Tiempo de Victoria

Donde Nace la Bendición

Todos hablamos, en algún momento, de bendiciones y maldiciones, pero; ¿Sabemos que son, qué representan cada una de ellas? Las bendiciones son un plan de Dios para desatar sobre nuestras vidas todo aquello que Él tiene para nosotros.

Mientras que las maldiciones, son aquellas barreras invisibles, sobrenaturales, que le impiden al hombre recibir las bendiciones que Dios tiene preparadas para él. Hablando de las causas de las maldiciones o su origen, vemos que ese origen puede ser de tres formas:

1)= El encuentro que nosotros tenemos con la ley de Dios produce una actitud en nosotros. Y la actitud que asumimos en nuestro encuentro con la autoridad de Dios, puede ser una actitud de obediencia o una de rebelión.

Cuando uno de nosotros resiste a la autoridad, la Biblia declara en Romanos 13, que se está oponiendo directamente a Dios, Entonces, nuestra oposición, rebelión o desobediencia a la ley de Dios, acarrea maldición sobre nosotros. Esto es, en términos generales, lo que puede llamarse "La maldición de la ley". Dije en términos generales, ya lo vamos a ver en lo particular.

2)= Luego tenemos el segundo origen para recibir maldiciones. O son, más bien, las maldiciones auto-impuestas. Las maldiciones que nosotros mismos, a través del mal uso de la lengua, causarnos sobre nosotros, sobre nuestra familia o sobre nuestra descendencia.

Estas son las maldiciones auto-impuestas. No sé si no tendríamos que poner aquí, también, a las maldiciones provocadas por los labios de los hermanos. Si bien no son concretamente auto-impuestas, tampoco las puedo poner del lado del enemigo.

 Entonces pongámoslas aquí, porque pertenecen a la ignorancia o a la imprudencia de gente que, a lo mejor con la mejor de las intenciones, maldicen a alguien sin pensar que están haciendo eso. Hablo de hermanos, eh?

 Naturalmente que es sin intención, pero con efectos y consecuencias de todos modos. Ahí entran no sólo las malas o negativas concesiones de la boca, sino también oraciones, sean estas de acusación o condenación, o sean estas de manipulación o control.

3)= Y por último, las maldiciones provenientes de la acción o de las acciones provenientes de los siervos de Satanás. Es decir: brujos, hechiceros, etc., servidores de Satanás que dirigen, ponen o lanzan una maldición sobre cualquiera de nosotros. Como personas, como familias, como comunidad o como nación. Tres puertas de ingreso. Lo que vamos a ver aquí, es el medicamento con et cual sanaremos y cerraremos cada una de esas puertas. Primero, lo esencial:

 (Proverbios 26: 2)= Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa.

 Inmediatamente después de crearlo, Dios bendice al hombre. Luego crea el standard, la regla, la norma de Dios. ¿Para qué es esa norma? A esa norma la puso Dios allí para tener la libertad de darnos a nosotros el libre albedrío.

 Porque Dios no quiere robots. Dios no quiere personas que levantan sus manos todas al mismo tiempo, cuando vamos a orar, como máquinas programadas. Dios quiere personas que le amen y le sirvan voluntariamente.

 Fíjate: Dios creó al hombre con libertad, con libre albedrío. A tal punto que Dios respeta al hombre en su derecho de rechazarlo e irse al infierno si así lo decide. A pesar de todo lo que Dios ama al hombre, a pesar de haber dado a su propio Hijo para redimirlo, si el hombre decide pasar la eternidad en el infierno y rechazarlo a Él, Dios respeta eso.

 Aunque le duela. Dios respeta la libertad. Dios nos dio su libre albedrío, pero el libre albedrío sólo puede pensarse en visión a un concepto de obediencia o desobediencia. Es decir: Debe haber un parámetro que marque si, libremente, se decide obedecer o si, libremente, se decide a desobedecer la ley de Dios.

 Por eso el árbol del conocimiento del bien y del mal en el huerto. El plan de Dios es un plan de restauración, de bendición. Si la Biblia, en Génesis 1, comienza con un plan de bendición, y luego hace su entrada la palabra Maldición por causa de la desobediencia, la Biblia, en el último capítulo del Apocalipsis 22, vuelve a aparecer la palabra Maldición, pero de otra forma.

