
Vamos a ver cómo anda usted de madurez cristiana: ¿Quién será más importante para el reino de Dios, esta persona, quizás desconocida para usted, que lleva una palabra a la tinta y al papel, que entra en la Web y llega a sus manos, o usted que la recibe en silencio? No importa lo que pueda parecer, el reino de Dios tiene sus propios principios. Porque en este estudio vamos a trabajar sobre dos palabras claves que me llegaron a través de dos personas bien diferentes: un hermano que no ostenta grandes títulos ni honores y una hermanita tan “indocumentada” en sus genealogías como este servidor. La primera palabra, ya la he mencionado muchas veces: Volver al Camino Antiguo. La segunda, la vamos a escudriñar hoy, en este día, de este mes, que pertenece a este año, que indudablemente es: El Año de los Atalayas, que es como decir: el año de los guardas, de los centinelas, de los voceros.
(Jeremías 6: 16)= Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cual sea el buen camino y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: no andaremos.
¿Usted sabe que esto es tremendamente actual? ¿Usted sabe que cuando comienza a hablar de reforma, de volver al camino antiguo, la reacción más frecuente es esa? No andaremos. Yo “siento” que no tengo que cambiar nada, que debo quedarme como estoy aunque esté mal. La Biblia nunca habló de “sentir”, apenas habló de obedecer. Bueno; Dios está hablando a través de mucha gente, pero como esa gente no es considerada “importante” en el ambiente evangélico, nadie le hace demasiado caso, aunque se den cuenta que hay verdad y, entonces, es cuando el pueblo dice: No andaremos.
¿Sabe por qué sucede esto? Porque hay falta de fe. Una persona que tiene fe, se apoya en la palabra de Dios y comprende que el Señor es fiel a su palabra. Sabe que Dios honra su palabra por encima de todo y sabe con esa certeza tan particular, que Dios se ha comprometido a cumplirla. Se mantiene confiada en la promesas de Dios y toma en cuenta sus advertencias muy seriamente. Esto es nuevo, nunca se dijo antes: ¿Será de Dios? Mire; si es nuevo y nunca se hizo o se dijo antes, lo más probable es que sea de Dios, ¿Sabe por qué? Porque Satanás es un excelente imitador, un falsificador de las cosas creadas, pero no fue, ni es ni será jamás creador. Él puede imitar bastante bien las cosas de Dios, pero no puede crear algo nuevo. Por eso es importante que valoremos toda nueva enseñanza y nos mantengamos fieles a la Palabra de Dios en toda la sencillez de su mensaje. No se olvide que de ninguna manera y por mejor intencionado que sea, podemos mejorar la Biblia. Pero ellos dicen: No vamos a seguir ese camino, no es eso lo que me enseñó el abuelito que fundó esta iglesia. ¿Qué hará Dios, entonces?
(17) Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos.
Aquí está la otra parte. Coincidente, curiosa y llamativamente coincidente con lo anterior, como si constituyeran una unidad. Hermano, usted sabe que en algunas radios cristianas está sonando una trompeta un poco vieja, fea y algo abollada, pero ni se imagina la maravilla del que la está soplando el sonido que logra. – No, no quiero escuchar a ese tipo de trompetas.- Es que la misma trompeta ahora llega a usted por Internet. - No me interesa el sonido que tenga, a mí me agradan las trompetas brillantes, relucientes, doradas.
¡Iglesia! ¡Vuelve al camino antiguo, deja tus modernismos paganos e idólatras! - ¡No!¡No nos volvemos nada!¡Así estamos bien!¡Mientras no lo diga Fulano de Tal que es un gran siervo de Dios, no lo haremos! ¿Quién eres tú para venir a decir lo contrario?¿Quién te conoce?¿Quién te avala? – Un atalaya que trae una palabra para ti, iglesia, escúchala por favor. - ¡No!¡No escucharemos nada que no venga de los púlpitos de nuestra denominación, de nuestra congregación o de nuestra propia radio! ¿Y qué hará Dios, ahora?
(18) Por tanto, oíd naciones, y entended, oh congregación, lo que sucederá.
(19) Oye tierra: (Oye polvo, Óyeme hombre) He aquí yo traigo mal sobre este pueblo, el fruto de sus pensamientos; porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley.
Y pensar que cuando las cosas andan mal en la iglesia, hacemos jornadas o seminarios de guerra espiritual para batallar contra los demonios que nos están atacando! Pero acá dice que si nos empecinamos, si nos obcecamos en no escuchar, en no obedecer y en rechazar su propósito, Él será, entonces, quien envíe estas cosas. ¿Esto, entonces, querrá decir que un atalaya es sólo un portador del juicio de Dios? Para nada. Un evangelista haciendo su trabajo, también es un atalaya. Mire lo que Dios dice de ellos.
