Tiempo de Victoria
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Me voy de la Iglesia

Pastor Bernardo Stamateas

La congregación “Presencia de Dios”, de la ciudad argentina de Buenos Aires, es relativamente nueva pero se está extendiendo muy rápidamente en cantidad de miembros. Bernardo Stamateas y su esposa son psicólogos y le han impreso una especie de sello personal.

El tema que Stamateas encara en este trabajo contiene aristas esenciales para tomar partido por el disenso o por el consenso, según la óptica y rango espiritual desde el que se lo lea. En esta sección, que generalmente utilizamos para confirmar enseñanzas brindadas, hoy nos permitimos modificar levemente la rutina y el estilo.

Tomaremos lo que el autor señala de esta problemática de manera correcta según la palabra, como Palabra Confirmada, pero no dejaremos pasar ninguna de las expresiones de corte babilónicas, sin comentarlas debidamente, con la finalidad de no confundir a nuestros lectores. Así comienza el texto fiel:


LOS 10 MOTIVOS PRINCIPALES POR LOS QUE LA GENTE SE CAMBIA A OTRA IGLESIA

Antes de entrar en lo que Bernardo Stamateas dice al respecto, quiero puntualizar algo que hace ya muchos años que vengo diciendo: en Argentina, (Y me atrevería a decir que en una gran parte del planeta también), la iglesia del Señor ya no crece, sólo se desplaza.

Una de las grandes preocupaciones de los pastores y de la Iglesia Cristiana en general es la cantidad de cristianos que van “de iglesia en iglesia”. Durante muchos años, se ha sostenido un gran mito que en éste articulo queremos destruir, el mito es el siguiente:

“ME ROBARON LAS OVEJAS”

Este es el gran mito que se sostiene dentro de las iglesias: pensar que cuando un miembro se va a otra iglesia, es porque esta otra congregación lo “robó” o lo “atrajo”. Sin embargo, como veremos, esto no es verdad. Siempre que una persona cambia de lugar es porque siente un malestar interior.

Siempre. Es muy difícil o es imposible que una persona que se siente bien interiormente en un lugar, que se siente bien con determinadas personas, se vaya a otro lugar. Es decir, una persona es “atraída” por otro lugar, pero en realidad no es la atracción lo que la mueve hacia la otra iglesia, sino el intento por resolver su malestar.

Echarle la culpa a otra iglesia de que “le robo un miembro” es tan ridículo como aquellos que se separan e inmediatamente dicen que fue porque “le hicieron un trabajo de brujería”, en vez de aceptar que el matrimonio entró en crisis y que fue ese el disparador de la separación.

Lógico, es más fácil decir que “le hicieron un trabajo de brujería” y que por eso el matrimonio se quebró. Cuando una persona se va de la iglesia, el pastor comete un gran error, muchas veces, de vivir esa salida como una traición que el hermano le hace al pastor y su bronca no le permite analizar objetivamente “el malestar interior del que sufre“.

La primera conclusión a la que tenemos que llegar -aunque sea dolorosa- es saber que siempre que alguien se va de nuestra iglesia es porque ha habido un malestar interior que ha sido como un resorte, un disparador, un impulsor, que lo llevó a buscar otro lugar.

Claro, es mas fácil decir “me robaron la oveja”, porque esto calma la angustia y pone las culpas afuera, “el otro es el culpable, no yo”. “El otro pastor”, “la otra iglesia”, la “ladrona”, la que “sedujo”, la que “hipnotizó”:

“Yo, pastor y mi iglesia, no tenemos nada que ver. Sencillamente ‘la oveja’ ha sido una pobre persona tonta, engañada y seducida por un pastor perverso o por una iglesia”. Sin embargo, mientras sigamos pensando así, nunca entraremos en el nivel de la excelencia.

La mayor parte de lo que se dice aquí es totalmente cierto. Las causas que producen ese malestar serán ahora evaluadas, aunque mucho me temo que no en su mayor gravitación, sino en los aspectos que se pueden observar desde el plano en que están evaluadas.

Sólo una acotación: la gente se está yendo de las congregaciones, de las denominaciones, de los templos, incluso si así se lo toma, hasta del credo evangélico, pero no necesariamente de la iglesia.

Salvo que alguien todavía entienda que “iglesia” es algo de esto que hemos mencionado y no el cúmulo de personas que han creído de verdad en Jesucristo como Salvador y Señor de sus vidas.

Entonces, la primera pregunta que nos tenemos que hacer es: Si un miembro o muchos se han ido de mi iglesia, es porque ha habido un malestar. El otro gran mito que debemos desterrar, a mi entender, y que no sirve es la famosa “carta de transferencia”.

Cuando una persona se va de la iglesia y se solicita la carta a la iglesia de dónde salió, en esa carta se expresan., muchas veces, las broncas, las maldiciones, las frustraciones hacia el que se fue. Otro aspecto interesante es ver pastores que se enojan cuando un miembro de su iglesia se va a otra y se enojan, se molestan porque ha sido recibido en otra congregación.

Esto también es estrictamente veraz. Personalmente, tengo claro que el Señor nos ha sacado de Babilonia para servir en otro plano, en otro nivel y dimensión. Sin embargo, de acuerdo a la opinión que algunos pastores “importantes” de mi ciudad tienen de mí, es muy poco probable que, de desearlo, tuviera acceso a otra congregación.

Se han equivocado muy feo, casi horrible se podría decir, en cuanto al mandato (Si lo hay) y a la autoridad (Si les ha sido concedida). Han llegado a creer que son los “dueños” de la iglesia y también de la voluntad de Dios. Por tanto, admiten y expulsan conforme a lo que ellos suponen o les parece. Dios se apiade de todos en el día del juicio.

Dicen: “Esa iglesia roba miembros”, “Tienen gente de otro lugar”. ¡Hasta ahora no hemos encontrado NINGUNA iglesia que no tenga miembros de otras iglesias! Diríamos: “el que esté sin miembros de otra iglesia, que tire la primera Biblia”. A continuación voy a enumerar cuáles son los malestares principales que hacen que una persona o un grupo entero salgan de una congregación buscando otro lugar donde poder buscar más de Dios.

1. SE VAN PORQUE SUFREN MALTRATO.

El maltrato es principalmente emocional y espiritual. Esto hace que una persona esté lastimada, dolida, rebajada, descalificada, y eso es un motor que lo impulsa a buscar un lugar en el cual encuentre buen trato. Cuando uno está en medio del océano, cualquier roca, cualquier madera, o cualquier balsa sirve para la salvación. Veamos de dónde puede provenir el maltrato:

a. Maltrato de los Pastores

El maltrato existe fundamentalmente en iglesias o pastores que castigan cuando predican, que en sus mensajes destilan odio, ira, resentimiento. Inmediatamente, cuando el pastor se entera que alguien tiene algún problema, lo usa como una anécdota en sus mensajes.

Todo el mundo en la iglesia empieza a mirarse; ya saben de quién se está hablando. Por un lado, el maltrato se ejerce a través de las maldiciones:“Si te vas de acá… te va a ir mal”, “El que se va de acá, lo voy a denunciar públicamente”. Por otro lado, el maltrato espiritual está regido por la culpa, la manipulación y la descalificación. Gritarle al miembro, humillarlo en público o en privado, descalificarlo en público, etc.

A estas expresiones las he oído yo mismo, por una emisora de radio supuestamente cristiana, que es propiedad de una congregación, también supuestamente cristiana, de boca de su propio pastor, supuestamente cristiano aquí, en mi ciudad de residencia.

Ni quieras imaginarte algo que aquí, en texto gráfico, no se puede mostrar: el tono de voz con que se dicen estas cosas. No hace falta ni es necesario el menor grado de discernimiento para darse cuenta el odio, el rencor y el resentimiento que se destilan en esas voces.

b. Maltrato de líderes

Hay líderes que maltratan a la gente, que creen que son de su exclusividad. Dicen: “Vos sos de mi barca”, “Vos me perteneces”, “Vos no podes consultar con nadie que no sea yo”, “Vos me tenés que pedir permiso para ponerte de novio”.

Hay otra congregación aquí, en mi ciudad, que funciona con el sistema de células caseras lideradas por terceras líneas que, a su vez, dependen de otras superiores y éstas del pastor principal.

Hasta hace muy poco tiempo he recibido gente que huía despavorida de ella por causas como las que se señalan aquí. Por motivos que no interesan en este trabajo, yo estaba algo así como “prohibido” en esa denominación.

