Tiempo de Victoria

¿Vivirán Esos Huesos?

Hay un texto, en el libro del profeta Ezequiel, que tiene directa connotación actual, como sucede con casi todo el contexto bíblico. Es mucha la gente que separa Antiguo Testamento y Nuevo Testamento como si se trataran de dos mensajes diferentes, pero olvidan que cuando Pablo le dice a Timoteo que TODA la escritura es apta para enseñar, redargüir e instruir en justicia, no se está refiriendo precisamente al Nuevo Testamento, que en todo caso recién allí se estaba escribiendo, sino a toda la Palabra. Historias literales, principios espirituales. Preste atención al detalle, verso por verso, y lo que en cada caso nos deja.

(Ezequiel 37: 1)= La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos.

La “mano” de Jehová, aquí, representa la presencia, la unción de Dios, mientras que el valle lleno de “huesos” la época de la crisis, de la necesidad. Es decir que, cuando la unción de dios viene sobre mí, no es para llevarme a lugares tranquilos y bonitos, sino para introducirme en intrincados laberintos de crisis y necesidad. Porque allí es donde habrá de producirse VIDA, que es la esencia del evangelio.

(2) Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor, y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.

Este verso, entre otras cosas que usted quiera hallar, nos está mostrando que no podemos de ninguna manera, quedarnos con las apariencias, con lo que vemos con nuestros ojos naturales. Muy por el contrario, en cada cosa, deberemos buscar qué es lo que, exactamente, tiene Dios para nosotros.

(3) Y me dijo: Hijo de Hombre, ¿Vivirán esos huesos?  Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.

Esto, a mí, me ha hecho aprender algo muy específico y concreto: cuando Dios me hace una pregunta, no está buscando información. El lo sabe todo. Lo que está haciendo, es tomarme examen. Entonces es aquí donde deberemos tener muy especial cuidado en lo que vamos a responder. No podemos darle a Dios cualquier respuesta como para cumplir.

(4) me dijo entonces: profetiza sobre esos huesos, y diles: huesos secos, oíd palabra de Jehová.

¡Ridículo! Esta sería la única expresión lógica que podría escaparse de cualquier hombre o mujer racional que fuera testigo de esta escena, verdad? Sin embargo hay una enseñanza muy clara aquí: no importa el estado en que se encuentren aquellos que le rodean a usted. Aquí le esta mostrando claramente que, aunque reine la muerte, se escuchará su voz y, por consecuencia, la voz de Dios por su intermedio. No decide usted cuando y a quien, simplemente obedece lo que Dios decide. Eso es ministerio.

(5) Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: he aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis.

Fíjese que no dice algo así como: “A mí se me antoja que estos huesos tomen vida” y después: ¡Zápate! ¡Abracadabra! ¡Eureka! ¡Ya están vivos! ¡Aleluya! ¡¡Huauu!! No dice eso. Dice que tiene que hacer entrar el espíritu para que vivan. Esto significa que, donde hay espíritu, sí hay vida.

(6) Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová.

Aparentemente este verso, además de delinearle a usted en lo natural que habrá de darle fisonomía estética a esos huesos, además de vida y reiterarle esto último, le deja en claro otro principio: donde hay espíritu y hay vida, por lógica consecuencia, hay conocimiento de Dios.

(7) Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor, y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso.

A veces cometemos el error de naturalizar a Dios. Dios es sobrenatural y lo que para nosotros es impactante por lo sobrenatural, para Él es lo más natural. El principio aquí, es básico en torno a esto: cuando nosotros declaramos la palabra con fe y con autoridad, Él se mueve. Y cuando Él se mueve, no hay hombre que pueda predecir qué es lo que hará, y mucho menos, cómo lo hará.

(8) Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu.

(9) Y me dijo: profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: así ha dicho Jehová el Señor: espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán.

Esto nos muestra algo mucho más que evidente: hasta que no esté completa la obra, no podemos detenernos. Tenemos que aguardar nuevas órdenes de Dios. Fueron muy buenas las que le dio a la iglesia de 1930, pero ahora estamos en el 2004.

(10) Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.

¿Sabe una cosa? Dios quiere hacer de nosotros, gente guerrera. A Dios le agrada la guerra. No malinterprete: Dios es Espíritu, por lo tanto estoy hablando de guerra en ese ámbito; de guerra en el mundo del espíritu, no la humana. Dios siempre tiene estrategias de cómo pelear, de cómo ganar la batalla, de cómo conquistar nuestro terreno. Dios siempre le habla a gente que desea pelear, que desea ir al frente de batalla y tomar lo que les pertenece. Dios es un Dios guerrero. De tal manera que se hace llamar: “Jehová de los ejércitos”, o “Varón de guerra”.