(Isaías 52: 7)= ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sión: ¡Tu Dios reina!
Escuche: Dios derrocará a Babilonia. Darío, el instrumento escogido por el señor, ha establecido su autoridad y decretará la restauración de Sión. Dejen que los atalayas suban a las montañas y proclaman las buenas nuevas. ¡Tu Dios reina!, Dice. Pablo cita este versículo en su carta a los Romanos 10:15, en relación con la predicación del evangelio. ¿Y qué dice luego, el verso 8 del capítulo 52 del libro de Isaías?
(8) ¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo (Quiere decir Con sus propios ojos) verán que Jehová vuelve a traer a Sión.
Todo está muy bien, pero ¿Qué es la voz de un atalaya? ¿Cómo reconocerla? Preste mucha atención: No es una voz que vocifera “¡Aleluya! ¡Gloria a Dios! ¡Está todo bien! ¡Somos vencedores! ¡Dios está muy contento con nosotros! ¡Estamos sin mancha y sin arruga!” – Hermano... Pero eso es bíblico. Claro que es bíblico, pero eso no significa que realmente esté sucediendo ahora. Un atalaya, un guarda, un centinela puesto por el Señor y no por hombres sobre los muros de la Jerusalén celestial que no se calla jamás, grita siempre: ¡¡Oíd!! ¡¡Oíd la voz de Dios!! ¡¡Obedece iglesia!! ¡¡No juegues conmigo!!
Atalaya no es un elegido por consenso dentro de un concilio de una denominación. Atalaya es uno levantado por el Señor, quizás de la más vulgar de las nadas, para que diga lo que Dios quiere que diga, sin interesarle su conveniencia, su reputación eclesiástica y hasta social o su prestigio personal. Mire lo que hace Dios.
(Ezequiel 3: 16)= Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: (17) hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; (Perdón. ¿Le dije lo que era, literalmente, un atalaya? Un centinela, un hombre al cual se lo estacionaba sobre los muros de la ciudad para advertir a la gente del peligro y de mensajeros que se aproximaban. A los profetas, también se les llamaba atalayas. De hecho, el propio Ezequiel lo era y él advirtió claramente que cada persona es responsable de su propia conducta) Oirás, pues, tú la palabra de mi boca, (El atalaya recibe directivas directas de Dios) y los amonestarás de mi parte. (¡A mí me gustan los mensajes que alientan, no los que muestran lo que uno no está haciendo o lo que está haciendo mal, hermano! ¿Y a mí qué me importa lo que le gusta a usted? Dios dice que un atalaya está levantado para amonestarle, no para felicitarle. Si yo digo lo que le gusta a usted, quedar bien con usted es toda la recompensa que habré de recibir. No se ofenda, mi hermano, ¿Pero cree de verdad que es muy importante para mí caerle bien a usted o decir lo que Dios me manda?)
(18) Cuando yo dijere al impío: de cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano.
(19) Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma.
Espere un poquito. ¿Qué es un impío? Un hombre malo, malvado, horrible? No. Un impío, es un no pío, no piadoso. Y piedad, en la Biblia, no es la lástima o la compasión con que nosotros nos manejamos e interpretamos. Piedad, bíblicamente, es espiritualidad. Es decir que un impío es alguien que se resiste a vivir por el Espíritu, en tanto que un piadoso es uno que sí vive por el Espíritu. Un impío, entonces: ¿Es alguien del mundo, un incrédulo inconverso? Obviamente que sí, pero no es el único. Impíos son, también, aquellos que, estando en la iglesia, eligen manejarse carnalmente, filosóficamente, científicamente, intelectualmente. Porque ellos también se resisten a vivir por el Espíritu. Bueno, es a ese al que hay que amonestar. Al otro, al mundano, sencillamente hay que presentarle a Cristo, ya que es así porque no lo conoce.
Si este atalaya obedece el mandato y dice lo que Dios le ordena y no se preocupa por el qué dirán, aunque el impío no haga caso y lo ignore porque “no es alguien importante, con un nombre conocido en el ambiente evangélico o un título o una jerarquía eclesiástica respetable”, y termine muriéndose espiritualmente en desobediencia, quedará libre de la sangre de ese impío porque él sí obedeció y cumplió con lo suyo. Ahora, si por alguna causa humana, este atalaya no dijera lo que tiene que decir y cambiara sus palabras por expresiones voluntaristas, exitistas, lisonjeras o aduladoras, cuando se caiga el impío ciego, él también verá perdición. Porque le fue ordenado hablar palabra de Dios y, ya fuere por miedo o por incredulidad, prefirió hablar palabra de hombre y no lo que Dios le ordenaba pronunciar y proclamar. ¿Se entiende? En el capítulo 33, más adelante, está esto mucho más claro.
