Tiempo de Victoria

El gran espejo

Hay un viejo refrán que la sociedad utiliza permanentemente y que resalta fundamentalmente lo deficiente, carente de personalidad y síntoma de mediocridad que es caer en las imitaciones. Cualquier manual de metodologías del comportamiento aconsejará, indudablemente, que siempre es preferible algo original, aunque sea pobre, que lo máximo si corresponde a una imitación. En este trabajo, vamos a ver que todo esto, es según con el color del cristal con que se mire.

Lo cierto es que tan hondo ha calado en el hombre este razonamiento con relación a la imitación que, cualquier tipo de emulaciones ha sido mirada casi con desprecio, juzgada con severidad y hasta combatida con agresividad, llegado el caso.

Un ejemplo clásico, sin ir más lejos, son los actores que viven de las imitaciones. Son, generalmente, comediantes, humoristas, que se ganan la vida imitando, (a veces hasta con caracterizaciones físicas estupendas en lo técnico) a otros que tienen fama y prestigio propio. Se los celebra, se los contrata, se los aplaude y hasta se los valora, pero jamás llegan a tener -dentro de los códigos del mundo del espectáculo-, una entidad propia. Es decir: una luz propia. Es como si estuvieran condenados a vivir a la sombra de sus imitados. El día que las auténticas figuras declinan en su fama o directamente dejan de tenerla ellos, o bien cambian de figura a imitar o corren el riesgo de extinguirse junto con los originales.

Con el primer imitador que nos encontramos, en la Biblia, es con el mismísimo Satanás. Desde el Edén y a través de todos los tiempos, el diablo trata de imitar, de copiar y, -dada su propia sustancia maligna-, adulterar las cosas de Dios. Lo hace y lo hace bastante bien, ya que no son pocos los fieles creyentes que han sido engañados por algunas de estas imitaciones. Pero a la larga, lo que resalta, sobresale y perdura, es el original; y el original es Dios.

Ahora bien: pongamos las cosas en su lugar. Cuando una imitación está destinada a entretener, divertir y hacer sonreír, bueno; habrá distintas opiniones al respecto, pero es evidente que la propia frescura del asunto lo inhibe de cualquier figura delictiva. Aquí habrá muchos que me podrán decir -y con razón-, que no es lo óptimo requerible dentro de lo que se considera como talento artístico, a nadie le cae tan mal como para repudiarlo. Ahora, cuando una imitación está destinada a engañar, a falsear un hecho, entidad, persona o producto con fines ocultos, esto sí pasa a considerarse un delito.

Salta a la vista, entonces, que la palabra IMITACIÓN es una palabra devaluada, soslayada, despreciada y, en todo caso, marginada directamente de todos los sectores que pretenden comportarse dentro de cánones serios, sobrios, éticos y de buen comportamiento moral. El diccionario mismo es bastante escueto cuando da la definición del verbo IMITAR, lo que habla del poco apego que hay -también dentro del mundo de las letras-, por la palabra en cuestión. Dice, solamente: "acto que se ejecuta copiando otro ya efectuado".

Sin embargo, la Biblia misma se encarga de demostrarnos que la imitación, -como tantas otras cosas en las que hemos preferido hacer lecturas humanísticas que hemos terminado por incorporar como correctas en lugar de hacerlo según Dios-, no es una actitud tan perjudicial. Lo que sí sucede, es que como tantas otras cosas, ha sido invadida y utilizada por el enemigo para ridiculizar. Once textos que vamos a ver en este estudio, nos van a arrojar una visión un poco diferente que, para fortalecer nuestra auténtica madurez cristiana apartada de cualquier tipo de religiosidad, es necesario que conozcamos.

Al primer texto, lo encontramos en la primera carta de Pablo a los Corintios. Allí, el apóstol está realizando una encendida defensa de su ministerio y, cuando viene explicando sobre el alcance y la magnitud de lo que Dios ha puesto en sus manos y sobre cómo tiene que administrarlo, dice:

(1 Corintios 4: 10)= Nosotros somos insensatos por amor de Cristo, mas vosotros prudentes en Cristo; nosotros débiles, mas vosotros fuertes; vosotros honorables, mas nosotros despreciados. (Por favor, vaya tomando nota si es que está llamado a servir a Dios que no siempre significa montar un ministerio de esos llamados espectaculares)

(11) Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados, y no tenemos morada fija. (Cualquier semejanza, base o bosquejo para un sermón sobre la doctrina de la prosperidad es pura coincidencia, no?)

