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- Producción Nro 8 -

Noventa Mandamientos de Jesús

03

Bosquejo de Oración

Cuando se habla de mandamientos, la primera idea que se nos viene a la mente, es la de alguien dando órdenes a las cuales resulta imposible no acatar, así sean justas o no, lógicas o no, coherentes o no.

 Eso es, al menos, lo que una gran parte de nosotros, en este sector de Latinoamérica, ha podido vivenciar en su breve pero suficiente paso por algún sector de las diferentes Fuerzas Armadas.

Y como siempre se compara a la iglesia con un ejército en batalla, cosa que la Biblia confirma cuando habla en decenas de textos de “Jehová de los ejércitos”, Sin embargo, un mandamiento es la secuencia natural de un principio espiritual básico y trascendental. Y si se trata de los que nos dejó Jesús, con muchísima más razón.

(Mateo 5: 33)= Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos.

Los fariseos elaboraron complicadas reglas sobre los juramentos, y sólo los que invocaban el nombre divino eran obligatorios. Jesús enseña que un juramento obliga independientemente de la fórmula que se utilice.

Su uso es superfluo pues la palabra dada debe ser más que suficiente. Jurar, en todo caso, equivale a confesar que no siempre decimos la verdad. En Levíticos 19:12 leemos: Y no juraréis falsamente por mi nombre, profanando así el nombre de tu Dios. Yo Jehová.

Otra, en cambio, es la óptica que se lee en Deuteronomio 23:21, cuando dice: Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca..

(34) Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; (35) ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey.

(36) Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.

(37) Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

Es bastante curioso, que en la mayoría de las naciones, los diferentes gobernantes de los distintos sistemas gubernamentales, inician sus funciones, precisamente, a partir de un juramento formal que, en una enorme mayoría autodenominada “cristiana”, se efectúa colocando una mano sobre una Biblia.

 En una ocasión le comentaba esto a un pastor bautista, y le decía que no me asombraba tanto que eso sucediera aquí, en la Argentina, ya que el supuesto cristianismo de su gente pasaba más bien por una iglesia oficial que no brindaba enseñanza alguna a sus feligreses, pero que sí no dejaba de asombrarme que también se realizara en países de alto nivel de creyentes e, incluso, participando algunos de ellos en esos juramentos.

 Este pastor me dijo algo que supongo para él era una verdad insoslayable, pero que a mí no me llenó ni me convenció. Me dijo: “Ellos juran porque saben muy bien por lo que juran. Y luego cumplen”.

La historia a mí me dice que no siempre ha sido así y que, en último caso, no tienen ninguna obligación de hacerlo. Por lo tanto, no puedo desconocer ni dejar afuera de este trabajo a lo que indudablemente es el Mandamiento Nº 9: No juren de ninguna manera ni mediante ninguna fórmula.

(Mateo 5: 38)= Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.

La ley del talión, de esto es de lo que Jesús está hablando aquí, no pretendía de ninguna manera alentar la venganza personal, sino proteger al ofensor de un castigo más severo que el que merecía su ofensa.

Jesús prohíbe la venganza al insistir sobre las actitudes positivas al enfrentar el mal que nos llegue en forma de un insulto personal, una acusación legal, y peticiones de préstamos y ayuda.

(39) Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.

Aquella vieja manía casi lindando con la herejía de elaborar doctrinas a partir de un solo verso, se ha tomado de este verso para darle a los cristianos una pálida imagen de personajes débiles, cobardes y pusilánimes.

Y lo hicieron sin darse cuenta de sus propias incoherencias, ya que si bien primero enseñaban literalmente este mandamiento, condenando a la gente a padecer las ocurrencias despóticas de cualquier bestia andante, luego aseguraban que en Cristo éramos más que vencedores, no observándose como, de esa imagen derrotada y perdida, podía salir algo parecido a una victoria. El Proverbio 24:29 da una pista al respecto cuando dice: No digas: como me hizo, así le haré; daré el pago al hombre según su obra.

 Pablo, asimismo, en su carta a los Romanos 12:17 coincide con la antigua enseñanza y principio básico: No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Y el verso 19, agrega: No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.

