01/08/2012
Génesis 12: 10-13 = En ese entonces, hubo tanta hambre en aquella región que Abram se fue a vivir a Egipto. Cuando estaba por entrar a Egipto, le dijo a su esposa Saray: yo sé que eres una mujer muy hermosa. Estoy seguro que en cuanto te vean los egipcios, dirán: es su esposa; entonces a mí me matarán, pero a ti te dejarán con vida. Por favor, di que eres mi hermana, para que gracias a ti me vaya bien y me dejen con vida.
Escucha: estamos hablando de Abram, quien luego pasó a ser Abraham, padre de la fe y patriarca del pueblo de Israel. Un hombre que hizo lo que tantos argentinos hicieron en la época de los años 2000 y 2001: irse a otros países por causa de la situación angustiante que se vivía en mi patria. Un hombre que recordó que su mujer era hermosa sólo cuando vio peligrar su propia seguridad por causa de lo que él entendía ocurriría por causa de esa hermosura. Un hombre que, para favorecerse y cimentar su futuro, le pidió a su mujer que mintiera en algo en lo que no serían demasiados los hombres que lo harían. ¿O acaso tú, hermano que me lees, estarías dispuesto a entregarle a tu esposa a quien la quisiera tomar sólo para que no te suceda nada y puedas hacer tu fortuna con tranquilidad? Nadie discutirá el rol bíblico e histórico de Abraham pero nadie lo hará tampoco con su esencia carnal y humana para nada imitable.