Tiempo de Victoria

El Idioma de Dios

Un día, el Ministro de Relaciones Exteriores de un país, (Pongamos por ejemplo al mío: la República Argentina), esto es; nuestro canciller, decide llamar por teléfono a nuestro embajador en otra nación (Digamos Italia, como ejemplo).

Lo hace en su carácter de jefe, con el fin de suministrarle directivas diplomáticas relacionadas con la actividad natural de cualquier embajada: el afianzamiento de las relaciones bilaterales y la observancia de elementos convenientes, en cualquier área, para nuestra nación.

Tengo, respecto a esta ficción, una pregunta para hacerle: ¿En que idioma se va a desarrollar esa conversación telefónica? Será en nuestro idioma, que es el español o en italiano, que es el idioma del lugar al cual ha realizado el llamado.

La respuesta, que no necesita de una inteligencia superlativa para ser respondida, es más que obvia: el diálogo será en idioma español, que no sólo es el que mejor hablan ambos, sino también el idioma oficial de la sede central de aquel embajador: la Argentina.

¿Y que con el idioma italiano? Ese idioma será utilizado, indudablemente, por nuestro embajador para interrelacionarse con el gobierno y con el pueblo italiano, con el fin de ser bien entendido y porque los italianos, lógicamente, no tienen ninguna obligación de hablar español.

Pero, y lo voy a reiterar una vez más y tantas como sean necesarias, cuando ese embajador habla con su jefe, con su gobierno, esa charla se hará indefectiblemente en el idioma de su país de origen, no del que ha sido designado para operar.

La iglesia afronta en este tiempo, una problemática similar. Es, - Y la Biblia lo dice con total claridad -, embajadora del reino de Dios en la tierra. Se le permite,  - Y en casos hasta se le exige e incentiva -, a utilizar el idioma natural que se habla en la tierra con el fin de interrelacionarse con sus gobiernos y su pueblo.

Pero cuando la comunicación es con su jefatura divina, esa comunión, esa conversación, no podrá de ninguna manera hacerse en el idioma terrenal en el cual estamos, sino en el celestial del cual provenimos.

¿Más claro aún? Con el mundo incrédulo e inconverso, hablaremos el idioma del mundo, para que el mundo nos entienda, (Esto es: idioma humano, material, natural), pero con Dios, nuestro jefe y rey, deberemos hablar en su idioma, que es el nuestro, el reino del cual somos.

Dios es Espíritu. El hombre es imagen y semejanza de Dios. Y como Dios no tiene ninguna imagen física conocida, porque “a Dios nadie le vio jamás”, esa imagen y esa semejanza se refieren, indudablemente, a que el hombre también es Espíritu.

La carne es la Carta Credencial que lo habilita como embajador, la única manera de poder moverse y ser visto por la otra carne. Por lo tanto, si el hombre habla con el hombre, lo hará en el idioma de hombre: natural, humanista, físico.

Pero si habla con Dios, deberá hacerlo en idioma espiritual, inmaterial, invisible. ¿La diferencia? El idioma humanista y natural contiene las lógica limitaciones terrenales. El espiritual, en cambio, mantiene la condición eterna de Dios, para quien todo es posible.

Una de las falencias más frecuentes en la iglesia, es la de tratar de hablar con dios en términos humanos. Es imposible entenderse y conocerse así. Dios es el creador de la naturaleza, por lo tanto no se encuentra en la naturaleza como sostienen alguitas teorías, sino sobre la naturaleza.

¿Por qué habremos de asombrarnos, entonces, cuando nos enfrentamos a un mover sobrenatural de Dios, si es totalmente claro que cualquiera de sus movimientos deberá ser, inexorablemente, sobrenatural?

Otra: la naturaleza representa un orden establecido, una serie de leyes inamovibles y estructuradas desde el principio para que todo funcione aceitadamente. Esas leyes, que le son propias, el hombre no puede cambiarlas ni alterarlas aunque se lo proponga.

De hecho, cuando lo intentó, sólo provocó hecatombes. El único que puede alterar el orden natural es quien lo creó: Dios. Un milagro, aprenda, es la alteración suave, gradual, imprevisto,  o espectacular del orden natural al que estamos acostumbrados.