 Dice: Y no habrá más maldición. En Apocalipsis 22:3. El plan final de Dios se cumple y el árbol de vida está ahí, en el medio, y las hojas del árbol de vida son para la sanidad de las naciones, dice la Biblia, y no habrá más maldición.

 Entonces, primero, debemos nosotros acercarnos a este tema teniendo en cuenta que para Dios es muy importante. Lo puso al principio y al final de la Biblia. Por algunas de estas tres vías, el hombre se hizo acreedor a la maldición.

 Pero en cualquiera de los tres casos, hay un centro en la Biblia: la cruz del calvario. Por eso Gálatas habla de un solo mensaje. Cristo resucitado. Y es allí, precisamente, donde está la solución para todas las maldiciones. Vamos a la primera puerta, la maldición que llega por causa de la ley.

 (Gálatas 3: 13)= Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porgue está escrito: maldito todo el que es colgado en un madero) (14) para Que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Dice que Cristo nos redimió de la maldición de la ley. La raza humana se hizo acreedora a una maldición, porque nadie podía cumplir la ley cabalmente, porque no tenía un nuevo corazón. Por esa causa vino maldición sobre la gente, por causa de la ley.

En el encuentro del hombre con la autoridad de Dios, el hombre acarreó maldición sobre sí mismo por desobediencia. La Biblia dice: Cristo nos redimió de la maldición de la ley. Continúa explicando cómo lo hizo. Hecho por nosotros maldición.

 Porque escrito está: maldito todo el que es colgado en un madero. A esto que sigue, no nos gusta leerlo, pero está allí, es la palabra. Dice: Cristo fue hecho maldición. Nos cuesta mucho, en nuestra mente, entender que Cristo haya sido hecho maldición, o pensar en Cristo como maldito.

Es demasiado duro y hasta nos parece irreverente. Este verso lleva el concepto de la imputación. Ese concepto es básico para todos nosotros, porque nos indica que, lo que nos correspondía fue imputado a Cristo y lo que le correspondía a Cristo, nos fue imputado a nosotros. El tomó en sí la maldición sobre la raza humana y nosotros tomamos en nosotros la bendición de Abraham que le pertenecía a Él.

(Deuteronomio 21: 22)= Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte, y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero, (23) no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porgue maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová te da por heredad.

Dice que es maldito por Dios el colgado. Ahora, escuche por qué lo colgaban. Dice este verso que por algún crimen digno de muerte. Está a la vista que Cristo no había cometido ninguno, pero la raza humana, sí. Porque estaba escrito: el que hiciere tal y tal cosa, maldito será, el que tal y tal cosa, que muera. La ley.

(Deuteronomio 17: 12)= Y el hombre que procediese con soberbia, no obedeciendo al sacerdote que está para ministrar allí delante de Jehová tu Dios, o al juez, el tal morirá; y quitarás el mal de en medio de Israel.

El encuentro del hombre con la autoridad de Dios, le acarreaba obediencia o desobediencia, según lo que hiciera. Y la desobediencia, le acarreaba muerte. Está clarísimo en Deuteronomio 21:22 que leímos recién.

(2 Corintios 5: 21)=Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Píos en él.

Esta es la sustitución. Este es el concepto que debemos entender. Cristo Jesús fue justo, y su justicia lo hacía el único hombre sin pecado. El hombre, la raza humana, era pecadora desde el principio, rebelde delante de Dios, acreedor de muerte por su injusticia.

Ahora, Cristo Jesús toma su justicia, y la pone sobre la raza humana. Y a la injusticia de la raza humana la torna y la pone sobre sí mismo. Toma el pecado digno de muerte de la raza humana sobre sí mismo, y a su justicia la pone sobre la raza humana.

Dice que Cristo se hizo maldición por nosotros. Quizás nos duela, nos choque o nos moleste el concepto de Cristo hecho una maldición, o recibiendo la maldición; sin embargo es escritural. Cristo nos redimió de la maldición haciéndose maldición él mismo, ya que maldito era todo aquel que era colgado en un madero.

La cruz es ese madero. Cristo se hizo a sí mismo maldición, para hacernos a nosotros bendición. Eso es lo que vamos a ver ahora. Revertir maldición en bendición. No solamente vamos a aprender que somos libres de las maldiciones, sino también vamos a aprender que Dios tiene un plan para tu vida.

