
La primer pregunta que deberemos hacernos para poder entender, aprovechar y nutrirnos con este trabajo, es qué es un sacerdote. Porque esa palabra, Sacerdocio, tiene vital validez e importancia en el marco de toda la Escritura. Por tanto, será no sólo inteligente y atinado, sino también obligatorio, ir en búsqueda de las verdaderas significaciones del término. Lo que conocemos al respecto y en el marco de iglesias oficiales y nominales, no nos alcanza. Bíblicamente y hasta secularmente, el sacerdocio como elemento representativo, es más; mucho más.
Según las dictaminaciones de cualquier buen diccionario del idioma español, la palabra Sacerdote implica a una persona consagrada al servicio de una comunidad religiosa para la cual efectúa la celebración de sacrificios. Es indudable que esta acepción tiene como punta de origen, lo que se ha visto realizar a los sacerdotes de mayor conocimiento público. Difiere en algunos aspectos a lo que indican los diccionarios bíblicos, mucho más específicos en sus contenidos. Allí dice que las responsabilidades sacerdotales en todas las sociedades son, básicamente, dos: la ejecución de los ritos religiosos y la comunicación con la deidad. El sacerdote cuidad del santuario y comunica las decisiones divinas. Representa al pueblo delante de Dios y a Dios delante del pueblo.
Hubo, dentro del relato bíblico en todo su contexto, distintos sacerdotes históricos. Podemos, a manera de resumen sintético, mencionar a Melquisedec, rey de Salem, Jetro de Madián, suegro de Moisés, los mismos jóvenes de Moisés, los sacerdotes de Josué, los de Roboam y los de Ezequias entre otras tan o más notables. Las leyes bajo las cuales estos sacerdotes se movían, eran: Ofrecer ofrenda, lavarse con agua en la puerta del tabernáculo, vestir la túnica, el manto del efod y la mitra en la cabeza. En la mitra lucía una diadema santa y todos eran, en el inicio de su ministerio, ungidos por niveles reales. Esto significa que en el Antiguo Testamento, por una simple razón histórica, los sacerdotes eran definidos por sus nombres y sus genealogías. El Nuevo Testamento, naturalmente, trae otra óptica al respecto. Hay, en el libro del Éxodo, una referencia clara a estas actividades mencionadas por la clase sacerdotal de aquel tiempo.
(Exodo 40: 14-15)= Después harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas: y los ungirás, como ungiste a su padre (Aquí habla de Aarón) y serán mis sacerdotes, y su unción les servirá por sacerdocio perpetuo, por sus generaciones.
Hay otro texto, en este mismo libro, sin embargo, que si bien está referido a los mismos tiempos y las mismas prerrogativas, significan hoy mismo una tipología válida y apta para el sacerdocio de este tiempo. El sacerdote debe estar en santidad.
(Exodo 19: 22)= Y también que se santifiquen los sacerdotes que se acercan a Jehová, para que Jehová haga en ellos estrago.
En el libro de Miqueas, se hace alusión a otro problema que existía en aquellos tiempos y que hoy por hoy sigue siendo un lunar, una mancha que amenaza, si se extiende, con contaminar a la mayor parte de la iglesia del Señor, con las consecuencias que se pueden imaginar: la corrupción.
(Miqueas 3: 11)= Sus jefes juzgan por cohecho, y sus sacerdotes enseñan por precio, y sus profetas adivinan por dinero; y se apoyan en Jehová diciendo: ¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá mal sobre nosotros.
¿Cuál es el mal que aquejó siempre (Y todavía lo hace) al pueblo de Dios en su conjunto? Indudablemente, La Idolatría. No ya la adoración de imágenes, que indiscutiblemente ES idolatría, sino cualquier otra forma de ella. Es decir: todo lo que el hombre coloca por delante de Dios en su consideración, es ídolo. Y los sacerdotes antiguos (Y quizás modernos también) no escapan de ella.
(2 Reyes 23: 5)= Y quitó a los sacerdotes idólatras que habían puesto los reyes de Judá para que quemasen incienso en los lugares altos en las ciudades de Judá, y en los alrededores de Jerusalén; y asimismo a los que quemaban incienso a Baal, al sol y a la luna, y a los signos del zodíaco, y a todo el ejército de los cielos.
