Tiempo de Victoria

Como las Aguilas...

Qué hombre en algún momento de su vida, no ha tenido la fantasía de volar? Observe la historia, la conquista del aire, en nuestra generación, ha producido una ola de admiración y de romance sin igual en los registros de la existencia del hombre. De alguna manera la habilidad de volar ha sintetizado el anhelo del ser humano de elevarse más allá de las limitaciones naturales de los mortales terrestres y remontarse hasta el ámbito de lo sobrenatural.

El anhelo espiritual del mundo, el surgimiento del ocultismo y de las prácticas místicas son evidencias del hambre de la humanidad por conocer y moverse en el universo espiritual. Nuestro mundo se ha convertido en un vacío espiritual en el que el hombre se muere de asfixia espiritual. Dios ha hecho provisión en su reino para suplir esta necesidad y sin embargo, cuán pocos son los creyentes que encuentran la satisfacción de conocer plenamente lo que Dios les ha asignado.

¿Cómo puede el hombre, en su relación con Dios, abrirse camino en el reino de lo sobrenatural? Esta pregunta, en una forma u otra, parece ser una de las inquietudes más urgentes que se encuentra donde quiera que uno vaya. Hablamos de lo que Dios está haciendo, pero el VIVIR en esa presencia divina, es otra cosa.

(Isaías 40: 28-31)= ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga por cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.

Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

La Biblia es un compendio intensamente práctico. El Espíritu Santo ha registrado el universo para encontrar toda imagen, ilustración y parábolas concebibles para impartir a los hombres la verdad de los caminos de Dios. Las actividades cotidianas, las relaciones interpersonales, las cosas de la naturaleza y los miembros de nuestros cuerpos; cosas con las que estamos íntimamente familiarizados son capturadas por Él para describir algún aspecto del misterio divino.

Este pasaje nos haba del águila. Así como el león es el rey de los cuadrúpedos, el águila es el rey de las aves. El Espíritu Santo ha comparado nuestro anhelo hacia Dios con la aspiración de ser como el águila.

En un trabajo ilustrativo de hace algunos años, un autor cristiano comenta que mientras observaba a las águilas en la cuenca del río Columbia, cerca de Pórtland, Oregón, empezó a entender por qué han representado siempre el impulso del hombre de llegar a Dios: poder, libertad, belleza, el señor de su ambiente gracias a su habilidad de dominar el aire. Agrega este hombre que las águilas se mueven con un esplendor real, porque nacen en calidad de reyes. Como el águila, - señala -, que nace con el derecho divino de ser rey, de igual manera venimos nosotros desde el nuevo nacimiento con el potencial innato de remontarnos hasta la misma presencia de Dios. Sin embargo, el hecho de que las águilas estén equipadas para volar no significa necesariamente que se vayan a levantar del suelo.

Deuteronomio 32: 11)= Como el águila que excita su nidada, revolotea sobre sus pollos, extiende sus alas, los toma, los lleva sobre sus plumas…

Ahora vamos por partes: todas las águilas empiezan sus vidas como aguiluchos, es decir: los polluelos chillones e inexpertos que van camino a tomar su lugar entre la realeza. Para que eso ocurra deben ser entrenados en los caminos del rey de las aves. El versículo que leímos, vendría a ser una especie de manual de entrenamiento de vuelo para aguiluchos estudiantes y cristianos confinados en la tierra.

Imagínese conmigo a dos pequeños aguiluchos abrigados cómodamente en su nido forrado de plumas, bien alto en la cima misteriosa de una montaña lejana. (Hay cristianos que nacen en circunstancias precarias muy parecidas) En el nido todo es tranquilo y maravilloso; mamá águila sale todos los días a buscar el alimento para sus hijos y en las frías noches de la montaña se acomoda sobre el nido y los cubre. Símbolo: los cristianos, gozosos por el calor del recién conocido Espíritu Santo, gritan, - y hasta chillan -, ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡La vida es maravillosa! ¡Se acabaron los problemas! ¡Qué grande que es Dios!

Un día, mamá águila empieza a actuar de una manera rara. En lugar de posarse sobre el nido, revolotea por encima batiendo sus enormes y poderosas alas. Eso es lo que los aguiluchos ven y eso es lo que ella quiere que ellos vean, precisamente.

