Tiempo de Victoria

Esto, es la Casa de Dios...

Hoy vamos a estudiar una parte de lo que para Dios tiene que ser la dinámica de una iglesia local. Porque nosotros decimos “iglesia”, e inmediatamente pensamos en el lugar que visitamos los domingos, donde recibimos una enseñanza, un mensaje, donde encontramos gente que nos ora, en suma: un lugar en donde Dios nos bendice.

Algunos, quizás, que están un poco más actualizados, dicen: aquí es donde uno sirve a Dios. Entonces se ocupan y preocupan haciendo cosas para Dios. Pero la iglesia es mucho más que eso, porque si la iglesia fuese solamente eso, lo que mucha gente ha sufrido por ella, no hubiera valido la pena.

(Génesis 28: 10)= Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán.

(11) Y llegó a un cierto lugar y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar.

(12) Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra. (Perdón: ¿Adónde dice que estaba apoyada la escalera? En tierra. Tome nota.) Y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. (Fíjese bien: ¿En qué dirección iban? Ascendiendo primero. Partían desde aquí, no desde “allá”)

(13) Y he aquí Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia.

(14) Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente.

(15) He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque note dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.

(16) Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía.

(17) Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.

(18) Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella.

(19) Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-El, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero.

(20) E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.

Note que él ya era creyente, sólo que Dios no era su Dios. Sacándolo del contexto y trayéndolo al día presente, venía de una familia cristiana. Su madre hizo lo que hizo porque entendía la bendición patriarcal. Él venía de un hogar en el que se servía a Dios. Y él era el que estaba en la casa y quiso tener la primogenitura. Cuidado: no lo hizo como mundano, lo hizo siendo creyente. Sin embargo, dice: “Si todo eso acontece ahora, entonces sí, ÉL será mi Dios.” Es posible servir a Dios y no servir a un Dios que has personalizado. “…Yo sé que Dios sana, pero no ESTOY seguro que ME pueda sanar a MI. YO sé que lo hizo con Tal y con Cual, pero…¿Lo hará por MÍ…?

…Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios.

Fíjese que las cosas que él exige para decir que Dios va a ser su Dios, son todas las cosas que el noventa por ciento de la iglesia de hoy, exige: “Dame, dame, dame y dame; y entonces sí serás mi Dios” Si Dios me da, entonces es mi Dios. Si todo me va bien, entonces estoy en la voluntad de Dios.

(22) Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.

Aquí vemos a Jacob, - todo conocemos la historia -; él está corriendo, huyendo de Esaú, su hermano, al cual legalmente le correspondía la primogenitura. Él acababa de quitar, hurtar, usurpar la posición que le correspondía a su hermano. Deja su casa; es la primera vez que está fuera de su casa. Recuerden que Jacob es un niño medio mimado, que en la Escritura llega a preocuparnos un poco, porque cada vez que lo vemos, anda en la cocina, con mamá.

Esaú, en cambio, no. Esaú andaba cazando, tomándose un vinillo a lo mejor por allí. Así llegó un día, medio borracho por el vino, y su hermano lo engañó. Pero de todos modos, el hermano Jacob se pasaba todo el día en la cocina, debajo de las faldas de su mamá. Y esta es la primera vez que está fuera de su casa, solo. Viene huyendo de su hermano, viene saliendo de sus costumbres, saliendo de sus tradiciones y ahora encuentra a Dios por sí mismo, por primera vez.

Está en medio del desierto, rodeado por las bestias. En el desierto, de noche, salen las serpientes, los lobos, miles de animales rarísimos que uno no conoce, a menos que haya atravesado antes el desierto. Estos animales representan la situación de que está usted metido en medio de principados y potestades. Las palabras BESTIAS y ANIMALES, en la Biblia, siempre representan a principados y potestades. Pablo habla de que peleaba con una bestia, en Efeso; no era un animal, era un espíritu que no permitía que entrara en Efeso lo que Pablo traía de parte de Dios.

En una palabra, está en medio de territorio demoníaco. Está en medio de esta situación, tiene un encuentro con Dios, de una escalera puesta en la tierra y que su tope llega hasta algo llamado “cielos”. Ángeles ascendiendo y descendiendo, en ese orden, y Dios en el tope de la escalera, que mantiene un diálogo, por un lapso, y el verso 17 nos expresa la condición en que él se encuentra.

