Tiempo de Victoria

La Calidad de Dios

El cuerpo de Cristo está pasando por un período de restauración, de reforma. La palabra “restauración” se ha usado ampliamente entre los cristianos, sin embargo muchos de nosotros no comprendemos con plenitud sus implicaciones, sus significados; esto se debe, en padre, a que nosotros mismos estamos pasando también por todo un proceso de restauración.

La restauración de Dios incluye el orden y la disciplina de la iglesia, los milagros, los dones, el compromiso y las relaciones de pacto. Pero eso es sólo el principio o el fundamento. La intención de Dios es renovar muchos otros aspectos de la vida, pero primero debe asegurarse que haya un fundamento de fuerza y de carácter y la estructura necesaria que pueda retenerla. El compromiso, el pacto y la autoridad son la base necesaria en nosotros para cumplir con el plan de Dios para su pueblo. Y es sólo el comienzo.

Cuando repasamos la historia de la iglesia, nos damos cuenta que uno de los errores más corrientes que cometieron nuestros antepasados fue el de llegar hasta cierto punto y decir: “Bueno, lo logramos. No tenemos que ir más lejos. Así está bárbaro. Esto es todo lo que necesitamos”. Hacían una religión de lo que Dios estaba haciendo en el presente y limitaban lo que Dios quería hacer en el futuro.

Es muy fácil para nosotros reconocer este error cuando vemos, - si miramos hacia atrás -, la historia de la iglesia, pero eso no nos garantiza que no vayamos a cometer el mismo error. Yo espero que podamos evitarlo manteniéndonos sintonizados con lo que Dios está diciendo hoy y formando parte de su plan progresivo para la iglesia en el mundo.

(Efesios 1: 15)= Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, (Es clarísimo, hasta aquí, que Pablo estaba realmente impresionado con la fe de los Efesios, pero continúa diciendo:) haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el padre de gloria, os de espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, (Esto le está diciendo, - a menos que usted no quiera verlo -, que si bien Pablo consideraba a los efesios bastante maduros en su fe, aparentemente se daba cuenta, discernía, que todavía había mucho más que podían aprender del Señor y que había más para restaurar en sus vidas, que aún no habían “llegado”.)

Lo primero que usted tiene que entender, aunque eso postergue un poco lo que le enseñaron hombres bien intencionados, pero no siempre en el Espíritu, que la vida del creyente es progresiva. Cuanto más crece en el conocimiento del Señor, (Que, le reitero, no necesariamente significa seminario, instituto, escuela), más se llega a comprender sus caminos, lo que Él está haciendo y lo mucho que queda por hacer en la tierra. El punto que hay que remarcar, aquí, es este: no le pongamos límites a lo que Dios quiere hacer y puede hacer a través nuestro. Aún cuando hayamos alcanzado una interesante madurez, el deseo de Dios es de llevarnos más allá, a un grado mayor de madurez y, por obvio resultado, a una restauración más completa.

(1 Corintios 2: 9)= Antes bien, como está escrito: cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. (Aquí Pablo, al citar su interpretación de lo escrito por el profeta Isaías, (Capítulos 64 y 65), les dice a los corintios y también a nosotros, que no podemos ni empezar a imaginarnos la magnitud de lo que Dios tiene reservado para nosotros)

(Efesios 1: 18)= Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. (Pregunto: ¿Sabía usted que Dios tiene una herencia para usted? Una de las razones por las que Dios quiere que nuestros ojos sean iluminados, es para que podamos ver su herencia en nosotros y todo lo que EL es capaz de hacer en nosotros y a través nuestro. Lo que Dios quiere cumplir en nosotros se extiende también a la vida práctica. No es mera teología teórica de tesis académicas de concilios, convenciones o congresos)

La tendencia en el pasado ha sido pensar en la restauración únicamente en el sentido espiritual y todo quedó allí. A veces, aquellos que han recibido el bautismo, la llenura o la plenitud del Espíritu Santo han enfatizado tanto esta experiencia tan normal para los hijos de Dios, que han terminado por volverse súper-espirituales y han dejado de ser personas normales. No es eso lo que Dios quiere. Usted sabe que tenemos un espíritu, pero también tenemos un alma y un cuerpo y el plan de Dios es la restauración de las tres áreas de sus hijos. Mire y preste atención a esta oración de Pablo.

(1 Tesalonicenses 5: 23)= Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. (Como supongo que jamás se le ocurriría poner en duda la unción, el discernimiento y el conocimiento de Pablo para orar, tendrá que entender sí o sí que el plan de Dios es santificarlo a usted por completo: espíritu, alma y cuerpo.)