Entonces hace algo insólito. Arranca un pedazo de nido y lo deja caer al abismo. Y después arranca otro y otro. ¡Pero esta madre nuestra se ha vuelto loca!, piensan los aguiluchos. Ahora la vida en el nido ha cambiado; es como que se ha vuelto incómoda.

¿Usted se da cuenta lo que está haciendo el águila? Ella está preparando a su cría para la primera etapa de su entrenamiento. Otro símbolo: Después que Cristo recibió al Espíritu Santo y oyó la declaración de ser el Hijo de Dios, la escritura dice que fue guiado por el Espíritu a un lugar desierto para ser tentado por el diablo. ¿Ese será el “modus operandis” de Dios? ¿Será que Él decide comenzar lo más pronto posible a enfrentarnos con la necesidad de madurar para llegar a ser algo más que creyentes reducidos a habitar cómodamente en la seguridad de un nido?

Pablo dijo a los corintios que no les podía hablar como a hombres maduros porque eran como niños. Cuidado: no dijo que Eran niños, dijo que eran Como niños. Todos pensamos que es muy gracioso cuando a un bebé se le escapa la papilla de la boca y se hace un problema bárbaro a la hora de comer. Pero si un adulto hace lo mismo, eso nos produce asco y vaya uno a saber si hasta no lo mandan a un psiquiatra. Bien; a Dios no le interesa que un cristiano pase por la etapa del desparramo de papilla; lo que sí resulta trágico para Dios, es que se quede indefinidamente en esa etapa.

Volvamos a los aguiluchos. Ahora ellos están incómodos, inseguros, temerosos y hasta enojados; pero resulta que lo que les está pasando ha sido causado por quien más los ama: su mamá águila. ¿Cómo reaccionan los aguiluchos? ¡Chillando, protestando! ¿Cómo reaccionan los cristianos? ¡¡El diablo me está atacando!! Humm; ¿Está usted seguro que es el diablo? ¡Tal vez pueda ser el que más le ama quien le está sacudiendo su cómodo nido!

¿Ya está? ¿Ya aprendieron? ¡No! Al igual que muchos creyentes, los aguiluchos concluyen que al menos es tolerable estar parados sobre aquella ventosa saliente y se disponen a sacar el mejor partido de la situación. Pero he aquí que la querida mamá águila tiene en mente algo más que una simple sacudida de nido. Ahora toma a uno de sus asustados aguiluchos y lo empuja, lo empuja y lo empuja hasta que se cae del nido al precipicio. Cuando parece que el pobre se va a estrellar contra el suelo, ella vuela rápidamente, se coloca debajo y lo sostiene. ¡Gracias a Dios! ¡Dios es fiel! ¡Dios es grande! ¡Y yo que creí que me había abandonado!

Entonces vuelve al nido y suspira aliviado. Pero no alcanza a terminar el suspiro cuando ella lo está empujando de nuevo. ¿Otra vez? ¡Oh, no! ¿Y qué pasa conmigo si ella no llega a tiempo? Recién allí se pregunta algo: ¿No estará mamá tratando de enseñarme algo? Entonces recuerda de las enormes alas de la madre. Se mira las suyas; pequeñas, débiles. Pero igual se pregunta: ¿Qué ocurre si mientras me caigo las pruebo? Genial. ¡Va a tener que hacerlo, porque ella no va a dar por terminado este “operativo desalojo” hasta que no se decida y lo haga!

Los aguiluchos son criaturas torpes, que se bambolean trémulamente con sus alas sin probar. Pero cada uno de esos saltos desesperantes le va dando un poco más de dominio de sus alas. Llega el día, de improviso, que decide extenderlas y, entonces, en lugar de caer, de pronto se encuentra ascendiendo, más y más alto, llevado por las poderosas corrientes de aire, mucho más alto que su hogar en la saliente y que el nido que los confinaba. Ya no es más un pajarillo que aguarda el bocado que le trae su mamá; ahora está aprendiendo a ser una de las águilas, que un día llegará a ser rey.