A Él le agrada pelear porque es la única manera de poder conquistar nuestro territorio. Es verdad; nos hemos cansado de escribir y repetir esa frase: “Dios es amor”, “Dios trae paz”. Pero Dios dice: Me encanta el amor y me agrada la paz, pero también quiero formar un pueblo guerrero, que vaya al frente de batalla. Porque ya te he dicho que no es tu fuerza ni es tu espada, sino mi Espíritu guerrero el que estará en ti para que ganes la batalla. Por tanto anímate, ponte mi armadura y marcha al frente, que yo pelearé por ti.

Porque es la única manera en que Dios va a darle victoria en todas las áreas de su vida. Dios dice: Mañana yo pelearé por ti, pero tú vas a ir al frente en mi nombre. Yo te daré la fuerza, te diré cómo pelear y hasta cómo ganar, pero al frente, en mi nombre, tienes que tomar tú la decisión de ir. Tú tienes que ir a poner la cara. Aquí, sentado, y aguardando que yo lo haga todo, ni sueñes que vas a conseguir algo. Yo moro en ti y, si tú no vas, yo no puedo ir. Dios es hasta excéntrico para la guerra. A veces se le antoja que cantando usted va a ganar una batalla y, ¡Oh sorpresa! Cantando la gana.

El problema de Saúl y de los soldados, era que estaban armados hasta los dientes, pero nadie se atrevía a ir al frente de batalla. Y un fulano que no tenía armas y simplemente tenía una honda, dijo: Yo voy; porque algo sé en mi espíritu: que Dios me usará. Sé muy bien que no es con mi fuerza ni con ejército.

David dijo: yo entiendo algo en este día: yo sé que no es mi estrategia la que hará que yo gane la batalla. Yo sé que no es mi honda la que hará que yo derribe a Goliat. Lo que sí sé es que Jehová está muy enojado porque han provocado a su ejército. Y Dios sabe que quiere derribarlo. Lo único que necesita es a uno que se atreva a ir al frente de batalla, y se ponga en la línea de guerra y le declare la Palabra de Dios. Porque el diablo no va a huir delante de un forzudo imponente; el diablo no va a huir de un buen predicador. El diablo sí va a huir delante de una persona que se planta en la verdad. Porque Jesús se le plantó en el desierto, en una tremenda debilidad física, le declaró la palabra y el diablo no tuvo nada que hacer. Porque cuando un hombre que conoce la verdad se planta en esa verdad, la verdad lo hace libre. Y lo que sabía David, era la verdad.

Jehová le dará las aves de los cielos. Jehová le dará las bestias del campo, y hoy, tú, Goliat, caerás delante de mí. Esa es la verdad que he escuchado y en esa verdad vengo. No me importa si tengo una honda, no me importa si soy un jovenzuelo inexperto que lo único que ha hecho hasta ahora es cuidar ovejitas. Lo único que sé es que tú, Goliat, grandote incrédulo, has provocado a Dios y Dios hoy peleará por mí.

Hemos proclamado demasiado lo que dicen los demás. Hemos hablado mucho lo que dice el vecino, el amigo, la circunstancia y el problema. Pero Dios me dice que yo hable la verdad. Porque frente a la verdad, el diablo no puede resistir. Dijo Jesús: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Hay una gran diferencia entre la realidad y la verdad. La realidad no siempre es la verdad. Que está usted enfermo, es su realidad, pero la verdad dice que por la llaga de Jesús ha sido usted sanado y punto, a otra cosa. Esa es la verdad. Que usted esté desempleado, que ande sin dinero y que lo poco que tiene no le alcance ni para comer, es su realidad, pero la verdad dice que Jehová es su pastor y que NADA le faltará; y que Él suplirá todas las cosas conforme a su riqueza en gloria. Así que es hora que usted vaya pensando si se queda en la realidad o se planta en la verdad.

