Tiempo de Victoria

Encuentra la Puerta

Es una ecuación bastante simple. ¿Está usted encerrado en algún lugar imposibilitado de salir? Deberá buscar una puerta que se lo posibilite. ¿Está fuera de un sitio al que le es indispensable ingresar? También deberá buscar una puerta de acceso. Tanto para una como para la otra, la actitud deberá ser la misma. ¿Se encuentra hoy encerrado en la esclavitud del pecado, la indiferencia y el descreimiento espiritual? Encuentre la puerta que le permita ingresar a una fe auténtica. ¿Cómo se hace? Este trabajo intentará darle algunas pistas posibles.

(Filipenses 3: 1)= Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro.

(2) Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo.

(3) Porque nosotros somos la circuncisión, los que en Espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne.

(4) Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más; Circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es la ley, irreprensible.

Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.

(8) Y ciertamente, aún estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él.

(9) Y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.

(Verso 12)= No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.

(13) Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, y al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Dentro del cúmulo de tantas cosas ricas que Pablo dice en este texto, él dice: Dentro del próximo mover, ser hallado en Él. Esto es: Cuando hay una transición como la que la iglesia afronta en este tiempo, yendo del viejo sistema tradicional, ritual y costumbrista al mundo del Espíritu, las cosas no se limitan a cambiar aspectos externos. Usted puede vestir aceptablemente su mensaje, poner cortinas nuevas en su templo, y hacer cuanta cosa se le proponga para lavarle la cara a lo que está mostrándole a la sociedad, pero si internamente no ha hecho un cambio, no está transicionando junto con la iglesia, está fuera de ese mover. Apenas está corriendo de lugar algunas de sus estructuras, pero su mentalidad sigue intacta.

Cuando se habla de excelencia, no se habla de cosas rimbombantes hechas para que el mundo vea, los hermanos admiren o se luzca usted un domingo cuando suba a la plataforma a cantar una canción “para el Señor”. Excelencia es producir cambios profundos en su persona aunque nadie lo vea, aunque nadie le apreste atención y aunque jamás le llegue esa anhelada invitación a cantar la canción “para el Señor”. Excelencia no es exquisitez, es un estilo de vida permanente. No es algo que usted hace externamente para tapar el desorden interno.

Le dice que debemos guardarnos (¡Como si fuera una novedad!) de todo lo que podríamos llamar Hipocresía Espiritual, donde aquello que está manifestado externamente, no tiene compromiso con la realidad interna de su vida. Transicionamos por el entendimiento de la Palabra, entonces quedamos disconformes con ciertas cosas externas. Entonces muchas cosas cambian. No estamos cambiando porque pintamos el templo, estamos cambiando porque nos atrevemos a dejar de lado todo lo que ya no nos sirve, aunque haga cincuenta años que se está haciendo así.

Uno de los factores fundamentales para transicionar con éxito, es estar permanentemente en una búsqueda activa. Y esto sí que está interesante, porque Pablo dice, en este texto, que él quiere encontrar algo más grande que lo que tenía. Entonces dice: Extendiéndome y prosigo. La palabra PROSIGO, aquí, es la palabra DIOKO. Es la fuerza que se emplea en una carrera corta, donde el corredor emplea toda su energía entre ocho y diez segundos, no recuerdo bien cuál es el record mundial u olímpico en esa especialidad, pero por allí anda. No es como en una carrera de largo aliento que necesita ir dosificando el esfuerzo para que en el final usted tenga resto. Pero en cien metros no hay tiempo; se usa todo ya, ahora. Pablo dice: Olvido lo que está atrás. Uso todo ya y ahora. Empleo toda mi energía por entrar. No se entra al reino casualmente.

Las entradas al reino son por las verdades que se revelan. La palabra nos dice que el reino sufre violencia y los violentos arrebatan. Es decir: la entrada al reino se produce moviendo un ámbito, una esfera similar a la que mueve la violencia. Dicho de otro modo: si en una autopista la velocidad autorizada es de ciento veinte kilómetros por hora, no le quepan dudas que todo el mundo va a ir a ciento veinte kilómetros por hora. Si usted viene por una ruta provincial o circundante, llena de baches, a noventa kilómetros horarios, y quiere entrar en el flujo automotor del tránsito de la autopista, va a tener que ir a ciento veinte kilómetros. De otro modo, usted molesta, es piedra de tropiezo para los demás.