Mantenga en mente que cuando nosotros predicamos la Palabra, utilizamos la letra como un trozo de tecnología. Dios, - a través de la escalera de Jacob -, usa ejemplos físicos que tendrán que ser asimilados con valores espirituales. Eso es lo que desarrolla a una iglesia.

Es mucha la gente que lee la Biblia, pero es mucha, también, la que leyéndola, jamás llega a tocar la Palabra de Dios. Queremos entrar por la zona geográfica llamada “La Escalera de Jacob”. Y abrir esa ventana, y extraer de esa experiencia en el desierto los principios que nos ayudan a desarrollar una iglesia local.

Queremos tocar a Dios. Recuerde que palabras, es vocabulario, y que vocabulario es lenguaje, y que el lenguaje existe para expresar imágenes que poseemos. Y la imagen es transmitida mejor, cuando nuestra articulación es mejor. Mientras más vocablos tengamos, mientras más palabras conozcamos, mientras más verbos podamos utilizar, mejor expresaremos o diseñaremos la imagen que queremos transmitir. “-¡Pero hermano! ¡Si se tiene unción, todo lo demás importa poco!-“Es verdad. Cuando se predica la palabra con unción y poder de Dios, importa poco lo que sepa o no sepa hablar el predicador. Dios lo usa igual y se glorifica igual en él. Pero atención: una cosa es cuando se tiene unción y otra cuando, sin unción, se ocupa igual el sitio de predicador. Una cosa es cuando Dios usa a alguien, (De hecho, puede usar hasta los incrédulos, llegado el caso), y otra muy diferente es cuando Dios levanta a alguien para algo específico. Dios no viene a levantar a profesores de oratoria, es cierto. Pero tan cierto como que Dios capacita con oratoria divina a los que va a levantar.

Uno de los problemas que tenemos en la iglesia es que la predicción es pobre en vocabulario. Entonces la gente entiende cosas que nunca se quisieron decir y no entiende otras que son más que obvias. Entienda: la imagen es clara; lo que no es tan clara, es la forma de expresarla.

Por eso queremos ver esta cosa llamada “La Escalera de Jacob”. Y no queremos ser místicos más allá de lo que naturalmente somos y tenemos que ser (Si creemos en el mundo invisible del Espíritu, somos místicos) Sabemos que esto de la escalera fue una experiencia literal, pero: ¿Qué habrá para nosotros en esa experiencia?

Cuando Jacob se despierta de toda esta – precisamente -, experiencia, él llega a una conclusión: dice: Esto, es la casa de Dios. Quiero aclararle, para que no se confunda, que allí no había templo, ni había congregación. Pero él dijo: Esto, es la casa de Dios. No era un culto dominguero, no había avivamiento, no había ministración. El dijo: Esto, es la casa de Dios, porque esto es lo que yo quiero construir.

No hay templo, no hay gente congregada, él está solo, en medio de una experiencia en el medio del desierto. Y despierta y dice: Esto no es otra cosa que la casa de Dios. Está escrito, Dios lo respaldó. DEBE ser la casa de Dios. Lo que yo quiero saber, entonces, es qué principios determinan o identifican la casa de Dios. Debemos construir eso que Dios llama La casa de Dios. Y es posible que sea un poco diferente a lo que estamos acostumbrados.

No hay templo, no hay gente, no hay número. Hay mucha gente que cree que si no hay número, no hay iglesia. La iglesia no tiene nada que ver con número, ese es el mensaje más importante que va usted a escuchar. No estamos hablando de construir templos. No estamos hablando de congregación. Quiero referirme a la iglesia, por eso, como una comunidad o como una tribu.

Esta es una tribu; Israel tiene muchas tribus. La gente quiere unidad y quiere que todo el mundo sea igual. Israel es uno, pero cada tribu era diferente. Cada tribu tiene su bandera, cada tribu tiene su función.

Estamos construyendo una nación, una tribu que está forjada o labrada por medio de cierta mentalidad universal o cultural de aquellos que la diseñan.