Sin embargo, no todas serán malas. También están las buenas, las positivas, las que hablan de que un trabajo hecho a conciencia para el reino de dios, tiene su recompensa en los cielos, en el mundo del espíritu, y también aquí, en esta tierra.
(Números 5: 9)= Toda ofrenda de todas las cosas santas que los hijos de Israel presentaren al sacerdote, suya será.
También hay referencias bíblicas con respecto al alimento que los sacerdotes podían y debían consumir. Dios siempre prestó mucha atención a lo que ingresa por nuestras bocas, ya que de allí parte el principio que señala que luego será de la misma especie o simiente lo que salga de ella.
(Éxodo 29: 32)= Y Aarón y sus hijos (Sacerdotes) comerán la carne del carnero, y el pan que estará en el canastillo, a la puerta del tabernáculo de reunión.
El sacerdocio del Antiguo Testamento, en todo su contexto, está íntimamente relacionado con la heredad, con todo aquello que dios ha dispuesto para ellos; para todo lo que ha sido prometido desde siempre y que la iglesia, como sacerdocio moderno, tiene a su disposición lo crea o no lo crea.
(Deuteronomio 18: 1-2)= Los sacerdotes levitas, es decir, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad en Israel, de las ofrendas quemadas a Jehová y de la heredad de él comerán. No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos; Jehová es su heredad, como él les ha dicho.
Finalmente, y como cierre de esta pintura introductoria del sacerdocio en su contexto global, nos queda la máxima expresión existente en él: el Sumo Sacerdocio. Porque en esto está la historia, de la cual estamos hablando en este momento, pero también la palabra profética, la que tiene que ver con Jesucristo de Nazaret y nuestro tiempo.
(Levítico 21: 10)= Y el Sumo Sacerdote entre sus hermanos, sobre cuya cabeza fue derramado el aceite de la unción, y que fue consagrado para llevar las vestiduras, no descubrirá su cabeza, ni rasgará sus vestidos.
Muy bien; ahora iremos al otro sector de la realeza antigua que también tiene parentesco con las modernas de nuestro tiempo: El Rey. Es una figura altamente curiosa y desactualizada para una enorme legión de personas que habitan el occidente, donde esta figura monárquica prácticamente no existe. No así para el oriente, donde todavía se mantienen incólumes diversos reinados que muestras sus condiciones a quienes deseen conocerlos en su operatividad y funcionamiento.
Según el diccionario secular, un Rey es el titular de una monarquía. Así de simple y concreto. El diccionario bíblico, mientras tanto, es un poco más amplio al respecto. Señala que la diferencia entre los reyes de Israel con los de otras naciones, era su relación con Jehová. Algunas naciones (Por ejemplo: Egipto) creían que su rey era la reencarnación de un dios, y otras lo exaltaban como sacerdote por excelencia. Israel no permitía a su pueblo creer en la deidad de su rey. Sin embargo no podía considerarse como un funcionario meramente secular, ya que reinaba como intermediario de Jehová. La palabra hebrea MELEC, que se traduce REY en el Antiguo Testamento, literalmente significa: El que aconseja.
Algunas de las características de la figura del rey, son: un rey, emite decretos. Ciro, rey de Babilonia, dio orden de que la casa de Dios fuera reedificada; Darío decretó la requisa de los archivos; Arlajerjes dio orden a los tesoreros de dar a Esdras todo lo que necesitare; Ester es nombrada reina por decreto del rey Asuero; Nabucodonosor decretó la muerte de todos los sabios de Babilonia en tiempos de Daniel; Darío decretó que todos teman y tiemblen ante el Dios de Daniel; el rey de Nínive, en tiempos de Jonás, decreta un ayuno general en protección de la ciudad; el edicto de Augusto César sobre el empadronamiento, que cuenta el evangelio de Lucas es otro ejemplo. La Palabra, sin embargo, también da cuenta en el libro de los Proverbios, que una de las características más solicitadas de un rey, es la de conceder favores.
(Proverbios 19: 12)= Como rugido de cachorro de león es la ira del rey, y su favor como el rocío de la hierba.
