadas a la práctica, a un modo de vida testimonial y a la vista de cuantos quieran revisarlo, analizarlo, evaluarlo y, si se les antoja, juzgarlo.

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