Tiempo de Victoria

El Día de Reposo

Un hombre eligió, para pasar sus vacaciones, un desconocido y anónimo lugar. Allí fue con su mujer y su pequeño hijo de cinco años. Un día salieron los tres a hacer una recorrida y, al cabo de un par de horas de caminata, llegaron a un hermoso lugar. Él, entonces, le preguntó al pequeño: ¿Te gusta este sitio? - ¡Sí, me gusta mucho! - ¿Tienes idea de donde estamos? - ¡No, para nada! - ¿Y no tienes miedo de no saber regresar a casa? - ¡No! ¿Por qué voy a tener miedo si tú sabes como tenemos que hacer para regresar?; Me tomaré de tu mano y te seguiré donde vayas…

Dios, una vez hizo con sus hijos lo mismo que este hombre hizo con el suyo. Los llevó a una tierra extraña y desconocida. Ellos no sabían adonde estaban. El desierto les era extraño. Los sonidos les eran nuevos y el escenario desconocido. Pero en algo no se parecían al hijo de ese hombre. Ellos no tenían la misma confianza en su Padre.

“Llévanos de vuelta a Egipto”, le exigieron. Pero Dios quería que sus hijos confiaran en Él; que se tomaran de su mano, que se relajaran y se dejaran llevar. Él los liberó de la esclavitud y les creó un paso a través del mar. Les dio una nube para seguir de día y fuego para seguir de noche. Les dio alimento; suplió sus necesidades básicas, les llenó el estómago.

Por la mañana, el maná; por la tarde, las codornices. A la gente se le decía que tomaran solamente lo necesario para un día. Dios les decía: “Crean en mí, confíen en mí; yo les voy a dar todo lo que necesitan”. Sin embargo, a pesar de la fidelidad de Dios en guardar su promesa, a la gente le costaba mucho trabajo creerle; iba en contra de su lógica ver comida y no almacenarla. “¿Y si mañana se olvida? ¿Y si no retorna?” Entonces guardaron, y se les pudrió. No obedecieron la voz de Dios: “Tomen lo necesario para hoy, dejen que yo me ocupe de mañana”.

El Padre quiso que el pueblo confiara en Él. El viernes se les dijo que recogieran lo suficiente para dos días, porque al día siguiente era sábado, día que Dios había consagrado para que la humanidad se reuniera con su Creador. Pero a la gente le resultaba duro permanecer quieta el sábado. Iba en contra del sentido común hacer una pausa y escuchar cuando podía andar y trabajar. Así que, a pesar de la orden de Dios, salieron a  buscar comida. Es curioso, pero el más cansado es el que más se resiste a descansar.

Mire la sabiduría de Dios. Necesitamos un día en el cual el trabajo se detenga de golpe y totalmente. Necesitamos un período de veinticuatro horas completo en el cual las ruedas paren de girar y los motores dejen de funcionar. Necesitamos detenernos. El sábado, (Como principio espiritual del reposo), es el día en que los hijos de Dios en tierra extranjera aprietan la mano de su Padre y dicen: “No sé donde estoy ni como regresar a casa, pero tú sí y eso me basta”.

¿Qué se quiere decir cuando se habla de que estamos en una tierra extranjera? ¿En qué sentido el día de reposo es un tiempo para orientarnos? ¿En qué tenemos que concentrarnos en el día de reposo?

(Éxodo 20: 8-11)= Acuérdate del día de reposo para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; más el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó.

¿Qué significa guardar el día de reposo como día santo? ¿Acaso usted, guardando en forma muy “sui-generis” un día determinado, lineal y literal? Hermenéuticamente nadie podría discutir tomar, - como de hecho ha ocurrido -, un día determinado, pero hay un problema: si se debe interpretar la Palabra así, qué haremos por ejemplo con la levadura, que por allí es tan buena como para compararla con el Reino de Dios y por allí es tan deficiente como para compararla con el fariseismo? La levadura, literalmente, es neutra; ni mala ni buena. Es, sí, un claro principio espiritual: donde entra, toma todo, leuda todo; vale para el poder del Reino como para la falsedad hipócrita del fariseismo legalista. Ahora va la pregunta: ¿Tiene usted como sabia costumbre, hacer una pausa en su trabajo, secular o eclesiástico, y tomarse veinticuatro horas para su comunión personal? Y no le estoy hablando del sábado ni del domingo, ni de ningún otro día de la semana literal; Le estoy hablando del día de reposo.

Si Jesús encontró tiempo en medio de una agenda tan apretada como tenía, para detener el apuro y sentarse en silencio, ¿No cree usted que nosotros podríamos, o mejor dicho deberíamos hacer lo mismo? Si Él necesitaba hacerlo, ¿Por qué nosotros pensamos que no nos hace falta? ¿Qué pasa cuando dejamos de hacerlo? ¿Qué nos pasa?

