Tiempo de Victoria

Principios Apostólicos

Contundente: los ministerios fueron dados por Dios para madurar gente. Todos tenemos una medida de gracia conforme a la gracia que tenemos al frente. De manera que la gracia que tiene el apóstol, el profeta, el pastor, el evangelista y el maestro, no es para ellos, ¡Es para el pueblo! Porque el énfasis de Dios es levantar hombres que tengan la gracia para transferir el don de Cristo al cuerpo.

El problema que Cristo tenía, era que tenía la unción sobre un cuerpo singular. Pero al irse a la diestra del Padre, tenía que trasladar esa unción al cuerpo plural. Pero como ningún hombre podía sostener esa dimensión entera, él la dividió en cinco componentes o cinco corazones: corazón apostólico, corazón profético, corazón pastoral, etc.

La persona que es apóstol o profeta, no recibe el llamado por promoción. Los llamados de Dios son desde antes de la fundación del mundo; antes de Génesis 1. Dios no es impulsivo. Él no elige a alguien cuando tiene un problema. Ese alguien indicado nace en el tiempo indicado en que el problema existe. Lo único que le queda a esa persona es descubrir para qué nació y así poder resolver el problema.

Usted puede haber nacido para ser algo y jamás llegar a descubrirlo. O puede pervertir el don por falta de enseñanza o entrenamiento. Usted no puede desarrollar lo que no entiende. Porque los dones se desarrollan; eso lleva a la madurez. Hay profetas maduros y profetas inmaduros. Hay profetas que no saben qué hacer con lo que reciben. Están en desarrollo. El problema es si ellos no lo entienden y creen que ya están y ya son.

Hay quien recibe una palabra y cree que va a estallar si no la da. Ese es un profeta inmaduro. Al principio Dios nos ministra así para que usted sepa que es Dios, para que usted crezca. Una vez que usted tiene claro que ese es Dios, ya no estalla; venga la palabra que venga.

Hay gente que dice la palabra en un momento en que no debe, o que profetiza fuera de orden. O trae corrección cuando no debe. A veces, esa palabra, es sólo para interceder, no para darla. Todo esto se aprende. Claro, necesitamos una iglesia diestra en esas cinco gracias para poder desarrollar todo lo que Dios envía. El problema es que como no tenemos muchas así, hay gente que anda saltando de una a otra buscando donde desarrollarse. Y no son necesariamente rebeldes.

Si usted mete un águila en un gallinero, aunque tenga el mismo tamaño que las gallinas, el águila siempre ve más; porque no es gallina, es águila. Aunque todavía no sepa volar, ya tiene visión.

Estos dones de Efesios 4, llevan la gracia que es para madurar la gente. Lo que madura la gente es la transferencia de la gracia del don, no las palabras. La información no lo madura a usted; si fuera así, el humanismo ya habría hecho la obra de Dios.

Tenemos títulos por promociones también. Gente que comienza una clase bíblica le va muy bien. Se forma en una iglesia, la iglesia tiene éxito, el hombre tiene carisma, la iglesia le crece; se subdivide, forma células. Cuando se quiere acordar, tiene veinticinco iglesias. Entonces recibe el título de apóstol porque tiene veinticinco iglesias. Lo es, pero por promoción y posición, no por gracia.

Porque los apóstoles de Efesios 4 nacen apóstoles, no surgen por promoción. Tienen un mensaje apostólico, no una unción de administración gerencial. Si usted es un buen gerente, puede tener una iglesia muy grande. No necesita saber predicar, le alcanza con ser un buen gerente. Al cabo predicar, desde el ángulo humano, puede predicar cualquiera. El pastor no está llamado necesariamente a predicar; está llamado a pastorear. Y él, lo que sí tiene que hacer, es elegir qué se le da o qué no se le da a la iglesia.

La cabeza, es la cabeza administrativa. El púlpito es la cocina desde donde se nutre la iglesia. Lo que va al púlpito depende de la condición del cuerpo. Si necesita vegetales, se le da vegetales; si necesita frituras, se le da frituras.

Hay maestros, pastores y profetas que profetizan en una iglesia local. Erróneamente los confundimos con los maestros, pastores y profetas de Efesios 4. El pastor de Efesios 4 viaja con un corazón pastoral que transmite ese corazón a pastores de todo el mundo. Porque han sido dados al mundo completo, a la iglesia corporal, no a la local. Vienen de la iglesia local, pero su palabra es para el cuerpo de Cristo. Y hay muchos que son de gran éxito en la iglesia local, pero no son de Efesio 4; hay que entender definitivamente esto.