Los hombres, fíjese que tienen como costumbre, tanto para lo comercial, como para lo laboral, como para lo sentimental, utilizar las promesas. Pero al hombre tipo le resulta muy complejo cumplimentar promesas, ya que no tiene ni el poder, ni la solvencia ni la estabilidad anímica o emocional suficiente como para hacerlas. Un rey, en cambio, puede efectuar promesas con alta posibilidad de cumplimiento.
(1 Reyes 1: 30)= (David a Betsabé) Que como yo te he jurado por Jehová Dios de Israel, diciendo: tu hijo Salomón reinará después de mí, y él se sentará en mi trono en lugar mío: que así lo haré hoy.
El aspecto físico es altamente indispensable para complementar fehacientemente la imagen de un rey. La corona, el manto, el cetro. El cetro era la vara que simbolizaba la autoridad de un legislador. Era usada especialmente por los reyes como impacto visual y como símbolo real. Los había largos y cortos. Los cetros largos eran la representación simbólica de la sabiduría y la soberanía del rey, mientras que los cortos tenían que ver con su poder conquistador.
(Isaías 14: 5)= Quebrantó Jehová el báculo de los impíos, el cetro de los señores.
Recién mencionábamos el cetro corto como símbolo del poder conquistador. Y esto nos servirá para entender que un rey no es precisamente ese hombre que se pasa todo el tiempo en ociosidad manifiesta, sino que puede ser un tremendo guerrero que viva pensando en lo que puede anexar a su jurisdicción e influencia real. Quien se imagine al rey todo el día sentado en su trono, no conoce lo que es un rey verdadero. Sin embargo, a los efectos de elementos clásicos y claves de un reinado, hay que considera que el trono es uno de ellos.
(1 Reyes 22: 10)= Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria: y todos los profetas profetizaban delante de ellos.
Tanto las historias serias como las satirizadas, dejan entrever una de las grandes debilidades de una gran parte de los monarcas: su carácter. Un rey, desde su cuna real y de nobleza, estaba formado para mandar y no para obedecer, por lo tanto su carácter no era precisamente pusilánime o débil, aunque sí los había cobardes, si no que endurecían de tal modo para evidenciar su autoridad que llegaban a dejar profundas huellas a partir de sus iras.
(Proverbios 16: 14)= La ira del rey es mensajero de muerte: mas el hombre sabio la evitará.
Partiendo de la base de lo poco o lo mucho que usted conozca sobre Salomón, la sabiduría ha sido, es y será, aunque las monarquías hayan cambiado totalmente, uno de los baluartes de cualquier reinado. Llegar hasta el trono real y poder hablar con el rey, era un acto que muchos propugnaban casi como broche de oro y colofón a toda una vida de servicio. Porque lograr escuchar palabras del rey de manera directa y personal, enriquecía en sabiduría a quien lo conseguía.
Y pese a que hubo en los distintos reinados y épocas, reyes hipócritas, falsos, vanidosos, soberbios y faltos a su palabra, en la abarcativa generalidad, los reyes debían hacer un culto del valor de la Integridad. Esta tenía que ver con sus promesas, por ejemplo. Iba a ser muy mal visto, - aunque nadie se lo pudiera decir de frente, claro está -, que un rey si prometía algo luego no lo cumpliera. Mantener su palabra, era considerado como parte del “honor” de su condición noble de realeza. De allí proviene nuestra expresión de: “Palabra de Honor”. Integridad.
(Proverbios 25: 2)= Gloria de Dios es encubrir un asunto; pero honra del rey es escudriñarlo.
Es un buen momento, este, para establecer un principio de conclusión introductoria. Para ello deberemos recordar las condiciones generales de una y otra cosa de las que hemos visto. Sacerdotes y reyes. Reyes y sacerdotes. Entonces habrá que tener muy en cuenta, antes de avanzar más, las condiciones indispensables para el sacerdocio: Ha quedado muy en claro que tiene que tener Consagración a la obra y a su servicio al reino, debe ser un Celebrador de Sacrificios, aunque esto en la era de la Gracia toma connotaciones muy diferentes a las antiguas, es Comunicador de la Deidad, cuidador del Santuario, Comunicador de las decisiones divinas, Ofrece ofrenda, Está ungido, Es santo, Tiene la heredad, intercede y Clama por su pueblo. Ese es el sacerdote globalmente unificado en una figura cumbre, máxima e insuplantable: Jesucristo. Porque Él es el Sumo Sacerdote, nuestro Sumo Sacerdote por sobre todos los demás incluido nosotros en este tiempo.