Porque la realidad, siempre es cambiante. Hoy usted va a tener una y mañana, seguramente, usted va a tener otra. Pero la verdad no; la verdad permanece para siempre. Y si usted la conoce, se hace libre. Pero atención, no se equivoque. Si bien es cierto que la verdad es lo que nos hace libre, lo real, práctico y concreto, es que es el CONOCIMIENTO de esa verdad lo que consigue esa libertad. Porque sin conocimiento, podríamos andar años girando en derredor de esa verdad y no llegar a tocarla nunca. Y de ese modo jamás llegaríamos a ser libres.

Dice la Biblia que Ezequiel, un hombre como usted y como yo; un hombre sujeto a pasiones como las nuestras; un hombre que era tentado en sus debilidades pero que tenía un fuerte ministerio, en un momento es sorprendido por Dios cuando su tremenda mano viene sobre él. Si entendemos que necesitamos la mano de Dios, vamos a tener muchas victorias en nuestras vidas. Porque la mano de Dios permite que lo sobrenatural se haga natural, que lo que está en el espíritu pase a la vida física. Si no está la mano de Dios en el valle de los huesos secos, usted será parte de ellos, será osamenta como ellos.

Dijo David: Aunque me vaya y me esconda en medio de las tinieblas, sé que tu mano me guiará. La mano de Dios será su guía en medio de las circunstancias difíciles. Ezequiel tenía todo el poder para declarar la palabra, era profeta de Dios. Pero si la mano de Dios no estaba con él, él iba a pasar por el valle, iba a ver la osamenta y no iba a poder manifestar lo que Dios quería hacer.  

¿Sabe usted por qué, muchas veces, no manifestamos lo que Dios quiere hacer? Porque vivimos a expensas de nosotros mismos. Vivimos, muchas veces, intentándolo nosotros. No esperamos que la mano de Dios se manifieste en nuestra vida. No podemos aguantar toda la vida en un valle de huesos secos. No podemos andar todo el tiempo dando vueltas alrededor de una osamenta.

Tenemos que manifestar lo que Dios tiene para nosotros. Son hermosas las visiones, son excelentes las palabras proféticas, son bonitos los mensajes declarados a través del púlpito y hombres ungidos, pero más bueno es que usted pueda experimentar lo que se le profetizó, lo que se habla en el púlpito y lo que usted haya visto en las visiones. Vamos a buscar la mano de Dios. Voz de júbilo y de salvación, hay en la casa de los justos. A partir de hoy habrá voz en mi casa, porque la mano de Dios hará proezas conmigo. La mano de Dios manifestará todas sus maravillas. La mano de Dios es sublime, por tanto no moriré, no seré parte del valle, viviré y contaré las obras de Jehová.

Ezequiel sabía que si la mano de Dios no estaba con él, no iba a pasar nada con él. Si la mano de Dios no estaba con él, no podía recibir todas las profecías, la palabra, el propósito, la unción de Dios. Pero si no estaba la mano de Dios, no la iba a poder manifestar. Si no estaba la mano de Dios, no iba a poder hacer natural lo que Dios le daba en su espíritu.

Hay tantas personas, buenos hombres de Dios, que tienen mucha intimidad con Dios. Que ven visiones, reciben palabra, son gente bárbara, predican bonito, pero nunca pueden manifestar lo que reciben en su espíritu a la vida natural. Porque necesitamos que la mano poderosa de Dios venga sobre nosotros.

Dijo pablo más o menos así: Yo he venido a ustedes, los corintios, con debilidad y temblor, pero con la mano de Dios sobre mí. Porque no quise saber nada entre vosotros de palabras persuasivas de humana sabiduría. No me importa enredarlos en un montón de teorías, filosofías, teologías sobre lo que Dios hizo o lo que Dios puede hacer. Vine con demostraciones de espíritu y poder, así fue que pude hacer que ustedes pongan la fe en Dios y no en tonterías, estupideces y palabrerías. Porque a las palabras se las lleva el viento, pero las demostraciones de poder quedan metidas en los huesos de la gente. Es hora de buscar la mano de Dios.

La mano de Dios llevó a Ezequiel y le empezó a mostrar, en su espíritu, todo lo que estaba pasando en el valle. Y él dice que da vueltas alrededor del valle de los huesos secos y mira, y saca un análisis del valle, y dice: De verdad que están secos y en gran manera secos. Estos están desparramados, hay olor a podrido, están dislocados los unos de los otros, desunidos; aparentemente no hay solución para esta circunstancia; aparentemente no hay nada que se pueda sacar de este lugar.