El acceso al reino son las verdades que Dios trae para otorgar ingreso a lo que Él está haciendo. Y si usted no entra por eso que Él está haciendo, no entra.

Luego dice: Extendiéndome. Extendiéndome, en el griego, es una palabra que expresa lo que hace el corredor, el competidor. Pablo siempre usaba palabras y expresiones que tenían que ver con corredores y competencias. La jornada con Dios era, para él, como una carrera. Es el último estirón que hace el corredor para ganar la carrera. Es el algo más que se da sobre el final. Es como decir: aquí, para ganar, tengo que estirar todo lo que el cuerpo natural no hace.

Pablo se fija tres puntos básicos para entrar: Nº 1)= Tengo que olvidarme definitivamente de lo más preciado de mis recuerdos.- Nº 2)= Tengo que proseguir hacia delante con urgencia, sin perder tiempo en nada que no aporte a ese objetivo.- Nº 3)= Después de proseguir, me tengo que extender, estirarme todo más allá de lo que mi cuerpo natural permite para no perderme la corona.

Bien; esta es la actitud que debe mantener un creyente para mantenerse al día con Dios. Creyentes casuales o circunstanciales, lo que equivale a nominales, pasivos, apáticos o indiferentes, no establecen el reino de Dios. Costumbristas que todos los días se levantan a la misma hora, hacen las mismas cosas, hacen el amor con la mujer siempre los mismos días, a las mismas horas y de los mismos modos, que van tres horas al templo por cada domingo y se vuelven a sus casas a la misma hora porque dejaron la carne en el horno y si se pasan diez minutos se les quema, no establecen el reino. Son salvos, gracias a Dios, pero no corren ninguna carrera, no pelean ninguna buena batalla y, obviamente, no establecen el reino. Eso cuesta.

Nadie puede pretender meter a Dios en una vida normal. Es su vida la que tiene que ser metida en Dios. Me refiero a la vida de usted. Entonces Él se la reajusta, se la ordena y se la desordena si es necesario. Le desparrama sus anteriores prioridades y las reacomoda como Él quiere. A usted, esto, no le produce ningún deterioro porque su gracia hace que usted las reciba con gozo y placer, pero para la gente que está a su alrededor y ve lo que está pasando con su vida, usted está rematadamente loco.

Hay una frase armada quizás, y que a lo mejor le suena demasiado elevada, pero que encierra las bases del principio que tiene que ver con lo que estamos hablando: las transiciones, son negociadas por diversas oportunidades que tienen que ser discernidas y penetradas. Lo que ocurre, es que usted tiene que entrar en esto en el Kairos, (Es decir: el tiempo de Dios) correcto, no cuando a usted le parece. Hay gente que está esperando que las cosas cambien para poder hacer; o que fulano esté de acuerdo para entonces ellos decidirse a entrar. El caso es que la oportunidad viene y hay que entrar. Cuando usted va a una estación de buses para viajar, el vehículo, ¿Lo va a esperar si usted se demora? No, verdad? Muy bien; a la hora prefijada (Que es el Kairos de Dios) ese “bus” sale. Si usted está a bordo, viaja. Si usted no está a bordo, usted se queda. De todos modos, muchos suelen decirme: ¡Pero no! ¡Dios no es así! ¿No, eh? Entonces vamos a tener que verlo en la Palabra.

Primero tenemos algunos ejemplos sin tocar todavía la palabra. Cristo fue profetizado durante mil años con precisión, a través de los profetas mayores y menores. Y sin embargo, cuando llegó, nadie lo conoció. Y vino y se fue, y no entraron. ¡Mil años diciendo: viene, ahí viene! Pero en esos mil años, la gente produjo conceptos propios de lo que tenía que venir y cómo tenía que venir. Y cuando vino, lo que vino no tenía relación alguna con sus expectativas, por eso no lo vieron. Y se la perdieron.

Lo mismo está pasando hoy. Lo que están esperando, ya está aquí y no lo reconocen. Esto es hablar con el corazón, bien por esperanza, no por fe. Hay una diferencia: lo que usted está esperando nunca llega; la fe es ahora, no es mañana. Esto es aquello, dijo pedro. ¿Por qué? ¡Porque yo lo dije: y se acabó!!

Cuando Cristo vino, Él no era lo que la gente esperaba. Lo que la gente estuvo orando durante el segundo milenio, ya está aquí. Pero como la gente no lo entiende, anda buscando otro milenio para que ocurra.

