Tiempo de Victoria
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06/11/2005
Mateo 14: 23-24 = Después de despedir a la gente, subió a la montaña para orar a solas. Al anochecer, estaba allí él solo, y la barca ya estaba bastante lejos de la tierra, zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario.
Examinar con cuidado estas pequeñas anécdotas que marcan los evangelios sobre Jesús, nos ayuda a encontrar definitivamente su fundamento esencial, que es y debería ser inexorablemente, el nuestro. Somos cristianos, nos llamamos cristianos, el mundo nos conoce y nos denomina así, y sin embargo, en muchas cosas puntuales, ¡Que lejos estamos de hacer lo que Él hizo y vivir como Él vivió! ¡¡Pero hermano!! ¡¡Él era Dios!! ¡¡No podemos compararnos!! Esta es la máxima mentira que el diablo les ha hecho creer a muchos sinceros creyentes. Jesús era un hombre en el cual Dios se había encarnado. Jesús era el hijo de Dios hecho hombre, viviendo en la carne. Pregunto: ¿Tú que eres? Un hijo de Dios, ya que el creer en Él te ha dado la potestad de ser llamado así, ¿Verdad? Y estás viviendo como hombre (mujer) en la carne. Pregunto otra vez: ¿Cuál será la diferencia? Escríbeme y dímela, yo no la encuentro...
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