Entonces es cuando Dios hace una pregunta. Y cuando Dios hace una pregunta es porque quiere hablar con usted. Porque la única manera que tiene Dios de manifestarse en la tierra es a través de los hombres. Él no se manifestará nunca de otro modo que no sea a través de mi vida o a través de su vida. Obviamente que es una forma de decir porque él es soberano y hace lo que le da la gana como le da la gana, pero no es su estilo el de manejarse fuera de nosotros. Él necesita un hombre que proclame su palabra; si lo encuentra, se manifestará con todo su poder.

Él necesita un hombre que declare las palabras como él las pronuncia en el cielo. El se agrada del hombre que declara las palabras que él dice a pesar de lo que ese hombre pueda estar viendo con sus ojos naturales.

Entonces se encara con Ezequiel y le pregunta: ¿Vivirán estos huesos? Quiero repetirle algo a usted: Dios, cuando pregunta, no pregunta para que usted le informe, porque Él ya conoce esa información. Cuando Dios pregunta, lo hace porque es la única forma que tiene para manifestarse a través suyo. Porque si Él pregunta y usted responde, usted le está dando lugar para que Él pueda manifestarse.

Si yo le contesto: “¡Pero no! ¡Qué van a vivir! ¡Si esto está requete-muerto! ¡Recontraseco! ¡Encima todo desparramado! ¡Una clavícula por aquí, algunas costillas por allá, una rodilla acá, un cráneo en otra parte! No… Esto no puede sobrevivir… ¡Son un montón de huesos secos! Comidos por los buitres y los gusanos; ¿Cómo va a vivir esto? Puedo haber visto resucitar muertos, lo creo; puedo haber oído y también creído testimonios sobre resurrecciones, pero estaba todo el cuerpo entero. Pero acá ni siquiera carne ha quedado. Ahí es donde él me dice: “Bueno… entonces vuélvete a casa… otro día será…”

En cambio Ezequiel dice: “Y… están secos en gran manera…” - ¿Pero vivirán estos huesos? - ¡Ah, no sé, tú lo sabes! Recuerde: Dios no busca información. Dios busca que yo le de lugar para Él poder operar a través mío.

Mis ojos ven que es imposible que vivan. A mí me parece que esto no puede salir adelante, no puede cambiar. Nunca se ha visto. La mayoría de las veces Dios hará que pase por lugares donde otros no han visto una solución favorable, donde usted mismo se siente en un bache, metido en el medio de un montón de huesos desparramados, donde reina la misma muerte y se le ríe a carcajadas y le dice: “No sólo los maté, sino que también les quité toda la carne y desparramé todos los huesos. Aquí no tienes nada que hacer, has llegado tarde, es irreversible”.

¿Vivirán estos huesos? Y él dice: tú lo sabes. Porque yo sé que sabes algo que yo todavía no puedo ver con mis ojos naturales. Yo sé que tú sabes algo que nadie me lo ha informado. Yo sé que tú sabes algo diferente a lo que yo siento. Porque yo siento que están secos y los veo secos, en gran manera. Veo que todas las puertas están cerradas. Veo que mi ministerio está frenado. Estoy viendo que no hay salida; he orado, he ayunado, he buscado, he intentado todas las posibilidades, pero… ¿Qué es lo que sabes tú, oh Dios, acerca de mi situación? ¡Eso es lo que cuenta! Porque el hombre no vive por lo que tiene, vive por lo que sabe y recibe de parte de Dios.

Lo que cuenta en medio del valle, no es lo que a usted le parece ni lo que usted está sintiendo, así como tampoco lo que usted está viendo. Porque será su realidad, pero no es la verdad. La verdad es lo que dice Dios. Él dijo: “Yo soy la verdad” y, si conoce usted lo que yo digo, será usted libre.”

La realidad no siempre lo va a sacar adelante. La realidad no siempre lo va a desatar. La realidad le va a hacer llorar delante del valle de los huesos secos. Le va a hacer gemir delante de la osamenta. Le va a hacer perder la orientación del profeta. Le va a sacar de los propósitos que Dios tiene para su vida. Porque Dios no llama a hombres que se manejan por lo que les parece. Dice el proverbio: Hay camino que al hombre le parece derecho, pero… Ese es el problema.

¿Cuántos, aquí, tendrán valles de huesos secos, donde solamente reina la muerte, donde solamente está reinando el olor a podrido, la osamenta? Donde usted siente que solamente hay decepción, todo separación, todas las divisiones juntas, no hay ni siquiera un rastro de vida. Ya ni los buitres se acercan a comer un poco de carne porque están muertos, están pelados y resecos en gran manera.