Moisés: Cuarenta años preparado por Dios en Egipto. Cuarenta años preparado por Dios en el desierto; la nación fue liberada en una noche. ¡Ochenta años de preparación, una noche para salir!

La Biblia no lo dice, pero estoy seguro que hubo judíos que no pusieron la sangre en la puerta y perdieron sus primogénitos. ¿Por qué digo esto? Porque el patrón bíblico dice que la mayoría nunca obedecía. Y la verdad es que salieron algunos egipcios y hubo muchos judíos que no salieron. Porque no creyeron en un hombre con barba que vivía en el desierto y que se salió de lo que en la época era entendible: la gloria del Faraón.

Juan el Bautista. Detrás de mí viene uno al que yo no soy digno de atar sus sandalias. Es necesario que yo mengüe para que Él crezca. Él entró, pero sus discípulos no. Porque la gente fabrica conceptos erróneos de otra gente y son leales a gente errónea. Lindas, pero equivocadas. Por eso Pablo dijo: yo tengo que considerar algunas cosas lindas como pérdidas para entrar.

La puerta de entradas es cuando usted discierne que es Dios, no cuando su amigo discierne. Vamos a dar algunos principios de cómo discernir eso.

Hay un principio bíblico que nos dice que la Biblia siempre está escrita en forma superlativa. Cuando usted lee un texto, siempre está en una forma de urgencia. Es lo último, un ultimátum. Un ejemplo: vamos a Santiago capítulo 5. Es un principio, no es el tema. El tema sólo es un ejemplo de donde tenemos que extraer el principio.

(Santiago 5: 7)= Por tanto hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor, (Note que esto está hablando de la venida del Señor. Claro, si usted lo mira de forma superlativa, entonces ese verso no tiene nada que decirle a usted, y sólo se refiere a la generación que va a estar presente cuando venga el Señor. Entonces, ¿Quiere decir que ese verso no le decía nada a nadie hace dos mil años atrás? Tenemos que aprender a leer la Biblia y extraer el principio que trascienda tiempo, aunque el ejemplo que usted use sea el de la venida del Señor)

Estar en la próxima fase con Dios, es no perderse la venida del Señor. Porque EPISKOPAS, es preparar al pueblo para la venida del Señor. Los acercamientos del hombre con Dios. Un mover de Dios. Póngale usted el título que quiera, pero todo es lo mismo. Dios viene a cada rato, se nos acerca con una verdad y a través de esa verdad que se convierte en una palabra gravitante. Él atrae gente de todo círculo eclesiástico y se forma un nuevo grupo, un grupo más avanzado en su propósito. Porque el nuevo grupo lo forma gente que desecha lo que está incorrecto. Lo que Dios quiere es que usted añada a lo que ya tiene lo que Él le está dando y siga adelante. No es que se separe y forme un grupo, sino que gloria sobre gloria llegue a la estatura del varón perfecto.

No se pierde la santidad para hacerse próspero. Porque prosperidad sin santidad lo mata a usted. Es igual que tener poder del Espíritu sin tener propósito. Es como una metralleta en las manos de un niño. Si no tiene propósito, ¿Para qué quiere poder? Sin responsabilidad, el poder es peligroso.  ...Mirad como el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía... (Lluvia temprana y tardía es el tiempo de la siega).

(8) Tened también vosotros paciencia y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. (Es decir: nuestra postura debe ser igual a la de un campesino que está esperando el tiempo de la siega).

Ahora: lo que se ve aquí, es que si lo vemos a esto sólo referido a la venida literal de Cristo, estamos siendo relativos a la última generación y no queremos cometer el error que cometieron las generaciones anteriores: considerarnos la última. Tenemos que invertir en la próxima por si acaso, para que la próxima no tenga que empezar desde cero. Vivamos como si fuera la última, pero planifiquemos como si hubiera posteriores.

A la siguiente escritura, vamos a quitarle la aplicación evangelística, que considero ha sido el error que nos mantiene sin fundamentos apostólicos. Es que hemos leído la Biblia con un ojo evangelístico, cuando fue escrita por un ojo apostólico. Siempre vemos la Biblia en luz de ellos y nosotros. Sin embargo, lo escrito es sobre nosotros; nada dice de ellos. Este es el manual del creyente, no del mundo.