¿Por qué será, entonces, que tanto pueblo de Dios cree tener bases sólidas, - A veces argumentando que es desde la propia Biblia -, para desconfiar, dudar y hasta no aceptar milagros hoy día? Esta doctrina con libretos en el infierno, es la que mejor ha calzado en algunas obtusas mentalidades supuestamente cristianas.

Escuchamos: los milagros terminaron en la era apostólica. ¿Sabe que? No hay base bíblica seria que respalde ese pensamiento humanista. Por el contrario, las bases escriturales dicen exactamente lo contrario. Esa escritura choca permanentemente con una expresión bastante abundante:

“No hay evidencias de milagros sobrenaturales en este tiempo, yo nunca vi ninguno” Esto contiene un segundo error: evaluar un acto sobrenatural de Dios partiendo desde la óptica y la opinión natural de nuestra mente. No podemos saber que hace o que dice Dios hoy si no sabemos, no queremos saber o nos resistimos a aprender el idioma de Dios.

El mandato de Jesucristo para su iglesia, es entregarle la vida a Dios. De ninguna manera es pretender que Dios quepa en nuestra vida. Los creyentes tenemos dos aspectos a los cuales debemos prestar atención: 1) Somos gente con destino de eternidad. 2) Nuestro destino es más grande que nuestra propia vida.

(Jeremías 1: 4)= Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

Vamos por partes; lentamente y estando muy atentos a cada palabra, a cada hecho de este texto. Viene palabra de Dios a un tal Jeremías, hijo de Hilcías, de los sacerdotes que estuvieron en la tierra de Benjamín y que era un ilustre desconocido.

Dios no viene a levantar a gente conocida y preparada; dios capacita a los que va a levantar y generalmente elige lo vil para avergonzar a lo sabio. ¿Y que les dice? Lo mismo que le dice a Jeremías: que los conoce desde antes que se formaran en el vientre de su mamá.

Es decir que: cuando dice que nos conoce, elige o separa antes de nacer. Dios habla de feto. Cuando dice que nos ubica antes de formarnos humanamente, está hablando de embrión. Pero cuando asegura que nos conoce y nos aparta antes de la concepción, habla de óvulo y espermatozoide.

De los casi tres millones de espermatozoides que ingresan al seno de una mujer en una relación, sólo uno, el que llega primero, el más fuerte, el que sobrevive, el mejor es el que fecunda el óvulo. Es decir que para Dios, usted es un ganador desde antes de ser concebido. ¡Yo me pregunto si por alguna rara causa, algún hijo de Dios puede entender que haya nacido en derrota!

Pero le dice algo más: Primero, que ha sido santificado (Esto es: apartado) antes de su nacimiento, y Segundo, y aquí comienza el drama íntimo de Jeremías, que ha sido dado por profeta a las naciones.

Aquí ser{a donde luego vendrá un texto que, leído rutinariamente y sin acaso pensarlo demasiado, no parece decirnos gran cosa, pero que si nos ponemos en el lugar y en el pellejo de Jeremías, toma otras características muy diferentes.

(Verso 6)= Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah! ¡Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño.

Aquí hay un punto que es notorio: Jeremías no alcanza a ubicarse en la dimensión y la calidad del mandato. ¿Como reacciona, entonces? Como un humanista, como un ser de carne y hueso. Mire las circunstancias que rodean y dan marco a ese llamamiento.

Hace lo que se llama introspección, o sea: mirarse para adentro, hacer autocrítica de su propia persona, ve claramente sus limitaciones y responde con la única respuesta probable en el idioma usado en el pueblo donde él está como embajador: con un lamento, una excusa y casi una negativa. Igual a hoy. ¿Y que responde Dios a esto? Mire…

(Verso 7)= Y me dijo Jehová: no digas soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande.

Lo primero que Dios le dice, es: ¡Jeremías! ¡No me hables en idioma terrenal que yo te estoy hablando en idioma celestial! ¿Tú te crees que yo te levanté como profeta a las naciones porque no tenía a otro y te vi desocupado?

¡Estás hablando con el jefe del gobierno, Jeremías! No tienes que usar el idioma que usas para hablar con el pueblo en el que estás de embajador. ¡Tú irás a todos los lugares donde yo te mande y vas a decir todo lo que yo quiero que digas!