(12) Nos fatigamos trabajando con nuestras propias manos; nos maldicen, y bendecimos; padecemos persecución, y la soportamos.

(13) Nos difaman, (...y nos buscamos un abogado, presentamos una querella o llamamos a la televisión)...y rogamos; hemos venido a ser hasta ahora como la escoria del mundo, el deshecho de todos. (¡Qué ministerio glorioso, verdad?)

(14) No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.

(15) Porque aunque tengáis diez mil ayos, (guías) en Cristo, no tendréis muchos padres; pues en Cristo Jesús yo os engendré por medio del evangelio.

(16) Por tanto, (Por todas estas cosas confortables, victoriosas y gloriosas que le ha detallado), os ruego que me imitéis.

Cosas como estas, es lo que a muchos no les gusta de Pablo e incluso a determinado, (¡Oh!) Que en no pocas tesis, de las llamadas "muy serias", se lo cuestione y, algunos, aunque no lo crea, hasta hayan llegado al punto de desacreditarlo desde el punto de vista teológico. Primero, -dicen-, la poca perspicacia del apóstol de mostrar las crudezas del ministerio de tal modo que, -aseguran-, eso puede ser factor para que muchos no quieran saber nada. Puede ser; sobre todo aquellos que siguen predicando un evangelio lleno de confort, comodidades y placeres a disfrutar y que no sé de qué Biblia lo han sacado. No de una misionera, sin dudas.

Y segundo, la tremenda osadía y atrevimiento de Pablo, (tomado por estos sectores como egocentrismo -¡No entendieron nada!-), de no sugerir, aconsejar o recomendar que se lo imite, sino ROGAR para que eso suceda. Que los que leen las Escrituras bajo la óptica humanista y sólo creen de Dios lo que pueden entender, piensen lo que quieran, allá ellos, pero pregunto: ¿Cuántos apóstoles, profetas, evangelistas, pastores o maestros actuales podrían atreverse a rogar por lo mismo? "Pero hermano...era Pablo..." ¡Basta! No sea religioso. Era solamente un hombre. Ungido, llamado, escogido, pero hombre. Igual que usted. Allí está la diferencia entre ministerio de Dios y actividad de hombre.

En el capítulo 11, verso 1 de la misma carta, Pablo aclara el por qué de su expresión elevándola a la dimensión de real ungido. Dice: Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo. ¡Qué irreverencia!¿A quién se le ocurre que un hombre va a tratar de imitar al Hijo de Dios? Ahí aterrizamos en lo que le decía hoy: el concepto que manejamos sobre lo que es imitación.

Sin embargo, en la carta a los Filipenses, en el capítulo 3 y versículo 17, él vuelve a reiterarlo: Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. ¿Se da cuenta? Criticamos muchas veces aquel haz lo que yo digo y no lo que yo hago, pero lo hemos reemplazado por el muy religioso: no me mire a mí, mire a Cristo, que está muy bien intencionado en lo que tiene que ver con aquellos que gustan de hacerse discípulos para sí mismos en lugar de para Cristo, pero que minimiza. tergiversa y hasta bastardea el sentido de la palabra sujeción. Ya. No es lo que predica Pablo. Ahora: ¿Imitando a un hombre, se cumple con la voluntad de Dios? No tan así, mire...

(Efesios 4: 23)= Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, (24) y vestios del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.

(25) Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.

(26) Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, (27) ni deis lugar al diablo.

(28) El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

(29) Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

(30) Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.

(31) Quítense de vosotros toda amargura, enojo, gritería y maledicencia, y toda malicia.

(32) Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

(Efesios 5: 1)= Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.

(2) Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.

Aquí Pablo esclarece debidamente, -si es que a alguien le hacía falta esa aclaración-, adonde apunta su demanda. A que los hijos de Dios hagan lo que cualquier hijo fiel y amante hace con su padre natural: imitarlo. Pero cuidado: imitar a Dios, según Pablo, no es jugar las mismas cartas que un día jugó Satanás, cuando no sólo trató de imitar a Dios, hacerse como Dios, sino que incluso, pretendió ser más que Dios. De lo que se trata, aquí, es de imitar la mente de Dios; pensar como EL piensa, obrar como EL obra, amar como EL ama. En suma: alinearse con la mente de Dios, única manera de primero, saber cuál es su voluntad agradable y perfecta y, segundo, cumplirla para gloria de su nombre.