Lo que ocurre es que cuando Dios restaura un ministerio, se hacen famosos los títulos. Muchos, que eran pastores, cuando comenzó el tiempo profético, se convirtieron en profetas. Digo: ahora que estamos en un tiempo apostólico, ¿También se convertirán en apóstoles? Sí. ¿¿Qué?? Digo que sí, que ya lo estamos viendo. Hay algo que debe decirse: nadie está habilitado para decir que a partir de tal día, al Señor Fulano hay que llamarlo Apóstol. Si el pueblo, por discernimiento, reconoce su voz, lo va a rotular así; haya acuerdo de hombres y nombres o no.

Hay una realidad insoslayable en el ministerio profético: Mucha es la gente que hoy profetiza en las iglesias, pero muy pocos son de Efesios 4. Y apóstoles menos todavía. Nominales, posicionales, promocionados por organizaciones, (Que se necesitan, hay que decirlo), hay muchísimos, pero conforme al don de Cristo, no tanto.

Cuando un pastor de Efesios 4 ha ministrado en la iglesia, la gente se pastorea a sí misma, porque su gracia ha sido trasladada. Cuando un verdadero profeta ministra en una iglesia, la iglesia se convierte en militante, se acaba la consejería. Cuando el que ministra es un verdadero apóstol, la iglesia adquiere sabiduría para edificar y pasa a tener un espíritu pionero.

Cuando un verdadero evangelista de Efesios 4 ministra, no viene a predicar la cruz. Porque el verdadero evangelista es dado a los santos, no al mundo. Causa tanta convicción en el pueblo que toda la iglesia se convierte en evangelística y no se necesitan carpas, campañas, trataditos, luces de colores ni ruido. Porque la idea de los ministerios es capacitar gente para que la gente haga, no tener que hacer cosas para la gente o en lugar de la gente.

Es simple: yo le puedo trasladar a usted la gracia que a mí me ha sido dada cuando compartimos una misma mentalidad, cuando a usted le duele lo que a mí me duele. Cuando le apasiona lo que a mí me apasiona.

Ahora; cuando a usted le causa risa lo que a mí me causa dolor, o cuando a usted lo deja indiferente lo que a mí me pone loco, no estamos compartiendo la misma gracia. Somos salvos, bendecidos y hasta aprobados como hijos de Dios, eso no está en discusión, pero no tenemos la misma gracia, la misma unción. Somos dos corazones que palpitan en diferente ritmo.

No entendemos lo que es unidad. Creemos que unidad es amistad. Dios no edifica su reino por amistades. Vamos por partes: si su corazón palpita por lo mismo que palpita el mío, lo busco y nos vemos. Pero si eso no se da, lo bendigo, oro por usted a distancia y lo re-que-te-amo en Cristo, pero ni le busco ni le veo porque no tengo tiempo para hacer relaciones sociales disfrazadas de “trabajo para el Señor”.

Eso era, exactamente, lo que le ocurría a Pablo en el momento de escribir la segunda carta a los Corintios. Él veía que había falsos apóstoles que intentaban ganar espacios de poder siendo blandos, permisivos. Pablo, en cambio, era un duro. Pero era duro porque era padre. Un padre no vacila en ser duro si con eso corrige al hijo.

(2 Corintios 12: 12 )= Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros.

La palabra MILAGROS que se usa aquí, es la palabra DUNAMIS. Es exposición de poder divino. Es la misma palabra usada en Hechos 1:8 donde dice Me seréis testigos. Allí la palabra es MARTUS. La palabra MILAGRO, entonces, aquí, es: tener poder divino para ser mártir. Ahí es donde se empiezan a bajar algunas de las manos que suelen levantarse cuando usted pregunta quien siente ser apóstol.

Es la habilidad de caminar por un mundo de muerte y salir vivos. Introducirse en un mundo amenazante y desconocido y salir victoriosos. Este mensaje es el que se tiene que estar predicando hoy en nuestras iglesias. Si se mete un falso apóstol en la iglesia y predica otra cosa, puede producir verdaderos estragos espirituales.

(Hechos 20: 22 )= Ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me habrá de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones.

Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

Pablo dice que va ligado en el espíritu. La palabra LIGADO es la palabra DIO, “Que viene bajo el peso de su propia decisión” Y que va tan resuelto a terminar la voluntad de Dios, ¡que ni de Dios mismo hace caso!