¿Cuántos habrá, en este día, que tienen valle de huesos y hace tiempo que están llorando porque Dios les está preguntando: ¿Vivirán estos huesos? ¿Crees que lo lograrás? ¿Llegarás a solucionar este problema? ¿Se te abrirá esta puerta? Porque Dios siempre le preguntará. Dios no obrará en una persona sordomuda espiritual. Jamás hará algo con quien no le hable. Él quiere hacer a través de seres humanos, no de máquinas. Él habló con Adán, habló con Jesús, habló con los viejos patriarcas y profetas; Dios habla, no es mudo.  ¡Lo que pasa es que el pueblo es sordo!

Entonces, cuando el profeta dio lugar, Dios le dijo: Profetiza. Es una locura lo que le estoy diciendo, pero profetiza. Diles a estos huesos que vivirán, que traeré sobre ellos tendones, y pondré carne, y haré subir piel y traeré espíritu y vivirán. No me preguntes como. Diles que vivirán. Profetiza; sé un profeta de Dios. Porque de la única manera que usted puede obtener buenos resultados, es que hable lo que Dios dice. Si usted no habla lo que Él dice, usted no va a tener resultado alguno. Porque la Biblia dice que El que ama la lengua come de los frutos de lo que habla. Entonces, usted será siempre el producto de lo que está hablando. Mañana será lo que hoy habló, mañana recogerá los frutos que hoy ha sembrado. ¡Hable! ¡Tiene que declarar la palabra! ¡Suéltela de una buena vez que no va a regresar vacía!

Si Dios dice que usted va a hacer milagros, usted comience a hablar como un hombre que hace milagros. - ¡Pero hermano! ¡Es que voy a hacer el ridículo! – Mire; permítame ser rudo y casi grosero: ¡Qué se vayan al cuerno los que le dicen a usted que va a hacer el ridículo; usted créale a Dios, no a los hombres, y va a transformar el valle de los huesos secos en vida abundante! Ellos se van a reír un poco, quizás, cuando lo vean hablar con esos huesos secos, pero usted va a reírse después cuando a su valle viviendo.

Siempre habrá alguien que se ría y se burle. Ellos se rieron cuando vieron a unos pobrecitos dando vueltas como monigotes alrededor de un muro. Hasta a Jesús colgado en la cruz se le rieron y se le burlaron, recuerda? Quizás de allí provenga aquello de “quien ríe último, ríe mejor”. Aunque cueste, hable la Palabra. Haga el ridículo ante la sociedad “culta” si es necesario. Que se rían, que se burlen. Dios siempre tiene la última palabra.

El nombre de Dios es poderoso, pero él quiere que lo hable y lo declare y lo confiese una persona de carne y hueso. Una persona como usted o yo. Como hijos de hombre, somos limitados, como hijos de Dios, somos ilimitados. Dios le habla a Ezequiel y le dice: Hijo de hombre, sé que estás limitado. Pero no te olvides que eres mi hijo.

Como hijo de hombre, usted es limitado, pero como hijo de Dios, es ilimitado. Por eso – dice Dios – si hablas como hombre, tendrás mucho que perder, pero si hablas como mi hijo, tendrás mucho por ganar, mucho por transformar y muchas cosas buenas por contar.

Profetice. Hable con autoridad delante de sus circunstancias. Sea profeta de su propia vida. Márquese un destino y hable por él. Usted es lo que es, háblelo, porque nadie se lo regalará. Nadie se lo traerá a sus manos y le dirá: ¡Ey! ¡Ven, que este es tu ministerio! Evangelista. Ahora lo pongo en ti y llévatelo. No funcionan así estas cosas. Si usted no lo hace, nadie lo hará por usted. Hable lo que Dios dice que tiene que hablar.

Dios le dijo a Ezequiel: Dile a estos huesos: así ha dicho Jehová, habla en mi nombre. Diles que yo digo lo que digo. Si no les hablas lo que yo digo, nada sucederá. Y él comenzó a hablar; así ha dicho Jehová: ¡Huesos! ¡Ustedes vivirán! ¡Ahora sube sobre ustedes piel, tendones y carne, y Espíritu viene!