El producto de la iglesia, es gente. Cuando la palabra dice que produce mucho fruto, no significa cantidad de gente, sino calidad de gente. El producto de una iglesia, es una calidad de existencia. La iglesia no es aquello que se congrega, sino la interacción (Es decir: una acción dentro de) en la sociedad del que se congrega. Iglesia es todo lo que usted es. Tenemos que entender que la calidad de la existencia, es más importante que lo que esa existencia pueda hacer. Y eso es lo que la iglesia produce: seres humanos. Desde el mundo entra gente. Nuestra responsabilidad es convertirlos en seres humanos. Alguien que funcione de acuerdo con el orden divino de creación y no alguien indoctrinado a un cierto patrón pensante de una iglesia, obediente, sumiso y sin libre albedrío a ciertos ritos, reglas, disposiciones y reglamentos internos, la mayoría de las veces, no muy ajustados a los patrones bíblicos.

NUMERO UNO: La Iglesia debe ser una conexión natural al cielo. Él dice: Esto, es la casa de Dios. El vio una escalera, en el verso 12; la escalera estaba puesta en la tierra. Eso es importante. El origen de la escalera es terrenal, no místico o espiritual. Hay un diálogo constante: ángeles ascendiendo. La escalera no cuelga del cielo, sino que está en la tierra y alcanza el cielo. No es algo que Dios hace por el hombre. La escalera es algo que el hombre hace y que alcanza a Dios. Cuidado: entienda bien; no como a usted se le ocurre, cuando se le ocurre y si se le ocurre, eso es Nueva Era, donde todo es Dios y usted también es Dios. Usted hace esa escalera cuando Dios dice, como Dios dice, y porque Dios lo dice; de lo contrario, por favor, ni se meta.

Esto es la iglesia. Esto es la casa de Dios. Es algo que comienza en lo natural y termina en lo divino. No es algo espiritual donde la gente se pasa todo el tiempo buscando lo místico, sino que es algo práctico, que funciona hasta con lógica, pero que tiene origen totalmente divino. Un lugar donde no hay que decir Así dice Jehová para saber que Dios habló. Donde a uno no le cambia la voz en el púlpito, porque un púlpito no es el lugar de exhibición vocal, sino lugar y tiempo para hablar la palabra de Dios. Un lugar donde la gente no deja de ser práctica en la tierra porque ahora son creyentes. No es un lugar donde la gente cambia lo que es inteligencia por algo que ellos llaman sabiduría. No. Es inteligencia que busca sabiduría. Porque comienza en la tierra. La escalera está fija en la tierra. Y está tan fija que alcanza lo divino.

Esto habla de tres cosas: A) La iniciativa comienza abajo. Todo lo que Dios hace, lo hace porque alguien, abajo, lo detona. Él es sobrenatural y escogió, en su soberanía, hacerlo de esa manera. Yo no lo inventé. Yo sólo lo estoy descubriendo. Todo lo que Dios hace, lo comienza en la tierra; alguien lo detona. Lo que usted hace, Él lo respalda.

B) Esto habla de sociedad con Dios. En la verdadera iglesia, la gente no trabaja PARA Dios, sino que trabaja CON Dios. Es otra dimensión de liderazgo. Donde la gente sabe que si Dios va a hacer algo, ellos tendrán que estar involucrados en la decisión. Tenemos que llegar a esa posición para llamarnos “iglesia de Dios”. Usted va a un trabajo secular y, cuando se encuentra con su jefe o su patrón, lo primero que quiere saber es qué le corresponde hacer y qué parte tiene usted en lo que se haga. Si no, no puede usted trabajar con él allí. En una sociedad, una parte no puede tomar una decisión si la otra no está enterada. Somos co-partícipes, co-herederos. Eso significa que Cristo tiene la misma parte que yo, no una mejor. En todo caso algo más porque es Primogénito, pero no distinta. Co-herederos.

C) Habla de responsabilidad. Si Dios va a hacer algo en la tierra, es responsable por ello el lugar donde empieza la escalera: la tierra. Así que Dios está esperando por alguien para hacer eso que todo el mundo está orando para que Él haga. La escalera está en la tierra.

Una de las cosas que tiene que hacer en esta conexión, es un diálogo activo. Tiene que haber una comunicación constante entre lo divino y lo natural; ángeles ascendiendo y descendiendo. No solamente en domingo. Estamos hablando de construir iglesias; la iglesia es usted, no el templo. Tiene que haber una conciencia de Dios las veinticuatro horas del día. Un diálogo constante donde no hace falta un ayuno de cuarenta días para oír de Dios. Esto no es otra cosa que la casa de Dios.