Muchos evangelistas presentan la conversión como nacer sobre una almohada de seda con un cordón de ángeles que nos llevan flotando a través de la vida hasta depositarnos ante el trono celestial. Sólo después que estamos bien acomodados en nuestro nido, aprendemos que Dios está más interesado en la producción de nuestro carácter que en la provisión de nuestra comodidad. Hemos hecho de Dios, una especie de Papá Noel celestial y, si no obtenemos todo lo que deseamos, pataleamos y hacemos berrinches como niños respondones y chillones exigiendo golosinas.

Pero Él es nuestro Padre y no un Papá Noel y nos va a corregir rigurosamente mandándonos callar. No tolerará nuestra malcrianza, sino que nos empujará a situaciones que exijan de nosotros madurez y el uso de las alas que nos ha dado. Quiere que lleguemos a ser águilas, no que nos quedemos indefinidamente en aguiluchos. Dios jamás hizo un nido del cual pudiésemos salir caminando; todos han sido diseñados para salir de ellos volando. Hay cristianos que han caído tantas veces en la saliente que se gozan del paseo y no tienen ningún interés en aprender a volar. Jamás subirán más allá del nido donde nacieron.

Había dos tipos de águilas en las tierras bíblicas: el Aguila Dorada y el Aguila Imperial. El Aguila Dorada habla de nosotros como participantes de la naturaleza divina y el Aguila Imperial de ser reyes. En la Escritura, las dos van mano a mano. ¡Nuestro derecho divino es reinar como monarcas en nuestras propias vidas! Las circunstancias que confunden y ofuscan al mundo, se convierten en plataforma de lanzamiento para alcanzar nuevas alturas con Dios. Satanás y sus secuaces son las serpientes que un águila rompe con un tajo de sus poderosas garras o que deja caer desde las alturas vertiginosas para que sean aplastadas contra las rocas, abajo. Esta es nuestra herencia.

El autor de los Proverbios dijo que entre los misterios del universo que eran más difíciles de entender, estaba el rastro del águila en el aire. El simbolismo de este pasaje es la potencialidad inexplicable del cristiano que es como la del águila, que puede volar más alto que cualquiera otra ave sin batir sus alas una sola vez.

¿Ha notado usted que las Escrituras dicen que las águilas “se remontan” y que no suben “aleteando”? Las águilas no fueron creadas para ir de un lado a otro dando aletazos; fueron creadas para remontarse a grandes alturas y para ser libres, entendió bien? LIBRES. Las águilas aprenden a volar sin esfuerzo porque entienden las corrientes de aire. Un águila se posa sobre una roca y espera, probando el viento. Cuando la corriente es favorable, se remonta con un chillido real. He aquí uno de los secretos del águila para remontarse,  - esperar -. Los que esperan, dice la Escritura, son los que se elevan. Los que esperan a Jehová, tendrán nuevas fuerzas. Esta también es la clave para la adoración pública. El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del espíritu. Un cristiano debería volar sin esfuerzo porque entiende el secreto de los vientos.

Contaba un viejo pastor que en un culto, dirigido por un amigo de él, (Que dicho sea de paso,  - decía -, tenía todos los dones para dirigir, es decir: buena voz, talento musical y personalidad), no se alcanzaba a sentir esa presencia del Espíritu tan necesaria y obligada para que un culto sea verdaderamente un culto y no una función religiosa en un escenario modernizado llamado iglesia. La adoración era buena, pero no era todo lo que el Espíritu quería. En la parte de atrás un hombre levantaba la mano como si tuviera una urgencia. El pastor le dio lugar y el hombre se puso a cantar un coro viejo, casi en desuso. La reunión levantó vuelo y todos se elevaron en la brisa del Espíritu. Hay una brisa en cada reunión que encontraríamos si sólo tuviéramos la paciencia de esperarla. Si no esperamos, nos sumamos al grupo de los que tratan de animar la reunión con un esfuerzo humano. No olvide: es más fácil flotar que aletear.

Hay algo dentro del águila que le demanda que vuele más alto que las otras aves. A veces, incluso, vuela más allá del alcance del ojo humano.

Un cuervo se posa en un cable y chilla: ¡Cao! ¡Cao! ¿Quieres que te cuente el último chiste sobre ese diácono que tú conoces?

Pero el águila responde: ¡No me interesa! ¡Voy a subir más allá de las nubes, donde pueda mirar de lleno, cara al sol!