La gracia apostólica codificó el libro y la misma gracia apostólica la va a decodificar en su plenitud. Vamos a ver este pasaje bíblico aplicando este principio que acabamos de aprender: que en cada fase del reino hay un tiempo para entrar y que en cada escritura, en la Biblia, hay un principio aplicable para el día presente.

(Lucas 13: 22)= Pasaba Jesús por ciudades y aldeas, enseñando, y encaminándose a Jerusalén.

(23) Y alguien le dijo: Señor, ¿Son pocos los que se salvan? Y él les dijo: esforzaos por entrar por la puerta angosta; (¿Qué dijo Pablo? Esforzaos. Pero Pablo ya era salvo. Ahora estamos hablando de entrar a la próxima fase con Dios y no simplemente al reino. Le estamos quitando el aspecto evangelístico y vamos a extraer el principio para el mensaje del texto de hoy. Vamos a extraer de aquí principios trascendentes. Sirve para lo evangelístico, pero hay algo mucho más profundo. Salvación es sólo la puerta. Si toda la gente del mundo fuese salva pero no madurara, todavía Dios no podría conseguir lo que quiere. Él quiere un hombre a su imagen, no un hombre simplemente salvo).

(24) Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.

(25) Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, (El padre de la familia puede ser el que trae el mensaje, la autoridad que Dios está usando en el día presente) y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: no sé de dónde sois.

(26) entonces comenzaréis a decir: delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. (¡Hermano! ¡Estuvimos en todas sus conferencias! ¡Hasta compramos la tarjeta para el almuerzo de despedida cuando terminaste la serie!)

(27) Pero os dirá: os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad.

(28) Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos.

(29) P9orque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

(30) Y he aquí hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros. (Es decir: he aquí que los que usted creía que eran últimos, serán primeros y los que aparentemente son números uno, serán últimos.)

Hay otra escritura que dice: en tu nombre profetizamos, echamos fuera demonios. ¿Cómo que no me conoces? ¡Fui diácono cincuenta años en la iglesia más grande y prestigiosa de la ciudad! ¡Te serví fielmente! ¡Besé a todo el mundo en la puerta! – Entonces Cristo lo mira y le dice: ...Sí, ya sé que le llenaste de saliva las mejillas a la gente... Nada que ver con el reino.

Aquí vemos unos principios muy importantes: Nº 1: Que la puerta tiene un tiempo limitado. Aquí la puerta es un acceso a una verdad, a una gracia, a una revelación y vemos también que algunos no entraron, pero también vemos que se nos da alguna información en cuanto al por qué no entraron. Hay que extraer todo eso y ver como nos enseña. El mensaje viene cada vez con mayor claridad. Los que no toman decisiones de fondo, en este tiempo, es porque prefieren quedarse en la esclavitud cómoda de lo conocido a la incertidumbre riesgosa de lo que nadie ha vivido todavía.

Nº 2: Dice: Comimos de tu mesa, estuvimos contigo. Está hablando de gente que se familiarizó pero que no tuvo entendimiento. No entran. Gente interesada en el mensaje pero sin el factor decisivo durante el mensaje. Gente que escucha, pero que no toma decisión. Yo no entiendo como hay gente que puede escuchar, estudiar e interesarse por esto y después volver y continuar en lo mismo. No se trata de proselitismo, yo no estoy buscando gente. No entiendo como hay gente que puede escuchar la verdad, creerla, pero no involucrarse en ella.

Aquí vemos que hubo gente familiarizada con el maestro, pero que no tomó una decisión. Fueron a todas las conferencias. Compraron todos los casetes, los libros, estuvieron allí, peleaban en la puerta por sentarse al frente mostrando un carácter pésimo de creyentes para entrar a oír sin el factor de decidir. Aquí la fiesta es la próxima fase. Recuerde, la fiesta no comienza hasta que no se cierra la puerta.

Estamos extrayendo principios. Aquí se fue lo evangelístico, estamos viéndolo con otros ojos. Para comenzar la fiesta tenemos que cerrar la puerta. Ahí nos excusamos del: ¿Quién eres tú para cerrarla? Fácil. Dios quiere comenzar la fiesta, alguien la tiene que cerrar.

La fiesta puede ser cualquier nivel de propósito de Dios; puede ser la mentalidad global, puede ser la iglesia local, puede ser de cualquier nivel de entendimiento, lo que Dios está trayendo a nuestro tiempo. Jesús responde a esa primera pregunta, y dice: No te conozco, no sé de donde eres.