Debe ser normal hablar con Dios, no un asunto religioso. Él es una persona, no una cosa, una presencia etérea que encontramos los domingos en un lugar específico. Este es el epicentro de la construcción de una iglesia. Tiene que haber un contacto con Dios. Lo que se dice tiene que tener la suficiente sustancia como para que el que está oyendo, sepa que es Dios el que habla.

¿Dónde? En su trabajo, porque es en la tierra. ¿Dónde? En la escuela, porque la escalera está puesta en la tierra. La tierra representa su vida cotidiana. La tierra representa la dirección que usted tiene, donde vive. La tierra representa el ámbito de su influencia. Es ahí donde debe estar la escalera; con el diálogo. Debe estar consciente de Dios. No un domingo de reunión donde se imponen las manos y la gente se goza por la impartición de alguna bendición.

Tiene que haber alguna conexión continua entre el cielo y la tribu. Una conexión continúa a una dimensión superior a la terrenal. Tiene que ser normal que ante un hecho fatal Dios nos salve. ¡Tiene que ser normal! Porque la tierra es fatal. No puede haber dudas. Tiene que haber una evidencia de que Dios está dialogando. La escalera tiene que estar en la tierra.

Tenemos que dejar de construir iglesias por medio de la imposición de manos en un lugar llamado altar que no existe en el Nuevo Testamento. No hay ninguna localidad física, en la iglesia, hoy, que se llame altar, como no sea su corazón. Altar significa “Lugar del sacrificio” y, que sepamos, hoy ya nadie tiene que sacrificar nada. La iglesia no se edifica por imposición de manos y dones; tiene que haber un diálogo, tiene que saber oír hablar de Dios, tiene que hablar con Dios, tiene que entender cómo Dios se comunica con usted. Y para eso tiene que estar callado en oración, no hablando. Dios es presencia cuando lo que usted habla imparte seguridad y convicción, no información. Esto no es otra cosa que la casa de Dios.

Tiene que haber algo de Dios en su vida cotidiana. Totalmente hombre, pero totalmente divino. Espiritual, pero práctico. Excelente en la tierra, pero todo santo. Santo, pero al mismo tiempo efectivo en la tierra. No aquello que ocurría antes y en tantos lugares, que éramos tan santos, tan consagrados, tan apartados que en la tierra, no servíamos para nada. Esto no es otra cosa que la casa de Dios. La escalera debe estar en la tierra.

Tenemos que conducir a nuestra gente a entender que la iglesia de Dios no tiene nada que ver con el servicio, el culto o la reunión del domingo a la mañana. Quiero que vaya creciendo en su mente la idea de que lo que Dios hace en la tierra, lo hace más allá de la reunión del domingo. Hay que borrar de su mente la idea de que su meta es la calidad de la reunión del domingo. Si Dios, para nosotros, es la gloria que se manifiesta en un templo, lo hemos reducido a una experiencia matutina. Todo lo que Dios hace, lo hace fuera del templo. El templo es la escuela que lo prepara a usted para todo lo que tiene que hacer…afuera de la escuela.

Jacob encontró a Bet-El. Bet-El significa La Casa de Dios. Luego salió de Bet-El a buscar el Dios de la casa. Con eso le digo todo…

La congregación, lo que llamamos iglesia, es un centro de recursos, una fábrica de restauración de gente, un centro de distribución para el reino. LA iglesia no es lo que Dios quiere hacer, es el medio a través del cual Dios lo quiere hacer. La gente es la que ha fabricado de un templo, la meta. Entonces se pasa toda su vida construyendo templos y no hace nada a través de ellos, salvo no mojarse cuando llueve ni tener conflictos con los vecinos por ruidos molestos si se reúne al aire libre. La iglesia del templo sólo es la vía por la cual el proceso se establece.

NÚMERO DOS: Tiene que haber conciencia de destino profético. Recuerde que Dios está hablando en los versos 13 y 14 y dice: Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac; y comienza a dar una bendición patriarcal que la última vez que fue decretada, fue sobre la vida de Abraham.

Quiero que entiendan la posición de Jacob. El hombre acaba de usurpar lo que no le corresponde. Viene huyendo en el desierto. Acaba de hacer cosas malas. Lo último que él espera de Dios, en ese momento, es una bendición. Él, más bien, supone que Dios saldrá y le tirará con bombas, serpientes, rayos y culebras por lo que ha hecho al quedarse con lo que le pertenecía a su hermano.