Y cuando él empezó a hablar, algo comenzó a temblar. Los huesos comenzaron a unirse. Uno venía de un lado y otro venia de otro lado. Porque si quiere usted unirlos por sus propios medios, nunca lo logrará. Se le romperá el esqueleto cuando usted quiera armarlo. Hay personas que se pasan toda la vida armando esqueletos. Cuando parece que están terminando, se les derrumban los primeros y vuelta a empezar.

Mirando para abajo y acomodando cadáveres, usted jamás va a lograrlo. Párese y escuche a Dios. Porque el único que puede transformar el valle de los huesos secos, es Dios. Párese y escuche a Dios. Dios no lo mandó a usted a unir huesos. Dios no lo mandó a andar llorando por los rincones tratando de pegar pequeños huesillos con pegamento infantil escolar.

Y no es sólo esto. Dios hará un ejército con los huesos secos. No se trata solamente que van a vivir. Él va a hacer un ejército con ellos. Porque Ezequiel pensó que simplemente iban a vivir, pero cuando se pusieron de pie, eran un ejército. Dios lo transformará a usted en un general, porque a partir de hoy comenzará a pelear y a recuperar todo lo que le pertenece. Porque Dios hace las cosas simples. Profetice la palabra y ganará.

Jesús fue al desierto y habló solamente lo que estaba escrito: punto. Porque frente a la verdad, el diablo no puede hacer absolutamente nada. Háblele la realidad y el diablo se la va a discutir a muerte, se la va a torcer tanto como pueda, se la va a dar vuelta y dirá: “en mi campo es que estamos peleando”. Háblele la verdad y el diablo no sabrá qué hacer.

Hable la verdad ante sus puertas cerradas. Hable la verdad frente a su familia inconversa. Hable la verdad ante su desempleo. Hable la verdad frente a su ministerio. “¡Es que Dios no me usa! ¡No se me da! ¿Será que no es para mí?” ¡Basta! ¡¡Hable la verdad!!

¿Qué dijo Dios? ¿Qué usted es un evangelista? ¡Entonces hable como un evangelista! Respalde y sujétese a la palabra. Ese es el principio básico de la sujeción, no las intenciones de ciertos ministros que se arrogan el derecho de decir por usted cuando debe tener intimidad con su esposa y cuando no. ¡Eso es manipulación y abuso espiritual! ¡Es hora que llame las cosas por su nombre!

Jehová es mi pastor y nada me faltará. Esa es mi verdad; nada me faltará. El diablo frente a la verdad, nada puede hacer. No le quedan respuestas, no hay salida para él cuando alguien habla la verdad. Porque la verdad abre un campo; porque cuando usted habla la verdad lo pone a Jesucristo por delante. Porque Él dijo: Yo Soy la Verdad.

Más de una vez habrá escuchado a gente que dice: “Nadie tiene la verdad”, y es como que en lo natural, no dejan de tener razón. Pero el único loco que se plantó delante de un montón de gente y dijo: “Yo Soy la Verdad”, fue Jesús. Y lo dijo más de una vez, lo dijo todas las veces que se le antojó o fueron necesarias. ¿Y sabe usted algo? Nadie se atrevió a decirle nada.

Ahora, como nosotros lo que mayormente proclamamos es la realidad, no podemos salir porque el diablo se lo discute, y se lo vuelve a discutir, y lo vuelve a pelear, y lo vuelve a retorcer, y lo vuelve a deformar y le vuelve a decir un montón de cosas. Eso es la realidad, y en ese terreno, hay paridad. Y en la paridad él lo puede a usted porque es más astuto y más viejo. Pero si usted proclama la verdad, se acabó el tema. Porque lo que usted dice, es lo que está diciendo Dios y ahí es cuando el diablo se guarda y se somete como una señorita bien educada. 

¿Dios ha dicho que esos huesos vivirán? ¡Pues entonces yo digo que esos huesos vivirán! ¿Pero es que estás loco? ¿No ves que están todos secos? No me importa; vivirán. ¡¡Pero si están todos desunidos!! Vivirán. ¡¡Pero es que no tienen un milímetro de piel ni carne, mira!! Vivirán. ¿Estás loco? Dios lo va a hacer vivir. Cómo, no lo sé ni me importa saberlo. Lo que yo sé es que mientras haya uno que proclame la palabra que Él dice, Él va a mover lo que tenga que mover para que esta palabra se cumpla, para que no vuelva vacía, para que rinda fruto al ciento por uno y para que sea factor clave para darle toda la gloria, toda la honra y toda la alabanza.

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