 Cristo Jesús no vino a la tierra con el exclusivo plan de salvar al hombre, nada más. Hubiese sido como cuando una chequera hay cien pesos en rojo y la persona que viene a salvarnos deposita cien pesos en esa chequera, y del rojo, la chequera pasa a cero. Cristo Jesús no hizo eso. Cristo Jesús vino para salvarnos de lo que estaba mal y para darnos lo que él tenía

(Mateo 5: 1)= Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos, (2) y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:

¡Malditos son ustedes con maldición! ¿No dijo eso? Hubiera podido decir eso. ¿Hubiera mentido? Seguramente que no. Hubiera sido cierto, absolutamente. Les hubiera dicho: "Todos ustedes son dignos de muerte. Por lo que hicieron ustedes y por lo que hicieron sus padres". Lo hubiera podido decir. ¿Y hubiera sido verdad? Absolutamente.

 Pero Cristo no vino para condenar al mundo. Cristo vino para salvar al mundo. Ahora veamos: Esa gente que está sentada allí, escuchándolo, ¿Están allí porque él salva o porque espera milagros, sanidades, cosas tremendas?

Sin dudas que por esto último. Si él mismo se los dice. ¿Y qué les dice Cristo? Él sabe que estos hombres están malditos. Sabe que están muertos, ya, con maldición, porque ya traen esa maldición heredada y no tienen salvación, salvo él. ¿Y cómo les habla? Mira: les dice:

(3) Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. (Bienaventurados, benditos o bendecidos, es lo mismo)

(4) Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (Piensa por un momento a quienes les habla. Les está hablando, precisamente, exactamente, a los pobres de “espíritu y a los que lloran).

(5) Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad; (6) bienaventurados los que vienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

(7) Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

(8) Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

(9) Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

(10) Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

(11) Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

(12) Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros.

Fíjense ustedes que Cristo viene y, en lugar de decirles lo que tenían y lo que eran, Él les habla de lo que van a ser en Él mismo. Es decir que ya tiene en mente ese intercambio que va a haber, en el cual yo entrego mis pecados y recibo la justicia de Dios.

 Cristo entrega la justicia y recibe la muerte por mis pecados.Vamos a ir ahora al libro del profeta Isaías en el capítulo 53. Este capítulo contiene una descripción de cómo se realizó ese intercambio. Primero: ¿Puedes comprender, tú, que cuando Cristo vino, toda la raza humana estaba recibiendo, con justicia, maldición por causa de la ley?

 Había faltado y fallado a la ley y la ley arrojaba maldición de una manera amplia. La palabra misma lo dice; y maldito todo aquel Que no confirme esta palabra de la ley para guardarla. Entonces, la gente era acreedora a la muerte, por la maldición. Cristo vino no sólo para salvarnos de lo malo, sino además a bendecirnos con lo bueno

. (Isaías 53: 1)= ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?

(2) Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivos para que le deseemos.

(3) Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos.

¡Que versículo más duro este! ¿Verdad? No nos imaginamos nosotros a Cristo así, ¿No es cierto? Si nos imaginamos a Cristo, lo imaginamos alimentando a los cinco mil, o haciendo milagros, o echando fuera demonios.

(4) Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido.

Aquí hay un intercambio. Él se llevó nuestras enfermedades, nuestros dolores. Cristo fue herido, entonces, llevándose nuestros dolores, nuestras enfermedades.

 (5)Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados el castigo de
nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.

Aquí empezamos a ver el intercambio. Uno: Llevó nuestras enfermedades. Dos: Sufrió nuestros dolores. Tres: Herido fue por nuestras rebeliones. Cuatro: Molido por nuestros pecados.

Cinco: Llevó el castigo de nuestra paz. ¿Y qué nos da a cambio? Dice que por su llaga fuimos
nosotros curados.

(6)Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas
Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

¿Se están dando cuenta? Toda la raza humana, con nosotros incluidos, hoy, dice que nos descarriamos, que nos apartamos de él. Dice la palabra que cada cual se apartó por su camino. ¿Y qué quiere decir que cada cual se apartó por su camino? ¿Qué tendrá de malo apartarse por su camino? Lo malo que tiene, es que nosotros no tenemos camino.

El hombre no tiene derecho a tener camino. El creyente no tiene derecho a tener su camino. Porque sólo hay un camino. ¿Sabes cual es el camino? ¿Sabes quién es el camino? ¡Es Cristo! Cristo nos compró por precio. Nuestra vida no nos pertenece. Nuestros cuerpo no nos pertenece. Entonces, la lucha de este cristiano del siglo 21, es esa: su camino o el camino de Dios.