(1 Tesalonicenses 1: 1)= Pablo, Silvano y Timoteo, a los tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. (La carta va dirigida a la iglesia de Tesalónica, pero no es mera ocurrencia unipersonal de Pablo. El es vocero de lo que también comparten Silvano y Timoteo evidentemente):

(2) Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, (3) acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.

(4) Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; (5) pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuales fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

(6) Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, (7) de tal manera que habéis sido ejemplo (Ejemplo a imitar, se entiende) a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído.


Este concepto se identifica bastante con la idea real de lo que es la sujeción, que en modo alguno se trata de sometimiento o esclavitud a caprichos de hombres u organizaciones, sino a autoridad sujeta a Autoridad, y creo que no hace falta que le explique de quién se trata esta última autoridad, no? Pablo les puntualiza a los tesalonicenses que los imiten a él, a Silvano y a Timoteo, así como ellos imitan a Cristo. Está bien claro, no? Y todo esto para qué? Para, -dice- que después ellos sean modelos dignos de ser imitados por los que oyen y ven lo que los tesalonicenses dicen y hacen.

Hay otro pasaje, en esta misma carta, donde también se habla de esta clase de imitación agradable a Dios. Sin embargo, antes de citarlo, quisiera transcribirle algo que está en el principio del segundo capítulo y que tiene que ver, matemáticamente, con lo que un ministerio de la palabra como éste, (apostólico), ya se enfrentaba en aquella época y que todavía hoy, en su prosecución, afronta.

(1 Tesalonicenses 2: 1)= Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana; (2) pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos, como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros el evangelio de Dios en medio de gran oposición.

¿Cuántos saben que lo que realmente tiene oposición es la predicación del evangelio de Jesús y no esa cosa melosa, adaptada y contemplativa en la que muchos lo han transformado?

(3) Porque nuestra exhortación (El evangelio siempre conlleva exhortación, si no, es mero discurso teológico) no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, (Note que Pablo ya tenía muy claro que podía anunciarse un evangelio con error, con impureza producto de motivaciones personales o particulares, o con engaño, para que quienes oyeran creyeran necesitar intermediarios humanos para acercarse a Cristo) (4) sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, (Pablo tiene una garantía indestructible: él tiene certeza de ser aprobado, mucho más allá de ser simplemente usado). Así hablamos; no como para agradar a los hombres, (¡Oh, oh!) Sino a Dios, que prueba nuestros corazones. (¿Y en qué probaría Dios nuestros corazones? En su rectitud.)

(5) Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, (¡Oh, oh!) como sabéis, ni encubrimos avaricia, (Si predico la verdad puede ofenderse el hermano Fulanito y es muy capaz de dejar de diezmar y ofrendar y lo de él es fuerte y necesario para la obra. Ajá...Pregunto: si usted no predica la verdad, ¿En qué obra va a usar la plata que ofrenda Fulanito?) Dios es testigo; (También Pablo mire el testigo que se va a buscar...) (6) ni buscamos gloria de los hombres, (Que viene a ser la diferencia que va de ministrar para la gloria de Dios a ministrar para la placa de homenaje en la entrada al templo) ni de vosotros, ni de otros, aunque podamos seros carga como apóstoles de Cristo. (Cobijar un ministerio apostólico es realmente una carga para quien se atreva.)

(Verso 13)= Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

(14) Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; (Te recuerdo que ser imitadores de las iglesias, no es ser imitadores de organizaciones o templos, sino de gente. Iglesia es gente y además, cuerpo de Cristo) pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, (Le está hablando de luchas y persecuciones internas, no externas) (15) los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, (¡Oh, oh!) Y a nosotros nos expulsaron; (¡Oh, oh!) Y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, (16) impidiéndonos hablar a los gentiles para que estos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.


En su comunicación epistolar con esta iglesia, es evidente que Pablo hace mucho hincapié en lo referente a la conducta. No vacila en mostrarse como modelo, factor que le proporciona una enorme autoridad que lo constituye en un eje, aunque también adquiere una tremenda responsabilidad, no sólo ante la gente sino ante Dios. Bueno; esta actitud, es quizás una de las más valiosas asignaturas pendientes que tiene la iglesia que marcha hacia el siglo veintiuno y que algún día deberá enfrentar de manera transparente. "Ah, no, hermano...los trapos sucios se lavan en casa..." ¿Qué es eso sino ocultar algo que existe? Pregunto: ¿Puede la iglesia del Señor progresar transitando por alguna fracción de ocultamiento? No se olvide que ocultar y ocultamiento, son acepciones de un verbo que también contiene otra bastante más tenebrosa: ocultismo. O Hechicería, que viene a ser lo mismo.

