04/11/2005
2 Corintios 10: 1 = Por la ternura y la bondad de Cristo, yo, Pablo, apelo a ustedes personalmente; yo mismo que, según dicen, soy tímido cuando me encuentro cara a cara con ustedes pero atrevido cuando estoy lejos.
Estamos descubriendo que Pablo era tímido. Pero, según enseñan en algunos cursos de sanidad interior, ¿No era que ser tímido es pecado porque representa una falta de confianza en alguien que Dios dijo era su imagen y semejanza? ¿Nos han exagerado?¿Nos han mentido? ¿No era esto así como nos dijeron? Ni tanto ni tan poco. La timidez es, en efecto, una especie de complejo que tiene que ver, indudablemente, con la falta de confianza en Dios. ¿Pero y entonces? ¿Cómo Pablo…? Allí está nuestro error: suponer que los personajes bíblicos eran como nos pintaron a nuestros próceres patrios, seres míticos a los que de ninguna manera imaginamos en la ducha, en la intimidad con sus esposas o realizando alguna necesidad fisiológica. Lo que Dios siempre ha querido que entendamos, es que esos personajes pudieron hacer lo que hicieron desde la misma carnalidad que nosotros padecemos a diario.