Hay cristianos que tratan con su mente (Que es el alma), como si no tuviesen ninguna importancia. Cuando se sienten salvos, prácticamente tiran sus mentes a la basura haciendo como que no la necesitan. Pero su mente es muy importante para Dios. Su plan, fíjese, es renovarla para que tengamos la mente de Cristo; para que podamos pensar como Dios y Él pueda decirnos algo así como: “Ven, ven; vamos a discutir este asunto”. No confundan las cosas: Dios también va a establecer una relación intelectual con usted. ¡Es Dios! ¡No lo meta en ninguna caja humana! ¡No cabe!

Y tengo que decirle, además, que dentro de su propio contexto, no hay nada malo en eso. Hay un determinado lugar para eso. Ya sé que se puede caer en extremos muy perjudiciales, - y de hecho se ha caído, lo estamos viendo -, pero Dios desea que haya un equilibrio. Su deseo es la restauración y la reforma del espíritu, el alma y el cuerpo. ¿O no se impone un cambio de mentalidad para la iglesia del siglo veintiuno?

Según un sabio escritor cristiano, el pueblo de Dios es una comunidad comprometida por un pacto que expresa el Reino de los Cielos. Una comunidad en la que la corrección y la instrucción amorosa producen un crecimiento y una madurez saludable. Una comunidad donde la dedicación a la excelencia produce los resultados de mayor calidad en las artes, artesanías, oficios y comercios, significando esto testimonio impactante para el mundo y prosperidad para los santos. Una comunidad de fe, adoración, alabanza y ministerios desinteresados. Una comunidad, en suma, donde toda la vida es inspirada y dirigida por el Espíritu Santo de Dios, por Jesucristo y vivida para su gloria.

Pecado es la palabra AMARTIAS. Y esta palabra se traduce como “Errar el blanco, el objetivo”. El objetivo de todos los tratos de Dios es producir su naturaleza, su carácter aquí en la tierra, para que cuando Él regrese, se pueda sentir como en su casa. Dios quiere que el Reino de los Cielos baje a la tierra. Ese es el evangelio que predicó Jesús: El Reino de los Cielos se ha acercado…

Antes de una conversión, el hombre supone que el cielo tiene que ser un lugar aburrido. Después, y a medida que Dios renueva su mente, empieza a comprender que el cielo es algo más de lo que usted pensaba. Que es la dimensión perfecta de una vida nueva. Que no es una sola cosa, sino la suma de muchas. Es la restauración total de todas las cosas. La realidad de lo que hemos esperado. La suma de toda la capacidad creativa de Dios. Es difícil describir el cielo desde acá, pero lo que sí es real es que Dios quiere darnos un anticipo de lo que será hoy y ahora, aquí en la tierra.

Mire: el mundo busca respuestas que no puede encontrar en el plano secular. No se equivoque. No busca capítulos, versículos, sermones ni santas cenas. Busca respuestas que nosotros los creyentes, ya tenemos. Lo jorobado viene cuando nosotros nos resistimos a Dios y no le permitimos que nos enseñe esas respuestas.

Cuando un grupo de personas se comprometen, aman al Señor, conocen el poder de Dios en sus vidas y ceden sus derechos individuales a favor del bien común, los beneficios que resultan deberían ser tan grandes como incontenibles y así la comunidad prosperaría y se multiplicaría.

Lo que termino de decirle con respecto a la excelencia dentro del pueblo de Dios es algo plenamente visible y obligatorio. No podemos conformarnos con lo mediocre, que en muchos casos es lo que hemos venido haciendo. Tenemos que librarnos de la fortaleza del pensamiento que dice que a los cristianos se nos permite ser de segunda clase en lo que hacemos.

A menudo pensamos – con una muy mal entendida modestia -, que porque estamos haciendo algo para el Señor, podemos hacerlo de la manera más barata y fácil posible, creyendo que Dios no está interesado en hacer las cosas con mayor excelencia.

Él es quien nos enseña a producir verdadera calidad. Claro que eso no significa que siempre tengamos que hacerlo de la manera más costosa; significa sencillamente que Él quiere que lo hagamos de una manera sobresaliente. ¡Cómo podemos estar haciendo algo para Aquel que es dueño de todo el oro y la plata del mundo, de una manera miserable y amarreta llevándolo a Él al terreno de la baratija! ¿A quién se le puede haber ocurrido tamaña barbaridad?

No se trata de esclavizarse a un espíritu de crítica. Muy por el contrario, de lo que se trata es de blanquear públicamente, algo que es un secreto a voces que muy pocos se atrevían a reconocer y, mucho menos, a puntualizar. A mí, como a muchísimos de ustedes, me causa vergüenza entrar a lugares en los que se están vendiendo artículos “cristianos” de bajísima calidad. Le deja un gusto como que se está haciendo negocios con la religión. ¡A veces, incluso, comercializado por personas que ni siquiera son creyentes!