(Hebreos 5: 5)= Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose Sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, Yo te he engendrado Hoy.
Esto deja en claro una respuesta a una consulta que muchos hermanos en la fe me han formulado: Cristo es Sumo Sacerdote porque Dios Padre mismo así lo estableció, no por decisión personal o por el resultado de alguna conjunción de gente notable de su tiempo. La gente quería hacerlo Rey de los Judíos, una figura de connotación política, pero Él sabía muy bien que no era eso lo suyo. Y Él vino a LO suyo, no a lo que la gente suponía que había venido.
(Hebreos 6: 20)= Donde Jesús entró por nosotros como precursor, hecho Sumo Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec.
Dice que ha sido hecho Sumo sacerdote para siempre, lo que le da la indiscutible categoría divina de Eterno. Y es según el orden de Melquisedec, que no es el Levítico, pleno en títulos, formación profesional y credenciales oficiales, así como tampoco el de Aarón, que es por línea genética y familiar hereditaria. Este orden tiene que ver con anonimato, con falta de currículum y antecedentes jerárquicos preestablecidos. Es porque es, así de simple.
(Hebreos 8: 1)= Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal Sumo Sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos.
Esto significa, entre otras muchas cosas, una esencial y permanente. Él es Exaltado como Sumo Sacerdote. Y esa exaltación le otorga, indudablemente, las condiciones más definidas para reinar, una cuestión que ha quedado en claro, no es apta para las mayorías regulares. Es la suma de: Autoridad, Sabiduría, Ecuanimidad, Capacidad, Generosidad, Soberanía, Serenidad, Conocimiento, Capacidad de decisión, Integridad, Sujeción, Entrega y Misericordia, aptitudes todas estas, que lo transforman puntualmente también en Rey, más allá de su indiscutible condición sacerdotal. Cristo es Rey.
(Daniel 7: 14)= Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
Esta de Daniel, es una de las profecías más hermosas sobre la calidad real de Cristo. Fue anticipada por visión divina desde mucho tiempo antes, y tuvo cumplimiento perfecto para gloria y honra de quien lo estableció.
(Juan 18: 37)= Le dijo entonces Pilato: ¿Luego eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye su voz.
Esto implica, que además de todos los adjetivos que podamos utilizar en torno al reinado de Cristo, debemos tener en claro un aspecto fundamental: Él es reconocido como tal.
(1 Corintios 15: 25)= Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies.
Esto último, le vuelve a dar una condición que ya vislumbráramos antes: su Eternidad indiscutible, indudable, inmutable e inamovible. Ahora bien: Hemos estado viendo las calidades y cualidades del Sacerdocio, partiendo desde las bases antiguas insertas en el Antiguo Testamento, pero llevadas inexorablemente al terreno de la actualidad, donde rige el Nuevo Pacto. También hemos repasado las condiciones de un rey lineal y literal y su vinculación con la calidad real de Cristo. Entonces debemos recalar, notoriamente y con base fundamentada en las propias escrituras, en la cualidad de cuerpo de Cristo que la iglesia tiene sobre la tierra. Y esto es importante, porque luego de leer y releer las tres escrituras que voy a dejarle ahora, usted mismo podrá comenzar a observar en qué lugar y punto neurálgico ministerial personal y global se encuentra usted.
(Romanos 12: 5)= Así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. (No me interesa que usted esté pensando en este instante que la realidad no muestra precisamente lo que aquí está escrito. Aprenda: lo que ha sido escrito siempre tendrá una vigencia y una realidad espiritual que está muy por encima de las realidades naturales y humanas que los hombres han “aportado” y no precisamente para engrandecimiento del reino de los cielos).