¡No te estoy sugiriendo que dependas de tu sabiduría ni de tu voz! ¡Te mando que te pongas a disposición incondicional de mi reino y allí se te dirá lo que tienes que decir! ¡Jeremías! ¡No nos podemos entender si hablamos dos idiomas distintos! ¡Tú me estás contando lo que ven tus ojos naturales y no oyes que yo te digo como pueden funcionar las cosas en la dimensión espiritual, invisible y eterna!

Ministrar, (Esto es: oficiar como sacerdote del Dios Todopoderoso), no es sinónimo excluyente de Seminario o Información. Seminarios e Institutos que suministran información, son necesarios, pero ministrar es fluir con Dios, es producir vida y vida en abundancia fluyendo con Dios.

Tu destino divino es mucho más grande que tu vida, jeremías, eres terco, ya te lo dije. Y también te dije que no puedes meter a Dios en el esquema de tu vida, es tu vida la que tiene que someterse a Dios. ¿Sabes cuantos han intentado eso y han fracasado?

(Verso 8)= No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová.

No tenga usted temor de hablar con el idioma de Dios. Los hombres no pueden dominar eso. En ese idioma, el que domina es Dios. Ahora si se aparta del idioma del reino y quiere hacer la obra con el idioma humano, los hombres lo van a barrer sin contemplaciones.

(Verso 9)= Y extendió su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: he aquí ha puesto mis palabras en tu boca.

¿A cuantos les gustaría que Dios le ponga su mano en la boca y sus palabras en su hablar? Bueno; esto es lo que Dios hace con el huidizo Jeremías y con cada hombre o mujer que se muestran dispuestos a hablar con el idioma de Dios. ¿Para que? Para comenzar un ministerio para el reino. ¿Qué ministerio? Dios se lo explica con claridad.

(Verso 10)= Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.

Una monadita de ministerio, ¿No es verdad? Tranquilo, reposado, sobrio… ¡No! Dice algunos; si hay algún escándalo no puede ser de Dios! Porque Dios es serio, circunspecto, como nosotros, ¿Entiende? Entiendo. ¿Qué denominación me ha dicho?

¡Arranca eso, Jeremías! - ¿Qué cosa, Señor? - ¡Esa estructura vieja y humanista! ¡No me sirve! ¡Destrúyela! ¡Arruínala! ¡Derríbala sin otras armas que mi Palabra que yo pongo ahora en tu boca! ¡Usa mi idioma, Jeremías! En el tuyo no vas a poder, te van a meter preso inmediatamente. Ah…después edifica y planta mi reino allí; ¡Eso te mando!

Después de esta orden que usted podrá imaginarse en que estado lo deja a Jeremías, Dios vuelve a intentar un diálogo.

(Verso 11)= La Palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: veo una vara de almendro.

¡Ahora sí, Jeremías! ¡Aprendiste! ¡Ahora sí que estás hablando en mi idioma! El almendro simboliza la autoridad divina y Jeremías sacó sus ojos de lo natural y los depositó en lo sobrenatural, en lo espiritual, en lo divino.

(Verso 12)= Y me dijo Jehová: bien has visto; porque yo apresuro mi palabra para ponerla por obra.

Aquí Dios muestra su conformidad con su siervo. Él ha oído y evidencia haber entendido el mensaje, la directiva. Dios se permite, incluso, un juego de palabras hebreas. Almendro es la palabra shaked y apresuro, (Esto es: activo, potencio, pongo en marcha), es shoked; casi suenan igual. Pero Dios se entusiasma con esta conversación en su idioma y va más allá todavía.

(Verso 13)= Vino a mí palabra de Jehová por segunda vez, diciendo: ¿Qué ves tú? Y dije: veo una olla que hierve; y su faz está hacia el norte. (La olla que hierve es el símbolo del juicio y la calamidad.)

En este caso específico y literal, el agregado relacionado con el norte, tenía que ver con la procedencia de los pueblos invasores de Israel y Judá; hoy, simboliza a Dios mismo, use a quien use, porque la misma palabra habla de que a los lados del Norte, la ciudad del gran rey..

…Me dijo Jehová: del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra. (Dice que sobre todos los moradores, sin distinción. Cuando usted tiene algún impedimento, para alguna actividad, antes de responder al diablo, piérdase unos segundos para ver si en una de esas el freno no está llegando desde el norte. Suele ocurrir.)