Sin embargo, muchos de los líderes de esas células, venían a la emisora de radio donde yo trabajaba a pedir consejo sobre como conducirse con sus ovejas “privadas”. Tenían directivas que, en casos, los movilizaba de tal manera que no vacilaban en concurrir a otros ministros a buscar confirmación de ello.

Nadie quería intervenir porque hay una especie de código de tono mafioso que dice que cada denominación hace lo que cree mejor y que cada pastor es dueño de hacer lo que mejor le parezca en cada templo. Y la gente está obligada a creer en lo mismo que cree su pastor, que no siempre es lo que dice la Biblia al respecto.

Muchas de estas células, trabajaban estudiando trabajos que sacaban de mis audios, los cuales venían a buscar, obviamente, a escondidas de sus pastores. Los que se comportaban así, eran incapaces de hacerse dueños de esa gente, pero los que no lo hacían, ni lo dudaban.

Conozco un caso: una hermana de esa congregación fue engañada por su esposo, que finalmente se fue de la casa con su secretaria. Cinco años después, esa mujer estaba prisionera de una célula que, ni la dejaba salir, ni conocer a otra gente y, mucho menos volver a casarse, pese a que el marido real había tramitado y obtenido el divorcio y se había casado con su secretaria.

Uno de esos líderes me confesó, casi llorando, que ellos no sabían muy bien que hacer con la vida de esa pobre mujer, pero que las leyes de la denominación eran las leyes y había que cumplirlas porque de otro modo se quedaban fuera.

La historia finalizó, como corresponde, con esa mujer yéndose de esa congregación y también del Camino del Señor, ya que con todo lo que le dijeron, le hicieron pensar que estaba cometiendo un horrible pecado y que hiciera lo que hiciera, ya no tenía salvación.

No sé adonde está esa dama, hoy. Pero si anda por allí sin saber que hacer con su vida, y sin atreverse a pedirle perdón a Dios porque le han hecho creer que no será perdonada, le digo ya mismo: pide perdón y regresa a los caminos de Dios, que no tienen absolutamente nada que ver con esa gente ruin, cruel y malintencionada que has conocido.

c. De ujieres

Cuando una persona viene a la iglesia, la primera cara visible es el ujier, que le da la bienvenida. Hay ujieres que reciben a la gente con cara de limón o que se creen dueños. Dicen: “Acá no te sientes”, “Andáte de acá”, “Váyase de acá”. Decepcionan a la gente con miradas sospechosas las cuales hacen que las personas se sientan mal y se vayan de la iglesia.

Es cierto, también lo he visto y vivido desde ambas posiciones. Porque la que aquí no se menciona, es la que tiene que ver con el tratamiento que se le otorga a la persona conocida o invitada por los pastores.

A ellos, generalmente estos ujieres los tratan con almibaradas palabras y les dicen cosas tales como: “¡No se moleste, hermano, siéntese aquí!” y sacan casi a empujones al que estaba sentado para dejarle espacio a los “especiales”. Sólo una duda: ¿En que Biblia se habla de ujieres?

d. De otros miembros

Hay iglesias que tienen asambleas, reuniones, las cuales se desarrollan bajo un “todos contra todos”. Existen discusiones, chusmeríos baratos, chusmeríos caros, agresiones del uno hacia el otro, peleas entre líderes. Esto hace que la gente se vaya.

Estuve quince años en una de esas. Solía decirse, allí, en tono de broma que esa era la iglesia donde las mujeres oraban y los hombres votaban. ¿Democracia? Discurso democrático. El funcionamiento, tan autoritario como las demás.

La iglesia jamás aprobaba lo que le parecía mejor, sino lo que el pastor y sus ayudantes se encargaban de hacer aprobar con distintas técnicas de manipulación, apriete o sobornos. De todos modos, para los reglamentos internos de la denominación, eso estaba bien y era suficiente para darle marco legal.

e. De peleas entre pastores o entre líderes

Hay gente que se va, no porque ha sido lastimada directamente, sino porque cuando mira a su alrededor ve líderes “enquistados” que no quieren perder su “status-quo”, su posición. Se pelean con otros líderes, se critican. Vemos iglesias compuestas por equipos pastorales divididos entre sí, líderes que dicen una cosa y el pastor dice otra.

Todo este nivel de maltrato emocional y espiritual, hace que la gente se vaya. Sin lugar a dudas, cuando una persona es violentada y maltratada y descubre otro lugar en donde es bien tratada, esa persona se cambia de iglesia.

Esto último es, desde ya, bastante relativo y hasta dudoso. Pero lo anterior es real. Con un agregado: en esas peleas “Inter.-líderes”, la gente toma posición como si fuera un grupo de simpatizantes en un campo de fútbol. Sólo le faltan las banderas y arrojarse objetos contundentes.

No está dicho aquí pero es también no menos cierto, que cuando finaliza alguna de estas contiendas, el que resulta vencedor se queda con la iglesia y es acompañado en “el ministerio” por aquellos que le fueron fieles a la hora de la reyerta.

Es totalmente lógico que así sea, en ninguna sociedad normal una administración humana podría conducirse si no se aceptaran estas reglas de juego. Sólo que estamos hablando de la iglesia del Señor, y en todas estas cosas, a Él no parece tenerlo presente nadie.

Preguntas para reflexionar:

¿Cuál es el nivel de maltrato que hay en mi congregación, en mis líderes, entre la gente, entre los ujieres?

¿Cuál es la atmósfera que hay en mi congregación? ¿Hay una atmósfera de gozo, positiva, alegre, dinámica?

¿Felicito, aliento, reconozco y bendigo a la gente, o la castigo?

¿Soy de señalar los pecados y de ponerme en juez o soy un restaurador de vida, un motivador?

Estas preguntas insertadas al texto tienen un calibre del nivel de las escuelitas dominicales, pero las he dejado, en primer lugar, para respetar fielmente el texto y, en segundo término, porque puedes utilizarla para una evaluación doméstica o regional.


2. SE VAN POR ESTAR EN UNA IGLESIA SIN PROPÓSITO.

Este segundo punto también es muy frecuente. Las iglesias sin propósito están muertas y aburridas. En ellas, la gente va, escucha mensajes que no le sirven para nada, que no tienen ninguna trascendencia en su vida y se va.

La gran pregunta que al autor no se formula aquí, pero que no podemos dejar pasar por alto nosotros, es: Si, en efecto, hay gente que acude a esa clase de congregaciones que son reales y existen, sin dudas, ¿Para que siguen yendo? ¿Qué es lo que los hace seguir asistiendo a la más triste de las nadas?

Generalmente, aquí es donde me suelen responder que es porque entienden que necesitan congregarse y tratan de cumplimentar con ello aún en esas condiciones. Perdón: ¿Alguien va a pretender que nos creamos que CONGREGARSE conforme a la Biblia, es algo como lo que estamos describiendo?

En ellas son moneda común las discusiones teológicas, las interminables enseñanzas “doctrinales” que no sirven para nada en la práctica, las reuniones aburridas, con canciones aburridas, una adoración depresiva, un pastor que pasa y dice: “Bueno, hoy somos poquitos, ¿dónde estarán los demás?” y comienza a retar a los que vinieron por los que no vinieron.

Cierto. También lo he visto y oído muchas veces. Sólo una acotación: ¿Cuándo se habla de canciones aburridas y adoración depresiva, se está hablando de falta de gozo o de música de mala calidad? No conozco la respuesta, pero en esta área, la confusión es muy corriente.

Son iglesias sin propósito, en las cuales la gente ofrenda y se pregunta: “¿A dónde irá a parar mi dinero, si esta iglesia no hace nada?” Se enganchan en toda “propuesta espritual nueva”, en toda “propuesta alternativa nueva”, luego la cambian y pasan de una actividad a otra.

Yo también, durante muchos años, me preocupé por saber adonde iba a parar mi dinero, ese que diezmaba y ofrendaba puntualmente cada mes en mi congregación. Un día, el Señor me mostró que tanto diezmos como ofrendas deben llevarse a los alfolíes, que son los lugares adonde está el alimento que necesitamos, y no para obras humanas o enriquecimiento ilícito de personas. Discernir donde lo llevamos y donde NO lo llevamos, es tarea de cada uno en comunión con el que nos guía a toda verdad, el Espíritu Santo de Dios.