 A los Corintios, en la primera carta 6:7: Así que, por cierto es ya una falta en vosotros que tengáis pleitos entre vosotros mismos. ¿Por qué no sufrís más bien el agravio? ¿Por qué no sufrís más bien el ser defraudados?

 Esto implica una realidad: todo creyente debería estar libre de actitudes mezquinas, al punto de elegir soportar antes que cometer un agravio. Una pérdida moral es mayor que cualquier ganancia material.

Y también el apóstol Pedro alude al asunto cuando, en su primera carta 3:9, señala que: …no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredasen bendición.

Quiero recordarle que, entre otras acepciones, la palabra “bendecir” significa bien decir, decir algo bien de otro u otros, que es lo contrario a hablar mal, que es “ mal-decir”.

(40) Y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; (41) y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.

(42) Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses.

Cuando en el verso 41 dice que cualquiera que lo OBLIGUE a llevar una carga, esa palabra, OBLIGUE, es la palabra griega ANGAREUO, y es un verbo derivado de la lengua persa, que describe a un mensajero que posee autoridad para impeler a la gente al servicio publico.

 La palabra poseía el mismo significado en tiempos del Nuevo Testamento, cuando denotaba el privilegio de los oficiales y soldados romanos de obligar a una persona y a los miembros de su familia, a prestar un servicio, usualmente sin aviso previo, con sus caballos y equipos.

 Como podemos ver, la connotación de esta “obligación” tiene mucho más que ver con una carga pública establecida que con un acto de autoritarismo inconsistente. De todos modos, el contexto general de este pasaje, nos deja indeleble el Mandamiento Nº 10: No reaccionar mal ante la ofensa, ni conducirse con ánimos de venganza.

(Mateo 5: 43)= Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo.

(44) Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

El correcto significado de la palabra “enemigo” no se limita a cualquiera que no nos gusta. El mandamiento a amar a nuestros enemigos significa mucho más que simplemente cambiar nuestros sentimientos acerca de la gente con la cual no nos llevamos bien.

 Más bien, “enemigo”, (En griego la palabra ECHTHROS) significa “adversario”, y se refiere a aquellos cuyas acciones y palabras manifiestan odio hacia usted; el cuñado o la cuñada que no quiere hablarle, el compañero de trabajo que quiere que lo despidan a usted.

Se nos manda a amar a quienes nos tienen animosidad. Jesús no deja lugar para la especulación en este pasaje, sino que nos manda a amar a los que nos aborrecen, nos desprecian y nos persiguen.

Semejante amor es posible únicamente a través del poder de Jesucristo, quien amó de esa manera, y quien busca ahora vías a través de las cuales demostrar su amor a quienes le odian asediando a discípulos como usted. Y en la continuación de este texto, Él lo explica debidamente:

(45) Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

(46) Porque si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?

(47) Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿Qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?

(48) Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Aquí hay algo que es concreto y específico. Usted deberá amar porque así lo ha decidido, no por causa de determinadas circunstancias. Deberá dejar que los malos tratos de otros le recuerden a usted que puede vencer sus maldades por medio del amor.

 De un amor muy específico que se enseñorea en aquellos que resultan no-amables, porque amar a los dignos de ser amados, es tan sencillo que hasta los más insensibles pueden hacerlo. Este es el Mandamiento Nº 11: Amar a los que no “sentimos” de amar.

(Mateo 6: 1)=Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos.

(2) Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa...

3) Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, (4) para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público.

¡Que notable! Jesús utiliza esta palabra, HIPÓCRITAS con un añadido que no es casual: dice que “en la sinagoga”. ¿Por qué? ¿No habría hipócritas en cualquier otro sitio? Sí que los había, pero Jesús sabe muy bien que, tal cual está escrito en Jeremías, la hipocresía nació en la iglesia y a partir de sus líderes, que entonces eran “los profetas”.

 Esta palabra, HIPOCRITA, es la palabra griega HUPOKRITES, y habla de que en los días bíblicos, los actores del teatro griego se cubrían el rostro con una máscara, la cual incluía un dispositivo para amplificar sus voces.