(1 Corintios12: 27)= Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (Esto destruye la tradicional división jerárquica en que la iglesia ha caído a partir de las necesidades de trascendencia individual que los hombres han deseado poseer).
(Efesios 4: 12)= A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo. (Con esta escritura se ha intentado enseñarnos que debemos ser perfectos, sin errores, cosa literalmente imposible para un hombre falible e imperfecto. De allí emanan la decepción y la frustración, que necesariamente nos han llevado a la depresión, la apatía y el inmovilismo que se observa. Y se nos ha agregado como elemento básico de enseñanza, que esta “edificación” de la que aquí se habla, es un equivalente a Bendición, un factor que no siempre acertamos a conocer tal cual es. Ambos son errores. “Perfecto”, en términos bíblicos, es un equivalente a Maduro, mientras que “Edificar”, es sinónimo concreto y correcto de Construir.)
Por lo tanto, de todo este panorama que hemos estudiado en mediana profundidad, vamos a extraer siete aspectos, siete claves, siete conceptos que si usted quiere hasta pueden llegar a ser principios, necesarios de tener muy en cuenta si es que deseamos servir más y mejor al reino al cual pertenecemos.
1)= Ya sabemos perfectamente como es un Sacerdote y como es un Rey. Nadie puede hacernos pensar que son otra cosa que la que hemos visto, tanto a la luz histórica de los antecedent4es naturales como dentro de los principios espirituales en los que se encuentran ambas.
2)= También sabemos que Cristo es ambas cosas: Sacerdote y Rey. No porque haya sido nombrado por hombres, sino porque Dios mismo, a partir del cumplimiento de todas las aptitudes descriptas, lo ha establecido así.
3)= Nos hemos enterado, por si alguno lo ignoraba, que la Iglesia es necesariamente el cuerpo de Cristo en la tierra. Todo lo que la Biblia dice que el Hijo hará en favor del Padre, tiene que ver con la respuesta que su cuerpo le otorgue a Él como cabeza. Lógico es que si el cuerpo no obedece a la cabeza y hace lo que tiene ganas propias de hacer, los resultados serán muy otros. Baste echar una mirada en nuestro derredor para saber si eso no es, precisamente, lo que hoy está sucediendo dentro del pueblo de Dios.
4)= Todas estas connotaciones, nos dicen con claridad que, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, que es el nombre que está por sobre todo nombre, podemos asegurar que también nosotros, como cuerpo activo y ejecutivo de su Deidad, somos indudablemente y como ha sido escrito, no sólo pueblo escogido por Dios, linaje santo, sino también un pueblo de Reyes y Sacerdotes.
5)= Todas estas conclusiones más que obvias, bíblicas y plenamente corroboradas, nos otorga una legítima autoridad para manejarnos según la necesidad que se presente.
6)= Y aquí llegamos al epicentro que de alguna manera adelanta el título de este trabajo. Reflexione con relación a cómo está orando usted, y muy rápidamente verá de qué modo cree en este maravilloso evangelio; si lo hace como señala la Escritura o si ha fabricado uno especial que se adapte a sus propias creencias ancestrales. ¿Somos en verdad como está escrito, reyes y sacerdotes? Entonces podemos orar de ambas maneras, y no de una tradicionalmente aceptada, reconocida y practicada.
7)= Podemos orar como Sacerdotes. ¿Recuerda todos los conceptos explicados? Si no los recuerda, vuélvalos a leer atentamente, por favor; no se quede con lo que yo le digo. No me crea a mí que no soy nadie, créale al Señor de Señores. Un sacerdote Intercede, Peticiona, Ruega y Clama. Usted, de hecho, no que puede, DEBE hacer lo mismo. Muy probablemente, es lo que exactamente está haciendo. ¿Funcionó? Ah, no siempre, verdad? Quizás porque omitió que también debe orar como Rey. ¿Y cómo oraría un rey? Por supuesto, no ya intercediendo, peticionando, rogando y clamando. Un rey, mi estimado hermano o amigo, ora Con Autoridad, Ordenando, Con la Soberanía de Dios y Decretando. Si no lo está haciendo así, vea que puede ser eso y no otra cosa lo que está otorgándole menor poder a su oración.