(Ezequiel 33: 1)= Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: (2) hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo (Si yo soy argentino y tengo que hablarles a los hijos de mi pueblo, a quiénes tengo que hablarles? A los argentinos, naturalmente. Entonces, si yo soy un creyente y formo parte del pueblo de Dios, y Dios me dice que debo hablarles a los hijos de mi pueblo, ¿A quiénes se entiende que tengo que predicarles este mensaje, al mundo o a la iglesia?) Y diles: cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, (Escuche: el atalaya es siempre alguien que pertenece al mismo territorio. No será atalaya de los que viven por el Espíritu, uno que ande conforme a la carne, a sus sentimientos, a sus emociones o a sus ideas intelectuales) (3) y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, (4) cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza.
(5) El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él, mas el que se apercibiese librará su vida.
(6) Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, este fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya.
No son pocos los lugares en donde este versículo se usa para presionar a los cristianos a que den testimonio, señalándoles que de lo contrario Dios les demandará la sangre de quienes se pierdan por su causa. Sin embargo, en lo literal e histórico, esto refleja los postulados de una antigua ley que puede leerse en Génesis 9:5. Desde lo revelado por tipología, en cambio, resulta claro que se trata de la obligación por parte de aquellos que hayan sido levantados por Dios como atalayas, jamás callen lo que él quiere decirle a su pueblo. Esto queda claro en el verso que sigue:
(7) A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y dirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.
(8) Cuando yo dijere al impío: impío, de cierto morirás; (Recuerde que cuando Dios habla de muerte, no se refiere a la muerte física; para Dios no existe esa muerte, apenas es un cambio de ámbito para él. Cuando usted se muere, desde donde está, lo que Dios ve es a un individuo que sale de una habitación a través de una puerta y se introduce en otra. Es decir que lo que está diciendo aquí, es: Cuando yo le dijere al carnal que cambie, pues que cambie, porque si no espiritualmente morirá) si tu no hablares para que se guarde el impío de su camino, (Esto es: Si usted predica lo que a usted le parece, lo que a usted le gusta, le conviene económicamente o le hace quedar simpático, y no lo que yo te dije) el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano.
(9) Y si tu avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida. (El Señor lo sabe que lo estamos haciendo en cada texto de estos; que estamos tratando, como muchos más, de ser obedientes. No se enoje conmigo.)
En principio, aquí, se habla de la responsabilidad del atalaya. Sin embargo aquí se traza de una manera más clara el paralelo entre Ezequiel y el atalaya. Líder: recuerden el principio espiritual y moral que rige sus responsabilidades, como mensajeros, como atalayas de Dios. Acepten su tarea de enseñar y reprender al pueblo, escuchen o no. “-¡Ah, no, hermano!¡Yo a la iglesia del Señor no me atrevo a pegarle!-“ ¿Y quién le dijo que usted le pega a la iglesia del Señor? Si es iglesia del Señor, no se va a sentir tocado porque está haciendo lo que Dios quiere que haga. Si usted le pega, le pega al “montón,” a Babilonia, a la cizaña. Pero quiero que preste atención a esto que viene ahora, porque refleja lo que en este tiempo es una verdad a gritos:
(Verso 30)= Y tú, hijo de hombre, los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová.
Venga hermano, escuche. Mire lo que predica este hombre. ¿Quién se habrá creído que es? ¿Qué organización lo respalda? ¿Quién puede creerle que lo que habla es palabra de Dios? Habiendo tantos siervos reconocidos e importantes, ¿A quién se le ocurre que Dios le va a dar una palabra a él?
