29/11/2005
Mateo 14: 31-33 = En seguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Cuando subieron a la barca, se calmó el viento. Y los que estaban en la barca lo adoraron diciendo: verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.
Entonces, aquí, Jesús se puso muy contento y pensó: ¡Por fin me han reconocido…! Ni lo sueñes. No fue así en lo más mínimo. Conociéndolo a Jesús, seguramente Él sintió una enorme congoja en su interior. Porque un segundo después de haber reprendido a esos hombres por su falta de fe, ellos tienen una reacción ante la maravilla del viento calmado, que no sólo confirma su primera reacción, sino que incluso la corrobora centuplicada. ¿Era necesario VER lo que Jesús hacía para CREER que era el Hijo del Dios viviente? NO era necesario, pero ellos se comportaron así. Quiero aclarar que “ellos”, eran los hombres que más cerca habían estado de Jesús durante todo su ministerio. ¿Entonces? Ese es el modelo que todavía impera. Cuando VEMOS algo que Jesús hace, es cuando CREEMOS que Él es quien dice ser. ¿Y Él? Con la misma congoja de entonces. ¿Cuánto habrás contribuido tú a ella?