(2 Tesalonicenses 3: 1)= Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, (2) y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe.

(3) Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.

(4) Y tenemos confianza respecto a vosotros en el Señor, es que hacéis y haréis lo que hemos mandado.

(5) Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo.

(6) Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros.

(7) Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, (8) ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; (9) no porque no tuviésemos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis.

Dos cosas saltan claramente a la vista en este texto: Primero: Dice que nosotros sabemos de qué manera debemos imitar a los líderes; no en sus modos, opiniones, gestos o actitudes, necesariamente, sino en lo que es, (o debería ser), su andar ordenado, producto de la encarnación y puesta en práctica de los rudimentos básicos y elementales de la palabra. Segundo: Pablo no vacila, como apóstol que es, en ponerse por ejemplo. Y salta a la vista que no habla, precisamente, de sus dotes personales, ya que se encarga muy bien de minimizarlas, sino de lo que Cristo ha hecho visiblemente en su vida, dando a entender que si pudo hacerlo con él, lo hará con cualquiera que lo acepte y lo reciba.

(Hebreos 6: 11)= Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, (12) a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y a la paciencia heredan las promesas.

Punto primero: es notorio que la pereza puede detener, perturbar o frenar la consecución de las promesas. De allí que se nos dice que, para acceder a ellas, debemos imitar la fe de los que la alcanzaron. ¿Qué es fe? Certeza de lo que esperamos, convicción de lo que no vemos, No hay raciocinio en la fe. No cabe. FE, se deletrea "R-I-E-S-G-O". No es novedad; el reino de Dios no es para los cobardes.

Ahora bien: ¿Cuáles serán, entonces, los referentes, los modelos a imitar hoy día? ¿Los grandes ministros de los más rutilantes ministerios? Puede ser, pero no necesariamente, porque esos ministerios vienen, llegan, se presentan -a veces- en un marco de fiesta, luz, color, algarabía, gran movimiento y una especie de folklórica euforia colectiva. Pero después se van, siguen su camino, y lo que nos queda es nuestra pequeña congregación de siempre, compuesta por los hombres y las mujeres que tan bien conocemos y a los que tan poco les observamos digno de imitar.

A esto, fíjese, también lo sabía el autor, el escritor de la carta a los Hebreos. De allí que para establecer justicia, poner las cosas en orden y en su lugar sin caer en esclavitudes o manipulaciones humanas. Así es que pletórico de la unción que acompaña permanentemente a una auténtica sujeción a autoridad sujeta a autoridad, escribe:

(Hebreos 13: 7)= Acordaos de vuestros pastores, (Note que aquí utiliza el término en plural, (la palabra es POIMANES), y no alude específicamente a uno de los cinco ministerios de Efesios 4, (el del Pastor), sino a todos, como función, no como título, cargo o posición. Siendo guías, protectores, apacentadores de la grey. Por eso es el plural): que os hablaron la palabra de Dios, (A esa palabra la hablaban apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros) considerad, (observad, evaluad, ved el testimonio) cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe. (La fe de un hombre de Dios en posición de liderazgo, DEBE ser imitada, en tanto que si esa condición, por alguna causa, no se da, es obvio que NO DEBE ser imitada).

Es bastante notorio que la imitación es moneda corriente en el marco de nuestras comunidades. Existe, hoy, todavía, por ejemplo, una clara tendencia por parte de muchos predicadores ciento por ciento criollos, a impostarse en los púlpitos desgranando elocuentes sermones con una tonalidad de fuerte acento centroamericano. Esto es un producto de la identificación y, naturalmente la imitación que surge de la admiración por tantos y tantos hombres que han llegado desde esas tierras para bendecirnos aportando su mensaje en pro del derramamiento de la unción genuina del Espíritu Santo sobre la República Argentina.

Lo único que habría que tener en cuenta, en todo caso, y para no cometer errores que en muchas ocasiones han alejado a las personas de los caminos del Señor en lugar de atraerlos, y que en otros casos han llegado hasta el límite de la ridiculez que produce vergüenza ajena, tener en cuenta lo que Juan dice en su tercera carta.

(3 Juan 11)= Amado, no imitéis lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, (Así sea imitando algo o alguien a quien lo ha visto hacer o decir) no ha visto a Dios.

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