No tienen actividades dinámicas, con atractivo para los jóvenes. Los miembros de estas iglesias son los que no invitan a nadie, a ningún amigo, porque dicen: “Me da vergüenza invitar amigos míos a la iglesia porque no entienden nada, porque se aburren o porque no les sirve”.

En primer término, debo confesar que no comparto eso de fabricar en la iglesia cosas que signifiquen un “atractivo para los jóvenes”. Mientras Satanás los empuja al infierno desde muy pequeños con los duendes y las hadas, nosotros todavía andamos armando mesas de ping-pong porque nuestros pastores pasaron sus reuniones de jóvenes sabatinas disfrutando con eso. O aprendemos que este es otro tiempo o perdemos lo que tenemos.

Y si sentimos vergüenza de invitar a personas que les interesa conocer más de Jesucristo a nuestra congregación, no es porque las reuniones sean aburridas por falta de entretenimiento, sino porque no se habla de ese Jesucristo al cual vienen a buscar los incrédulos, sino de lo bueno que está haciendo la iglesia tal o cual en la sociedad secular. Y eso, a gente del mundo, acostumbrada a promociones, autopromociones y discursos baratos, sí que les aburre. Y mucho.

He sido testigo, por las naciones del mundo, de iglesias que no tienen niños, que no tienen jóvenes, adolescentes, que apenas tienen un grupo de ancianos y cuando uno les pregunta: “¿Qué actividades atractivas desarrollan?”, no hay propósito, no hay nada.

Dicen: “Acá a la iglesia no venimos a divertirnos, sino a buscar de Dios”. ¡Cómo si buscar de Dios y divertirse fuesen dos cosas contradictorias! Dicen esto en vez de entender que el Reino es una fiesta. Son iglesias sin objetivos.

Dicen: “Bueno, queremos ganar la ciudad, impactar el barrio”, pero eso es mentira; es una teoría escrita en un papel de un estatuto, porque en la práctica no hay movilización, no hay motivación, no hay metas específicas escritas, ni hay grandes desafíos

Esto que Bernardo Stamateas describe con absoluta fidelidad, no se encuadra precisamente en falta de propósitos, aunque también los padezca, sino en lisa y llana falta de presencia del Señor en los cultos y reuniones.

Una vez leí un libro cuyo autor hablaba de estas cosas. Y en un momento dado, él escribe un absurdo que, si se entiende como corresponde, golpea duro: Dice que hay iglesias tan bien organizadas, donde todo funciona tan aceitadamente y de manera casi automática, que si un día Dios se va de vacaciones, no se dan cuenta. Obviamente: el absurdo es que Dios se vaya de vacaciones. Pero que no se den cuenta es muy probable….

. Los mensajes son largos, tediosos y aburridos. Muchas veces la atmósfera espiritual se descubre midiendo la luz física. Cuando vayas a una iglesia, mirá la luz. La luz te va a indicar cómo es la luz espiritual que hay dentro. ¡Hay iglesias que tienen dos lamparitas! ¡Todos están a oscuras! ¡Con una música triste! Sin motivación.

El error con la música, parte de considerar a cierto tipo de expresión musical como “música cristiana”. No existe tal cosa. Antes eran los himnos, hoy son las baladas y las rítmicas que gustan en nuestros países latinoamericanos. No le hace, son la misma cosa.

No existe ni la cumbia cristiana, ni el rock cristiano, ni el tango cristiano. Todo tiene que ver con quien las componga. ¿Consideraremos cristiana una canción de Marcos Witt interpretada por un cantante secular, alcohólico o drogadicto?

Hay música que sirve para fines cristianos porque ha sido compuesta por autores creyentes genuinos. En la misma disquería puedes hallar CD de personas que no son creyentes genuinos, sino oportunistas que han visto un buen negocio en la discografía cristiana. Si ellos compusieron temas, esos temas de ninguna manera pueden considerarse cristianos.

De otro modo, estaríamos incurriendo en el mismo error que cometeríamos si tomáramos como cristiana a una música compuesta por un autor alcohólico, adúltero, promiscuo y vicioso, simplemente porque la interpreta un cantante cristiano confiable.

Claro, cuando estas personas descubren otro lugar en el cual son motivadas, que hay propósito, que hay conquista, que hay desafío, se van. Una iglesia con luz, con brillo, con alegría, atractiva, con mensajes atractivos, con títulos atractivos es una iglesia poderosa.

Permíteme ser reiterativo en un concepto: estoy convencido que una iglesia poderosa es aquella donde la presencia de Dios se discierne, se percibe, se siente como un peso divino y majestuoso imposible de evadir. Todo esto que aquí se menciona, es simplemente “puesta en escena”. Válida en grado sumo, tal vez; pero puesta en escena al fin.

¿De qué le sirve a una persona que viene por primera vez a nuestra iglesia a escuchar “El manto babilónico” o “El pecado de Acán” cuando no sabe quién es Acán ni qué es el manto? En pleno verano dice “el manto”, ¿Qué manto? O el mensaje “Las trompetas de Jericó”, cuando no sabe dónde queda Jericó, cuando tiene que pagar los impuestos, cuando su mujer lo abandono, cuando sus hijos están en el alcohol…

Si cualquiera de esos mensajes mencionados, es predicado por un ministro genuino, levantado realmente por el Señor, y lo que predica es palabra auténtica, sin humanismos de ninguna clase, esa persona podrá no ser entretenida, pero será bendecida. Porque quien bendice es Dios hablando por boca de sus ministros, no sus ministros.

Con respecto a sus problemas de vida cotidianos, que son reales y muy concretos, tienen que ver indefectiblemente con sus emociones, y estas, con su estado espiritual. Quien está espiritualmente vacío, busca llenar su alma con cosas anímicas, y su vida con cosas materiales.

Recientemente, me decía una mujer que había estado veinticinco años en una congregación de una denominación tradicional de las iglesias evangélicas, había perdido su trabajo, había intentado suicidarse y su hijo estaba en la droga. Me decía llorando: “Mis veinticinco años no me aportaron nada… Yo necesito saber que Dios es algo más de lo que me enseñaron”.

Cierto lo que dice esta mujer. Hoy por hoy, en la mayor parte de nuestras congregaciones se enseña un Dios muy diferente al de la Biblia. Dicen que lo hacen por una razón de tiempos, ya que, - Aseguran -, la Biblia se escribió hace mucho tiempo y hoy las cosas son distintas. ¿Tú te crees esto?

Preguntas para reflexionar:

¿Mi iglesia tiene objetivos claros?

¿Hay propósitos y desafíos en nuestra congregación?

Hay metas grandes a coto y a largo plazo? ¿Estamos logrando cosas?

¿Estamos generando una iglesia atractiva, dinámica, alegre, moderna?

Cuando miramos los muebles que tenemos en la congregación, ¿Son de hace treinta años atrás, con esas mantillas blancas, con ese ropero que trajo un hermano porque en la casa no lo quería tener porque estaba roto? ¿Hay luces tenues, o estamos creando una atmósfera atractiva?

El objetivo de la iglesia del Señor es extender el Reino de Dios en la tierra. Cualquier otro objetivo, por mejor intencionado que sea, es idea de hombre. El mayor desafío es conseguirlo, ya que cuando se intenta esto, se vive en Guerra Espiritual sin cuartel.

Las metas, los logros, son técnicas gerenciales utilizadas con mucho éxito en grandes y potentes empresas. Muchos ministros optan por estas técnicas para la iglesia y consiguen con ello muchos éxitos numéricos. Pero no es eso lo que Dios nos ha ordenado. El mundo debe copiar a la iglesia, no a la inversa.

¿Qué es una iglesia atractiva? ¿Las tantas que vemos muy bien iluminadas, coloridas, con tremendo movimiento en la plataforma, música contagiosa, cuerpos muy profesionalizados de danzas y mensajes destinados a las problemáticas del hombre moderno? Es probable. Sólo una duda: ¿Qué lugar ocupa la verdadera palabra de Dios en ese andamiaje? Otra duda: ¿Qué registro habrá de ellas en el ámbito del Espíritu?


3. SE VAN PORQUE NO LOS DEJAN SERVIR Y DESARROLLAR SU DON

Hay personas que tienen un profundo deseo y una santa insatisfacción de servir a Dios, de trabajar, de desarrollar su potencial. Saben que Dios ha puesto dinamita dentro de ellos. Quieren servir en la música, en las artes, en la evangelización, etc. Quieren servir con su pasión.