Hay un principio que usted tiene que tener muy en claro: usted no tiene la obligación de capacitarse para que Dios luego le levante. Él acostumbra a capacitar y a dotar de talentos muy singulares a los que luego levantará. El punto, aquí, es que todo ese talento y esa capacidad pasen, primero, por la cruz. Es la única forma en que lo suyo glorificará a Dios y no a su Ego.

Si no puede afinar, si tiene usted una voz carrascosa y ni la menor idea de lo que es un tiempo musical o un ritmo, usted no puede dedicarse a cantar sólo porque le gusta o porque es familiar de algún líder de la congregación. Si el Señor le levanta para cantar himnos y alabanzas, lo primero que habrá hecho hace muchos años atrás, habrá sido dotarlo con un talento que no permitirá que ambos pasen vergüenza. “¡Pero hermano! ¡Es que con la unción es más que suficiente…!”  Sí; pero Dios jamás unge ignorancia o mediocridad. Él siempre unge excelencia. Porque Él es excelente y lo que lo representa y glorifica, debe serlo igualmente porque cada uno de nosotros es SU imagen y semejanza.

Muchos, hoy, con el sólo hecho de comprar un CD o un casete de música cristiana, creen que hacen entrar la unción de Dios en sus casas. Yo le puedo asegurar, - y alguien que tenga mayor autoridad que yo en esto lo puede confirmar sobradamente -, que en el prolífico marco de la casetería y la discografía cristiana, hay productos en los que el Espíritu Santo jamás se dio por enterado. Alguien tiene que decirlo. Usted, a lo mejor, no se da cuenta, pero cuando algo viene realmente de Dios, ¡Vaya si se da cuenta!

La habilidad de un artista no viene del hombre, viene de Dios. ¡Dios es un artista! Él es creativo y las facultades para la música, el arte, la edificación, vienen de Él. ¿Nunca se le ocurrió prestar atención sobre quién le indicó a Noé cómo construir el arca? El arca fue diseñada a la perfección y resultaba imposible que el agua la pusiera patas para arriba en una época y una zona donde no abundaban los fabricantes de barcos, no? El hombre todavía usa esos mismos patrones para fabricar las modernas embarcaciones. ¿Qué me cuenta?

Se suele arrojar, lamentablemente, lo bueno con lo malo cuando se trata, especialmente, de las artes y el entretenimiento. Es que como son áreas donde la ética y la moralidad han sido abiertamente abusadas y los cristianos las han desechado totalmente por nocivas y perniciosas.

¿Usted no cree, por ejemplo, que Dios puede tomar control y gobierno, tanto de la radio como de la televisión, y usarlas para su gloria? Es una estupenda manera de comunicar, si se comunicaran cosas que valgan la pena. Cualquiera de nosotros puede sacar su aparato de radio o de televisión de nuestras casas, pero eso no va a eliminar la influencia que tienen en todo el mundo. Lo que necesitamos es cambiar la influencia que tiene en lugar de echarnos atrás para no involucrarnos en lo pecaminoso. Y cuidado, que aquí también se incluye a mucha televisión y radio llamadas “cristianas” que terminan por entregar productos calcados del mundo secular porque si no, - dicen -, la gente no los ve y no tienen apoyo de quienes deben sostenerlos económicamente. ¡Tenemos tanto que aprender! Sobre todo, el real significado de la palabra: Excelencia. Usted se da cuenta. No tengo que descubrirle nada.

Lo que la Iglesia, - cuerpo de Cristo -, ha hecho en los últimos años, es ir retirándose de todos los espacios donde Satanás puso su pie. ¡Y le ha dejado camino limpio para que siga envenenando las mentes en lugar de pelearle centímetro a centímetro esos espacios con las armas invencibles que tiene y que Pablo define perfectamente en Efesios 6. Ha dejado de involucrarse hasta el punto que hoy el mundo controla y motiva muchas cosas que la Iglesia debería tener. Y la música, las artes, la televisión y hasta la radio, son ejemplos.

El cuerpo de Cristo no tiene por qué tomar un segundo lugar en nada. Si nos dedicamos a la excelencia, produciremos lo mejor en todos los terrenos.

(1 Corintios 10: 31)= Sí, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.