Ahora entendamos bien: No tenemos ni cuerpo, ni vida, ni camino. No tenemos que andar pensando en nuestras posibilidades porque no hay posibilidad para nosotros. Sólo hay un camino, es Cristo. Sólo hay una manera, es la obediencia a Cristo.

Pero cuando el hombre decide hacer sus cosas en lugar de las que Dios pide, entonces el hombre es como una oveja descarriada que se 'apartó por su camino. ¿Y qué significa lo malo de apartarse por su camino? Significa que el que se aparta por su camino, del camino de Dios se separa.

(7)       angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como
oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.

(8)       Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿Quién la contaré? (Fíjense esto: por
cárcel fue quitado. Por juicio. ¿Qué juicio necesitaba recibir Cristo? No, si Cristo no conoció el
pecado. Nuestro juicio y nuestra cárcel fue la que fue sobre Cristo) porque fue cortado de la tierra de
los vivientes. (Y esta es la palabra clave) y por la rebelión de mi pueblo fue herido.

Esta palabra, REBELIÓN, es la clave del problema. El hombre comete rebelión cuando rechaza la ley de Dios. Cuando el hombre desobedece, está en rebelión. Y cuando el hombre está en rebelión, se hace acreedor a una consecuencia. La palabra REBELIÓN, en hebreo, es la palabra AVON, y es sinónimo de INIQUIDAD. Tiene estos dos conceptos en su significado y, además, el de las consecuencias. Y eso es lo que recayó sobre Cristo.

(9)  Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque
nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.

¿Cómo es posible, entonces, juicio, muerte, herido, azotado, despreciado, si la Biblia misma declara que nunca hizo maldad ni hubo engaño en su boca? Es que no fue ni su engaño ni su maldad la que él se estaba llevando. ¿De quién serían la maldad y el engaño que él se estaba llevando? Tuya, mía, nuestra. La de la raza humana. Esto es lo que se llama "El trabajo sustitutivo de Cristo" En el castigo, Cristo me sustituye, y en la justicia, yo lo sustituyo a Él.

(10)         Con todo eso, (Sin que hubiera maldad en Él, ni engaño en su boca,) Jehová guiso
Quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado,
verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

(11)         Verá el fruto de la aflicción de su alma, (Este es otro tema. El alma de Cristo, dice la
Palabra, fue afligida. Todos estos sufrimientos hacen una base, la base de nuestras vidas. Si Cristo
Jesús te sustituyó a ti y tu pecado fue sobre Cristo, La justicia de Cristo fue sobre ti. Pero ese no es el
único beneficio.

Las enfermedades y los dolores tuyos, también, fueron sobre Cristo. Y por la llaga de
Cristo tú recibes sanidad. Tus pecados y rebeliones fueron sobre Cristo y la justicia de Cristo sobre ti.
Pero ahora vemos que el alma de Cristo fue afligida, entonces pregunto: ¿Tu alma tiene que ser
afligida por algo que, en su momento, ya afligió a Cristo?

Para nada. Pero resulta que el noventa y cinco por ciento de los miembros de las iglesias tienen aflicción en sus almas. Depresión, Ira, Raíces de Amargura, Falta de Perdón, Resentimiento, etc. Todo esto nos obliga a qué? A hacer sanidad del alma, que ahora está muy promocionada y difundida con el nombre de "Sanidad Interior". No discuto esta práctica, allá cada uno con la valorización o sobrevalorización que puedan darle a las cosas humanas.

Pero la pregunta sigue en pie: ¿Para qué fue afligida el alma de Cristo cuando cargaba tu
pecado? ¡Para que hoy no lo experimentaras tú!) Y Quedará satisfecho; por su conocimiento
justificaré mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.

Ahora bien; cuando hablamos de la palabra INIQUIDAD, no estamos hablando sólo de esa palabra AVON, rebelión, sino de la consecuencia de esa rebelión. Dice que Cristo Jesús, llevará las iniquidades de ellos. (2 Corintios 5:21)= Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para Que nosotros
fuésemos hechos justicia de Dios en él.   
,

 Se da un intercambio. Es la misma base que un pacto de sangre. Es aquí, entonces, donde tú te preguntas: ¿Y qué es lo que Él recibe? Aparentemente, sólo nuestros pecados. Sin embargo, al final de la libertad, al final de la salvación, la Biblia declara que Él estará satisfecho, verá linaje, vivirá largos días y, sobre todo esto, la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.