La pasión es el motor motivador más poderoso que existe; pero no los dejan trabajar… Dicen: “No, este ministerio ya está completo” ¡Claro! ¡El ministerio de adoración quedó cerrado ya! Desde hace muchos años… cuando la hermana Felicitas se hizo líder del ministerio y solamente deja entrar a cinco o seis amigotas.

¡Claro! El líder Juancho que lidera evangelismo hace cuarenta y tres años no deja ingresar a nadie…La gente que quiere trabajar y servir, a veces siente que tiene un techo. Recientemente, me decía una persona: “Pastor, yo estudié cine. Yo quiero poner mi don a disposición del Señor. Pero me dijeron que el cine no era de Dios. Que acá no hay ministerio de cine. Que si quería eso que fuera a la televisión, que ‘acá es una iglesia’”.

¿Cuánta gente quiere servir con su vocación, con su pasión, pero no lo dejan trabajar? Todo es un techo. ¿Por qué? Porque muchas veces, los pastores tienen miedo de levantar más pastores en su congregación.

Algunos líderes tienen miedo que les “hagan sombra”. Esta es gente con baja estima, que siente que todo es competencia y comparación. Los pastores se enojan porque se nombró a otro pastor y no a él. Ese techo hace que llegue un momento en que la persona se va.

Existe un tremendo riesgo de confundir ministerios y dones con talentos y vocaciones. Los ministerios, según Dios, son cinco básicos. Hay pequeños anexos que van en conjunto, pero no se salen de su jurisdicción.

Después existen determinados talentos que pueden ser puestos, - Es verdad – al servicio de la obra del Señor, ya sea en discipulado o en evangelización. Acepto que el cine y el teatro, así como las artes y la música, pueden ser bien usados en estas áreas.

Sin embargo, es muy complicado, por no decir imposible, pensar en el cine o el teatro a la hora de ministrar con unción pastoral, profética o apostólica. Parecerían ser elementos aptos para el evangelista o el maestro.

Y luego también conlleva el riesgo (Muy profuso) de utilizar estos mal llamados “ministerios”, para poder acceder a disfrutar de expresiones que enriquecen el ego, que como todos sabemos, es el epicentro indiscutido de cualquier expresión artística.

Yo soy periodista, y cuando me hice miembro de mi primera congregación, pensé que Dios iba a usarme grandemente en lo que eran mis talentos profesionales. ¿Te asombrarás si te digo que durante más de cinco años el Señor no me dejó ni siquiera hacer el boletín interno de esa pequeña iglesia?

Un día, - Lo recuerdo muy bien -, me dije y le dije al Señor en oración: ¡Está bien, Señor! ¡Si a ti no te interesa lo que yo puedo aportarle a la iglesia, olvídalo! ¡Pero al menos déjame que me ofrezca para barrer el templo o limpiar los cristales de las ventanas!

Yo no lo sabía, pero Dios estaba esperando ese gesto mío de humildad, que era el equivalente a pasar todos mis probables talentos naturales por la cruz de Cristo. Cuando hice eso, al mes siguiente, todo empezó a cambiar y finalmente terminé en los medios de comunicación tal como quería. Pero no haciendo lo que YO sabía hacer, sino sirviendo al Señor con lo que EL me mandaba a hacer.

El otro asunto, el de los “propietarios” de los ministerios, es más que real y ocurre con mayor frecuencia en las congregaciones más conservadoras, ortodoxas y supuestamente democráticas. ¿Cómo se cambia esto? No se si se atreverán, pero se cambia levantando a los ministerios a gente que Dios haya levantado, y no a nuestros amigos o parientes.

Preguntas para reflexionar:

¿Estoy siendo un techo para los míos?

¿Estoy motivando a mi gente?

¿Estoy abriendo ministerios de acuerdo a su pasión?

Decía una persona: “Pastor, yo quería servir, trabajar, abrir mas reuniones, evangelizar, pero el pastor me decía que con la reunión de los miércoles ya alcanzaba. No importaba que fuésemos cinco. Entonces le propuse: ‘¿Por qué no abrimos los martes, los lunes, para captar otro tipo de gente?´ Pero no. Yo le proponía ayunos, evangelismos, salidas, pero él tenía el día de descanso, o la gente no podía o no me dejaban”.

Uno de los éxitos que nosotros hemos tenido aquí en “Presencia de Dios” es que cuando la gente viene y recibe al Señor, vemos cual es su vocación, cual es su pasión y sobre eso armamos un ministerio.

Coincido con Bernardo en cuanto a que como sistema bien organizado, es correcto y mucho más limpio y bien intencionado que una gran mayoría de lo que se ve por allí. En lo que lamentablemente no puedo coincidir, aunque se me pueda tasar de fundamentalismo, es en que a un ministerio no puede “armarlo” ningún hombre, ya que es Dios mismo quien lo otorga en calidad de préstamo administrativo temporario.

Recientemente se han entregado al Señor muchos artistas y hemos abierto un ministerio para ganar artistas. Se han convertido gente de cine y hemos abierto un ministerio de cine. Chicas bailarinas se han convertido y hemos abierto un ministerio de baile para poder ganar gente del área de la coreografía, etc.

El testimonio concreto, (El cual no me consta, pero no tengo por qué no entenderlo tal cual se lo cuenta), es indudablemente positivo. Lo que no lo es tanto, son los riesgos que el propio líder suele correr respecto a ello.

Hace no demasiado tiempo, en un reality de altísima audiencia en mi país, se publicitó como el libro más leído por los participantes en su permanencia aislada, a uno escrito por Stamateas. Esto fue un excelente testimonio y una muy buena promoción de su ministerio y de su congregación.

La prensa se hizo eco bastante profusamente del tema, (Cosa no usual, ya que siempre solemos tenerla en contra), y llegó a catalogar a Stamateas como “el gurú” (sic) del reality. Hasta aquí, impecable y digno de cierto pequeño orgullo para el pueblo evangélico.

Sólo un pequeño problema. En medio de toda esta buena promoción donde el pastor casi era como una especie de referente para esos jóvenes, estos aparecieron jugando al juego de la copa y adelantando que tenían intención e interés en jugar también con la tabla ouija.

Este es el indudable riesgo que se corre cuando se ingresa en el ambiente de la farándula. Es altamente esotérico y las “brujitas”, tarotistas y videntes están a la orden del día. Si vamos a ministrar allí, vamos a tener que clarificar muy bien las cosas porque, de otro modo, la confusión va a hacerse un “pic-nic” con todos nosotros.

En vez de ubicar a la gente en los ministerios existentes tendríamos que abrirlos de acuerdo a los dones que van llegando, dejarlos trabajar, nunca poner un techo a nadie. El crecimiento de uno es el crecimiento de todos. Cuantos más pastores levantemos, cuanta más gente levantemos, más éxito tendrá el Reino de Dios.

Esto es decididamente cierto. No es el único Stamateas que tiene esta idea. He conocido a muchos pastores muy bien intencionados que no sólo no desean frenar los dones de nadie, sino que desean que se levanten muchos ministros para que el trabajo sea más liviano.

Sólo un problema, un pequeño detalle: ninguno de ellos, (Ya sea por olvido, omisión o decisión consciente), resuelve dar un paso al costado cuando ve a alguien con mayor unción y dones de Dios que ellos mismos y dejarles su lugar. Mantienen su posición contra viento y marea. Que haya todos los dones que se pueda, pero aquí sigo mandando yo, ¿Está claro?

4. SE VAN POR EL LEGALISMO

El legalismo mata, me consta. He sido testigo de gente congregada en iglesias ultra legalistas que terminaron ahorcándose, pegándose un tiro, envenenándose. Cuando una persona que lucha todos los días para subsistir, para llevar adelante su hogar, para trabajar, para luchar en medio de un trabajo con gente que quiere su puesto, que compite, llega encima a una iglesia donde es retado, culpabilizado y acusado, no le queda más que morir.

El legalismo te esclaviza, te pone cargas, imperativos: “No se puede venir con pantalones, no te podes pintar, las mujeres que no prediquen”. Culpas, todo es pecado: “Falta santidad, falta unidad, no se puede jugar al fútbol, no se puede divertir”, ¡cuántos ejemplos podríamos dar!