Y cuando Dios le dice: (Porque el Espíritu Santo con mayúsculas, es Dios) “Pablo, no vayas”, y Pablo con tremenda madurez le contesta: “Yo sé, Dios mío, que estás tratando de protegerme; yo te entiendo. Pero alguien tiene que hacerlo. Si no lo hago yo, lo va a tener que hacer algún otro. Así que no me digas nada, y déjame ir”.

Ese es Pablo. Se da el flujo de dirimir cosas importantes con Dios. Cosas que no tienen nada que ver con él, sino con el propósito de Dios. Esto, fíjese, nos deja cinco puntos que, para ser honestos con el título de este estudio, podemos llamar Principios para el Apostolado de Efesios 4.

PRIMERO

Un apóstol es alguien que está atado a terminar la voluntad de Dios. No piensa en otra cosa, no lee otro material, no canta ninguna canción que no tenga que ver con esto. Camina para edificar una mentalidad que sea adecuada para terminar la obra de Dios. Viene para madurar gente y preparar un ambiente adecuado para terminar la carrera.

SEGUNDO

Un apóstol tiene un sistema o tabla de valores diferentes a lo que cualquiera creyente normal tendría. Todo creyente estima su vida como lo más valioso. El apóstol no estima su vida; no le interesa su reputación ni “el qué dirán” de la gente. No cambia su mensaje de acuerdo con su audiencia. Le dice ¡Arrepiéntete! A los publicanos y se mete en la cámara del rey y el mensaje es el mismo. El verdadero apóstol no le teme a la gente, sólo a Dios. Esa es la mentalidad que tiene que tener la iglesia. Si su mensaje tiene un punto de compra, su mensaje va a ser comprado.

TERCERO

Un apóstol es un hombre que tiene una relación diferente con Dios. Mire Pablo: “Sí Señor, ya te escuché que me quieres cuidar y me anticipas lo que me va a ocurrir; pero ahora perdóname, estoy muy ocupado”… “¡Padre…! ¡Si es tu voluntad!” – Está bien, muy humilde de su parte, pero eso no es un apóstol. Pablo discutió en forma adulta con Dios; Abraham hizo lo mismo. Moisés hizo lo mismo. Somos cooperadores de Dios; somos co-herederos, no somos siervos. Los siervos no heredan, los hijos son los que heredan. Hay hombres que se comunican con Dios durante las veinticuatro horas del día; otros, durante los quince o veinte minutos de devocional diario. Esa es la diferencia.

CUARTO

Un apóstol está comprometido o preocupado sólo con la finalización de la misión. No se distrae con política ni programas religiosos. A la hora del mensaje, no tiene amistades que lo influyan. En Apocalipsis 1, Cristo dice que el candelero es la iglesia. Estudiando el candelero, en Éxodo 25, vemos que el candelero tiene que ser de un solo pedazo, sólido. Las unidades del cuerpo de Cristo no pueden tener remaches; no pueden ser aleaciones distintas. La luz de su iglesia depende de la gente a la que usted se une. No todos entienden esto, incluido el liderazgo. Puede unirse, pero si no hay un propósito común, esa unidad no sirve.

QUINTO

Un apóstol es dueño de una mentalidad fuerte, que considera al peligro como gozo. No le teme a la persecución porque la persecución purifica a la iglesia; y la oposición la madura. Es la iglesia que Cristo deberá encontrar cuando llegue. Por eso Él pregunta si encontrará fe en la tierra cuando vuelva. Él sabe que todo el mundo tiene su fe depositada en el cielo, no en la tierra. Son las mismas palabras que hemos leído siempre, pero hoy vemos desde una mentalidad apostólica.

Sin embargo lo que toca el corazón del apóstol, son los milagros. Cuando leemos los Hechos o los evangelios, siempre vemos que los milagros están en el contexto de un envío. Ser apostólico, es ser enviado, ser pionero. El hecho de hacer un milagro es un arma que se le da a la gente que siempre está mirando a nuevas zonas geográficas espirituales. Cuando es necesario sacar un milagro para penetrar, entonces ahí se obra el milagro.

Es por eso que hay mucha gente que viaja a visitar naciones, pero jamás las penetra. Hay una mentalidad misionera donde viajábamos para sembrar porotos con los lugareños. Usted puede pasarse toda su vida así. Va a ser socio honorario de las máximas industrias del poroto, pero nunca va a penetrar esa nación. Penetrar una nación, es cambiarle su cultura. Y para eso se necesita algo más que sembrar porotos. Dios bendiga a los misioneros, pero no es eso lo que estamos mayoritariamente haciendo. Fíjese el verdadero manual apostólico que se inserta en todo el capítulo de Mateo 10, en Mateo 4:23, Marcos 9:6 y Hechos 13:1.