Como los dramas se ejecutaban a través de preguntas y respuestas, la palabra que describe el diálogo era HIPOKRINOMAI, que es replicar o contestar. HUPOKRITES es el que desempeña un papel en el drama, lee el guión o libreto, o el que monta un acto teatral. El HIPÓCRITA esconde sus verdaderos motivos debajo del disfraz que oculta su verdadera faz.

Entonces, al contrario de los hipócritas, los cristianos no deberían hacer alardes de sus dádivas. La recompensa de esos simuladores es presente y humana, en comparación con la recompensa divina de los que dan sin ostentación.

 Pero aquí debemos aclarar algo. Este texto no está hablando de OFRENDAS ni mucho menos de DIEZMOS. Porque esto último es un dinero de Dios que, cuando lo llevas a tu alfolí (Que es el sitio en el cual guardas tu alimento, en este caso espiritual), no haces nada más que devolverle lo que le pertenece.

Y porque la ofrenda es algo que tú siembras en el reino por encima de lo otro. Pero Limosna es todo aquello que se le da a los necesitados, y que en muchos casos, es bien cierto, sirve y se utiliza para que alguna organización tome prestigio.

¿Y como lo hace? Exactamente contrariando lo que Jesús emite como mandamiento aquí: contándole a todo el mundo que está haciendo beneficencia. ¿Nunca lo ha visto usted a esto?

Cuidado con esto: Jesús no censuró en aquel momento la oración pública, como tampoco se la podría censurar hoy. Lo que Él sí condenó, de alguna manera, fue la oración pretenciosa y ostentosa destinada, únicamente, a captar la atención de los demás, y no tanto para que llegue al trono de la gracia.

 Es muy normal en nuestra naturaleza carnal que, cuando estamos realmente en problemas, nos arrojemos de cabeza donde sea y clamemos algo así como: “¡Oh Dios! ¡Mira lo que me está pasando! ¡Haz algo por favor! ¡¡Ayúdame!!”, o alguna otra por el estilo.

 Pero fíjese que si ese mismo día, un tiempo después, vamos al templo y allí el pastor nos invita a pasar al frente a orar como apertura de la reunión, es probable que arranquemos más o menos así: “Bendito y loado Señor de las alturas inmaculadas…Vengo a tu santísima y majestuosa presencia para rendirte adoración por…”

Es en ese momento, normalmente, cuando Dios se rasca la nuca, nos mira y dice algo así como: “Pero hijo…¿Qué está pasando? ¿Por qué hablas así? ¡Si tú no hablas conmigo en ese idioma raro!!!” Mandamiento Nº 12: Cuando ores, que sea para el Padre y no para la gente.

(Mateo 6: 5)= Y cuando ores, no seas como los hipócritas (Usted ya saben quienes y como eran) porque ellos aman el orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres: de cierto os digo que ya tienen su recompensa. (Esto es lo que terminamos de explicar anteriormente)

(6) Más tú, cuando ores, (Entienda esto: dice “cuando ores”; no dice “Si en una de esas tienes ganas de orar”; lo que equivale a decir que debemos orar, que no es una opción que tomaremos “si lo sentimos”) entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en los secreto te recompensará en público.

La palabra ORES que se utiliza aquí es la palabra PROSEUCHOMAI. Este es un vocablo aglutinante. El sustantivo EUCHE es una oración a Dios que también implica hacer un voto; se añade el verbo EUCHOMAI, el cual denota una invocación, una petición o ruego

. Al agregarle PROS, que es “en la dirección de”, (Dios) PROSEUCHOMAI viene a ser el término que más frecuentemente se emplea para oración.

(7) Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos.

Cuando dice “vanas repeticiones”, no se refiere a una petición que se reitera, sino al balbuceo desprovisto de sentido, y las largas oraciones que confunden la piedad con la verbosidad vacía. Jesús enseña a orar en forma concentrada, reconociendo la necesidad de que Dios reine sobre todas las facetas de la vida y la sociedad.