Te recomiendo que leas el libro que he escrito al respecto sobre “el legalismo”.Hay gente que ha sido castrada en su espíritu con una mentalidad de culpa y condenación. La culpa siempre te remite al pasado: “Hay algunos pecados todavía que Dios no te ha perdonado”

.La condenación te remite al futuro: “Vos no mereces alcanzar los sueños que Dios te dio”. Las personas viven tristes, amargadas, apesadumbradas. Los legalistas son rígidos, cuestionadores, les encanta mirar y analizar a las iglesias crecientes para sacar sus clásicas conclusiones:

“Mas vale calidad que cantidad”, “El cementerio también crece”, “La iglesia no es una bailanta, ni el pastor un payaso”, “El infierno también va a estar lleno de incrédulos”, “Gracia barata”, “Falta de ética” y un montón de estereotipos mas que lo único que hacen es tapar su rigidez mediante una “curita”, mediante maquillaje para no mirar hacia adentro y descubrir que no pueden apedrear a nadie, que tiene que soltar la piedra.

Esto es irreprochablemente así. Cuesta trabajo creer que adentro de un salón que se autodenomina como “la iglesia del Señor”, existan personas que, en el nombre de Dios, puedan estar empujando al suicidio a alguien. Sin embargo es real.

Sin embargo, el consejo de Pablo no es inoportuno cuando se dan estas alternativas. Porque dentro de la politiquería legalista de estos amargados, ácidos, jamás felices, porque están viviendo por la ley y como tal están bajo maldición, hay algunas expresiones que conviene tener en cuenta para no caer en la extralimitación permisiva, que también es negativa.

¿Falta santidad? Si a la santidad se la toma como formas externas, es legalismo puro. Si, en cambio, tiene que ver con la moral y la vida de los hermanos, es lícito reclamarla. ¿Falta unidad? Obvio, no se resuelve con veinte pastores tomando café, juntos, un día a la semana. La única unidad posible, factible y apta, es la unidad en el Espíritu. Si no existe esta última, también es lícito reclamarlo.

¿No se puede jugar al fútbol? ¿Cómo no se va a poder jugar al deporte argentino por excelencia en el marco de una iglesia que está fundamentada en argentinos? ¡Claro que se puede jugar al fútbol! Se pueden organizar torneos, campeonatos o intervenir en otros. Lo que no puede hacerse, es rotular a esa actividad como “ministerio”, cuidado.

Preguntas para reflexionar:

-¿Estoy Sano por dentro?

-¿Estoy Ministrando Legalismo en mi Iglesia?

Una vez me preguntaron cuál era el requisito más importante para interpretar la Biblia. Sin pensarlo dije: “Salud emocional y espiritual”. Porque cuando fuiste violado y no estás sano, cuando fuiste abandonado, cuando tuviste un papá que te golpeaba, cuando te criaste bajo el brazo del imperativo, si no estás sano, vas a lastimar a otros y vas a interpretar la Biblia desde tu dolor y odio: el herido siempre hiere, el rechazado rechaza, el reprimido, condena.

El más moral a veces es el más inmoral. ¿Cuántos ejemplos tuvimos de grandes predicadores que hablaban de santidad y acusaban el usar pantalones, pero se deleitaban en los placeres más perversos a nivel sexual?

Total y absolutamente cierto. Así ha sucedido en muchos lugares y ha producido que muchos se fueran huyendo de esos lugares, pensando que las cosas de Dios serían muy buenas, pero que con esos locos depravados no querían saber más nada.

Sin embargo, a esto que el pastor Stamateas pinta con certeza, habría que adosarle otro aspecto que también es altamente necesario: ser llenos del Espíritu Santo. Y no estoy refiriéndome a hablar en lenguas, temblequear en el suelo o caer en éxtasis nebulosos. Estoy hablando de tener una certeza y una convicción interior capaz de limpiarnos de toda impureza.

Las preguntas que el autor del trabajo formula a continuación son válidas por dos motivos esenciales: 1) Porque son necesarias en grado sumo en lo que es la iglesia de hoy, huérfana de presencia de Dios y poder del Espíritu Santo. 2) Por su propia especialidad profesional puesta al servicio de la congregación.

Preguntas para reflexionar:

-¿Fui Ministrado en Sanidad Interior?, ¿Se Ministra Sanidad Interior en mi Iglesia?

-¿Se Vive en mi Iglesia una Atmósfera de Paz, de Perdón Divino, de Gracia de Bendición?

Siempre el legalista interpreta gracia, libertad y bendición como el polo opuesto: el libertinaje. Dicen: “Claro, ahí aceptan a cualquiera…”

Hace un tiempo me decía con orgullo un pastor legalista: “En mi iglesia no hay ningún divorciado” y le dije: “¿Cómo hiciste?” “Los echo a todos”, contestó…

A esto lo he visto personalmente en cierta y determinada denominación que se precia de ser implacable con este asunto. Es verdad, en ella no asisten divorciados porque se los expulsa. ¿Motivos? Para que nadie tome ejemplo de ellos y los imite.

¿Está bien? No, pero convengamos que en muchos casos, los hermanos se manejan así con la mejor de las intenciones. Que no deja de producir resultados, ya que nadie se divorcia allí. Eso sí; al adulterio no lo han podido erradicar. Nadie descubre a los adúlteros. Y mucho menos si se trata de líderes prestigiosos.

Un nuevo sistema del legalismo que ha crecido en los últimos años afirma que el que no esta en una barca o en una célula no puede permanecer al ministerio. Una presión permanente: «multiplicate y gana gente». Utilizando rígidamente materiales que el que no lo sigue queda descartado.

Nuevamente vemos que hasta las cosas buenas hechas un ritual y una obligación pasan a ser malas. Nos han llegado testimonios de cientos de personas de todo el mundo que avalan esta afirmación.

El sistema de “barcas” o células ha pululado por todo lo largo y ancho del planeta cristiano. Seguramente ha sido la visión que Dios le dio a alguien en algún lugar, pero eso no significa que el método tenga que dar resultados positivos en todas partes, o que se tome como un “ábrete sésamo” de conversiones o crecimiento.

En otros sitios, el sistema radica en discipulados de pequeños grupos. Un discipulador y varios discipulados. En la teoría, un método que permite un crecimiento constante y real. En la práctica, verdaderas batallas campales “santas” por un discípulo.

5. SE VAN POR ESTAR EN IGLESIAS ALMÁTICAS

El alma es la suma de la mente, la voluntad y la emoción. Hoy estoy convencido que una de las razones principales por la que muchas iglesias no crecen, es porque son almáticas. ¿Qué es ser almático? Es un vínculo pegoteado, pegajoso, intenso, simbiótico.

Sucede en el “amiguismo”: un amigo te lo elegís vos, pero un hermano te lo elige Dios. El vínculo del alma, que tanto hemos desarrollado en nuestros libros, hace que se armen grupos cerrados: “Vos sos mi amigo, vamos a comer juntos, trabajamos, juntos salimos, juntos nos vamos de vacaciones…”

Así se aman, hasta que se pelean y así se odian. Son los “Montesco” y los “Capuleto”. Son esas familias que gobiernan las iglesias de grandes apellidos y múltiples miembros. Son esas tres o cuatro familias tal vez, en una iglesia de ochenta miembros las que no dejan que entre gente nueva, aunque llorando claman en oración: “¡Padre queremos un avivamiento!” Su espíritu dice: “No queremos a nadie porque queremos manejar nosotros la situación”.

Lo almático es siempre manipulador. Mis vínculos con la gente no tienen que ser del alma, sino del espíritu. A mi lo que me une no es el afecto, es un propósito de Dios: la sangre de Cristo que nos ha unido para traer salvación a la tierra.

Eso no quiere decir que en el vínculo del espíritu no haya afecto. Hay algo más poderoso que el afecto, que es la sangre de Cristo. Nos amamos y entre nosotros nos perdonamos, porque hay algo más grande que el afecto: una misión que tenemos que cumplir.

Hace un tiempo me decía un hermano: “Pastor, yo me voy de acá porque no puedo ir a comer asado con vos. Y yo vengo de una iglesia donde íbamos a comer asado con el pastor todo los sábados. Y a mi lo que más me interesa es estar cerca del pastor comiendo un asado” Así que lo bendije y pensé: “Pobre persona. Nunca será usada en altos niveles de unción, por ser almático”.