Dios llama a los discípulos y, cuando los envía y les cambia la jerarquía, ya no son discípulos, son apóstoles. Les dice que no pasen por Samaria, que entren en Jerusalén y que busquen la casa. La casa, allí, son las iglesias. Buscad la casa que es digna; y si la hallas digna, deja que entre la gracia. Si no la hallas digna, recoge tu gracia y vete.

Más principios desde otro plano.

PRIMERO

Un apóstol no ministra en cualquier iglesia. Estamos llegando a un tiempo donde la iglesia se va a tener que reunir en un solo cuerpo a nivel de ciudad para recibir impartición apostólica. Eso de estar visitando casas y casas, ya no va más. No hay tiempo para que alguien vaya a una nación y esté dos meses para visitar veinte o treinta iglesias como se hacía antes.

Tenemos que humillarnos, reunirnos y, en tres días, recibir por la palabra el cambio de mentalidad que usted luego va a distribuir de acuerdo con su redil para que la enseñanza se extienda, cumpla con su cometido y esa palabra no vuelva vacía. De lo contrario el vino se pierde porque no hay un odre donde echarlo. Mientras hay casas dignas donde echar el vino, hay otras donde todavía están peleándose porque el mensaje es muy profundo.

SEGUNDO

El apóstol siempre vive en zonas peligrosas. Angustia espiritual, oposición frecuente y dureza física.

(1 Corintios 4: 9-15 )= Porque según pienso, Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros, como a sentenciados a muerte; pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.

Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, más vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, más vosotros fuertes; vosotros honorables, más nosotros despreciados.

Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados y no tenemos morada fija.

Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.

Nos difaman, y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el desecho de todos.

No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.

Porque aunque tengáis diez mil ayos en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.

TERCERO

El apóstol, es evidente, tiene un espíritu paterno. Un espíritu paterno es aquel que desea que el hijo sea mayor que él. Acá se elimina la otra mitad de apóstoles contemporáneos que habían levantado sus manos.

Le da todo lo que él tiene, y todo lo que él tiene es para dárselo, porque su verdadero deseo es que él mengüe y usted sea el producto. Aquí vemos que mientras él es abofeteado, la iglesia crece; mientras él es despreciado, la iglesia madura; mientras él parece insensato, la iglesia es prudente. Y es como que con cada garrotazo que recibe, transfiere la gracia. Porque a eso vinieron los ministerios: a transferir la gracia, no a quedársela para lucimiento personal.

Aquí dice que somos extraídos últimos o postreros. Para poder entender esto, tengo que explicarle que en aquel tiempo, el deporte más popular era el de los gladiadores. Era una especie de estadio cuyas tribunas se llenaban de políticos, nobles y plebeyos. Todos gritando como locos mientras en la cancha, los gladiadores luchaban contra los animales. Pero en el final de la jornada, como plato fuerte, sacaban a un preso, - Generalmente un cristiano, apóstol -, y lo arrojaban a la arena, sin armas y frente a feroces animales hambrientos. Ese era el espectáculo del día: ver como los animales, en un santiamén, destrozaban a ese pobre hombre indefenso.

Pablo dice: Hemos sido como aquellos que fueron extraídos últimos y todo el mundo entendía de qué hablaba Pablo, porque el deporte era muy famoso y tremendamente popular. Es como si hoy tomáramos ejemplos del fútbol, del básquet o del béisbol.

También cuando lo trasladamos a la terminología de hoy, que vemos que todo lo que Dios ha hecho en la iglesia: prosperidad, fe, santidad, integridad; todos los moveres, toda unción, gracia, gozo, todo ha sido preparatorio para traer lo último: los apóstoles.

Los apóstoles, ahora, con todas las herramientas que se ha restaurado, van a comenzar a edificar la casa de Dios. Con la integridad, con la prosperidad, con la fe, con la santidad, con el poder del Espíritu, con el gozo y con el balance de u fundamento apostólico, poner cada pieza en orden. Y construir la casa de Dios. Son los peritos arquitectos, eso era lo que decía Pablo.

Lo que es importante que usted vea, sin embargo, es lo que dice en el verso 9. Dios nos ha exhibido. Eso significa: Dios hace esto. Note que aquí los milagros de Pablo al salir con vida de este tipo de escenario, no son para entretenimiento. El Espíritu Santo nunca se involucra en entretenimiento.