Aunque un águila vuela a grandes alturas mirando al sol cegador, también se adapta con igual facilidad a los valles oscuros de las montañas. Tiene dos pares de párpados. Con sus párpados terrenales puede ver perfectamente a ras del suelo, o puede bajar los celestiales y deleitarse en la refulgente gloria del sol.

Es imperativo que los cristianos sepan caminar sobre la tierra como también volar en la gloria. Es posible llegar a ser tan espirituales que no podamos ver la realidad en nuestras vidas diarias. No te vuelvas nunca tan espiritual que se olvide usted de proveer para su familia, de amar a su mujer, de jugar con sus hijos, o de ayudar a sacar las bolsas de residuos, qué sé yo.

¿Sacar la bolsa de residuos a la calle, yo? ¡Yo soy un hijo de Dios! ¿Ah, sí? Pues tú no sabes con qué dignidad puede hacer ese trabajo un hijo de Dios...

Cuando un águila se levanta más allá de las nubes, es llevada majestuosamente por las grandes corrientes de aire hasta la misma presencia de Dios. Usted y yo no hemos sido formados para la suciedad y la contaminación. No nacimos para ser sucios cuervos y posarnos sobre un cable de energía eléctrica. Hemos sido diseñados para la adoración pura de Dios, para escalar hasta la atmósfera enrarecida del Lugar Santísimo.

La pregunta, entonces, es: ¿Hasta dónde puedo ir? Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios. ¡Esa águila sí que voló alto! Un día voló tan alto que Dios le dijo: “Enoc, mira...estás más cerca de subir hasta aquí que de regresarte allá...”

¿Hasta qué altura? Un hombre de una congregación, que se dedicaba a la cría de caballos, fue a preguntarle a su pastor si se podía orar por la sanidad de uno de sus mejores caballos que estaba muy mal. El pastor inmediatamente le preguntó: ¿Usted cree que si oramos, su caballo sanará? – Sí pastor, lo creo. – Entonces oremos... – Hoy, ese pastor se ufana de ser uno de los muy pocos que tiene, en su oficina, la fotografía de un hermoso, robusto y obviamente saludable caballo.

¿Hasta qué altura? Una vez, el capitán de una nave en la que viajaba un conocido hombre de Dios, le dijo que no iban a poder llegar a tiempo a destino, por causa de la niebla. – “Bueno...ya vamos a ver...”, dijo el siervo. Oró, la niebla se esfumó y él llegó a tiempo a su destino. Claro, seguramente no faltará quien diga: ¡Yo no creo que Dios ande en la minusculéz de levantar nieblas! ¿Ah, no, eh? Entonces mucho me temo que usted se quedará en la niebla, pero Dios la hará desaparecer para aquellos que tengan la fe para orar pidiendo a Él que la levante.

¡Dios nos ha hecho águilas como Él y quiere que volemos! Todas las experiencias con las que nos emocionamos, (Nuestra conversión, nuestra plenitud, los dones), son sólo una parte de nuestra introducción a la vida sobrenatural que demanda que lleguemos a ser conforme a su semejanza porque somos partícipes de su naturaleza divina.

El águila ha sido destinada para las grandes alturas. Abdías 4 nos dice que el águila pone su nido entre las estrellas. Si nos encontramos infelices y frustrados, si la vida cristiana no llega a ser lo que esperábamos, entonces puede ser que no hayamos comprendido el llamamiento de Dios de anidar en las alturas. Hemos sido creados para vivir en una atmósfera divina y moriremos si moramos en un mundo contaminado.

Otra vez la pregunta: ¿Hasta qué altura? Es verdad, no se responde a una pregunta con otra pregunta, pero: ¿Cuánto conoce usted sobre las corrientes de aire? ¿Cuánta comprensión y conocimiento tiene del mover del Espíritu de Dios, es decir, del Viento Divino? El percibir el Espíritu de Dios es más que un sentimiento subjetivo. Es poner la mente en las cosas del Espíritu. Es: conducta recta, obediencia a la Palabra de Dios, conocer y hacer su voluntad. El Espíritu y la Palabra son inseparables. Si usted no permite que la Palabra de Dios gobierne su vida, pero deja entrar al pecado, entonces cancela su habilidad de volar en las corrientes de aire. Todo será un aleteo. Podrá gritar más y más fuerte, cantar más y más duro, orar más y más extenso, pero no se levantará ni un centímetro del suelo; todo será un vano batir de alas.