La gente con vínculo almático se queda al lado de los pastores. Dice: “Yo soy la mano derecha del pastor”. Se sienten “VIP”. “¡Uy! el pastor me tocó, vi la unción”, sencillamente porque nunca tuvieron papá o mamá, entonces buscan satisfacer esa carencia afectiva con el pastor de turno que les toca.

Las relaciones almáticas hacen que una familia o un matrimonio tomen control y gobierno de las actividades, del pastor, de todo y no dejan que nadie nuevo ingrese. Hay familias, clanes, que se mueven simbióticamente. En general familias numerosas de muchos años de tradición evangélica que toman, generación tras generación, el control de la iglesia o de las instituciones.

Leí que Mahatma Gandhi fue a una iglesia bautista en la India, pero por no ser blanco lo echaron de ella. ¡La cristiandad se perdió uno de los hombres más poderosos que si hubiese recibido a Cristo podría haber llegado a cambiar la historia de la India con el mensaje de salvación! ¿Y por qué? Porque un grupo de personas no lo aceptaron.

Tal como Bernardo Stamateas lo expone aquí, resulta indiscutible. Esto que él consigna y puntualiza, es total y absolutamente real y podemos verlo en muchas congregaciones, tanto sea pequeñas como voluminosas.

Pero no es lo único. Yo tengo la certeza total que, en estos tiempos, las iglesias evangélicas son, mayoritariamente, ministradoras de almas. Trabajan con las emociones, con la voluntad, con los sentimientos, con los afectos y con la mente en general. Lo que está ausente de ellas es lo espiritual.

Entonces, a los pastores, se los evalúa y se los mide conforme a sus capacidades estrategas para mantener el poder en contra de todas las oposiciones que se le presenten. En algunos lugares, a eso se lo ha denominado como “política cristiana”. Para mí, sigue siendo politiquería religiosa.

6. SE VAN POR LA FALTA DE INTERÉS EN LA GENTE QUE SE CONGREGA

Otro motivo que he observado es que hay gente que va a una iglesia y nadie la saluda, nadie la discipula, nadie se interesa por ella. Se los saluda y motiva un poco, pero no hay un entrenamiento, una formación, una paternidad espiritual apostólica, un liderazgo sobre esas personas.

Si vienen, bien y si no vienen, también. Si se van, el pastor argumenta: “Estaban con nosotros pero no eran de nosotros. Así que, como es débil en la fe, algún pecado tendrá…” En vez de darse cuenta que no hubo entrenamiento, formación, interés, amor verdadero por la gente.

Porque no les interesa saber de sus hijos hoy la gente sufre el síndrome de abandono y lo conocemos como el “síndrome de la llave”: chicos adolescentes que se levantan con la llave colgada. Cuando se van de la casa están solos. Cuando regresan del colegio, están solos. Están solos mirando Internet, horas.

Luego viendo televisión. Solos chateando. Solos crecen. No pueden compartir con sus hijos, sus nietos, y mueren solos. Esa gente es la que llega a nuestras congregaciones, donde se siguen sintiendo solos. No hay nadie para discipularlos, desafiarlos, amarlos. Cuando se van, recién ahí los llama todo el mundo:

“¡No te vayas!, ¡Te queremos!, ¡Vení!” Porque irse es como una herida narcisista a la iglesia, sin embargo no hay una profunda reflexión sobre ellos. Se fue porque el malestar generado en su interior, el abandono espiritual, hizo que se vaya.

Sin menoscabo de lo escrito, tengo dos experiencias personales para compartir. Una, en una jornada bajo la ministración del pastor Claudio Freidzon en 1992. La otra, tres años más tarde en una presentación de Marcos Witt.

En la primera, estuve nueve horas en un gimnasio cubierto y en ningún momento experimenté cansancio, aburrimiento u otra sensación similar. En la segunda, lo experimentado fue lo mismo aunque por un tiempo algo menor: seis horas. Y en esta última, sin sentarme. Y no tenía ni tengo veinte años.

¿Qué quiero significar con esto? Que además de lo que el texto dice con respecto al recibimiento de los hermanos y la “contención” que ellos puedan brindar a los recién llegados, si en el lugar hay unción del Espíritu Santo y presencia del Dios de todo poder, lo que tú tienes a tu alrededor, es lo de menos.

Tú recibes eso, te llenas con eso y, así cuando todo termina nadie te venga a saludar, si mañana esa reunión se repite, tu vuelves, y vuelves, y vuelves. Y todo esto al margen, claro está, en lo que hoy puedan estar haciendo estos dos hombres, no lo sé. Pero no le hace, en su momento fueron usados grandemente.

Preguntas para reflexionar:


-¿Amamos a la Gente?


-¿Seguimos a la Gente?

-¿Nos Interesamos por Ellos?


-¿Le Ponemos a la Gente Padres y Madres Espirituales, bajo un
Ministerio Apostólico, con Cuidado Paternal para Formarla, Entrenarla, Seguirla, Discipularla?

7. SE VAN PORQUE HAN SIDO “DISCIPLINADOS” (LEASE “CADENA PERPETUA”)

Hay gente que ha cometido errores y fueron disciplinados. Pero quiero referirme en este punto a gente que ha cometido errores, ha pecado, pero se ha arrepentido. Ha reconocido de corazón su error y su pecado. Sin embargo, le ha caído la disciplina con cadena perpetua. Gente a la que se la ha disciplinado por cinco años.

Contaba una persona que cuando se fue a casar, fue en bicicleta a la iglesia y el pastor el mismo día que los casó ¡Los disciplinó por haber venido en bicicleta! Disciplinas estúpidas, ridículas, sin sentido, locas.

Chicas que tuvieron relaciones sexuales prematrimoniales y no se pudieron casar de blanco, o en la iglesia, por su pecado, aún cuando la pareja se había arrepentido y había pedido perdón al Señor. Pero parece que el hombre no perdona…

En la que fuera una de mis congregaciones, una de las jóvenes que ministraba en la banda de música de alabanza y adoración, un buen día, apareció con un embarazo de largos cuatro meses. Su novio era un muchacho de otra congregación. La iglesia decidió una disciplina. Yo formé parte de ella porque en ese tiempo estaba dentro del staff ministerial como maestro.

Recuerdo todavía las largas sesiones en las que se debatía los alcances de su pecado y las penas disciplinarias que deberíamos propinarles. Había momentos en que calculo que el Sanedrín con Jesús hubiera parecido una monada comparado con esto.

Hasta que un día no soporté más ese rol de duros y severos censores y pregunté: “Hermanos…¿Qué estamos disciplinando, fornicación o embarazo?” - ¡¡Fornicación!!, me respondió un coro donde creo que estaban presentes Anás y Caifás y sus familias.

¿Están seguros?, repetí. ¿Ustedes pueden asegurarme que en este momento, estos chicos son los únicos que están en pecado de fornicación en toda la congregación? – Se miraron entre ellos y algunos dijeron: Hermano…aquí no tenemos dudas, ¿No le parece? En los demás no sabemos…

Claro: no lo saben porque aún no hay una panza creciendo, ¿Verdad? Entonces, por favor, hermanos amados, seamos sinceros y no hagamos más hipocresía. Estamos disciplinando el vientre inflado de la hermanita, no su lógica fornicación anterior. Porque no tenemos discernimiento para asegurar que este es el único caso.

La disciplina de la muchacha y su novio se completó. Sin mí, obviamente. Por disposición nunca se supo bien de quien, en las siguientes reuniones no fui citado ni convocado. Debería haberme dado cuenta que estaba viviendo en Babilonia, pero aún estaba ciego. Y eso, claro está, sin justificar de ninguna manera la fornicación, sino la soberbia de la disciplina y los disciplinadores.

Pregunta para reflexionar:


-¿Somos Restauradores o Condenadores?

Disciplinas con tiempo; por diez o veinte años. Peor aún: barcas de disciplinados donde todos debían estar juntos. Me decía una persona: “La gente entraba a la iglesia y veía “la barca de los condenados a cadena perpetua”. Estábamos estigmatizados” “¿Qué pecado habrán hecho?”, la gente se preguntaba queriendo averiguar. Por el contrario, la disciplina es siempre restauradora, motivadora y privada.

No se puede disciplinar a quien no reconoce su pecado pero se puede disciplinar -léase ayudar, restaurar, bendecir- no con una fecha de tiempo, sentándolo en la última silla o privándolo de la última cena, sino mediante un perdón de Dios y un acompañamiento para la madurez y el amor hacia esa persona.