Hay otra anécdota del hombre aquel con su pequeño hijo y que tiene que ver con esto. En esta ocasión, dice que los dos fueron a la cima de una pequeña meseta o loma, que al pequeño le parecía el mismísimo Everets, el Aconcagua. Llevaron la bicicleta. ¿Te vas a animar?, le preguntó el padre. - ¡Sí que me animo! Sólo vuélveme a explicar como tengo que hacer para frenar si voy demasiado rápido. – Y allí mismo se largó pendiente abajo. Cuando pasó por el sitio en donde estaba el padre, como una exhalación, los ojos se le desorbitaron de terror. “¡Socorro, papá! ¡No recuerdo como se frena esto!!” Terminó, - obviamente -, de cabeza en una zanja con agua, y solamente por la misericordia de Dios no se quebró un hueso.

Si uno no sabe frenar, detenerse, el resultado puede ser muy peligroso. Incluso hasta doloroso. Como con una bicicleta en una pendiente, así también en la vida. Entonces es buen momento para preguntarle: Usted, ¿Recuerda como se frena? ¿Alguna vez, no se ha sentido como si estuviera bajando de una montaña, en bicicleta, a toda velocidad y sin recordar como se frena?

¿Ha leído en los evangelios, lo que hizo Jesús el último sábado de su vida terrena, es decir, el anterior a su crucifixión? Busque en Mateo. Busque en Marcos. Busque en Lucas. Busque en Juan. Nada. ¿Cómo? Nada. Eso hizo: nada. ¿Esto significa que Jesús, entonces, no habrá hecho en ese día, nada que debiera relatarse en la Biblia? ¿Me está diciendo usted que, aún sabiendo que le quedaba apenas una semana de vida terrenal, Él no dejó de guardar su día de reposo?

(Lucas 4: 16)= Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entro en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

Afloje el paso. Si Dios lo ordenó, es porque usted lo necesita. No porque a Él se le ocurra establecer un ritual más, para llevarnos a una discusión más, a una polémica más, a una doctrina más y, - más que obvio – a una división más. Si Jesús dio el ejemplo, es porque hace falta. Y no le estoy hablando, específicamente y se lo recuerdo, del “sabath” de la vieja ley. Ni siquiera me estoy refiriendo al domingo que nosotros hemos adoptado simbólicamente y mucho menos, - naturalmente –, al sábado sagrado del adventismo. No me refiero AL día de reposo. Me refiero a UN día de reposo; de reposo y comunión. Para realmente dedicarlo al Señor, en alabanza, adoración, oración, reflexión, meditación en su Palabra, comunión con su Presencia, culto a su Deidad; un día de reposo para su carne y de alimento para su espíritu. No para venir al templo por la mañana y luego ir a ver a su equipo de fútbol preferido por la tarde; y luego regresar al templo por la noche, luego de finalizada la película que estaba viendo por televisión. Dios todavía suministra el maná. Confíe en Él. Tómese un día para decirle no al trabajo y sí a la alabanza. Y no estoy hablando solamente de los que hoy por hoy puedan estar calentando bancas, estoy hablando del mismísimo ministerio máximo. ¿O solamente debe alimentarse y comer bien una parte de la iglesia del Señor?

(Lucas 10: 38-42)= Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús, oía su Palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿No te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; Y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada.

Mantenga una clara perspectiva de la cruz en su horizonte y podrá volver a casa. Este es el propósito de su día de descanso; descansa el cuerpo, pero mucho más importante: restaurar su perspectiva. Un día en el cual orientarse para encontrar el camino a casa.

Supongo que puedo estar oyendo su respuesta. “¡Ah, sí! ¡Usted lo dice muy lindo, pero no es fácil!” Y sí; es casi como si la actividad, fuera un signo inequívoco de madurez. Después de todo, ¿No dice una de las bienaventuranzas: “Bienaventurados los ocupados”? No. Ninguna dice eso. Pero sí hay un versículo que describe muchas vidas hoy día: Ciertamente como una sombra es el hombre: ciertamente en vano se afana; amontona riquezas y no sabe quien las recogerá.

¿Se parece a eso su vida? ¿Está tan poco tiempo en un lugar que sus amigos casi le consideran un fantasma? ¿Se mantiene tanto en constante movimiento que su familia ha comenzado a preguntarse si usted realmente existe? ¿Alardea o fanfarronea de su actividad frenética y ultra-dinámica aún a expensas de su fe?

(Hebreos 12: 2-3)= Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

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