(31) Y vendrán a ti como viene el pueblo, (Está hablando de la gente, ahora) Y estarán delante de ti como pueblo mío, (¿Cómo “pueblo mío”?) Y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; (Hay gente que hace treinta años que va a una iglesia y escucha un mensaje de paz y amor y todavía sigue enojándose y peleándose con todo el mundo por cualquier tontería) antes hacen halagos con sus bocas, (¡Qué lindo mensaje el suyo!¡Qué bien que habla y escribe usted!) Y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. (¡Muy bueno su mensaje sobre la ofrenda! ¿Me regala un casete? Me gustaría que lo escuche ese diácono que... Porque a mí, hermano, ¿sabe? Dios todavía no me ha pedido que ofrende, vio? )
Pero cuando ello (Lo que se predica) viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos. (Pero a lo mejor, por allí, ya es tarde y la reforma se habrá producido y tú te habrás quedado afuera de ella)
Entonces hermano, lo que usted me quiere decir es que, cuando aparezca alguien hablando de lo que Dios va a hacer, yo tengo que creerlo y obedecerlo inmediatamente sin ponerlo en duda? No. No dije eso. No es tan así. A mí me causa gracia y pena, al mismo tiempo, cuando oigo que una junta de teólogos examinan a un siervo para analizar si lo que trae viene de Dios o no. La única manera de saber eso, es por la palabra misma, es cierto, pero fundamentalmente por discernimiento. Y al discernimiento no se lo estudia, no se lo rinde ni se lo aprueba en ningún seminario o instituto bíblico que los hombres puedan fabricar. Se tiene o no, como la plenitud o la unción del Espíritu Santo. Porque es por fe y santidad, no por jerarquía evangélica. Porque no todos los que se dicen atalayas lo son. La Biblia lo dice.
(Isaías 56: 4)= Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, (Eunucos, para Dios, son aquellos que no profanan ni manchan a su novia, la iglesia) y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, (5) yo le daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá. (Los de peor catadura, si obedecen, podrán agradar a Dios, a veces, mucho más que las más eminentes jerarquías eclesiásticas)
(6) Y a los hijos de los extranjeros que sigan a Jehová para servirle, y que amen el nombre de Jehová para ser sus siervos; a todos los que guarden el día de reposo para no profanarlo, y abracen mi pacto, (7) yo los llevaré a mi santo monte, y los recrearé en mi casa de oración; sus holocaustos y sus sacrificios serán aceptos sobre mi altar; porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos.
Esto ya ha sido dicho, pero debo repetirlo una vez más. Cada uno de nosotros, además de ser creyentes, tenemos que pertenecer a una congregación local para ser considerados y admitidos como evangélicos. Esto no es decididamente bíblico, pero se ha aceptado y se respeta fielmente. Ahora bien: ¿Cómo se supone que debemos presentarnos en sociedad para garantizar que somos cristianos evangélicos? Mencionando el nombre de nuestra congregación. Soy de la iglesia “Así dijo el Señor” “Así dijo el Espíritu Santo” o cualquiera de los nombres verdaderos, (a estos los inventé yo) que usted conoce que conforman el denominado pueblo evangélico de su ciudad o lugar de residencia. Y nadie criticaría esto ni se opondría, porque hace de toda una vida que se viene haciendo así y no ha existido nada que nos pueda haber dicho que no deba ser así. No está en la Biblia, es verdad, pero tampoco está que no se pueda, no? Error. Aquí le está diciendo, y Dios mismo, que su casa será llamada, bautizada con el nombre de, denominada como, sencilla y simplemente: Casa de Oración.
Un momento. ¿Usted me quiere decir, hermano,
que deberíamos, por respeto a la palabra de Dios mismo escrita
en la Biblia, renunciar a todos nuestros nombres de congregaciones
y limitarnos a darle a cada uno de los templos el único nombre
que Dios dice, que es el de Casa de Oración? – Y sí,
eso parecería ser lo que habría que hacer, no? –
Claro, pero lo que ocurre es que si no le ponemos un nombre, no
se nos admite. - ¿Cómo que no se nos admite? ¿Adónde
no se nos admite? – En principio, en el organismo que rige,
controla y administra el funcionamiento de todas las religiones
en el país, de todas las instituciones religiosas donde,
no sé por qué causa, están también nuestras
iglesias. No sé cómo se lo denomina en su país;
aquí es el Registro Nacional de Cultos.
Entonces está la otra: ¿Quién ejerce ese control
en ese registro? El gobierno, siempre ha sido así. ¿Eso
quiere decir que un gobierno secular, por ejemplo, ateo, incrédulo
y a veces hasta idólatra o esotérico que es brujería,
es quien decide cuál es una iglesia cristiana y cuál
no? ¿Y con qué autoridad en el ámbito espiritual?
¿Con la ayuda de qué conocimientos espirituales o
teológicos pueden decidirse y decidirse conforme a la voluntad
de Dios estas cosas? Píenselo. Yo no se lo voy a decir. A
esto, tiene que sumarle la otra: soy de la iglesia del pastor Fulano.