Dios comienza a re-identificar quien es Jacob. Y como conclusión colectiva de esta experiencia, es que Jacob dice: Esto es la casa de Dios.

La casa de Dios, entonces, es un lugar donde se reafirman los decretos de pacto de parte de Dios. Es el lugar donde la gente encuentra una clara percepción de su destino profético. La casa de Dios es un lugar en el cual, cuando la gente entra con un archivo de malas experiencias en su vida, redefine su identidad profética.

Es imposible, si es casa de Dios, que la gente entre por una puerta y salga, diez años después, con la misma madurez. La casa de Dios es donde la gente llega con un pasado que no vale la pena y encuentra que todo el tiempo ellos eran todo lo que Dios necesitaba para cambiar toda la situación. Donde la gente encuentra que son importantes si es que redefinen su identidad con Dios.

Tiene que haber ese sentir de convicción. Es imposible que alguien entre por esa puerta con un espíritu de frivolidad y se siente al lado nuestro, y compartamos dos horas en un culto, en una reunión, y salga con el mismo espíritu de frivolidad, sin una convicción de que ha entrado en un lugar que demanda cambio. La iglesia, en su modernismo, a veces ha perdido esa sal que transforma a la gente en la entrada misma.

Tiene que haber algo establecido, que se llama cultura, que cuando la gente entra, diga: ¡Mire! ¡Dios me necesita! Donde la gente se dé de cara con el propósito de su existencia. No donde la gente viene a que Dios le dé palmadas en la espalda porque ellos se sienten más, y así permanecen ocho, diez, quince años; de oración en oración, cosa que no es mala ni mucho menos, pero orando por el mismo problema que tenían cuando llegaron, cosa que es muy pero muy diferente.

Es el mismo lugar donde mucha gente llega con profundas heridas y redefine quienes son en Cristo. Es donde la resaca, la miseria moral y social llamadas: drogadictos, alcohólicos, prostitutas, homosexuales, descubren, un día, que en verdad eran apóstoles internacionales. Porque lo vil y lo necio…

NÚMERO TRES:Es un centro de propósitos del reino. Recuerde que estamos hablando de su comunidad, de su tribu. Estamos hablando de lo que acontece en la tecnología del espíritu de su comunidad. Como ministro o conductor de cualquier departamento, de cualquier sector de una congregación, si no entiende esa visión, ese trabajo, mucho me temo que ese liderazgo no le está quedando del todo cómodo en el mundo espiritual. Ahora si lo tiene porque necesita tener dominio o control de algo o de alguien, eso ya es diferente. El que sí entiende la visión, presenta cierta calidad de producto en todo lo que hace.

Tenemos que vivir la transición de ser cuidadores de niños, o pastores de mantenimiento, o ministros de Hollywood, o actores populares, a líderes de gente que producen una jornada importante, que maximizan su vida y que terminan con una pre-determinada madurez llamada “El varón perfecto”.

No necesitamos actores de Hollywood en los púlpitos, ni shows, ni espectáculos multicolores para atraer gente, en esto creo que todos estamos de acuerdo. Pero mucho menos necesitamos a gente que mantiene gente en el mismo nivel que llegaron por años y años, convenciéndolos de que esa es su cruz, que tiene que tomarla y seguir como quiera que sea. ¿Eso es una iglesia victoriosa? Necesitamos ministros que produzcan, por unción, una migración constante y permanente hacia nuevos niveles de vida y de acercamiento a Dios. Esto, no es otra cosa que la casa de Dios. Este punto tercero y último de este estudio, está basado en lo que leemos en Génesis 28:15, donde dice: No te dejaré hasta que hayas cumplido con lo que has dicho. Queremos ese decreto en la casa. Que Dios no nos va a dejar hasta que cumpla todo lo que Él ha dicho de nosotros.

Que cada niño, que cada joven, que cada anciano, que cada persona, que cada miembro participante d esta tribu, entienda que Dios no lo va a soltar a usted hasta que haga con usted lo que Él dijo que iba a hacer. Esa es una constante, en la cual no todos creen, y así les va después, cuando intentan vivir un poquito aquí y otro poquito allá, hasta que un día tienen que levantar un clamor desesperado para que Dios los socorra. Es una regla no escrita sino en la mente y el corazón del pueblo que conforma, en el Espíritu, la auténtica casa de Dios, fundamentalmente, cuando está en medio de la tribulación.

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