¿Será que no los conocía, cuando Él conoce todas las cosas? Sabemos que eso es muy superficial; no, no puede ser eso lo que quiso decir. Él sí conoce a todo el mundo y Él sí sabe muy bien de dónde somos cada uno.

Nº 3: No tenemos nada en común. No somos del mismo espíritu. Tú y yo no estamos hechos de la misma frecuencia, jamás seremos uno. Eres cristiano, pero no eres de mi tribu. No te conozco; tu aleación espiritual tiene otros componentes, no suelda con la mía. Ese material que tú traes no es el mismo material que traigo yo. Lo que me hace llorar a mí, no te hace llorar a ti; no somos uno. Lo que a mí me da gracia, a ti te da pena; no podemos fluir.

Nº 4: A esto lo sacamos de la otra parábola: de esa que dice: En tu nombre profetizamos, echamos fuera demonios. La respuesta es: no me interesa de donde vienes. Lo que tú hayas logrado en la fase anterior no te produce acceso para entrar en la próxima. “¡No! ¡Pero si yo era superintendente!” No le hace. Hay un proceso de nivelación para entrar en la próxima fase. Jonatan se equivocó cuando profetizó y dijo: “Voy a ser segundo”. Nadie le dijo a él que iba a ser segundo. Él asumió que iba a ser segundo. Ahí se le iba a partir el corazón cuando David dijera: tú no eres, yo ya tengo uno elegido. Aunque seamos amigos, eso no le hace. Esto no es cosa de amigos, esto es cosa de quien quiere Dios.

Jonatan tenía todos los atributos para ser, pero sin embargo no entró. Las victorias del pasado no le dan a usted ningún privilegio para no entrar en la obediencia del presente. Ese es uno de los problemas que hay con los “grandes” de hoy. Que como ya son “grandes”, no se quieren rebajar para entrar. Para cruzar esta puerta, todavía hay que inclinarse un poco. Del otro lado, posiblemente, llegue a ser usted el doble de grande que de este lado, pero para eso tiene que entrar y, para entrar, primero tiene que bajar.

Abraham para poder salir de Ur de Caldea tuvo que dejar todo lo que tenía y empezar de cero. Después terminó más grande. Moisés igual; todos hicieron eso. Una nueva demanda, un nuevo día.

Nº 5: Abraham, Isaac y Jacob vendrán. Es decir: vamos, que aquellos que entendieron el mensaje, vendrán. Pero usted, que es fiel a aquel que es Abraham, no entra. Aquí vemos a toda una generación que es fiel a Abraham. Abraham entró, pero ellos no. Porque están siendo leales al hombre, y no a la convicción de lo que ese hombre es. Hay que separar lo que es el mensaje del carácter del hombre: son dos cosas distintas.

Nº 6: Vemos también que, en el momento en que usted no entra, para Dios, usted es un hacedor de maldad. En el momento en el que usted decide no entrar, Dios lo considera un hacedor de maldad. En Zacarías, en el capítulo 2 y 3, vemos que Josué es el sacerdote y Satanás está ahí, en el medio. Es el tiempo de Zorobabel y está reconstruyendo la casa, reconstruyendo el templo, reconstruyendo los fundamentos, reconstruyendo sus vidas después de salir del cautiverio de Babilonia por setenta años.

Dentro de ese contexto de transición y de reforma, Satanás está presente. Ahí es donde sale el famoso verso que dice: El Señor te reprenda, Satanás. Cámbiele las vestimentas. El Señor te reprenda, pero cámbiele las vestimentas. Es decir que parte de la transición no es detener a Satanás solamente, sino que a Satanás lo detiene el Señor conforme a la gracia que usted tiene y como la cambia. Si no cambia la gracia que usted trae, aunque Él lo detenga, después cuando Él lo suelta, la gracia que usted trae ya no lo mantiene fuera. Tiene que cambiarla para que pueda mantener a Satanás fuera.

El Señor te reprenda, quítele las vestimentas. Ahora: lo más importante es que esas vestimentas eran sacerdotales y, hasta entonces, eran sagradas. Y en ese verso Dios dice que sus vestimentas son viles. En un momento de transición la vestimenta que lo trajo hasta aquí, ya es vil porque ya no funciona.

En el mismo momento en que usted no accede a lo que Dios está haciendo, lo que usted puede estar haciendo, es enemistad con Dios.

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