Ah, no, yo soy de la del pastor Mengano. Escuche: En todo caso y
en el mejor de los casos, Dios dijo que cada iglesia tendrá
un pastor, no que cada pastor tendrá una iglesia, está
claro? De otro modo, estaríamos tergiversando la importancia
y la prioridad de cada cosa. Casa de oración.
(8) Dice Jehová el Señor, el que reúne a los dispersos de Israel; aun juntaré sobre él a sus congregados.
Presta atención que, hasta aquí, Dios está hablando de su pueblo, de su verdadero pueblo, de aquel que lo conoce y lo ama. De aquel que no sabe nada de organizaciones metódicas, de estructuras fariseicas y de tradiciones rituales. Ahora preste atención, porque después del verso 9, que es una especie de transición, de puente, Dios le dedicará tres versículos a los líderes. A los líderes de aquel tiempo, en lo literal, y a los contemporáneos, a los actuales, en la tipología, en el principio espiritual.
Todas las bestias del campo, todas las fieras del bosque, venid a devorar.
Está bien, dije que era un verso de transición, pero ¿De qué está hablando? ¿Qué es lo que van a devorar las fieras? Si se va a Jeremías 12:9, lo va a tener muy claro: ¿Es mi heredad para mí como ave de rapiña de muchos colores? ¿No están contra ella, (contra la heredad, contra la promesa) las aves de rapiña en derredor? Venid, reunios, vosotras todas las fieras del campo, venid a devorarla. (Obvio: las fieras del campo son los falsos líderes y, lo que van a devorar, es la heredad de Dios. El mundo nunca podrá tener manera alguna de cortar una bendición de Dios para su iglesia, pero los hombres que militan dentro de ella sin ser de ella, si se lo proponen, quizás sí puedan.)
(10) Sus atalayas son ciegos (Falsos, no tienen visión, sólo cierta sabiduría humana, intelectual. Está hablando de los que están en un lugar sin ser de ese lugar) todos ellos ignorantes; (Esto quiere decir: no conocedores de la Verdad) todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir.
(11) Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender: todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado.
¡Hermano! ¡No critique! ¡Eso es pecado! ¿Y a mí qué me dice si lo único que hice fue leer la Biblia sin cambiarle, suavizarle ni adornarle nada? ¡Vaya a decirle a Isaías que decir eso es pecado! Si se atreve, vaya a decirle que decir eso es pecado a Dios, ya que en el verso 9 es Él mismo quien lo dice!
¿De qué habló el hermano en este estudio? Habló de los atalayas, pero en el final fue un mensaje de unidad. Sí, pero el mensaje de unidad no es el mensaje del hermano de la Web, es el mensaje de Dios! Y sí, hermano. Todos lo hemos leído a eso en la Biblia, todos. Pero también todos hemos tenidos nuestras propias experiencias que son las que nos dicen que la unidad en el Espíritu, o sea: la unidad bíblica, suena muy bien, muy hermosa y ungida, pero que en la realidad todos sabemos que no es posible. Que todo no puede ir más allá de tomarse un café como si fuera una reunión de amigos con el líder de la otra cuadra, pero que después... ¿Después qué? No me diga que cada uno por su lado. Y, sí, eso es lo que se ve. Hay un problema y no se enoje por favor. Pero si es real lo que la Biblia denuncia de cada uno por su lado, puede que también cierto lo de que “Cada uno busca su propio provecho”.
Atalaya. Tercer día de Dios. Tercer Milenio.
Año agradable a Dios. Año de los atalayas. ¿Quién
los oirá? ¿Quién tendrá sus oídos
abiertos a sus voces? ¿Quiénes los amarán?
Pocos, los menos. ¿Quiénes los calumniarán,
los discriminarán y los tratarán de locos o herejes?
Como fue antes, la mayoría. ¿Pero no era que las mayorías
nunca se equivocan? Pontificados de hombres. La Biblia jamás
dijo eso. Porque la Biblia habla de tres palabras como ingreso a
una cuarta: MADUREZ, que es indispensable para llegar a la segunda.
UNIDAD, que es la única que nos enseñará el
lugar de reunión de la tercera. REMANENTE, que como su nombre
lo indica es un sobrante, una cantidad menor de una cantidad mayor,
y que es la que activará, potenciará y pondrá
en marcha la cuarta, que es la que comienza a despertarse en este
tiempo. REFORMA. ¿Y qué compañía de
aviones me lleva hasta ese lugar? Anote: “Líneas Aéreas
SANTIDAD”, las demás no llegan.