Y que hay todavía en una gran parte del pueblo de Dios una confusión muy similar a la que aquí se explicita, es más que evidente. En el primer libro de los Reyes, 18:26 se nos habla de la victoria de Elías en el monte Carmelo, y en alusión al pueblo pagano, dice este verso: Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho.

 Esto deja bien en evidencia que, si usted no está orando conforme al propósito y la voluntad de Dios, podrá creer o suponer que le ora a Dios, pero Él no oye esta oración y, por lo consiguiente, aunque pase horas y hasta días haciéndolo, no va a mover de ninguna manera su accionar con ello.

El verso 29, un poco más adelante, lo reafirma cuando cuenta: Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.

(8) No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis.

(9) Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre.

Aquí, Jesús, ofrece una muestra de su íntima relación personal con Dios. Relación que, por otra parte, debería ser la misma que tendríamos que tener nosotros, en lugar de verlo como algo muy lejano y a veces despreocupado por nuestros padeceres o necesidades, ya que en Romanos 8:15, Pablo lo confirma cuando dice:

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! Por eso es que dice en su oración-modelo: Padre Nuestro. Mientras que la expresión posterior de “santificado sea”, tiene que ver con el establecer el principio de orar como una forma de adoración.

(10) Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Quien ora pide el establecimiento del gobierno de Dios en las vidas y situaciones reales, no sólo por la consumación en la era venidera. Porque mayoritariamente y conforme a el núcleo global doctrinario en nuestras congregaciones, se nos ha enseñado que el reino es aquel lugar al que vamos a ir cuando el Señor disponga que partamos a su presencia.

Es más, hasta se lo ha graficado humorísticamente en cien dibujos con la imagen de un hombrecillo, con un enorme camisón que le llega hasta los pies, de pie o sentado en una nube, ejecutando un instrumento que se puede emparentar con la antigua lira romana, aunque vulgarmente se le llame “el arpa”, con la que no tiene más parentesco que su construcción encordada, y a eso se le ha llamado “el reino”.

Si el reino es una nube que sólo sirve para tocar suaves melodías con un instrumento a cuerdas, ¡Bien aburrido es el Dios que tenemos y grandes deseos de mucha gente dinámica es irse al infierno, al cual se lo vende mucho más entretenido! Ironías al margen, ¿Se da cuenta como la iglesia, desde sus principales fuentes de enseñanza, se ha tragado una grosera mentira del diablo?

Lo cierto es que esta oración es total y perfectamente coherente con el evangelio que Jesús predicara siempre, aunque no con el que nosotros predicamos hoy. Porque si andamos anunciándole a la gente que el evangelio es aceptar a Cristo para no irse al infierno e irse al cielo, y así quedarnos serenos y tranquilos esperando el día de nuestra partida con la total y más absoluta confianza que iremos a su presencia y no a ninguna otra parte, indudablemente estamos diciendo sólo UNA parte de la verdad.

Y todos sabemos muy bien que cuando se dice una parte de una verdad, la parte que queda sin decir, es equivalente a una mentira. Por eso la gente se bloquea, no intenta hacer demasiado fuera de lo que le ordenen sus pastores locales, porque total, - piensa -, ya soy salvo y sólo me queda, como máxima expectativa, aguardar el gran día del último suspiro para irme, al fin, a estar con Él,  y dejar atrás este verdadero infierno terrenal que ya nos e soporta.

 Y lo pro que a eso, el mismo hombre le llama: el arrebatamiento de la iglesia victoriosa, sin mancha y sin arruga. Incoherencia total. El evangelio de Jesús, siempre fue El reino de los cielos se ha acercado, y esto sí que tiene coherencia con este Venga tu reino.

 ¿Para qué? Para trabajar dentro de él y por su extensión. Porque hemos sido salvos por Gracia PARA, y no POR. Y – tal como le tocó a Jesús -, también nosotros deberemos pagar un precio para servir.