…Porque he aquí yo convoco a todas las familias de los reinos del norte, dice Jehová; y vendrán, y pondrá cada uno su campamento a la entrada de las puertas de Jerusalén, y junto a todos sus muros en derredor, y contra todas las ciudades de Judá.

Este es el riesgo del idioma divino; el Padre no le esconde a usted absolutamente nada. Y lo que no le esconde, lo asusta a usted, y más le asusta cuando sabe que es eso y no otra cosa mucho más cómoda y placentera la que tiene que anunciar.

…Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra 1) los que me dejaron 2) los que incensaron (Esto es: adoraron) a dioses extraños (Fama, dinero, poder, cargos religiosos, sexo, doctrinas humanas) y la obra de sus manos adoraron. (Esto último tiene que ver con el “¡Oh, vanidad de vanidades!”, que escribiera Salomón).

(Verso 17)= Tú, pues, ciñe tus lomos, (Esto equivale a lo que en Argentina suele decirse como: “ajústate el cinturón”) levántate (Anímate, despabílate, encara) y háblales todo cuanto te mande; (Háblales todo Jeremías; no te guardes nada. No contemporices, no negocies, no me hagas relaciones públicas que no las necesito, no me hagas “diplomacia” aunque parezca “conveniente” porque no están autorizadas por tu gobierno, ¿Entiendes?)

…para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. (¿Se entiende bien esto último? Se lo paso en limpio: si usted no habla lo de Dios, en el idioma de Dios y conforme a sus palabras; si prefiere humanizar su predicación disfrazándola un poco de suave, de permisiva, para que nadie se preocupe demasiado y no sea cosa que se vayan a otra iglesia, dice que Él lo va a quebrantar delante de ellos. ¿Se da cuenta? ¡¡Horrible cosa es caer en las manos de la ira del Dios viviente!!)

(Verso 18)= Porque he aquí que yo te he puesto en este día, 1) como ciudad fortificada, (¿Cómo se fortifica una ciudad? Rodeándola con un sistema defensivo inexpugnable. Campamento de ángeles…)

2) como columna de hierro, (¿Qué particularidad tiene una columna de hierro independientemente de su fortaleza? Una buena base. La Palabra, Logos y Rhema, son la base) 3) y como muro de bronce contra toda esta tierra, (Un muro es un elemento infranqueable, difícil de superar.

Ahora; ¿Qué clase de muro tendría esas características? De bronce. El bronce es el símbolo del sufrimiento. Le pregunto: ¿Hay alguna posibilidad para la dialéctica, la filosofía o el palabrerío teórico y humano de traspasar el testimonio de alguien que ha sufrido y superado ese sufrimiento en Cristo?

…Contra los reyes de Judá, (Contra los máximos líderes religiosos) sus príncipes, (O sea los diseñadores de esas estructuras religiosas huecas) sus sacerdotes, (Los líderes de la segunda línea, encargados de ejecutar esas políticas sectoriales) y el pueblo de la tierra, (No el mundo, el pueblo. El ruedo de las vestiduras de Aarón; todo aquel que por diversos motivos adhiera a otro idioma y propósito que no sea el de Dios).

(Verso 19)= Y pelearán contra ti, (Si usted pensaba que se iban a quedar muy tranquilos escuchando el idioma de Dios, se equivocó) pero no te vencerán, (Dios habla en su idioma y usted lo entiende, cree, confía y ejecuta. No le está diciendo que por allí tiene alguna probabilidad de ganar la pulseada, le dice que ya ha ganado. Ahora; si usted no le cree o no le entiende su idioma y elige manejarse con el suyo, el problema obviamente, también es suyo.) porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte.

Dios le está diciendo, en su idioma, que cruce el Jordán y, que después de cruzarlo, deberá hacer esto, esto y aquello. Y usted, en su propio idioma, todavía le está preguntando (Y por allí hasta se lo pregunta a él) ¿Cómo hace para cruzarlo? Esa es la diferencia. Dios habla de resultados; usted habla de circunstancias. Dios habla de una dimensión donde el imposible no existe; usted habla mirando sus y las limitaciones.

(Hebreos 12: 12)= Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al señor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aún después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas.

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