Esto es decididamente así, tal como bien lo pinta Stamateas. Es como si la palabra de “las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”, estuviera escrita en el Corán y no en la Biblia. Hay gente que se especializa, adentro de los templos, en recordarles el feo pasado a aquellos que lo tuvieron y creían haber sido perdonados por Dios…

8. SE VAN POR BUROCRACIA

Existen iglesias llenas de estatutos, formalidades. Para bautizarse hay que hacer un curso de meses, para tomar la santa cena hay que hacer otro tanto. Estatutos, leyes, diáconos, ancianos, padres de ancianos, presidentes, pro-tesoreros, juntas, asambleas, padres de diáconos, sobrinos de diáconos… burocracia, asamblea donde se discute todo.

“Felipe…¿Qué impide que yo sea bautizado ahora mismo?” – Esa fue la pregunta del etíope. ¿Y que respondió Felipe? ¿Acaso le dijo que no podía bautizarlo hasta que no aprobara el cursillo o diera muestras de entender su significado?

“Haced esto en memoria de mí”…dijo Jesús con respecto a lo que luego implementaríamos como la Santa Cena. ¿Acaso dijo “haced esto LOS BAUTIZADOS?” No. Él no discriminó, como tampoco lo hizo Juan el Bautista en el río. ¿Entonces? Burocracia. ¿O debería decir Legalismo?

Entran cinco, salen tres. “Moción de uno, aprobación de otro”.Entonces, la persona se siente atrapada en un montón de comisiones y reuniones inútiles, estructuras, y se va porque Dios nos ha hecho libres.

Un predicador que alguna vez escuché, decía una vez algo muy contundente respecto a estas cosas. Él aseguraba que no había salido de la esclavitud del pecado el día de su conversión, para caer en la esclavitud de la politiquería religiosa. ¡Cuanta verdad!

Por supuesto, tenemos que tener una organización pero esta no debe matar al organismo. Dice Lucas Márquez que el organismo es algo vivo, la organización es un sistema donde el foco no es la vida, sino cumplir las reglas.

Correcto lo que dice Lucas Márquez. Sólo habría que añadirle a modo de corolario, algo que es esencial. Necesitamos la unción del Espíritu Santo para ministrar. Y Dios no unge jamás organizaciones, unge personas, organismos vivos…

El foco no es la gente sino la estructura. Pero Dios levantará iglesias organismo donde el foco no será la estructura sino la gente. En suma: ¡simplificá! Sacá las reuniones inútiles, eliminá lo que no sirve, sacá la presidencia, pro presidente, diácono superior, súper tesorero, etc. Eliminá, simplificá, porque los primeros cristianos se juntaban con alegría y sencillez de corazón y las multitudes venían a Cristo.

La pregunta que nos tenemos que hacer, querido colega, es:


-¿He Simplificado al Máximo la Estructura de mi Iglesia para que la Gente pueda Bautizarse cuando quiera y pueda servir donde quiera?

9. SE VAN POR PASTORES SIN COMPROMISO

Mucha gente nos ha manifestado que se va de la iglesia porque el pastor no tiene compromiso: el lunes es el día pastoral, el martes a las tres de la tarde está tomando mate en la puerta de la iglesia, el miércoles hace una visita a las seis de la tarde, el jueves lo dedica para orar y el viernes para pasear.

Gente que ve pastores que no tienen vida espiritual, que son títeres de la congregación, son asalariados: van cumplen un horario, se van, no están motivados, no hay un compromiso genuino por traer un avivamiento, cumplen formalmente, son empleados de la iglesia, hacen lo que la gente les dice.
No marca la visión, no es padre espiritual, sino sencillamente un empleado que como nadie le controla ni le vigila, en general pasa más durmiendo que trabajando.

Son las personas que dicen: “Estoy estresado”. “Necesito veinte días de vacaciones”, cuando tienen menos de cien o doscientas personas. Permanentemente hablan del estrés, del agotamiento emocional, de que “no dan a abasto”.

Llenan sus agendas de papeles y de reuniones sin sentido. Cuando tienen que dar un informe, anotan hasta el folletito que le dieron al de la esquina y cuando uno lee esos informes parecería una iglesia poderosa que está invadiendo la ciudad, pero en la práctica no pasa nada.

Está comprobado que la gente exitosa trabaja más que la gente común. Pero no es trabajar más, sino más inteligentemente. Tener un compromiso con lo que Dios nos ha llamado a hacer. La gente debe ver en el pastor y la pastora el modelo de gente comprometida trabajando de lunes a lunes para la extensión del Reino de Dios.

No voy a comentar este párrafo porque el pastor Stamateas delinea con mucho criterio lo que, a su juicio, debe ser la figura básica del pastor. Conforme a los rudimentos con los que la iglesia clásica se conduce, podríamos asegurar que lo que él señala aquí, es correcto y claro.

Sin embargo, tengo un pequeño inconveniente que no me permite terminar de avalar todo esto. Ese pequeño inconveniente radica en que bíblicamente, la figura del pastor tal como lo conocemos, no existe. Las organizaciones y estructuras evangélicas lo han creado así y así lo siguen sosteniendo. No le hace. El catolicismo también sostiene a su Papa…

Preguntas para reflexionar:


-¿Soy un Pastor Comprometido?


-¿Estoy Trabajando a Tiempo y Fuera de tiempo?

10. SE VAN POR EL PECADO PASTORAL

Mucha de la gente que se retira de sus iglesias es por haber visto, comprobado y descubierto la doble vida de sus pastores. Descubren que quien debería presentar un modelo y ejemplo de la predicación y compromiso en Cristo, tiene una amante, sale con la secretaria, es el único que prospera, tiene su coche cero kilómetro, su casa en Punta del Este y un nivel de prosperidad por pedir, pedir y pedir.

La gente se pregunta: “¿Qué sucede aquí? ¿De dónde sacó ese dinero?” Cuando descubren que el pastor predica una cosa y vive otra (una vida de engaño), la desilusión es tan grande que la gente directamente se aparta. Luego hace el recorrido de tres o cuatro iglesias hasta poder encontrar ese lugar donde respira un poco de paz.

Esto, en un principio global, tiene visos de auténtica realidad. No se trata de resentimientos personales del pastor Stamateas ni míos, se trata de que en muchos casos, - Efectivamente -, alguien se va de una congregación por causas como las citadas.

Pero aquí es, sin embargo, donde mi disidencia anterior se fortalece con argumento básico. Si alguien se va de una congregación a otra, de un templo a otro, de una denominación a otra, de un credo al otro, sencillamente porque la ha decepcionado un hombre, permítanme decirles que esa persona no entendió jamás nunca absolutamente nada del evangelio.

Nuestro modelo es Cristo. Él es el invisible al cual debemos mirar cuando las cosas no salen como pensábamos. Si tomamos modelos humanos, cosecharemos resultados humanos. Si nuestra guía eclesiástica es el alma (Lo enseña el mismo Stamateas), nuestros resultados serán almáticos. Y cambiarse de una iglesia a otra por causa de su pastor, es algo decididamente almático y en absoluto espiritual.

En cuanto a lo dicho aquí como “respirar paz”, es cierto tanto en lo simbólico como en lo literal. En lo simbólico, déjame decirte que tiene que ver con lo que pasa en tu hombre interior, nada que ver con expresiones eclesiásticas externas. En lo literal, todo es cuestión edilicia.

Tú ya has visto que los templos y catedrales católicas romanas están construidas de tal modo que, mayoritariamente, sus interiores siempre son frescos, agradables y acogedores. De experimentar esto a tomarlo como manifestación de paz, hay un paso. Por tanto, si bien es valioso que alguien se sienta en paz, no es lo prioritario. Lo prioritario es, en todo caso, que haya realmente presencia de Dios en un lugar donde se dice adorarlo.

Preguntas para reflexionar:


-¿Soy de una Sola Pieza?


-¿Predico lo que Vivo o Vivo lo que Predico?


-¿Hay Santidad en mi Vida?


-¿Deseo el avance, Crecimiento y Desarrollo de mi Gente o hay Motivaciones espurias, carnales?

Son esos pastores e iglesias que de lo único que hablan es de prosperidad -léase dinero, dar, dar y dar-. La iglesia no ve proyectos nuevos, ideas, arreglos, nada. Parece que el dinero va a un barril sin fondo. Y, efectivamente, va a un bolsillo sin fondo. Cuando una persona está bajo una cobertura que está en pecado, ese pecado baja y afecta a toda la congregación.