(11) El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

Fíjese que, en contra de toda la onda “espiritualoide”, que de ninguna manera es andar en el Espíritu, Jesús recomienda aquí la oración por las necesidades materiales, las cuales están vitalmente relacionadas con los intereses del reino. Ya esto fue anticipado en el Proverbio 30:8 cuando dice: Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario.

(12) Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

La oración que implora perdón se legitima por la disposición a perdonar las ofensas de otros. SE podrían elaborar no menos de diez estudios con este tema. Se podría, incluso, extender este mismo al punto de dedicarle todo un capítulo, pero voy a quedarme con una expresión concreta, simple y contundente, como generalmente es la verdad:

 Si Dios jamás te ha cobrado un centavo por su perdón para con todas tus barrabasadas, ni te atrevas tú a cobrárselo a aquel o aquellos que te hayan ofendido en cualquiera de sus circunstancias. No hay excusa posible. Por más que alguien me diga: “¡Pero hermano! ¡Usted dice eso porque no sabe lo que me hicieron!” ¿Qué cree usted que podría decirle Dios con relación a sus incredulidades, pecados y demás yerbas?

(13) Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.

La petición final implora el poder de Dios para vencer el mal, de manera que quien lo invoque no caiga ni sea vencido por la tentación del maligno. El Padrenuestro, es un modelo de oración que contiene siete grandes tópicos, cada uno de los cuales representa una necesidad humana básica:

1)= La Necesidad paternal: Padre Nuestro. Cuando ore, todas sus necesidades son atendidas por la benevolencia incomparable de un padre amoroso que no se parece en nada al mejor padre carnal que usted haya podido tener. Y mucho menos al peor, como en muchos casos sucede, y que lleva a la persona al máximo grado de rencor, resentimiento y, por ende, incredulidad.

2)= La Presencia de Dios: Santificado sea tu Nombre. Usted puede entrar a su presencia mediante la alabanza, por ejemplo, y llámele “Padre” por causa de la sangre expiatoria de Cristo. No tiene usted ni la menor idea de cuanta es la gente que se autodenomina “cristiana” que se resiste a llamar “Padre” a Dios, por causa de los espíritus religiosos que han operado dentro de las iglesias.

3)= Las Prioridades de Dios: Venga tu reino. Usted debe declarar ya mismo que las prioridades del reino de Dios, tiene que ser establecidas en usted mismo, en sus seres queridos, en su congregación local y en su nación.

4)= La Provisión de Dios: Dánoslo hoy. Jesús, el que suple nuestras necesidades, nos dijo que oráramos diariamente, pidiéndole que provea todo lo que nos haga falta. Son muchos todavía los “ultra-religiosos” que suponen que no debemos molestar a Dios por tonterías, sino por cosas importantes. Primero: Él mismo dijo que esto era importante. Segundo: ¿Qué padre común le exigiría a sus hijos que no lo molesten pidiéndole comida?

5)= El Perdón de Dios: Y perdónanos. Usted necesita el perdón de Dios y también le hace falta perdonar a los demás. Diariamente camine decidido a amar y perdonar.

6)= Poder sobre Satanás: Y no nos metas…líbranos del mal. Pida al Señor un muro de protección alrededor suyo y de sus seres queridos. Pídale que le vista con su armadura. Y ni siquiera pierda su tiempo discutiendo si se debe enseñar o no Guerra Espiritual en las iglesias. Padre, Hijo y Espíritu Santo ya han dicho que sí. Y punto.

7)= Sociedad Divina: Porque tuyo es el reino. Glorifique a Dios que le hizo participante de su reino, de su poder y de su gloria.

El Padrenuestro, en suma, es la oración que le enseña COMO orar, y no una letanía cabalística que se debe repetir y, conforme a la cantidad de veces que se lo haga, será la bendición y el milagro que Dios operará en su vida.

He visto muchas barbaridades doctrinales en nuestras congregaciones, pero ninguna como esta que no nos pertenece, pero que tiene cautivos en la esclavitud de la ignorancia a tantos y tantos que, creyendo salvarse, se pierden irremediablemente. El Mandamiento Nº 13: Oren sobre esta base, les dejo el bosquejo.

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