06/06/2012
1 Samuel 2: 1-2 = Ana elevó esta oración: mi corazón se alegra en el Señor; en él radica mi poder. Puedo celebrar su salvación y burlarme de mis enemigos. Nadie es santo como el Señor; no hay roca como nuestro Dios. ¡No hay nadie como él!
¿Puedes tú, hermano o hermana mía que hoy estás leyendo esto casi como si fuera ese famoso o bíblicamente inexistente “devocional diario”, declarar que tu corazón se alegra en el Señor, y que todo el poder con que se mueve tu vida radica en Él y sólo en Él? ¿Puedes? ¿Puedes celebrar gozosamente su salvación par con tu vida eterna, el perdón y la redención de todos tus pecados? ¿Puedes? ¿Puedes burlarte, (Que no es hacerles morisquetas o “pito catalán”, sino derrotarlos en sus batallas personales), de tus enemigos, incluido el diablo y sus demonios? ¿Puedes? Si realmente puedes decirme que sí, que eres capaz de todo esto, entonces permíteme que me descubra ante ti, te salude como más que vencedor y te acompañe a exclamar vibrantemente que no hay nadie como Él.