(12)   Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.

Hay algo aquí, entre líneas. Dice: Por cuanto derramó su vida hasta la muerte y fue contado con los pecadores. ¿Cuál es la mayor vergüenza que puede padecer un hombre honrado? Que su nombre sea injustamente manchado. Que se lo ponga a la misma altura de los que no son honrados.

 Cristo Jesús va a la cruz cumpliendo la voluntad del Padre. Es herido por nuestros pecados, molido por nuestras rebeliones, sufre nuestros dolores, lleva nuestras enfermedades, aflige su alma y, además de todo eso, pasa por la vergüenza de ir a la cruz del calvario, de ir a un lugar adonde van los delincuentes, sin serlo.

¿Qué esperarías tú de tus amigos, si te tocara vivir una injusticia así? Lo mínimo, el apoyo de
sentirlos cerca de tí. Bueno; dice que los suyos se fueron, lo abandonaron allí, colgado en la cruz.
¿Sabes como se llama eso? Rechazo.

Y esto no es casual. La mayoría de las personas que
conozco, y que tienen problemas en sus almas, tienen o han tenido alguna vez problemas de rechazo. Penas, complejos y vergüenza.

Fíjate que Cristo sufrió la peor de las vergüenzas y el peor de los rechazos. Veamos: ¿Para qué los sufrió? Simple: Para que nosotros no los sufriéramos. ¿Qué me dice todo este capítulo? Me dice que Cristo fue herido, para que yo sea sanado.

Llevó mis enfermedades, sufrió mis dolores, para que yo hoy tenga sanidad. Fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. ¿Les parece a ustedes que si ya alguien fue molido por nuestros pecados, ya no tenemos por qué ser molidos por segunda vez? ¿Y no les parece, asimismo, que si ya alguien se llevó nuestras enfermedades, no es honesto ni legal que alguien nos las vuelva a traer?

 O sea que, tengo una base legal para rechazar las enfermedades que vengan a mí, sencillamente porque no son mías, ya se las llevó Cristo. Dice la palabra que Él fue hecho pecado para que yo fuese hecho justicia de Dios.

Cristo se llevó nuestra muerte. Dice en Deuteronomio 21: Si alguien comete un crimen digno de muerte, lomataréis y lo colgaréis. ¿Había cometido Cristo algún crimen digno de muerte? ¿La raza humana había cometido algún crimen digno de muerte?

 Entonces Cristo llevó la muerte de los hombres, para que los hombres puedan llevar la vida de Cristo. (2 Corintios 8: 9)= Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

Cristo se llevó mi muerte para darme su vida, se llevó mi enfermedad para darme su salud, se llevó mis pecados para darme su justicia y, ahora, también estoy viendo que se llevó mi pobreza para darme su riqueza. (Efesios 1: 3)= Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

¿Aquí dice que a lo mejor, que quizás o que tal vez nos va a bendecir? ¡No! Dice que NOS bendijo. Ah... ¿Dice que nos bendijo con algunas bendiciones? ¡No! Dice con TODA bendición. Es aquí donde algunos se pierden y salen a decir por allí que "esto va a ser allá, en los lugares celestiales, que no es aquí y ahora".

Está bien, pero entonces pregunto: ¿Adonde dice la Palabra que estamos sentados con Cristo, AHORA? Si no leí mal, En Lugares Celestiales. ¿Allá adonde, entonces? Uf... El plan de Dios es revertir maldición por bendición.

La Biblia comienza bendiciendo al hombre, luego viene la maldición y termina en Apocalipsis 22, diciendo que ya no habrá más maldición. Entendiendo lo que Cristo hizo, podemos orar con una perfecta base legal para reclamar una enorme bendición a partir de una tremenda maldición.

<>< <>< <><


Comentarios o consultas a tiempodevictoria@yahoo.com.ar


Principal | Palabra del Día | Quienes Somos | Libro de Visitas | Contacto | Aviso Legal
Crecimiento | Estrategia | Ayuda | Colaboraciones | Producciones | Palabra Confirmada | Libros
www.tiempodevictoria.com.ar | 2002-2014