Un águila libre, en su ambiente natural, es un ave muy limpia. Pero en cautiverio, es una de las aves más sucias del planeta. De igual manera, un cristiano cautivo, sin libertad en el Espíritu de Dios, se convierte en un ave sucia. ¿Sabe cuál es el cautiverio más profundo en el que puede caer un cristiano? Desviarse en formas religiosas que no estén de acuerdo con la Palabra de Dios. El cautiverio religioso no es sólo la ceremonia eclesiástica; es con mayor frecuencia aquello que una vez estuvo lleno de vida, pero que ahora es sólo una parte de la manera que hacemos las cosas. Es confinar a Dios a un sistema. Y fue para libertad que Cristo nos hizo libres, por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez a yugo de esclavitud, dice Gálatas 5:1.

Pablo está hablando de la esclavitud de las formas religiosas. El vino del Espíritu es siempre nuevo y, si intentamos ponerlo en odres viejos, los odres reventarán y ambos se perderán. No hay nada más cruel y más muerto que un grupo de gente religiosa que ha perdido la unción.

¿Qué es lo que queda cuando se va la unción? Se nos dice en 2 Reyes 6 que en el sitio de Samaria todo lo que quedaba para comer eran cabezas de asnos y estiércol de palomas. No es un cuadro muy bonito, verdad? Esto es lo que Dios ve cuando se ha ido su unción. Las cabezas de asnos representan la sabiduría humana sin Dios y el estiércol es todo lo que queda cuando se va la paloma.

Cuando usted entra en la presencia de Dios, puede estar seguro que no es por su doctorado en filosofía, o porque se haya aprendido de memoria el Nuevo Testamento, desde Mateo hasta Apocalipsis. Llegamos a vivir en la presencia de Dios conociendo la ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús. Entender el movimiento de los vientos es la única manera de encontrar la altura para morar en la presencia de Dios. De otra manera el cristianismo se reduciría a un sistema filosófico comparado con cabezas de asnos: sabiduría humana sin contenido divino. Dos mil ochocientas veces en su libro “El Origen de las Especies”, Carlos Darwin dice: Asumamos. Esta es sabiduría humana sin contenido divino.

El estiércol de paloma representa lo que queda cuando el Espíritu Santo se ha ido. En todas partes del mundo y en cada segmento de la vida religiosa, encontramos edificios, recuerdos y prácticas que sirven como movimientos a épocas cuando la presencia divina del Espíritu Santo se movía repartiendo sus hermosos dones. Pero se le forzó a salir, indeseado porque amenazaba la estructura de eclesiásticos ambiciosos. Más cuando se fue, tuvieron que mantener las formas por causa de la gente. Los fariseos querían mantener la forma; por eso a Jesús no lo aceptaron: era demasiado imprevisible.

Muchos de los ritos y ceremonias de la iglesia tradicional son restos de algo que una vez fue espontáneo y lleno de vida.

Toda águila tiene su tiempo de decaimiento. Puede ser que esté enferma o mudando su plumaje, pero nunca se deja apoderar por el pánico. Busca una roca y se posa allí dejando que el poder sanador del sol haga su labor.

Cuando usted encuentre un lugar bajo en su vida, no salga corriendo para todos lados tratando de buscar a Dios, porque la gente le dirá: “Aquí está el Cristo. Allí está”. Y le traerá frustraciones. David dice, en el salmo 40:1, Pacientemente esperé a Jehová. Muchas veces Dios tiene una obra para realizar y todo lo que se nos pide, es esperar. Ya vendrá otra vez el tiempo de levantar alas, pero la espera tiene que venir primero.

Toda águila sabe cuándo ha llegado su tiempo de morir. Entonces es cuando busca una roca alta desde donde pueda mirar la puesta del sol y allí se acomoda para esperar, y allí muere mirando el sol. ¿Cualquier sol? El de nuestro sistema. ¿El de nuestro sistema solar? No. El de nuestro Cosmos, el de nuestro siglo, el de nuestro propio sistema. El Sol de Justicia.

¿Quieres hacer tuyo este tiempo de victoria? Hay muchas claves para conseguirlo, pero una de ellas, la que hoy el Espíritu habla a su vida, es esta: Deberá usted ser, Como las Águilas…

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