No me interesa cuan ungida parezca la canción. Hay quien canta hermoso y le eriza los cabellos a todo el mundo cuando canta, pero por favor: jamás confunda eso con la unción. Alguien quiso saber, en una ocasión, qué cosa era la unción. Un hombre de Dios le respondió: ¿Ve usted aquel hermoso pájaro cantando sobre el cable de energía eléctrica? – Sí, lo veo; ¿Eso es la unción? – No. - ¿No? Se quedó confundido. – No. ¿Ve usted aquella hermosa vaca pastando y mugiendo en ese campo verde? - ¡Ah, sí, la veo! ¿Eso es la unción? – No, tampoco. - ¿Tampoco? Se quedó más confundido aún. Dígame, entonces, ¿Qué es la unción? – Mire: si un día llega usted a ver a esa vaca sobre el cable de energía eléctrica trinando maravillosamente como el pájaro, ¡¡¡Eso es la unción!!!

Tenemos gente tan talentosa que nos puede entretener horas con su arte que nos juramos que son ungidos. El Espíritu Santo, en la Biblia, jamás aparece para entretener.

Luego dice, en el verso 10: Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, débiles. La palabra DÉBILES, es la palabra que significa “Totalmente dependientes de otro”. No tiene que ver con debilidad física, sino débiles en el sentido de que el apóstol siempre se mete en circunstancias donde si Dios no lo libera, lo matan. ¿Cuántos quieren ser apóstoles, ahora?

Esta es la mentalidad que tenemos que poseer para que Cristo regrese. Todos, no solamente el líder; la iglesia. Una iglesia apostólica donde lo primero será último y lo último primero. Y cuando digo “iglesia apostólica”, no me refiero, obviamente, a las cientos o miles que han elegido denominarse de esa manera, sino a las auténticas que no abundan, precisamente.

Tenemos valores humanos y seculares para describir las unciones de Dios. Esto, aquí, nos dice que el apóstol es alguien que posicionalmente siempre está colocado en un lugar de dependencia. No de dependencia inmadura ante Dios, sino de dependencia en el sentido de que si Dios no está con él, no sale con vida. Porque cada vez que abre la boca entra en una esfera tan desconocida que saca lo peor de la iglesia.

Aquí está diciendo Dios en el verso 11: son gente con un estilo de vida contrario a los demás. Lo que la gente considera éxito es una estabilidad, con su casita y todo eso. El apóstol le arranca la familia y se va de una nación a otra y empieza allá y a los tres meses está en otro lugar. El que no lo es, no está dispuesto a hacer eso. Es una gracia inerte en la persona. Vive una vida incómoda por lo que tiene que hacer, pero lo considera un gozo.

Lo importante, aquí, es lo que le dice en el verso 16: Por tanto, os ruego que me imitéis. Muchos le hubieran dado gracias a Dios si no hubiera incluido ese verso allí. Pero sí que lo incluyó. Hay que imitarlo.

Él tiene el deseo de que la gente siga el ejemplo. Él tiene el deseo de cambiar los valores de la escala con la cual la iglesia está midiendo el éxito hoy. Estamos midiendo éxito a través de los ojos del mundo. Éxito es madurez, no numerología.

La gente cree que lo más exitoso es el número y los números. Creemos que somos más importantes si producimos hechos comentados: traer predicadores famosos, fabricar grandes congresos, mirar el “dime con quien andas y te diré quien eres”. Gente graduada en mil institutos que hoy no logran entender el propósito de Dios. Gente que pregunta cuanto dinero tiene usted y le dice, entonces y como consecuencia, cuanta fuerza tiene su iglesia. Esa es una escala errónea para medir los verdaderos ministerios de Dios. Porque los verdaderos ministerios de Dios, en la Biblia, nunca fueron famosos. Y Dios es el mismo siempre.

Tenemos que entender lo que Dios nos está diciendo a través de la palabra. El apóstol siempre está dándole la cara a situaciones de muerte. Situaciones de muerte ante el mundo, física, o de relaciones. Al apóstol, aunque no quiera, a cada rato se le muere una relación.

Muere a status social y a beneficios: muere a prosperidad financiera personal: muere a todo tipo de popularidad; muere a su reputación. Si usted tiene una dinámica operativa de apóstol en su vida, diariamente está muriendo a algo. Porque tiene que tener un espíritu de Mártir.

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