Es decir que, lo que esto le está diciendo a usted es que, cualquier cosa, (he dicho: CUALQUIER COSA), que se haga, debe producir la imagen de Dios y reflejar su Majestad y su carácter, su corazón y su naturaleza. Pero atención con esto. A todo eso, lo tiene que manifestar en el mundo, no detrás de las puertas cerradas de nuestros templos, donde por amor y afecto a los hermanitos, nosotros aprobamos todo, decididamente todo, tenga la validez y la calidad que tenga, porque está hecho para el Señor.

Al mundo, eso no lo conmueve. Si lo conmovió en su momento Marcos UIT, por ejemplo, aunque no entendiera lo que él hacía. Pero atención, si por esa causa usted toma un teclado y en un par de días arma una pequeña banda y sale sin ensayo no afiatamiento a intentar conmoverlo simplemente porque toca la misma música y los mismos temas que marcos tocaba en su momento, prepárese. Pero prepárese en serio, porque mientras dentro de su iglesia, misericordiosamente, todavía lo alienten y hasta lo feliciten, en el mundo directamente van a arrojarle tomates, papas y cuanta hortaliza se le ocurra. Y no porque sean ateos o satánicos, sino por su proverbial falta de excelencia.

Cuando el pueblo de Dios se une mostrando su amor de pacto, sintiendo plenamente el poder de Dios en sus vidas, tiene que mostrar una calidad de vida que va a superar cualquier cosa que el mundo haya visto. Y no hablo de dinero, ni de opulencia, ni de poder, ni de status social: hablo de calidad de vida. Hablo de modelo. Y sin estereotipos conocidos.

Si un grupo de estudiantes secundarios, por ejemplo, son llenos del Espíritu Santo, eso no determinará que sólo en su congregación podrán ministrar con unción. También deberá manifestarse en el colegio, para referencia de los demás que están en el mundo. Porque si somos llenos del Espíritu Santo, se espera de nosotros más, no menos. Debemos hacer más y mejores cosas. Caerse, temblar, reírse, llorar, hablar en lenguas o profetizar son hermosas manifestaciones del Espíritu para lo interno de nuestra comunidad. Pero en lo externo, también tendrá que verse que somos distintos. Lo mismo con el empresario que con el obrero.

(Efesios 6: 5)= Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno hiciere, ese recibirá del Señor, sea siervo o sea libre.

A través de toda la Escritura hay un énfasis puesto en la dedicación y la diligencia de hacer las cosas con todo el corazón. Como cristianos llenos del Espíritu debemos sobresalir y hacer nuestro trabajo como para el Señor y no sólo para agradar al patrón. La actitud que necesitamos es la de producir con calidad todo lo que hacemos. Dios se interesa por todas las áreas de nuestra vida, que aunque muy prácticas, son espirituales. Dios está interesado en nuestra comida, nuestro dormir, nuestra recreación y otras actividades.

Los artistas, en el mundo, como los músicos por ejemplo, ejercen sus talentos porque llenan alguna necesidad interna que tienen y san las artes como vía de expresión de alguna emoción o sentimiento. Sus metas son por lo general carnales y egocéntricas porque están programados para satisfacerse a sí mismos. No llama la atención que así sea en el mundo, pero la historia cambia, y mucho, si eso ha pasado o está pasando dentro de la iglesia.

La motivación, la fuente y la inspiración que Él da a nuestros talentos no son para que nos exhibamos nosotros, sino para edificar al Cuerpo reflejando la naturaleza de Dios, su plan y su propósito.

Dios nos ha redimido, espíritu, alma y cuerpo y el fruto que eso produce en nosotros es para la edificación de los demás. Hemos pactado juntos y estamos bajo autoridad y nuestros talentos y dones pueden ser canalizados de una manera adecuada para el bien común. Por ejemplo, vemos en el Libro de los Hechos, que cuando los cristianos se reunían, ninguno reclamaba que las cosas eran propias, sino que las juntaban y todos la compartían. El resultado era que nadie tenía necesidades.

Ese principio es eterno, si bien su aplicación es transitoria: dar lo que sea que tengamos: cosas materiales, talentos o tiempo. Dios nos ha hecho, a todos, administradores de algo. Debemos considerarlo no como nuestro, sino como suyo. Es para usarlo en su propósito y para servir a su reino, para edificar a su pueblo en el bien común.

En estos días, cuando el servicio es impersonal, los productos de baja calidad y la artesanía deplorable, podemos restaurar la excelencia a todo lo que hacemos. Es una forma de alcance evangelístico y un testimonio que dice: “Vivir con Cristo es mejor en todo sentido; en nuestros trabajos, en nuestros oficios, en nuestras profesiones, en nuestros talentos y en nuestros ministerios. En suma: se tiene que ver en nuestras vidas integrales, la verdadera, única, efectiva, concreta y contundente. CALIDAD DE DIOS.

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