Con la nobleza que obliga esta tarea de servicio al Señor, debo decirte que esta última aseveración, pese a ser lo que se enseña oficialmente en todas las iglesias evangélicas, no tiene ningún sustento bíblico.

Cuando la Biblia habla de “cobertura”, siempre se refiere al cabello de la mujer, jamás a un hombre brindándosela a otro. Lo que la iglesia evangélica ha determinado como cobertura, generalmente se trata meramente de un control. De allí que, cuando alguien te pregunta quien es tu cobertura, lo que en realidad desea saber es quien te controla.

Se asegura que los hombres, sin una cobertura o control de sus actos ministeriales, pueden ser víctimas de la corrupción y, con ella, arrastrar a muchos inocentes. Ni lo dudes. Es lo que está ocurriendo en el 80 por ciento de las iglesias, aunque estén bajo la cobertura que se te ocurra…

Existirían muchos más motivos; tendría que nombrar a la gente rebelde que no puede estar bajo autoridad. Son personas que no cambian de iglesia en realidad, más bien las recorren. Son los mínimos. Son los itinerantes.

Son los rebeldes que no se sujetan a nadie y a nada. Los “evangelistas itinerantes”, los “profetas itinerantes”, los “pastores sin miembros”. Los líderes que recorren las iglesias buscando un puesto y un lugar, o metiendo división.

Esto también es absolutamente cierto. Los he visto. Pero para evitar confusiones y errores tan remanidos y clásicos, habrá que aclarar que, cuando el pastor Stamateas habla de estar bajo autoridad, él se refiere a la autoridad oficial y reconocida eclesiásticamente mediante nombramientos, ordenaciones y credenciales.

Es una forma de ver este asunto que no puede ser discutida bajo la lupa de las organizaciones. Pero lo cierto e indiscutible es que, autoridad, es aquello que ha sido enviado verdaderamente por el Señor a hacer una tarea, que no siempre coincide con lo que los hombres determinan como tales.

Para terminar, estos son algunos de los diez motivos principales por los cuáles la gente se va de las iglesias. Habrá muchos más, por supuesto. Según lo que he podido observar, una persona cambia de iglesia una a tres veces y luego se aparta, cuando ese recorrido le hace ir a una iglesia y luego a otra y luego a otra en la que se vuelve a generar otro malestar.

Entre una y tres veces y luego la persona se aparta. No quiere saber más nada. Ahí entran los miles y miles de nuestra querida Argentina que no se congregan. Leen los periódicos cristianos, escuchan las radios cristianas, siguen por Internet los cultos pero no quieren estar en ningún lugar más.

Quiero ser claro: si alguien que va a una iglesia tiene un problema, más o menos grave, que lo decide a irse de allí, y por esa causa se aparta del Camino del Señor y retorna al mundo secular y al pecado, permíteme decirte, que esa persona jamás se convirtió de verdad.

He visto a muchos “apartados” de las congregaciones, pero una enorme mayoría de ellos procura, como puede y sabe, mantenerse en su fe real e intentar llevarla adelante sin los convencionalismos eclesiásticos acostumbrados.

He viajado por todo el país más de una vez y por otros continentes. Nos hemos encontrado con miles de apartados. Gente que ha sido lastimada reiteradas veces. Siempre, en “Presencia de Dios” pensamos en soluciones. Por ello creo que debemos tener en cuenta lo siguiente para evitar que la gente se vaya de la iglesia:

Dos soluciones prácticas:

1- Tener una profunda revisión de los modelos de la iglesia. Una iglesia contenedora, amplia, maravillosa, de bendición. Atractiva, moderna, eficaz, con mensajes poderosos en revelación, prácticos y atractivos.

Multifuncional, con múltiples actividades como lo que hemos desarrollado. Ver que cada persona que se va es una fuente de aprendizaje para reparar lo que estamos haciendo mal (10 causas).

Dentro de lo que son las iglesias evangélicas clásicas y tradicionales, este proyecto suena a muy novedoso y atractivo. Pero visto desde la óptica espiritual, (Única posible en un ámbito espiritual como es el nuestro), es sólo un método más, una mecánica más, un modo más de entretener y procurar retener a las personas.

2- Tener un profundo desarrollo de la sanidad interior. Recientemente salió el libro “Libres de la gente” y estoy convencido que si logramos enseñarle a la gente como tener relaciones interpersonales eficaces y lograr que nadie nunca más lastime su corazón, desarrollar piel de rinoceronte, no descalificar al que lo descalifica, tener un corazón sensible para Dios, no esperar nada de nadie, no hacer vínculos almáticos, saber que todo el potencial para ser feliz está dentro de uno, entonces creo que se levantará una iglesia más poderosa que la que hemos desarrollado.

Aprecio a la Psicología como una herramienta válida para ahondar en la vida de aquellos a quienes se desee ayudar, pero no comparto en absoluto la concepción de una iglesia del Señor de Señores y Rey de Reyes basamentada en resortes freudianos o lacanianos.

Esta es nuestra experiencia en “Presencia de Dios”. Miles de apartados y miles de miles de gente que se ha bautizado en nuestra congregación. Han encontrado un lugar atractivo, poderosos de fe y alegría.

Aún así sabemos que hay roces, dificultades. Alguien dijo que cuando me lastiman y me ofendo es porque eso tocó mi “talón de Aquiles”, una herida que no fue sanada. Cuando me lastimaron en mi infancia, se desarrolló un mecanismo que dice nunca mas nadie me va a lastimar.

Y cuando alguien toca ese “talón de Aquiles”, sin querer, inmediatamente surge una reacción de bronca de defensa y eso me tiene que llevar a sanar mi herida del pasado. Creo que tenemos que llevar a la iglesia a revisar nuestros “talones de Aquiles”, que el Señor nos pueda sanar para que nunca más nadie nos lastime.

Querido Amigo, oro al Señor para que podamos hacernos una autoevaluación sincera y profunda sin temor, romper nuestros techos y nuestras limitaciones no para angustiarnos y sentirnos culpables, sino para ver la Gloria de Dios en nuestras vidas y ciudades.

Es una opinión atendible y comprensible desde lo esencial: quien la vierte es pastor, está al frente de una congregación numerosa que crece en su número de un modo ponderable, y también es psicólogo, conjuntamente con su esposa.

Es un trabajo que contiene diez elementos que quiero reiterar conforme al orden y luego emitir un comentario final para aportar ideas que te ayuden a discernir el valor de lo consensos o disensos con el artículo en sí.

1)= Se van porque sufren maltrato.

2)= Se van por estar en una Iglesia sin Propósito.

3)= Se van porque no los dejan Servir y Desarrollar su Don.

4)= Se van por el Legalismo.

5)= Se van por estar en Iglesias almáticas.

6)= Se van por la Falta de Interés en la Gente que se Congrega.

7)= Se van porque han sido Disciplinados (Léase “Cadena perpetua”).

8)= Se van por Burocracia.

9)= Se van por Pastores sin Compromiso.

10)= Se van por el Pecado Pastoral.

Son, - Efectivamente -, diez posibilidades ciertas. Pero obsérvese que las diez, forman parte de los dictados del alma. Tanto para decidir irse como para pensar algo para retener a los que se van. En suma: todo esto que aquí se detalla, sucede, porque la presencia de Dios y la guía del Espíritu Santo están ausentes.

El pastor Stamateas dice una gran verdad cuando señala que estas son algunas de las razones, pero que indudablemente hay otras que también hacen salir a la gente de las congregaciones. Por ejemplo, que lo que hoy conocemos como “la iglesia”, no tiene absolutamente nada que ver con el modelo que Dios pensó para ella.

Y por esa misma razón, una causa más que seguramente no entrará ni en la cabeza del autor de este artículo ni de ninguno de sus mejores consiervos: que Dios mismo lo saque de allí para poder usarlo sin estorbos en algo diferente.

Claro, el primer pensamiento es: ¿Cómo Dios sacaría a un hijo suyo de su propia Iglesia? Allí es donde retornamos al principio. De donde realmente lo está sacando Dios a su hijo no es de su iglesia, sino de una congregación, un templo, una denominación, un credo o una doctrina que tiene muy poco o nada que ver con su propósito y voluntad.

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